Cultura

15-07-2023 13:50 - murió el 15 de julio de 2003

Veinte años sin Roberto Bolaño, el escritor y poeta que revitalizó la literatura latinoamericana

Tras su fallecimiento, su influencia se ha expandido a nivel mundial. Sus libros fueron traducidos al inglés, francés, alemán, italiano, lituano y neerlandés, entre otros idiomas. La perdurabilidad y relevancia de su escritura lo convirtieron en un escritor universal.

Por Ana Clara Prez Cotten
Por Ana Clara Pérez Cotten
15-07-2023 | 13:50
Foto AFP
Foto: AFP.

Dado que este 15 de julio se cumplen 20 años de su muerte y el 28 de abril hubiera celebrado 70 de vida, este 2023 es un “año Bolaño” que llama a revisitar la obra del narrador y poeta chileno Roberto Bolaño, a descubrir su influencia en la literatura latinoamericana y su desembarco en el mundo editorial anglosajón.

Tras su muerte, su influencia literaria se ha expandido a nivel mundial: sus libros fueron traducidos a múltiples idiomas, incluyendo inglés, francés, alemán, italiano, lituano y neerlandés, entre otros. Y más allá de las traducciones, la perdurabilidad y relevancia de su escritura lo convirtieron en un escritor universal, cuyo impacto trasciende las barreras geográficas y culturales. Así encuentra nuevas lecturas de su obra, que aborda la vida, la muerte, el amor, el sexo, los libros, las palabras, la libertad, la miseria con relatos en los que muchos personajes son escritores o están vinculados al mundo editorial.

Roberto Bolaño Ávalos, nació en Santiago en 1953, fue el primogénito de León Bolaño, un camionero y exboxeador profesional, y de la profesora Victoria Ávalos. Aunque nació en la capital chilena, nunca llegó a vivir allí e, instalado en México desde los 13 años, se consideraba un autor latinoamericano.

A los quince años y a pesar de tener un rendimiento académico ejemplar, les anunció a sus padres que abandonaría la escuela secundaria: quería sería escritor y, para lograrlo, debía vivir como tal. Diseñó su propio plan de estudios y se sumergió en la lectura de muchos de sus autores favoritos, entre ellos Nicanor Parra, Mario Santiago, Jorge Luis Borges, Philip Dick, Edgar Allan Poe, Raymond Carver y Arthur Rimbaud, a quien transformó en su alter ego literario, Arturo Belano. Trabajó como mozo, lavaplatos y vigilante de autos, mientras escribía de noche. A pesar de la incertidumbre económica, nunca perdió ni el entusiasmo ni la vocación literaria.

Desde muy joven Bolaño comenzó a escribir poesía y, en 1976, con solo 23 años, publicó su primer libro: “Reinventar el amor”. En 1977, se instaló entre Barcelona y Blanes, donde escribió gran parte de su obra y dejó la seña particular de su obra de recorrer el arco entero del castellano entre Chile, México y España. Con el tiempo, llegaron más libros de poesía: “Los perros románticos” (1993); “El último salvaje” (1995); “Tres” (2000), y “La universidad desconocida” (2007). Alfaguara compiló toda su obra poética en un único ejemplar: “Poesía reunida”.

Junto a su amigo, el escritor Mario Santiago, convocaron a otros autores para fundar un grupo literario llamado "los infrarrealistas”, que buscaba provocar y boicotear a la literatura “oficial”. En “Los detectives salvajes” -la mítica novela en la que el autor recrea la búsqueda de Arturo Belano y Ulises Lima para encontrar las huellas de Cesárea Tinajero, una misteriosa escritora desaparecida en México en los años inmediatamente posteriores a la Revolución- les puso cuerpo. Con esa obra, Bolaño ganó el Premio Herralde de novela 1998 y un año después, el Rómulo Gallegos. “Un thriller wellesiano”, la definió Jorge Herralde, su amigo y editor en Anagrama durante años en la colección Panorama de Narrativas. En “Un día en la vida de un editor”, las memorias del fundador de Anagrama, cuenta cómo le dio forma aquel catálogo creado en 1969 en el que el chileno compartía lugar con autores como Julian Barnes y Kazuo Ishiguro.

“Bolaño ha sido una revolución. Revelación y revolución, pero no solo en España, sino en todo el mundo, especialmente en un mercado tan poco propicio como el norteamericano. En Estados Unidos casi no hay un escritor menor de cincuenta años que no lo tenga como modelo, ejemplo o estímulo. Ha sido uno de los mejores lectores que he conocido. Un auténtico genio", sostiene Herralde en el texto. Esa amistad no lo libró, años después, de ser acusado por su viuda de hacer un usufructo poco profesional de la obra del chileno.

En noviembre de 2016, en el marco de la Feria del Libro de Guadalajara, el agente Andrew Wylie, conocido como “El Chacal” por sus políticas editoriales, anunció la adquisición de los derechos de representación de la obra de Bolaño y el traspaso de Anagrama al grupo Penguin Random House. Ese mismo año, Alfaguara anunció la publicación de la Biblioteca Bolaño, integrada por los 21 títulos que conforman la obra completa del escritor chileno. Allí están "Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce" (en colaboración con Antoni García Porta), "Estrella distante", "Llamadas telefónicas", "Los detectives salvajes", "Amuleto", "Monsieur Pain", "Nocturno de Chile", "Putas asesinas", "Amberes", "El gaucho insufrible", "Entre paréntesis", "2666", "La pista de hielo", "Una novelita lumpen" y "El Tercer Reich". Y también: "La literatura nazi en América", "El secreto del mal", "La universidad desconocida", "Los sinsabores del verdadero policía", "Los perros románticos" y "Tres".

