Cultura

13-05-2023 21:30 - Juan Pablo Meneses

"En Chile en relación a la dictadura no hay verdades, hay versiones"

Crónica de no ficción e invención literaria, "Una historia perdida" se adentra en el bombardeo que terminó con la vida de Salvador Allende y de la democracia chilena. El autor chileno conversó con Télam sobre su nueva obra que presentó en la Feria del Libro.

Por Claudia Lorenzn
Por Claudia Lorenzón
13-05-2023 | 21:30
Foto Florencia Downes
Foto: Florencia Downes.

Desde un cruce de crónica de no ficción e invención literaria, el chileno Juan Pablo Meneses indaga en "Una historia perdida" en el bombardeo que terminó con la vida de Salvador Allende y de la democracia chilena, 50 años atrás, al bucear en el piloto que en una actitud díscola terminó haciendo fuego sobre el hospital de la Fuerza Aérea chilena, desoyendo las órdenes de sus jefes militares.

A partir de una vivencia ocurrida en su niñez, como fue el bombardeo sobre ese hospital que impactó a metros de su vivienda, Meneses crea un personaje que investiga este hecho, motivado por la necesidad de saber quién fue ese piloto al que considera "un infiltrado" dentro de la Fuerza Aérea de su país, en una historia que hasta el momento no había salido a la luz.

"Me había llegado una versión de que el hospital que se bombardeó era de la Fuerza Aérea y que lo había bombardeado un piloto que, en medio de toda esa acción -que incluyó la casa de Allende, la antena de una radio y distintos puntos de la ciudad- se da vuelta y decide bombardear las cosas de la propia Fuerza Aérea", dice el escritor.

"Siento que la ficción es una manera de ampliar el registro de la no ficción y del periodismo: vivimos momentos en los que hay lugares donde el periodismo no puede llegar. Seguimos teniendo dudas e incertidumbres de cosas que pasaron en Chile hace 50 años atrás, sobre las que no sabemos cómo ocurrieron", afirma Meneses sobre esta obra publicada por Tusquets que presentó en la Feria del Libro.


- Esta historia que impacta en tu infancia, se despierta en vos con la muerte de tu madre, como le sucede al protagonista de la novela?
- Yo fui un niño bombardeado, pero me enteré de eso escribiendo el libro, nunca lo había analizado de esa manera. La anécdota con la que parte el libro es el bombardeo a Santiago: yo quiero salir a mirar esos aviones, porque un niño no piensa que van a bombardear la ciudad. Pero mi madre me dice "No salgas porque te puede caer una bomba". Yo abro la puerta y cae una bomba, el suelo se mueve y me caigo. Eso pasó tal cual, pero durante muchos años esa fue una anécdota familiar, que la contábamos sin darnos cuenta del significado que tenía. Cuando fallece mi madre y yo empiezo a investigar y me doy cuenta de que ese hecho no estaba en ninguna parte (en internet por ejemplo, no hay ni una foto, ni del hospital derrumbado) es cuando empecé a pensar en hacer una novela, porque el periodismo no me iba a alcanzar para contar esta historia.


- ¿Qué consecuencias te trajo ese bombardeo ocurrido en la niñez?
- Me asustaba cuando los aviones pasaban a baja altura o ver a los militares cerca mío en la calle, hasta hoy me pasa, que me remiten a una situación de peligro. Durante la escritura del libro me puse a investigar las consecuencias que tienen este tipo de hechos para un niño que vive en una ciudad bombardeada y me di cuenta de que muchas de esas cosas eran las que tenía yo, como el insomnio en mi niñez. Pero eso nunca se asoció a los bombardeos en zonas civiles, esta historia nunca existió hasta que salió esta novela. Cuando a estos aviones -que bombardearon la ciudad- los dieron de baja se hizo un homenaje en los 90 y ya en democracia, los mismos pilotos que bombardearon Santiago y eran unos viejos generales, algunos retirados, salieron a dar vueltas por la ciudad. Llevábamos 10 años de democracia y seguían teniendo el control. A partir del libro, algunas personas me dijeron, que esta semana la Fuerza Aérea empezó a quitar por primera vez los aviones, que estaban expuestos en distintos lugares del país como un homenaje.

Foto Florencia Downes
Foto: Florencia Downes.


