Opinión

14-01-2023 21:59 - opinión

La guerra en Ucrania se acerca a una nueva, riesgosa fase

La reciente reorganización del Alto Mando ruso y el suministro de armas ofensivas a Ucrania indican que la guerra en el este de Europa tiende a extenderse y a escalar.

Por Eduardo J Vior
Por Eduardo J. Vior
14-01-2023 | 21:59
Foto AFP Archivo
Foto: AFP (Archivo).


Desde el comienzo de la “Operación Militar Especial” (OME) del ejército ruso en Ucrania desde Moscú repiten que la misma “no tiene plazos”. Sin embargo, numerosas señales emitidas por ambos bandos en los últimos días dan la pauta de que el conflicto está a punto de escalar y –lo más peligroso- de extenderse geográficamente. Para evitarlo, el Kremlin parece estar organizando una gran ofensiva, todavía durante el invierno boreal, que apure un cese de hostilidades y evite su desborde a otros países. Sin embargo, tanto la extensión como la agudización de la guerra conllevan riesgos incalculables, no sólo para los contendientes sino para todo el orden mundial.

El pasado miércoles 11 de enero el ministro de Defensa de Rusia, Serguéi Shoigú, nombró al Jefe del Estado Mayor General, general de ejército Valériy Guerásimov, como Comandante Conjunto y a los general de ejército Serguéi Surovikin y Oleg Saliukov como Jefes Adjuntos. El primero asume como comandante en jefe de las Fuerzas Aéreas y Espaciales y el segundo, como comandante en jefe de las Tropas Terrestres. En tanto, el coronel-general Alexéi Kim quedó como segundo jefe del Estado Mayor General. De acuerdo al comunicado del ministerio de Defensa, “el aumento de nivel de dirección de la Operación Militar Especial se debe a “la ampliación de escala de las misiones incluidas en el proceso de su realización y a la necesidad de organizar una interacción más estrecha entre diferentes ramas, armas y cuerpos de las FFAA, así como al mejoramiento en la  calidad de todo tipo de abastecimiento y en la eficiencia en el manejo de agrupaciones de tropas.”

Llama la atención que el propio Jefe del Estado Mayor General asuma el comando de las operaciones en Ucrania. Esto puede querer decir dos cosas: 1) que la guerra en Ucrania se ha convertido en LA operación mayor de las fuerzas armadas rusas (confirmando, a la vez, que no se sienten amenazadas en ningún otro frente); 2) que la conducción política y militar de Rusia se apresta a dar una batalla decisiva. Una máxima de la teoría clásica de la conducción política y militar establece que el conductor estratégico sólo se hace presente en el campo de batalla, cuando se aproxima el momento de la decisión. Inversamente, si se registra la llegada de la conducción estratégica al teatro de operaciones, hay que prever que se aproxime una batalla decisiva.

El pasado jueves 12 las fuerzas especiales de la Compañía Privada Wagner completaron la conquista del pueblo de Soledar, en el centro de la República de Donetsk, donde se encuentra la mayor mina de sal de Europa. Con la toma de este poblado se cierran todas las rutas de suministro para las tropas ucranianas que defienden Bajmut (en ruso, Artiómosk). Esta pequeña ciudad del centro del Donetsk, ubicada a apenas 20 km al suroeste de Soledar, es un importante nudo ferroviario y carretero por el que ambos bandos vienen batallando desde hace tres meses. Ya varias veces el Alto Mando ucraniano ha sugerido a su gobierno el retiro de las tropas del poblado, donde estimativamente Kiev ha perdido desde septiembre entre 20.000 y 25.000 efectivos, pero el presidente V. Zelensky se opone por razones de prestigio. Si Rusia conquista Artiómovsk, a Ucrania sólo le quedará dentro de Donetsk una última línea defensiva, entre Konstantinovka, Kramatorsk y Slaviansk. Más allá quedaría expedito el camino hasta el río Dniéper y Rusia estaría en camino de conquistar la mitad oriental del país.

Para contrarrestar este decisivo vuelco en el campo de batalla, la OTAN empezó oficialmente a suministrar tanques a Ucrania. Polonia ya pidió autorización a Bruselas para enviar tanques Leopard de fabricación alemana. Según la agencia Bloomberg, Alemania acordará asimismo el suministro de tanques Leopard antes de la reunión de ministros de Defensa de la OTAN el próximo 20 de enero en la base estadounidense de Ramstein, en el oeste del país. Mientras tanto, esta semana ya comenzaron a llegar al puerto neerlandés de Flesinga 1.200 tanques norteamericanos M-1 Abrams y vehículos blindados Bradley para el transporte de infantería con destino a Polonia y Lituania. Coincidentemente, París y Kiev acordaron el envío a Ucrania durante dos meses de vehículos blindados pesados AMX 10-RC (tanques ligeros con ruedas). También Finlandia prometió mandarle tanques Leopard. Finalmente, este sábado el primer ministro del Reino Unido, Rishi Sunak, confirmó al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, que Londres entregará a Kiev tanques Challenger 2 y sistemas de artillería adicionales.

Hasta ahora la alianza se negaba a mandar carros de combate para evitar una escalada de la guerra. Junto con los vehículos blindados para el transporte de infantería los tanques son parte de toda estrategia ofensiva. Evidentemente, Bruselas está preparando una ofensiva para fines de febrero, cuando en Ucrania se ablanden los hielos, pero aún no está claro, si el ataque se restringirá a Ucrania o si se extenderá a Bielorrusia. Como este Estado está unido jurídicamente con Rusia, empero, un ataque al territorio dependiente de Minsk equivaldría a atacar territorio ruso y acarrearía las consecuencias imaginables.

Para prevenir la ofensiva occidental, entonces, es pensable que el Estado Mayor ruso lance todavía en invierno un ataque masivo que obligue a los occidentales a intervenir abiertamente en Ucrania. El alto mando ruso parece confiar en su capacidad para hacerlos retroceder e imponerles un armisticio que congele el conflicto por años. Reproduciría así la estrategia aplicada por China en 1951 en Corea que, al intervenir en la guerra civil en la península, provocó la intervención de los occidentales y les impuso el armisticio de 1953, evitando así el ataque contra su propio territorio. Si Rusia ahora logra un resultado similar, habrá aventado el riesgo de extensión de la guerra a otros frentes europeos y preservado su integridad.

Desde 1812 el ejército ruso ha demostrado repetidas veces su capacidad, para realizar ofensivas en pleno invierno. El despliegue de los 300.000 reclutados en septiembre ya ha terminado. El Estado Mayor parece haber resuelto las graves carencias de suministros y logística que sufrió hace un año y aparentemente, también habría aceitado la línea de mandos y la comunicación. La reciente victoria en el este despeja el camino para un ataque preventivo en gran escala. No obstante, el quid de la cuestión es cómo evitar  que el conflicto desborde y se convierta en una conflagración entre las superpotencias. Las dos partes están hoy de acuerdo en que no puede existir solución política, hasta que una de las dos alcance una victoria decisiva o ambas acepten que no pueden hacerlo. Recién entonces será posible acordar un cese del fuego, ya que una paz definitiva parece muy lejana. Hasta entonces estaremos todos con el corazón en la boca, temiendo lo peor.

*Analista internacional

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