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21-09-2022 19:08 - Una que sepamos todas

Abrir la puerta para ir a tocar: estudiantes y maestras instrumentistas de rock

En el Día del Estudiante, Claudia Sinesi, Carina Alfie, y Andrea Alvarez, tres maestras del rock argentino, recuerdan cómo se formaron como bajista, guitarrista, y baterista, respectivamente, y cómo hoy forman a otros y otras estudiantes, para seguir sus pasos.

Por Carolina Santos y Silvia Arcidiacono
Por Carolina Santos y Silvia Arcidiacono
21-09-2022 | 19:08
Andrea lvarez Carina Alfie y Claudia Sinesi con sello propio en el mundo del rock
Andrea Álvarez, Carina Alfie y Claudia Sinesi: con sello propio en el mundo del rock.


Claudia Sinesi, amor total por cada nota


Claudia SInesi form parte de Rouge y Viuda e Hijas de Roque Enroll Foto Gustavo Di Mario
Claudia SInesi formó parte de Rouge y Viuda e Hijas de Roque Enroll. (Foto: Gustavo Di Mario).

Claudia Sinesi vivía en una casa porteña donde desde siempre se escuchó música. A los tres años, durante las concurridas reuniones familiares, su padre la paraba arriba de la mesa para que ella cantara las canciones de Rita Pavone. Cuando tenía siete les pidió una guitarra a los Reyes Magos. Ella y su hermano Quique ya tenían noción de cómo tocar la guitarra gracias a un tío que les había enseñado los primeros acordes.

Sin saber lo que era un bajo como instrumento y de manera totalmente intuitiva, Claudia hacía sonar los bajos de su guitarra, sin haber tomado clases aún, pero con esa curiosidad y dedicación que nacen del amor por la música, el mismo que hizo que ella y su hermano, más dos amigos se la pasaran jugando y haciendo canciones todos los días.

Los dibujos de la primera banda que integró Claudia en su infancia: The Grasshoppers (Los Saltamontes)

Jugaban a ser una banda que se llamaba The Grasshoppers (Los Saltamontes). “Hacíamos dibujos del grupo (un bichito, como los Beatles), que todavía tengo, donde yo era bajista, o sea, estaba en ese rol. Mi hermano era el guitarrista y dos chicos más, uno pianista y otro baterista. Todo era una ilusión de chicos, como un sueño”.

Lo que comenzó como un juego, en tiempos de una infancia desbordante de creatividad, perduraría para Claudia hasta el presente.

Los 15 años de edad la encontraban estudiando bajo y practicando a diario. En ese momento, recuerda que se dijo a sí misma "soy bajista”.

Unos años después, a través de su primer novio, Juan Carlos “Mono” Fontana, que tocaba en la banda Madre Atómica con Lito Epúmer, conoce a la hermana de Lito, María Gabriela Epúmer. Con ella, se reunían todos los días a tocar canciones más complejas, de muchos acordes, como por ejemplo las de Stevie Wonder, y eso fue lo que ella definió como “una escuela intensa, la verdadera escuela de ir practicando y practicando a diario”.

A ese período autodidacta, enmarcado en una terminología musical muy profesional, le siguió la formación académica de Carlos Madariaga, “un genio de la música”, como lo define Claudia, que lo primero que hizo fue enseñarle a leer y escribir música. También estudió con César Franov, músico de la mítica banda Spinetta Jade, con quien hoy la une una amistad.

Sinesi siempre con unbajo Foto TV Pblica
Sinesi, siempre con un bajo. (Foto TV Pública).
Claudia señala que también de los amigos se aprende: “Cuando conocí a Andrea Álvarez me gustaba mucho hablar con ella. Recuerdo que me dijo ‘tenemos que estudiar y estudiar, pero no para tocar bien cuando seamos más grandes, es para tocar bien ya, ahora mismo’. Estábamos en la misma, el tiempo era poco y había que estar todo el día tocando”.

Como lo hacía con María Gabriela, con la que no se decían “ni una palabra. Ni mu”, recuerda. Los tiempos compartidos con María Gabriela y Andrea en la banda Rouge (1978) los evoca como “algo muy lindo, siempre guiadas por la intuición y por el amor a la música”.