- Siempre escribiste crónicas, pero en este caso incursionás en una novela. ¿Por qué decidiste este abordaje?
- Me tocó ser parte del boom de la crónica latinoamericana y fue una época donde se le dio mucha importancia a la no ficción y a la crónica narrativa y mi último libro de crónicas, el número 10, fue "Un dios portátil", que me dejó muy cansado y después del cual dije 'tengo que hacer un cambio'. Siento que la ficción es una manera de ampliar el registro de la no ficción y del periodismo: vivimos momentos en los que hay lugares donde el periodismo no puede llegar. Seguimos teniendo dudas e incertidumbres de cosas que pasaron en Chile hace 50 años atrás, sobre las que no sabemos cómo ocurrieron. Donde la verdad no puede llegar, donde el periodismo no ha podido llegar, siento que de alguna manera la literatura puede llegar. Efectivamente la literatura puede ayudarnos mucho más a llegar a una verdad más sólida que el periodismo o los libros de investigación.


- Viviste durante mucho tiempo fuera de Chile. ¿Pensás que esa forma de "huida" tiene que ver con esa experiencia traumática?
- Pienso que si tú eres un niño latinoamericano y te bombardean tu casa, puedes terminar convertido en un cronista que anda buscando por todos los países una verdad que de repente no termina de encontrar. Veía los aviones que estaban expuestos como adorno en distintos puntos de la ciudad y no los asociaba directamente. Hay un paralelo entre la vida del cronista y la de este niño bombardeado pero que también trata de mostrar cuáles son las consecuencias más íntimas de un hecho político, porque los hechos políticos tan dramáticos como un golpe de estado con el bombardeo de tu ciudad termina teniendo consecuencias en las historias mas pequeñas, en las historias de cada uno, e influye en tu historia íntima.


- ¿Por qué creés que se ocultó esta historia que exponés en el libro?
- Esta historia se ocultó porque la versión oficial fue: nosotros bombardeamos los lugares estratégicos, no murió nadie y tomamos el poder y nos quedamos con todo, o sea, hasta que salió esta novela, se hablaba de que había sido un bombardeo perfecto, si es que puede existir eso. Pero este libro plantea que se bombardearon zonas civiles sin avisar, se bombardearon hospitales y una de las personas se dio vuelta en mitad del bombardeo. La Fuerza Aérea nunca dio el nombre de los pilotos, y en el libro hago una investigación hasta dar con el nombre del que se dio vuelta y que tenía como nombre de combate Mandril.


- ¿Y vos estás convencido de que no hubo error sino decisión de bombardear el hospital militar?
- Siempre digo que en Chile, en relación a la dictadura no hay verdades, hay versiones. Y en este caso en particular había cuatro versiones, tres de esas se publicaron en libros como investigaciones, todas disparatadas: una que el piloto era un joven inexperto, lo cual es muy raro que la operación más importante de ese momento para los militares se la dieran a alguien sin experiencia; la otra es que era el hijo del comandante en jefe, es muy raro porque se hubiera sabido muy rápido y la tercera que era piloto extranjero. Pero la del infiltrado es la que tiene más lógica porque además la Fuerza Aérea era la rama militar que tenía más fricción interna, es la que tuvo más peleas y más integrantes torturados. De ahí viene el padre de (Michelle) Bachelet que eran general, que son los constitucionalistas, que apoyaban a Allende y no al golpe. Entonces es la que tiene más asidero, más lógica y es la que única que no estaba contada.

Foto Florencia Downes
Foto: Florencia Downes.


- A diferencia de Argentina, en Chile no hubo juicio a las juntas militares.
- La película "Argentina, 1985" abrió un debate en Chile, que nunca se dio. Si tú lo muestras con la realidad del país, en el que el domingo pasado hubo una lección donde el partido mayoritario, el pinochetista Partido Republicano, que va a liderar la escritura de la nueva Constitución, entonces es como una historia que nunca se termina de cerrar. Chile vive en esa esquizofrenia constante.


- La historia que abordás en el libro me remitió a las fake news, en cuanto a la realidad que se tergiversa, a la mentira.
- Los medios son cada vez más poderosos y el periodista es cada vez más prisionero del medio. No podría haber manipulación de medios, sino hubiera una precarización de la actividad porque si fuera una profesión sólida, no pasaría. Es muy loco, yo no estaría hablando contigo acá si yo hubiera hecho este libro más bien de crónica de periodismo que de literatura, porque inmediatamente habría sido contaminado por distintas versiones. Entonces la literatura termina siendo como un refugio para que los periodistas o la gente que trabaja en no ficción pueda terminar escribiendo la historia alejada de todas estas corrientes de manipulación. En Chile me han entrevistado por este libro y las entrevistas no han salido. Sigue siendo un tema complicado. Si este libro logra torcer la historia y logra que se desmonten los aviones que bombardearon Santiago, siento que es un logro más importante que agotar ediciones.

