Cultura

11-03-2023 17:51 - indutrias editorial

Literatura y democracia: una colección de libros para construir desde todas las voces

¿Cómo se narra la democracia? ¿Dialoga la premisa de la libertad con la literatura? Paula Bombara, Laura Ávila, Mario Méndez y Federico Lorenz reflexionan sobre la relación entre ficción y democracia, a propósito del lanzamiento de una colección orientada a infancias y juventudes.

Por Milena Heinrich
Por Milena Heinrich
11-03-2023 | 17:51
Federico Lorenz Foto Fernando Gens
Federico Lorenz.// Foto: Fernando Gens

¿Cómo se narra la democracia? ¿Dialoga la premisa de la libertad con la literatura? ¿Puede la ficción ser una herramienta de intervención política para pensar cómo queremos vivir? Paula Bombara, Laura Ávila, Mario Méndez y Federico Lorenz reflexionan sobre la relación entre ficción y democracia, a propósito del lanzamiento de sus novedades en una colección editorial orientada a infancias y juventudes que celebra cuatro décadas ininterrumpidas de democracia.

Si la literatura puede narrar e imaginar la democracia es porque ella misma aloja los valores que enriquecen a una sociedad democrática, como la crítica, la reflexión, la memoria, la soberanía, la identidad o la diversidad de voces. "Allí donde a lo mejor una prescripción aparece como un freno, -dice Federico Lorenz- la literatura es el territorio de la imaginación: entonces, ¿qué mejor que ese escenario para recordar pero, sobre todo, pensar en lo que nos falta, lo que soñamos?".

En esa zona de reflexión, donde la realidad se permite ser mirada, cuestionada o resignificada a la luz de la lectura y el diálogo, la editorial Norma lanzó como proyecto la colección Al gran pueblo argentino ¡Democracia! con lecturas para acompañar a chicos y chicas de distintas edades, en los distintos ciclos escolares. Los títulos, pensados para ser trabajados con intermediarios (en la web de Norma hay mucha información y propuestas educativas), abordan aspectos de la vida democrática desde el campo de la ficción.

Así, la democracia toma la forma del territorio, con sus distintos modos de vida y prácticas culturales a lo largo y ancho del país, pero también la forma de valores, como el del consenso y la escucha cuando un grupo de amigas de ocho años que juegan en un país imaginario de ponis y castillos un día se cansan de las decisiones unilaterales de una de ellas y proponen votar para lograr acuerdos. O de la convivencia, con una historia entre una rana, un gato y una paloma que descubren que entre todos pueden mirar lo mismo desde distintas ópticas y aprender algo nuevo, o la importancia de la memoria, la verdad, la justicia y la búsqueda de los desaparecidos.

La colección reúne libros para primer ciclo, "El país de Malku", de Margarita Mainé con ilustraciones de Rocío Alejandro; "Una luna junto a la laguna", de Adela Basch, ilustrado por Alberto Pez, "República de Kiara", de Laura Ávila, ilustrado por Agustina Barriola; para segundo ciclo las propuestas son "Todas las voces todas", de Mario Méndez y Federico Lorenz, y la reedición de "3155 o el número de la tristeza" de Liliana Bodoc; mientras que para adolescentes y secundaria la colección ofrece "La sombra del jacarandá", de Paula Bombara, que vuelve a indagar en la dictadura y en las huellas que deja el horror del pasado en el presente.

Foto Fernando Gens
Foto: Fernando Gens

¿Cómo se narra la democracia? ¿Puede dialogar la ficción con la construcción ciudadana? Laura Ávila advierte que "en este momento hay una especie de retroceso para contar qué es la democracia. Como si hoy no existiera, como si costara estar orgullosa de este sistema". En este sentido, "la literatura trae una lámpara cargada de imaginación para iluminar ciertas zonas oscuras. La literatura no es una ciencia, es un espacio lúdico para reflexionar la historia que nos atraviesa. Tiene la libertad de la poesía y la palabra", dice.

