Opinión

03-07-2022 14:11 - comercio exterior

Rusia, la eterna posibilidad comercial de la Argentina

El autor, periodista, historiador y especialista en relaciones con Rusia, propone junto a la aspiración de ingreso a los BRICS (uno de cuyos pilares es Rusia) la consolidación de la relación comercial con el gigante, con un mercado para el que no se necesitan dólares.

Por Hernando Kleimans
Por Hernando Kleimans
03-07-2022 | 14:11
Uno de los encuentros virtuales que sostuvieron Alberto Fernndez y Vladimir Putin
Uno de los encuentros virtuales que sostuvieron Alberto Fernández y Vladimir Putin.

En esta oportunidad y por el mismo precio voy a ofrecerles, damas y caballeros, una excelente oferta, sin duda de gran utilidad para el anhelado, imperioso e inmediato despegue de nuestra Patria, rescatándola de calificaciones internacionales condescendiente y resignadas.

Largas décadas de gestión como especialista en el relacionamiento con Rusia fundamentan esta oferta, en el preciso momento en que la Argentina, finalmente, entiende que existen otras variantes diferentes a agotadas instancias que sólo nos trajeron agobio, crisis, estancamiento y, finalmente, frustración.

Las relaciones entre la Argentina y Rusia se establecieron en 1885 y desde el inicio el criterio fue coordinar las posibilidades económicas de ambos países, en especial en el mercado cerealero. Hasta bien entrada la década de 1920, los precios internacionales de los cereales se fijaban en la Feria Internacional de Nizhni Nóvgorod, la gran ciudad a orillas del Volga medio.
Alexandr Iónin, el primer embajador del imperio ruso en nuestro país había planteado al zar, como instancia primordial, acordar con la Argentina la acción conjunta en el mercado de cereales, en las que ambos países ya en ese entonces eran líderes.

A lo largo de estos 137 años fueron muchas (quizás demasiadas) las vicisitudes por las que atravesó esta relación comercial entre ambos países. No es el momento de enumerarlas… Pero sí es necesario subrayar que nunca el vínculo estuvo dañado por conflictos o antagonismos. Por el contrario, en determinados momentos los dos países actuaron en respaldo uno del otro y, de esa manera, lograron superar algunos escollos internos.

Así ocurrió con los suministros de combustible o fertilizantes rusos, o con la exportación de carne argentina. Siempre tuvimos en Rusia un confiable aliado en el desarrollo de nuestra energía hidroeléctrica.

Sin embargo ahora, cuando aspiramos a presentarnos a los BRICS (uno de cuyos pilares es Rusia) como seguro proveedor de alimentos y espléndida plataforma de proyectos energéticos, es el momento para aplicar el análisis concreto que nos permita ampliar y consolidar la relación con un mercado para el que no necesitamos dólares.

Existen ya varios acuerdos entre bancos rusos y argentinos que posibilitan la apertura de cuentas corresponsales. Ellas son la vía operativa segura para el funcionamiento de una canasta de divisas nacionales. De tal modo, facilitaría el crecimiento en flecha de nuestro intercambio comercial, hoy deprimido hasta menos de mil millones de dólares anuales cuando, en su momento pico, llegó a ser de casi 5.000 millones.

Entre otras cosas, estas cuentas corresponsales se convertirían en el soporte financiero para la provisión de gasoil y GNL sin necesidad de desembolsar divisas. Bancos rusos han presentado ya cartas oficiales al sistema bancario oficial argentino, proponiendo este esquema de operaciones.

Al mismo tiempo, por este mismo modo, es posible reabrir la exportación de litio argentino (su principal comprador fue Rusia hasta hace poco tiempo) a cambio de recibir provisión de fertilizantes (hasta hace poco tiempo, Rusia fue una de las principales proveedores al agro argentino).

La concreción de este mecanismo de cuentas corresponsales puede ser el primer paso para retomar la oferta rusa de hace algunos años, correlativa con la china, de definir un SWAP de monedas para financiar proyectos de infraestructura. Esta propuesta fue presentada por los representantes comerciales rusos al Banco Central argentino durante el macrismo, pero naturalmente no fue escuchada.

¿Cuáles son las principales direcciones de desarrollo en las relaciones económicas y comerciales con Rusia?

