Opinión
12-04-2023 14:08 - Ataques contra la hija de la Vicepresidenta
El escándalo de Canosa y di Marco: espectacularización de la política
El peligro de poner la lógica del espectáculo y la temática de la salud mental al servicio de una operación política.

La reacción a los dichos que emitieron Laura di Marco y Viviana Canosa sobre la salud mental de Florencia Kirchner y su relación con la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kircher, el jueves pasado por la pantalla del canal La Nación + fue grande y abarca diferentes sectores.
Dirigentes políticos, especialistas en comunicación, organizaciones, organismos e instituciones que se ocupan de la salud mental, la violencia simbólica y la protección de los derechos civiles repudiaron las afirmaciones de las dos mediáticas. Especialistas en salud calificaron los dichos de “aberrantes” y calificaron como “diagnóstico ilegal” las aseveraciones emitidas por las periodistas.
La ministra Mujeres, Géneros y Diversidad, Ayelén Mazzina Guiñazú, denunció ante el Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom) a las periodistas, por expresiones "violentas, discriminatorias y agraviantes" hacia la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner y su hija Florencia. Lo consideró un acto "de violencia psicológica, política, público-política y simbólica por motivos de género". El vicepresidente de Enacom, Gustavo López, adelantó este lunes que el canal La Nación + recibirá una multa que puede llegar al 10% del total del monto de emisión de publicidad por mes.
El Comité de Expertas del Mecanismo de Seguimiento de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Mesecvi) de la Organización de Estados Americanos rechazó los dichos señalando que "alimentan los discursos de odio y constituyen violencia contra las mujeres".
El suceso pone en tensión un triple eje que está enraizado profundamente en el escenario político actual de la Argentina: en el ataque y su reacción se entraman cuestiones de género y estigmatización de los cuerpos, de salud mental, de la construcción de los discursos de odio y la persecución política. Más allá de las múltiples formas de abordar por qué el diagnóstico falto de sustento que hicieron en vivo las periodistas es una operación inaceptable en términos éticos, profesionales e ideológicos, podría ser constructivo detenerse en otra cuestión.
El domingo, di Marco se defendió en Twitter respaldando su accionar con una comparación a los sucesos de la serie ficcional Borgen y afirmando que “cuando dirigís un país, aceptás que tu vida y la de tu familia queda sometida al escrutinio público”.
¿Viste la última temporada de Borgen? El periodismo danés se ocupa de la salud de la hija de la Primera Ministra porque es de interés público. Cdo dirigís un país, aceptas q tu vida y la de tu flia queda sometida al escrutinio público. Así funciona acá y en Dinamarca. https://t.co/OaynKlNazG
— Laura Di Marco (@_LauraDiMarco) April 9, 2023
El argumento que esgrime la periodista aparece como un síntoma de algo alarmante: la espectacularización de la política.
¿En qué sentido? Se podría pensar de la siguiente forma: la aseveración que se hizo sobre Florencia Kirchner, la calificación de su persona a partir de rasgos de su apariencia física, la exposición a partir del contenido que sube a redes sociales, la opinología sobre su estilo de vida, su pasado, su condición mental, es algo que se hace a diario con figuras del mundo de la farándula. Hay horas y horas televisivas ocupadas por mesas de debate que giran en torno a fotografías expuestas como si de pruebas de crimen se tratara. Artículos que sentencian si tal o cual prenda queda bien o mal a tal o cual actriz, si aquella engordó o la otra se hizo una cirugía estética.
Hay, claro está, un mercado que se constituye, alimenta y reproduce a partir de la espectacularización de los cuerpos. La puesta de las características físicas de las feminidades en el centro del debate público está más que naturalizada en Argentina. Y esa tendencia a opinar sin reservas, rápidamente deviene en estigmatización. No por nada una de cada tres mujeres jóvenes en nuestro país tiene un trastorno de la conducta alimentaria. Según un relevamiento internacional, somos el segundo país en el mundo con más presencia de trastornos de conducta alimenticioa (TCAs). El 29% de la población se ve afectada, con mayor concentración en jóvenes y adolescentes mujeres.
Si los dichos de Canosa y di Marco produjeron revuelo, es por dos motivos: por un lado porque, excediendo por completo la ya violenta opinión de los rasgos de un cuerpo otro, afirmaron que Florencia tenía “una anorexia nerviosa galopante”, cuyo origen estaba en una “ausencia materna”.
Según la Asociación Colegio de Psicoanalistas, “la periodista Laura Di Marco —en un diálogo con una complaciente Viviana Canosa— emitió al menos siete afirmaciones diagnósticas y etiológicas: adicción, abuso, anorexia nerviosa, psicopatía, narcisismo patológico, bipolaridad, intento de suicidio”. Lo afirmaron sin credenciales, estudios o fuentes, destruyendo todo protocolo ético de la comunicación y adentrándose en una zona de peligrosísima irresponsabilidad en relación al tráfico de información sobre salud mental.
Las palabras de la mencionada Asociación son claras en este sentido: “Cada una de estas clasificaciones, ya sea de índole diagnóstica o por hechos acontecidos, en manos de un/a profesional de salud mental, sería el resultado de un trabajo minucioso, de la utilización de una batería de elementos diagnósticos (múltiples entrevistas o herramientas variadas de psicodiagnóstico) y formulada después de un lapso variable de tiempo de estudio y análisis hasta llegar a conclusiones, siempre provisorias y en continua revisión. La ligereza con la cual se han realizado estas afirmaciones en el diálogo televisivo citado nos resulta peligrosamente problemática por múltiples motivos”.