Para imaginar "República de Kiara", el libro que integra esta flamante colección, la novelista miró su propia infancia, cuando la democracia volvía a instalarse en el país, con todo ese movimiento de avances y retrocesos que supuso el cambio de época: "Quise volver a las raíces del asunto, contar cómo se puede armar un consenso, cómo se puede votar para mejor: un juego, cómo aprender a divertirse sin pelear, para vivir un poco más felices, sintiendo que todo se puede compartir", cuenta sobre esta pequeña república imaginada por cuatro amigas que entra en conflicto cuando se dan cuenta que las decisiones siempre las toma una de ellas.

Mario Méndez y Federico Lorenz escribieron a cuatro manos "Todas las voces", una puesta en escena de un acto escolar en el que las familias participan con sus recuerdos para celebrar los 40 años de democracia, a partir de la convocatoria de una maestra entusiasta. Entre madres, padres, abuelos y abuelas, tíos, se entreteje una trama coral y colectiva de memorias sobre distintos episodios y experiencias de la vida democrática.

La elección de ese escenario escolar no fue casualidad, sus dos autores provienen del ámbito educativo y encuentran en el terreno de la escuela un espacio para la polifonía y la participación. Dice Lorenz a Télam: "La escuela, como punto de encuentro, es el escenario privilegiado para la transmisión y la reflexión. Cada día se ponen en acto allí las diferencias, pero también los momentos de comunidad y de pensamiento colectivos. Entonces plantear un relato coral tiene que ver precisamente con reivindicar lo que allí sucede y mostrar su potencial pedagógico-político".

Los libros según sus autores

Un grupo de amigas y un país imaginario que necesita de consensos para los acuerdos, un acto escolar que convoca a las familias a construir en voz alta una memoria colectiva sobre la historia reciente y convoca a reflexionar en conjunto lo qué es vivir en democracia, o el horror de la dictadura, los entierros clandestinos y la búsqueda de desaparecidos, son algunas de las historias que proponen los libros de la colección de la editorial Norma para aportar a la construcción y al debate sobre los derechos, la libertad y el respeto a los demás.



"La sombra del jacarandá"

Roberto, jubilado, retoma la escuela y en una de las clases una frase queda resonando en su cabeza: "enterradosclandestinamenteenloscementerios", "la familia los busca". Roberto siente la angustia de no haber contando nunca lo que vio, se castiga, se culpa, pero con la ayuda de su hija será una pieza clave para la búsqueda de memoria, verdad y justicia. Mientras se narra esa historia, otro hilo confluye en la novela: dos jóvenes hermanos que quieren saber sobre sus abuelos desaparecidos y cuya madre se resiste a recordar. A pesar del silencio -que es tristeza y dolor de volver a la sombra de la ausencia- los hermanos deciden avanzar y empiezan a reconstruir quiénes fueron sus abuelos a partir del diálogo con su bisabuela y tía abuela y otras personas que los conocieron. Luego aparecerá el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), los juzgados, las querellas, la verdad, los duelos.

Escritora, científica y militante de Derechos Humanos, Paula Bombara empezó a escribir esta novela cuando el EAAF encontró los restos de su papá, desaparecido a fines de 1975: "Fue el inicio de un duelo muy demorado, tanto que lo atravesé acompañada por mi hija y mi hijo, que tenían en aquel momento, 6 y 9 años. Visito muchas escuelas primarias y secundarias y también esas infancias y juventudes lectoras de mis libros me acompañaron los tiempos del duelo con sus reflexiones, sus risas, sus reclamos. Una de sus preguntas era si volvería a escribir otra novela sobre la dictadura. Y siempre respondí 'eso queda en manos de ustedes, continúa en ustedes' ".

