Opinión

25-01-2023 14:08 - Entre Nietzsche y Deleuze

El difícil arte de rumiar

Psicólogos y psiquiatras utilizan el término rumiar para aludir a un desmenuzarse -con gran minuciosidad- de hechos, pensamientos, sentimientos. Se lo asocia a un razonar en exceso que retarda las acciones. Aquí Susana Kesselman -eutonista, psicodramatista y psicóloga social- lo vincula a Deleuze, Nietzsche y al exilio.

Por Susana Kesselman
Por Susana Kesselman
25-01-2023 | 14:08
Los rumiadores son personalidades obsesivas orientadas a un pensamiento que no termina de cerrar ni siquiera provisoriamente Foto 123RF
Los rumiadores son personalidades obsesivas orientadas a un pensamiento que no termina de cerrar, ni siquiera provisoriamente. (Foto: 123RF)

Devenir vaca no es ni mugir ni caminar en cuatro patas, diría Gilles Deleuze.

A su vez, Nietzsche nos dio su versión en “Genealogía de la moral”: “Para practicar la lectura como arte se necesita ante todo una cosa que es precisamente hoy en día la más olvidada -y por ello ha de pasar tiempo todavía hasta que mis escritos resulten legibles-, una cosa para la cual se ha de ser casi vaca y, en todo caso, no hombre moderno: el rumiar”.

Rumiar, sin embargo, en el ámbito de la psiquiatría suele estar relacionado con el retardar una acción y no con el devenir transformador al que apuesta Nietzsche.


El rumiador, en este caso, no sería quien digiere su pensar, ni un poeta cuyas emociones quedan sin germinar hasta que un acontecimiento las visibilice.

Psicólogos y psiquiatras utilizan el término para aludir a un desmenuzarse -con gran minuciosidad- de hechos, pensamientos, sentimientos. Se lo asocia a un razonar en exceso que retarda las acciones. Los rumiadores, pensados así, serían personalidades obsesivas orientadas a un pensamiento que no termina de cerrar, ni siquiera provisoriamente, para que el diario vivir se torne acto y no se quede recorriendo del estómago a la cabeza y viceversa.

La cabeza así sería la metáfora de un segundo estómago que digiere a su tiempo lo que a veces es indigerible para algunos humanos.

Fiedrich Nietzsche 18441900
Fiedrich Nietzsche (1844-1900)
       

Rumiar en palabras de algunos exiliados


Encontré este verbo en un bello libro escrito por la actriz María Casares. Desde entonces, rumiar se conjuga de otros modos en mi gramática existencial. El rumiar aparecía allí como una defensa para poder digerir emociones fuertes. 

La muerte de Franco posibilitó el retorno a España de muchos exiliados. Cuarenta años de exilio que Casares narra en su libro “Residente Privilegiada”. La perspectiva del retorno la impulsa a atravesar por zonas vedadas durante su etapa exiliar, según nos lo cuenta. Entonces ella se siente capaz de leer cartas, contactar papeles que no pudo tocar durante años, nombrar temas y nombres de personas que fueron tabú hasta ese momento.

Son sus palabras:

“Puesta a pastar en el campo, del mismo modo que a las  vacas, me haría falta tiempo para rumiar. Y he aquí la clave. La vida me parece buena para ser comida y rumiada. Por temperamento, por necesidad, qué sé yo, me he visto llevada a elegir: pastar con urgencia y a rumiar cuanto puedo.

La definición de rumiar es 'función particular a un cierto número de mamíferos y que consiste en devolver los alimentos del estómago a la cavidad bucal, donde son sometidos a una segunda masticación tras la cual son tragados de nuevo'. El fisiólogo Lazzaro Spallanzani observó que la rumia divide la hierba comida por los animales y que esta división favorece la acción del jugo gástrico. 

Al regresar de esta España que acababa de volver a ver después de cuarenta años de exilio, debí sentir confusamente la necesidad de excitar, mediante una larga rumia, mis jugos gástricos. Y un año después acepté escribir este libro”.

 El rumiar aparecía allí como una defensa para poder digerir emociones fuertes.
 

Uno de los compartimentos del estómago rumiante custodia un cofre de sentimientos desechados, a la espera de hacerlos digeribles, ponerles cuerpo y palabra.

Curiosamente, hubo otros que también relacionaron el exilio con el rumiar. El poeta egipcio Naquib Surur, escribía: “No hay en el rumiar de las lenguas palabras que no se tornen tediosas, no encuentro palabras, pues tuve que olvidar el habla en el exilio y aprender el secreto del silencio. ¡Cuántas letras murieron sobre mis labios en el exilio!”.

Mario Benedetti hacía poesía del rumiar de “insomnios y duermevelas del exilio”.

Conclusión provisoria: Para algunas digestiones no alcanza con un solo estómago. Para sucesos de gran intensidad se requiere un ir y venir de los alimentos hasta que se hagan digeribles, asimilables.

Como la leche caliente que una mamá pasa de una taza a otra hasta que se entibia y el niño la puede tolerar.


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