Luego vendrían las Viudas e hijas de Roque Enroll (1983) y un camino como bajista, compositora, y autora, fundamental para la historia del rock argentino, que continúa hasta la actualidad.

Desde que empezó a enseñar en 1988, Claudia eligió recorrer el camino de su propia experiencia y avanzar paso a paso, sumando acordes y notas sin la sobrexigencia que suele ser frustrante y termina alejando a las personas de la música: “no todo junto y un montón de notas que te enloquecen y te hacen tener miedo, sino tener ese respeto por cada alumno, al nivel de cada uno y lo que cada uno puede hacer desde el primer día”.

Y agrega: “con cada uno, es algo distinto. Yo con los alumnos aprendí y aprendo mucho. Todas las personas somos distintas y cada una tiene su impronta. Para enseñarte algo que te gusta, primero tengo que saber qué te gusta. Así se llega a algo parecido a lo que me pasó a mí: amor total por cada nota y tratar de hacer algo que sea prolijo y suene bien”.

A la hora de describir a sus alumnos, deja de lado las categorizaciones y los engloba a todos en el denominador común que es la búsqueda en la música de ese alivio, ese “algo que te ayuda a vivir” y que según explica, al igual que el conocimiento, también se transmite.

!"El cielo" (Claudia Sinesi y Maria Gabriela Epumer)

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Carina Alfie, un método propio


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Carina Alfie, con mucho rock and roll en su haber. (Foto: Susana Rosales).

“Yo aprendí con varios profesores” relata Carina Alfie, la extraordinaria guitarrista argentina que fue parte de bandas de rock pesado de los años 90, tales como Rouge Band, Paysanas, Lunatycas, y Anya; y que cuando era adolescente soñaba sonar como Steve Vai, hasta que el destino hizo que se cruzara con él, y deslumbrado al escucharla tocar, comenzaran un vínculo artístico: participó como invitada en varias de las giras del guitarrista por Sudamérica, y él puso su estudio de grabación de Los Angeles a disposición de Carina para la grabación de su disco “Mundo Interior” (2000).

El camino de Carina Alfie como guitarrista comenzó desde chica en el Conservatorio Manuel de Falla, en el barrio porteño de Almagro, “que solamente tenía teoría y solfeo y partituras”, explica. Luego, tuvo una variada formación en diferentes géneros musicales: “estudié música clásica, después el método Berklee con el profesor Claudio Agrelo” (una técnica de la Escuela Berklee de la Facultad de música de Boston, que consiste en el entrenamiento del uso de la púa, utilizada por guitarristas como Pat Metheny y Steve Vai). Además, se formó en jazz con Adriana Sica y Ricardo Lew; y en rock, con Ariel Thin.

Carina con su admirado colega Steve Vai
Carina con su admirado colega, Steve Vai.

Carina se dedica a la docencia, a la par de su carrera como guitarrista, que cuenta con doce discos solistas, más otros dos, uno con la banda Anya y otro con Ricardo Iorio como guitarrista de su banda.

“Empecé a dar clases de guitarra para alumnos en forma particular y me di cuenta de que es una de las cosas que más me gusta hacer, ya que me hace seguir estudiando, preparándome. Fui construyendo de a poco mi propio método de ejercicios, técnicas, composición, temas lo más didáctico posible, porque cada alumno es un mundo y me di cuenta que enseñar no es solamente dar un ejercicio, tocar una canción o leer una partitura, sino lo que significa conectarse con el alumno: escuchar a cada uno, conversar, crear. Siempre digo que la mejor manera es aprender con la música que a cada uno le gusta, ese es el método más didáctico que encontré en este tiempo”.

Para Carina, la creatividad juega un rol preponderante en el proceso de aprendizaje. “La otra parte que más me gusta enseñar es la composición, motivarlos a la creación y guiarlos para que hagan sus propias melodías, sus propios riffs, bases, sus propias ideas, y comiencen a crear. Más allá de leer una partitura o una tablatura, es muy importante que ellos puedan crear algo que salga de ellos, eso es lo que más me gusta porque desde chica me gustó componer aparte de tocar covers”.


"Optimus time" (Carina Alfie)

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Andrea Alvarez, el don de transmitir


Andrea lvarez la gran baterista argentina Foto prensa GCBA
Andrea Álvarez, la gran baterista argentina. (Foto: prensa GCBA).

