Opinión

26-03-2023 21:51 - Geopolítica

El fallido intento de Macron puede llevar a la 6ª República

Con su reforma del sistema previsional el presidente francés pretendía consolidar el neoliberalismo, pero suscitó un alzamiento nacional de masas que conmociona a Europa.

Por Eduardo J Vior
Por Eduardo J. Vior
26-03-2023 | 21:51
Foto AFP
Foto: AFP

Cuando la Asamblea Nacional francesa convalidó el jueves 16 la decisión del gobierno de Élisabeth Borne de introducir por decreto la reforma del sistema de pensiones, el presidente Emmanuel Macron se aprestó a encarar cambios más profundos, pero se topó con un inesperado reavivamiento de la resistencia social.

Tras la decisión legislativa, día tras día el movimiento antigubernamental fue aumentado su masividad, sumado a la juventud y abarcando otros temas conflictivos. Con la reiterada quema de banderas de la Unión Europea los manifestantes mostraron quién es su verdadero adversario: el autoritarismo de Bruselas. Significativamente, la protesta reúne en las calles a manifestantes sindicales, estudiantiles y de izquierda con partidarios de Marine Le Pen. Si la convergencia entre el nacionalismo y la defensa del Estado social toma formas políticas, puede forzar el cambio de régimen político interno y romper la Europa otanista.

Diez días después de la decisión del Ejecutivo de recurrir al artículo 49.3 de la Constitución para aprobar la reforma de las pensiones y tras la entrevista televisada de Emmanuel Macron el pasado miércoles 22, la movilización ha experimentado un fuerte crecimiento y radicalización en toda Francia. Por la tarde del sábado 25, por ejemplo, la manifestación contra el proyecto de megaembalse en la región de Deux-Sèvres desembocó en violentos enfrentamientos. La fiscalía contabilizó 35 heridos, entre ellos 28 gendarmes; mientras que los organizadores contaron no menos de 200 manifestantes heridos.

El artículo constitucional 49.3 aplicado por la primera minstra Élizabeth Borne para introducir la reforma previsional por decreto prevé que una vez por período legislativo el jefe de gabinete puede aprobar un proyecto de ley de finanzas o de financiación de la seguridad social sin someterlo a votación de la Asamblea Nacional. Si en las veinticuatro horas siguientes al decreto ninguna moción de censura parlamentaria rechaza el proyecto, éste adquiere fuerza de ley.

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Para eludir un debate legislativo de resultado incierto, la primera ministra Élisabeth Borne adoptó esta medida constitucional, aunque autoritaria. Detrás de su decisión, obviamente, estuvo el presidente, quien con esta medida de fuerza pretendió no sólo derrotar a la movilización popular sino recuperar la iniciativa, para introducir otras medidas de estabilización y ajuste.

En una entrevista dada este miércoles 21 Emmanuel Macron defendió la “necesidad” de aplicar la medida de excepción argumentando que no hay otra solución. El jefe del Estado consideró que “el proyecto de todas las oposiciones” contra esta reforma “es el déficit”. Aprovechando la falta de repreguntas de los periodistas oficialistas, el mandatario obvió referirse a las enormes transferencias a Ucrania, a la evasión impositiva de los más ricos y a la política de concentración bancaria de la Unión Europea. No obstante su escenificada energía, la intervención presidencial fue tardía, insuficiente e irritativa.

Muchos analistas coinciden en que el sistema estatal de reparto que rige en Francia desde 1945 es sólido y no necesita un cambio de régimen. Hay suficientes aportantes y las reservas cubren los eventuales déficits. El motivo de la reforma impulsada por el jefe de Estado no es, entonces, el déficit de la seguridad social, sino la necesidad de congraciarse con la gran Banca internacional, para ajustar el déficit presupuestario y de balanza de pagos a los topes fijados por la Unión Europea.

Alcanzar esta meta, empero, obligaría a recortar subsidios y prestaciones, así como a reducir las partidas destinadas a la educación y la salud. Para poder encarar estos recortes con menos resistencia, el presidente necesitaba afirmar su posición de poder. Por ello acudió al 49.3. Sin embargo, la maniobra fue demasiado evidente para toda la población.

Tanto fue así que el jueves 23 la Intersindical movilizó a cerca de 3,5 millones de manifestantes en más de 300 ciudades, muchos más que la semana anterior, que directamente pasaron a reclamar la destitución de Macron y el cambio de régimen político. Las escuelas, las empresas, el transporte, las refinerías de petróleo y las plantas de energía fueron especialmente paralizados por las protestas.

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Por su parte, la presidenta del grupo Agrupación Nacional (RN, por su nombre en francés) en la Asamblea Nacional, Marine Le Pen, declaró que “la fortísima movilización en las manifestaciones, sobre todo en las ciudades medianas, es una señal que confirma la oposición masiva de los franceses a la reforma de las pensiones.” Entre tanto, en el lado sindical, la movilización renovada fue saludada por el secretario general de la central CFDT, Laurent Berger. Como continuación de su plan de lucha, los sindicatos han anunciado una nueva jornada de acción para el martes 28.

Los opositores a la reforma de las pensiones han subrayado ampliamente el nuevo aliento tomado por el movimiento de protesta. “La mayor movilización social desde mayo de 1968 en todas las regiones”, tuiteó por la tarde del jueves el ex candidato presidencial de La Francia Insumisa Jean-Luc Mélenchon.

Mientras las manifestaciones se extienden, se radicalizan, abarcan cada vez más cuestiones y confluyen en el reclamo de renuncia del presidente y del gobierno, la oposición sigue agotando las instancias legales. Ahora va a apelar al Consejo Constitucional francés, máximo órgano constitucional, para bloquear parte o la totalidad de la ley. El Consejo tendría hasta un mes para estudiar cualquier objeción a la legislación. Entre tanto, la ira popular contra las reformas no da señales de terminar, con manifestantes reunidos en el centro de París y en toda la geografía nacional enfrentándose a la policía.

El pueblo francés ha demostrado en las calles que entiende muy bien de qué se trata: la reforma del sistema previsional no tiene nada que ver con su financiamiento, sino con la necesidad presidencial de dar una señal positiva a los mercados financieros mostrando su disposición a desmantelar enérgicamente el Estado social edificado entre 1945 y 1970. La subordinación del Elíseo a las órdenes de la burocracia otanista europea se ha hecho evidente y, consecuentemente, cuando los manifestantes apuntan contra el presidente, no reclaman sólo el cambio del régimen político en Francia, sino en toda Europa.

Lo novedoso de este proceso de luchas es, empero, la confluencia callejera entre izquierdistas, sindicalistas, estudiantes y nacionalistas. Un nuevo movimiento patriótico popular está en ciernes. Como en épocas anteriores de la historia, el pueblo francés se prepara para enfrentar a la Europa oligárquica.

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