Con esa respuesta presente nació "La sombra del jacarandá" en la que cuenta "historias de personajes que viven y crecen en democracia, que leen, que investigan, que reflexionan sobre cómo lidiar con el pasado y la muerte desde el presente para estar mejor en el futuro. El pensamiento que me ocupaba, y me ocupa, es que, aunque yo seguiré aportando a las búsquedas de las víctimas del terrorismo de Estado, la continuidad está en las generaciones que siguen. El futuro está en las nuevas generaciones", dice Bombara.

Y plantea: ¿Cómo puedo, cómo podemos hacer para que tenga sentido continuar apostando al “imposible” de encontrar los huesos de todos y cada uno de nuestros seres queridos desaparecidos? Se me ocurre que hablar de eso es una posible respuesta, que sepan que pueden ser parte activa de las búsquedas. La conversación es un modo de sostener presente la memoria histórica, de enlazarla a lo afectivo".



República de Kiara

"Kiara no dejaba entrar a cualquiera en el castillo. A Lisandro Benítez, que se notaba que se moría por jugar con nosotras, ni siquiera lo saludaba. Ella es fabulosa, tiene chispa, le cae bien a las seños y a las mamás. Pero también tiene su parte oscura, como un planeta al que de repente no le da más el sol", escribe Zoe, la niña de ocho años que narra esta historia sobre un grupo de amigas que bailan k-Pop y juegan en castillos imaginarios con arcoíris y ponis voladores.

Laura Ávila, la autora de esta novela orientada a infancias a partir de los siete años, escribió esta historia mirando su propia infancia: "Yo era muy mandona de niña, mis amigas tenían que sufrirme bastante. Para esa época la democracia pudo volver a instalarse en el país, con sus deficiencias y sus fallas críticas, pero con un gran esfuerzo colectivo, con una gran esperanza. Desde la escuela nos fueron enseñando cómo podría ser ese sistema democrático, en donde cada persona tendría voz y voto, donde se respetarían todas las voces, donde se podría convivir con el disenso", dice.

Mandona como era, la democracia le vino "bien para aprender a escuchar" y para comprender que la puesta en común de ideas y opiniones las hacían mejores. Cuenta: "Mi grupo era un país en chiquito, y lo tomé de mis recuerdos para hablarles a lectores que hoy tienen la edad que yo tenía en 1984. La democracia también es una vocación, es querer convivir, respetar convenios, compartir: un país, una historia en común, un conjunto de derechos, una responsabilidad por el suelo y el ambiente, un sistema de gobierno… Mi libro se llama 'República de Kiara' porque la novela cuenta la organización de ese pequeño país del corazón de la infancia, en donde juegan y se divierten Kiara y sus amigas".



Todas las voces

En este libro, escrito por Federico Lorenz y Mario Méndez, la trama gira en torno a un acto participativo y una gran muestra convocada desde la escuela para celebrar los 40 años de democracia, en la que invitan a las familias a sumar su testimonio sobre cómo vivieron y cómo viven la democracia. El recurso del acto participativo les permitió a los autores narrar "no solo los cuarenta años que van desde octubre del 83 a nuestros días sino también parte de lo ineludible previo: el golpe del 76, la valentía de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, la guerra de Malvinas, la resistencia", cuenta Méndez.

Con imágenes documentales que acompañan el relato histórico, las muchas voces de esta historia ejercitan una reflexión en voz alta que aborda distintas artistas de la vida democrática y, en contraposición, de la dictadura. Uno de los profesores, por ejemplo, dice: "La memoria, como el mar, va y viene. Rompe en la costa, deja marcas. Acumula arena, piedritas, restos de barcos y también cosas que al gente tira, pero forma un paisaje que, para los que vive en su orilla, se vuelve inconfundible".

Para los autores -Lorenz, historiador, investigador y docente; Méndez escritor, editor y maestro- lo primero fue la búsqueda de una voz. "Nos costó encontrar la voz, o para mejor decir, las voces enunciadoras. Hasta que se nos ocurrió la idea del acto escolar con participación de las familias, y la comunidad escolar (docentes y también auxiliares) que habilitaba que todos pudieran decir algo, contar su experiencia, sus recuerdos, que cada testimoniante pudiera mostrar no solo su mirada personal sino también la de un grupo, un colectivo", argumenta Méndez.



