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16-09-2022 00:04 - Humor para leer y escuchar

Reflexiones de la vida diaria: "Consumidos por el consumo"

Hoy, en exclusiva, desde la vida cotidiana, nuestro enviado especial, Adrián Stoppelman, se interna en las entrañas del consumismo. Léalo con sumo cuidado.

Por Adrin Stoppelman
Por Adrián Stoppelman
16-09-2022 | 00:04
Telam SE

Consumidos por el consumo




Una vez que cayó el comunismo, el claro vencedor fue el consumismo. Que no solo derribó el muro de Berlín: también generó una devoción, una religión. Y así como para el cristianismo el día santo de la semana es el domingo, para el Islam el viernes y para el judaísmo el sábado, los que profesan la religión del consumismo tienen su día santo: El Black Friday.

Allí profesan su devoción por las compras en cuotas, sus alabanzas a las ofertas y rinden culto a un dios pagano. Perdón Paga… No.

Muchos de nosotros nos sentimos afuera del consumismo. Algunos por ideología y otros por falta de dinero. ¿Y por qué antes no pasaba? ¿Porque estaba el comunismo? No. Porque había menos publicidad. No estábamos tan expuestos a la tentación permanente.

Como los avisos de los bancos. Hay algunos sensacionales, con gente que baila, que viaja, que compra, gente muy pero muy feliz con el banco. ¿Conocen a alguien que tenga ganas de saltar y bailar por su banco? Deberían ser más realistas las propagandas de los bancos. En lugar de saltar y cantar, tendrían que ponerte esperando 4 horas que te atiendan en el call center, haciendo la infinita cola para pagar, o agarrando de las solapas al gerente. 
Y las publicidades de seguros y bancos son más atrayentes que las de flancitos para chicos. Con decirte que mi sobrina de 9 años en vez de un flancito el otro día en el Chino me dijo: “Tío: ¿acá no tendrán préstamos personales?”

¿Y notaron que ahora las propagandas de yogurt y de laxante se parecen cada vez más? ¿Será porque con tantas porquerías que le meten a los yogures tendrán el mismo efecto que un laxante? Porque le ponen lactobacilos, bactobasilus, caramelos Sugus…

Y a medida que vas creciendo, aumenta el bombardeo de la publicidad y disminuye tu capacidad de compra con la jubilación. Y hasta incluso te das cuenta que te estás poniendo viejo cuando el aviso de recuperación capilar te interesa más que el programa que estás mirando.

Y lo peor de todo: como estamos desesperados por consumir, somos capaces de tolerar todo tipo de humillaciones. Como que te revisen el billente a ver si es falso en tu cara. Y cada vez que me lo hacen yo estoy a punto de decirle: “¿Vos creés que si yo pudiese falsificar billetes estaría comprando en esta pocilga?”



Subirse a un avión. Es un suplicio. No te tratan más como “pasajero”. Ahora sos sospechoso. Sobre todo si viajás en clase económica. Se ve que a los terroristas no les alcanza la plata para pagar un asiento en Primera. Y te revisan hasta el tracto digestivo. ¿Con qué derecho te revisan?

Los que te revisan llevan una identificación de plástico que dice: “José”. No tienen placas de policía. No son policías. ¿Cómo te das cuenta que no son policías? Fácil: si un tipo lleva una placa que se puede planchar… ¡no es policía!

Y el trato a bordo. Antes era un lujo. Dentro de poco, en lugar de darte una gaseosa, va a pasar la azafata con una botella de gaseosa con una pajita y te va a permitir tomar un sorbo. Y lo vamos a tolerar.

No podés llevar shampú, o crema para las manos. Los de seguridad, ¿creerán que todos somos McGyvers capaces de armar una bomba con un cuchillo de plástico y un frasquito de aceite Johnson y Johnson?

Pero soportamos todo estoicamente porque si no, no nos dejan consumir. Y lo soportamos porque nos creemos todo lo que nos dice la publicidad. Hay tanta propaganda de medicamentos, que mucha gente cree que sabe todo sobre medicina y va y se automedica porque cree que la propaganda es un diagnóstico: “¿Dolor de cabeza?” “¿Dolor de espaldas?” “¿Dolor de testículos?” Si. Es genérico: a cierta edad te duele todo. Y nombran tantos dolores que alguno vas a tener.

Es como buscar los síntomas en Wikipedia: tenés todas las enfermedades del mundo. Pero la gente va y compra el remedio y se automedica. Yo tengo un amigo que dejó de ir al médico. Pero toma tantos remedios que te abraza y te cura la tos.

Y hay negocios en los que, una vez que compraste todo, ¡tenés que pasar por el guardia de seguridad que chequea que te estés llevando lo que compraste! Ojo: no es para evitar errores y que te lleves algo por equivocación. No. Es porque desconfían de vos.Lógico: el ladrón cree que todos son de su condición. 
Y así como consumimos productos tangibles, también consumimos ideas, ideologías, noticias, modas, sentido común y odio. Que si lo vendiesen en los supermercados, se vendería más que  un producto de primera necesidad. Es más: lo venderían en envases con corazoncitos.

Y si. Ya sé. No es tan gracioso lo que digo, pero bueno… no solo de chistes vive el hombre. También de productos enlatados, que es lo que tengo que ir a comprar, porque vi que salió un nuevo vodka con jugo de pomelo, cilantro, tofu, hongos shitake y mondongo a la española y lo tengo que comprar: vi la propaganda y todos los que lo toman, son felices.

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