El viaje de Andrea hacia la batería fue en colectivo, desde Burzaco a Villa Adelina: de su barrio natal partió una tarde, adolescente, junto a su mamá y su papá, invitados a la casa de los Vitale, aquella usina de música e ideas en donde se sentaron las bases del rock independiente. Fue allí, en ese encuentro, donde Andrea le pidió a Lito Vitale que le diera clases de batería. Ella tenía 14 años, él 15.

Pero mucho antes de aquel día, Andrea y la música habían encontrado un destino en común, inseparable: cuando aún ella no había comenzado la primaria ya asistía a una escuela de música que tenía un método de enseñanza japonés, y junto a su hermano y otros niños y niñas conformaron una orquesta. Fue en aquel momento que Andrea recuerda haber entendido, en su total dimensión, el idioma de la música. Originalmente su instrumento fue el clarinete, hasta que en la adolescencia, cuando corrían los años 70, comenzó entonces su camino como baterista.

Una jovencsima Andrea lvarez junto a su batera lbum personal
Una jovencísima Andrea Álvarez, junto a su batería. (Álbum personal)

Luego de estudiar con Lito Vitale, lo hizo con otro grande: Horacio Gianello, el baterista de Arcoiris, a quien considera su maestro fundacional, el primero que le abrió puertas musicales, le hizo escuchar a otras mujeres, entre ellas bateristas, para que Andrea tuviera referentes, incentivos, en tiempos en los que las mujeres del rock no tenían mayor visibilización.

También reconoce la relevancia en su vida de otras maestras, como Isa Suárez, profesora de danza afro, que le enseñó a conectar la improvisación con el cuerpo, y el cuerpo con el ritmo; o su profesora de shekere (instrumento de percusión africano) en Nueva York, de quien recuerda aquel primer día en el que le abrió la puerta de la clase, con el pelo largo hasta el piso con trencitas y caracoles en las puntas, y la hizo entrar a un mundo musical totalmente nuevo para ella.

La profe y su pequeo mejor alumno Franco un virtuoso que pas la mitad de su vida dndelo a la batera Y tiene 6 aos lbum personal
La profe y su pequeño mejor alumno: Franco, un virtuoso que pasó la mitad de su vida dándelo a la batería. Y tiene 6 años. (Álbum personal)

Pero sin dudas, el “don de transmitir” Andrea lo heredó de otra maestra, Herminia Villot, su mamá. Una maestra de escuela primaria a quien aún hoy sus alumnos recuerdan, entre otras cosas, por haberles enseñado el valor de la vida democrática en plena dictadura de Onganía, organizando votaciones secretas en el aula, con padrones y documentos copiados de los de sus padres, para elegir al mejor compañero.

El amor y compromiso con la docencia, ese legado de su mamá, más el hecho de haber sido alumna de música desde muy niña, le permiten a Andrea tener una enorme conexión y una facilidad particular para darle clase de batería a niños y niñas. Si bien tuvo y tiene alumnos y alumnas de todas las edades, y muchas chicas que se formaron con ella son ahora reconocidas percusionistas o bateristas, vale la pena detenernos en uno de sus alumnos: Franco.

Desde que Franco tenía tres años, sus padres le insistían a Andrea para que lo tomara como alumno. Finalmente, cuando cumplió los cinco, la baterista que tocó Charly, Sosa, Divididos, Attaque 77, Natalia Oreiro, por nombrar algunos de una larguísima lista, se convirtió en su maestra.



Le resultó asombrosa la forma de tocar de este niño: tocaba como un adulto. Su profundo entendimiento de la música la conectó a Andrea con su infancia, el momento en que también ella comprendió ese universo, y la forma de ser parte. Un video de Franco tocando, posteado por ella, se viralizó, y le permitió iniciar una campaña para comprarle a Franco una batería, ya que no contaba con una propia. Y lo logró.

El vínculo entre estudiantes y docentes puede volverse mágico para quienes saben que aprender y enseñar es una forma de celebrar la vida.

Silvia Arcidiacono y Carolina Santos son coautoras, junto a Gabriela Cei, del libro "Historia del rock argentino hecho por mujeres", de próxima edición por Gourmet Musical

Andrea Álvarez, la gran baterista

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