¿Y la literatura cómo entra? "La historia y la literatura son, o deberían ser, aliadas, amigas", responde Mario Méndez. Ahí "la ficción es fundamental. En el principio 'La mano izquierda de la oscuridad', Ursula K Le Guin le hace decir a Genly Ai, el narrador protagonista, viajero del Ecumen, y cito de memoria, que 'la mejor manera de contar una historia real es hacerlo como si de un cuento se tratara, porque de niño le enseñaron que la verdad nace de la imaginación'".

"Tratándose de niños y niñas lectores, que tendrán como intermediarios a sus docentes, el relato literario hace de puente, de facilitador, diría, de colchón: es más grato, más llevadero, más efectivo, contarle a los chicos, 'como si de un cuento se tratara', lo que sucedió en los años duros de la represión, en la guerra, o en las diferentes crisis que atravesamos en estas cuatro décadas. Y también permite, la literatura, contar con pretendida belleza la emoción que vivimos en la primavera democrática", sostiene Méndez.

En este punto, Lorenz agrega que "la literatura ofrece un modo más amable e interesante de generar condiciones para informarse y discutir mientras nos entretenemos leyendo un buen relato o emocionándonos con un poema. Hay cuestiones asociadas a los derechos, por ejemplo, que a veces son bastante difíciles de explicar, muy abstractas. Allí la ficción es un instrumento bien poderoso", señala.
Paula Bombara Foto Fernando Gens
Paula Bombara.// Foto: Fernando Gens



Con "La sombra del jacarandá", Paula Bombara explora la violencia política e institucional de la última dictadura cívico militar a través de dos historias que confluyen y que muestran que el pasado sigue interpelando al presente y que todavía falta mucho por hacer, por decir. Se trata de una historia que viene pensándola desde hace tiempo, luego de que el Equipo Argentino de Antropología Forense encontrara los restos de su papá, desaparecido a fines de 1975.

¿Tiene entonces una dimensión política la literatura para intervenir en estos temas? Para Bombara "el solo hecho de vivir en una sociedad nos hace seres políticos". Hablar la misma lengua, habitar el mismo espacio, mirar la vida, experimentarla son algunas de esas formas en que nos volvemos políticos. "El contacto con la cultura, nos habla de política también. La literatura, el resto de las artes, las ciencias, te implican, te atraviesan, despiertan tus emociones, conectan tu memoria personal con la memoria familiar, barrial, nacional, histórica".

Es ahí donde, en todo caso, está la potencia política, dice Bombara: "Leer nos abre a relatos y discursos que desconocemos, corre telones de escenarios nuevos, muestra que todo puede ser distinto, genera identificación o rechazo hacia ciertos personajes, nos aporta ideas, palabras para formularlas, preguntas, opciones para cambiar nuestros entornos. Compartir una lectura con la familia, con las amistades, muchas veces conlleva compartir una idea, una pregunta, una duda, un deseo. Leer es otra manera de escuchar, una que intenta ir más allá, a oír lo que hoy es un murmullo y mañana puede ser ensordecedor".

"Para mí el tiempo es el valor más preciado de la vida. Ser libre tiene que ver con poder hacer con tu tiempo lo que se te dé la gana, sin sufrir hambre y con un lugar donde descansar para poder disfrutar. Claro que hay disponer de dinero para eso, hay que trabajar, lo que consume una parte importante del tiempo. Es una rueda: tomar tiempo para trabajar y tener dinero para disponer de tiempo", indica la escritora.

"El arte te saca de esa rueda y te lleva a un tiempo-otro. Y cuando volvés a la vorágine, algo de esa realidad ficcional en la que estuviste permanece, se expande y genera recuerdos. Por eso digo que el arte, la literatura, de algún modo, multiplica tu tiempo, multiplica tu sensación de libertad", concluye Bombara.
Etiquetas:

También te puede interesar