En segundo lugar, el hecho trascendió porque el ataque se enmarca a todas luces en un plan sistemático de alimentación de discursos de odio contra Cristina Fernández, maquinaria de producción discursiva que ha sido efectiva a niveles escalofriantes, como evidencia el intento de asesinato que sufrió la vicepresidenta el año pasado. De esta forma, los dichos sobre la jóven -que hace años demuestra no tener interés alguno en participar del escenario político argentino-, adquiere un carácter contundentemente político.
Es un problema de por sí que la perpetuación de la lógica misógina que disciplina los cuerpos de feminidades pase desapercibida a diario, a menos que se pongan en tensión con temas que encienden más rápidamente las alarmas en nuestra sociedad. Pero también es un problema que la política se trence en la misma lógica de la noción de figura pública que ya hace de otros ambientes (como el del espectáculo y la televisión) sumamente hostiles y problemáticos.
La política es una herramienta de construcción colectiva y transformación de la realidad. Es el vehículo para la organización de la sociedad. Transformarse en un funcionario público no implica asumir que la propia vida privada será objeto de debate público. Si así fuera, situaciones como ésta se replicarían con sucesos personales de figuras de todo el arco político. Pero no es así. Se trata de una invención, una reacción a la necesidad de generar argumentos que escapen al marco estrictamente político, para atacar un proyecto que no ha podido ser derribado por otras vías. Es una idea que abona una construcción política dispuesta a justificar todo medio con un único fin: la acumulación de poder. Es un triste y peligroso efecto de los tiempos que corren, la homologación de la política con la lógica del espectáculo misógino, frívolo, falto de contemplación afectiva.

Disfrazadas de empatía y “preocupación”, lo que desfiló en la pantalla de LN+ fueron la reproducción del estigma sobre los cuerpos que se corren de la norma y una voluntad impactante de pasar por alto toda recomendación para el tratamiento seguro y responsable de los TCAs en un medio de comunicación. ¿El resultado? Un eslabón más en la larga cadena de violencias a través de las cuales se ha estigmatizado a la actual vicepresidenta. La principal herramienta para atacar el proyecto político del que Cristina es la mayor representante ha sido hacer uso de su condición de mujer para producir discursos de un odio extremo. Tan extremo, que no repara en las víctimas colaterales de su misión. En este caso, esas víctimas exceden por mucho a Florencia (que, de por sí, es una víctima de la concepción del juego político que tienen los opositores al proyecto que encararon sus padres, desde su infancia).
“Consideramos que la amplia difusión de la palabra de estxs comunicadorxs tiene efectos materiales y produce consecuencias irreversibles, hiriendo y dañando a una importante porción de la población y a sus familias que, precisamente por su vulnerabilidad, debieran ser protegidas por la comunidad toda”, escribieron desde la Asociación Colegio de Psicoanalistas.
En una era signada por una creciente tendencia a la patologización de la experiencia, a la fragilidad extrema frente a la mirada externa (multiplicada y profundizada por la dinámica de las redes sociales), en la que los diagnósticos profesionales referidos a la salud mental van en aumento, un gesto de irresponsabilidad tan grande puede tener consecuencias gravísimas para alguien que padece síntomas o se encuentra en tratamiento. Es una ración de alimento potente para todos los mecanismos que hoy constituyen un marco ideal para el florecimiento de inseguridades y represiones.
El triple eje del ataque tiene, en correspondencia, una triple operación de disciplinamiento. Uno de género, que echa mano a los estándares de belleza y las normativas del deber-ser físico. Otro relativo a las personas con trastornos alimentarios, que induce el miedo a mostrar la propia figura, y coloca esa condición como objeto de debate público. Y un último, político, que pone sobre la mesa los ataques, peligros y humillaciones que se expone a vivir aquel que encarne un proyecto político no del todo adecuado a los intereses de cierto sector de la sociedad.
Los cuerpos de aquellos que no se adecúan a lo que ese sector necesite, serán usados en su contra.
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