"La literatura puede ayudarnos a llegar a una verdad más sólida que el periodismo"

Juan Pablo Meneses, autor de la novela "Una historia perdida", en la que indaga sobre los bombardeos a Chile, que terminaron con el gobierno de Salvador Allende, se manifiesta convencido de que en su país "se sigue instalando una idea negacionista" sobre lo sucedido en aquellos años. "Fue muy loco darse cuenta, 50 años después, que se ha contado tan mal el Golpe de Estado: se instaló una verdad oficial y se creyó. La creyeron los familiares de los desaparecidos, las creyeron los militares, la creyeron todos", manifestó a Télam.

Autor de los libros de no ficción "Equipaje de mano", "La vida de una vaca" y "Niños futbolistas", entre otros, dialogó con Télam sobre esta nueva obra en la que desde la ficción busca encontrar una verdad, y para eso recurre a la ficción. "Siento que efectivamente la literatura puede ayudarnos mucho más a llegar a una verdad más sólida, que el periodismo o los libros de investigación", afirma Meneses.


- ¿A 50 años del golpe cómo evalúas la realidad política chilena actual?
- Ahora venimos de una elección, y en septiembre vamos a estar cerca de un plebiscito con una constitución a cargo de una comisión integrada por gente de derecha, la mayoría pinochetistas, y se sigue instalando la idea negacionista. Yo lo que siento es que han pasado 50 años y la historia no se ha contado bien, tanto en libros de gente de izquierda y de derecha Hay muchos testimonios que son contradictorios, que son falsos. Fue muy loco darse cuenta que 50 años después se ha contado tan mal el golpe de estado: se instaló una verdad oficial y se creyó. La creyeron los familiares de los desaparecidos, las creyeron los militares, la creyeron todos. Y el dolor que hubo no es tema de debate.


- ¿Cómo vive la sociedad chilena con eso, porque hubo mucho dolor y pérdida?
- Vive de una manera más alienada. Podemos votar a un presidente como Boric, de izquierda que gobierna con el Partido Comunista y dos elecciones después, gana el pinochetismo. Y pasa eso porque el electorado chileno funciona con la lógica del cliente que dice: "Oye no me funciona este sistema de cable y entonces me paso a otro". Entonces el electorado chileno funciona cómo funciona un cliente de una multitienda y eso hace que se vaya de un extremo a otro. Creo que esto termina haciendo un gran daño. El problema es que hay muchos países que terminan con un electorado que vota como un cliente. Detrás de las bombas que cayeron al lado de mi casa, el botón para disparar esa bomba lo apretó el piloto apodado Mandril, pero en realidad esos bombardeos respondieron a una ideología que se terminó imponiendo. Entonces ese debate no se da en el mundo porque en el fondo nos ha terminado ganando la idea de que antes de cualquier cosa, somos clientes y ahí nos sentimos a salvo.


- El libro hace una mención a los bombardeos del 16 de junio de 1955 en Buenos Aires, para derrocar a Perón, y al igual que en el hecho que se investiga en tu obra, acá esos bombardeos fueron silenciados hasta el siglo XXI.
- Claro, murió mucha gente. Yo vivía en un hotel de Tacuarí y Avenida de Mayo cuando se inauguró el primer memorial y me acuerdo haber estado ahí. Era un momento de una violencia donde los militares decían vamos a imponer nuestro modelo, nuestra manera de ser y y para eso estamos dispuestos a bombardear.


- Hay menciones en el libro a los cronistas más importantes de Argentina en el libro, a modo de homenaje a la crónica.
- Me ayudó mucho en este trabajo, Tomás Eloy Martínez a quien yo conocía, porque fui el relator del último taller que él hizo en Santiago, de la Fundación García Márquez y cuando me iba a pasar a la ficción, empecé a ver entrevistas en los que contaba su paso por la ficción y me terminó ayudando mucho. Él hablaba en conferencias o en entrevistas acerca de hasta qué punto todo lo que nos dicen que es verdad, no es verdad, pero se apoya en un documento, que lo pudo haber escrito alguien totalmente interesado en que algo se transmita en un determinado sentido. Yo ahora siento que efectivamente la literatura puede ayudarnos mucho más a llegar a una verdad más sólida, que el periodismo o los libros de investigación.

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