La periodista argentina Mónica Maristain vive en México desde principios de los 2000 y le hizo la última entrevista al escritor, publicada en la edición mexicana Playboy. En 2012 publicó su biografía, “El hijo de Míster Playa” que, documentada de manera rigurosa, traza el mapa de la vida de Bolaño a través de las personas que lo conocieron, de su propia voz y de las anécdotas que de él quedaron. Cree que su obra es eminentemente política en su alcance y que parte de su trascendencia, a veinte años de su muerte, es precisamente haber cambiado la literatura latinoamericana, haber integrado una nueva voz y haber imaginado un nuevo continente.

Tras haber terminado de dictar hace pocos días un curso sobre la obra de Bolaño y durante una charla con Télam, Maristain sostiene que “son los jóvenes los que más lo leen”. “Los ´viejos´, escritores y lectores, llegan a su obra con una cuota de envidia que no les permite trascender de las cuestiones de su biografía para llegar a las páginas. Es muy injusto, en términos literarios, analizar una obra a partir de la muerte y la enfermedad. Y la realidad es que la muerte, más allá de la enfermedad, nunca deja de tener lo aleatorio de la sorpresa”.

Cree que para los jóvenes lectores “Los detectives salvajes” es como “Rayuela” para la generación anterior. “Ahí está la posibilidad de que la juventud adopte una voz ante la sociedad, que se autoexplique. Y cierto reconocimiento en los personajes”, explica. Además, destaca que en “2666” está muy presente la violencia, “una materia que en México -a pesar de ser uno de los países más violentos del mundo- la literatura muchas veces elige evadir con cierta cobardía”.

Maristain recuerda desde su casa de México las largas conversaciones que mantenían a menudo con Roberto por correo electrónico y discute la lectura anglosajona de Bolaño, que indica que el autor “descubrió el mal”. “Él indaga sobre el mal y sobre cómo repercute sobre la gente, pero al mismo tiempo hay una pregunta en torno a cierta esperanza. ¿Qué podría pasar para que las cosas cambien?. Es una esperanza chiquitita, pero vital y necesaria”, advierte.

Maristain sostiene que Bolaño se “ha preocupado mucho por ser latinoamericano, ni chileno ni mexicano”. “En un ensayo, Jorge Volpi dice que Bolaño es lo último de la literatura con compromiso con el continente. Yo creo, más bien, que eso tiene algunos grises. Él acepta la derrota de la izquierda cuando acepta cierto ´discurso vacío”, pero aclara: ´el discurso vacío de la derecha lo doy por descontado´”.

El autor y periodista argentino Diego Gándara, radicado en España, retomó en su novela “Movimiento único” (Seix Barral, 2018) las pistas de su amistad con el escritor. Conoció al autor de “Amuleto” y “Estrella distante” en octubre de 1999, cuando le pidió una entrevista luego de que el chileno obtuviera el Premio Rómulo Gallegos. Ahí nació un vínculo que fue volviéndose más cercano a través de interminables charlas telefónicas en las que el escritor veterano dejaba entrever su afecto y preocupación por el argentino. Y durante dos años, sorteando las convenciones horarias, la madrugada fue el lugar de encuentro para charlar de fútbol, literatura y reality shows. “Mi amistad con Bolaño no ha diferido demasiado de la amistad que puedo tener con cualquier amigo, sea escritor o no, aunque en el caso de Bolaño resulta significativa por otros motivos. Primero, porque fue una amistad eminentemente telefónica. Nos vimos personalmente, si no recuerdo mal, cinco a seis veces, pero por teléfono hablamos en infinidad de ocasiones. Y segundo, porque fue una persona que no me conocía prácticamente de nada y me dio una mano inmensa en un momento complicado y difícil de mi vida. Y algo más: fue una amistad que duró poco, apenas dos años, pero que me dejó una huella imborrable”, cuenta a Télam sobre el vínculo que los unió hasta la muerte de Bolaño.

¿Cómo leer a Bolaño hoy? “Con el mismo asombro y el mismo placer de siempre -propone-.No sé muy bien qué puede encontrar un joven en su obra porque, bueno, yo ya no soy joven, pero seguramente encontrará una escritura limpia, un estilo único y una apuesta vital y total por la literatura. Una apuesta en la que no siempre se gana, casi nunca se gana, sino que habitualmente se pierde. Y a pesar de esa pérdida, de esa derrota, seguir apostando”.

Cuando Gandara leyó por primera vez "Los detectives salvajes" creyó que era un libro al que le sobraban páginas. Con los años, desistió de esta hipótesis y comenzó a encontrar nuevos matices. “Leí Los detectives salvajes siendo joven y creía, en ese momento, en la estructura clásica de una novela, con argumento, tramas, nudo, desenlace, etcétera. Por suerte después mi manera de leer cambió y, al volver a ´Los detectives salvajes´ me di cuenta de que estaba equivocado”, acepta. Advierte que no es que le sobren páginas sino que es “una novela total en la que se puede entrar por cualquier sitio”: “Releerla, para mí, significa leer muchos de esos relatos que constituyen la parte central y que tienen un valor en sí mismos como relatos, como historias. Hay unos cuantos que me parecen maravillosos, como el de Alberto Moore, el de Felipe Müller, el de Edith Oster, el de Alicia Lacouture y el de María Teresa Solsona Ribot”.

Bolaño estaba casado con Carolina López, con quien tuvo dos hijos llamados Lautaro y Alejandra. Después de una década de enfrentar una enfermedad hepática degenerativa en Barcelona y mientras esperaba un trasplante de hígado, falleció a los cincuenta años, el 15 de julio de 2003, fiel a su concepción de rechazar las etiquetas y las convenciones para asumir la responsabilidad y reconocerse, ya desde la adolescencia, como escritor de la lengua castellana.

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