La actual coyuntura internacional ha forzado importantes cambios en los proveedores extranjeros del mercado alimenticio ruso. Importantes cadenas comercializadoras mayoristas y minoristas demandan la suplantación por la Argentina de estos proveedores, que obligados por las sanciones de Washington y la Unión Europea, han debido abandonar Rusia.

En especial nuestras cadenas de alimentos rápidos han comenzado a ser requeridas en Rusia. Somos uno de los pocos países con desarrollo propio de estas redes, las que mantienen un elevado nivel de competencia con los consorcios internacionales del mercado.

La activación de este sector permitiría a la Argentina ofrecer, además, la producción regional de alimentos, en un programa que potenciaría la actividad económica en nuestras provincias y abriría nuevos y sólidos mercados para sus productos. La articulación de este puente entre regiones argentinas y Rusia se vería facilitada, además, por su carácter directo y por la posibilidad de que a cambio, Rusia provea a las provincias de equipamiento energético, transporte, tecnología, equipos sanitarios, etc.

Las autoridades rusas del sector agroindustrial vienen solicitando desde hace bastante tiempo la integración y transferencia tecnológicas en la producción cárnica. Además de apuntar al desarrollo de una alicaída industria frigorífica, Rusia reclama de la Argentina el asesoramiento en el mejoramiento de razas bovinas y porcinas, la definitiva concreción de programas de inseminación artificial y el asesoramiento en la organización de la producción ganadera.

Un rubro especial es la agrobiotecnología, donde la Argentina tiene uno de los lugares preponderantes en el mercado mundial. El objetivo es lograr, al igual que en Brasil y en China, el reconocimiento ruso a variantes de cereales HB4, que permiten incrementar en flecha el rinde de las cosechas y protege contra las adversidades climáticas. Un reciente seminario “virtual” ofrecido por una empresa líder argentina en esta materia, reunió a casi 70 empresas y organizaciones rusas.

Un principal banco del sector energético ruso ha ofrecido provisiones de GNL y gasoil mediante contratos a largo plazo, lo que fijaría un precio realmente conveniente en un mercado internacional enloquecido por los faltantes. Al mismo tiempo, la oferta se completa con la propuesta de desarrollar plantas de gas licuado y petroquímicas. Esto colocaría la oferta de Vaca Muerta en un plano superior ya que estaría volcando al mercado productos terminados y no materia prima.

En cuanto al listado de proyectos de infraestructura en los que está expresado el interés ruso en participar, todos ellos cuentan con la correspondiente gestión financiera. El marco formal para esta composición está dado por el Acuerdo de Asociación Estratégica vigente entre ambos estados, suscripto en 2015 por los presidentes Cristina Fernández de Kirchner y Vladímir Putin.

El plano energético muestra diversos proyectos ya planteados. En primer lugar, grandes compañías rusas se consorciaron para ofrecer al gobierno argentino su gestión en la construcción de gasoductos y oleoductos. Un plan que trasciende la obra del gasoducto Néstor Kirchner. Rusia es el principal país en el mundo en materia de red de ductos. Desde los “Nord Stream 1 y 2” que por el fondo del mar Báltico unen Siberia con Alemania, hasta el “Fuerza de Siberia” que provee gas a China y cuya ampliación está en marcha, incorporando una rama que pasará por Mongolia para llegar a la India.

Para tener en cuenta: el “Torrente Turco”, un gasoducto que por el lecho del Mar Negro provee gas ruso a Türkiye, ha convertido a Estambul en el hub gasífero para todo el sur europeo.

En cuanto a generación eléctrica, una de las principales empresas energéticas rusas, constructora y proveedora en la década de 1970 de los equipos para la Central Hidroeléctrica de Salto Grande, está ofreciendo hacerse cargo de su necesaria repotenciación. Algo que los propios técnicos de la central binacional ven con buenos ojos dado el excelente rendimiento de los equipos, que trabajan hace casi 40 años sin evidenciar ninguna falla.

En este mismo plano, otra gran corporación generadora rusa propone desarrollar la red transmisora de alta tensión en la Argentina, algo que es tan necesario e imprescindible como la obra del gasoducto Néstor Kirchner. Esta corporación estudió y presentó propuestas para proyectos específicos de tendidos en diversas provincias argentinas.

La propuesta energética rusa se extiende a las fuentes de energía renovables. Esto abarca tanto la energía fotovoltaica como la eólica. En ambos casos, Rusia posee tecnologías de punta que podrían ser aplicadas y desarrolladas en nuestro país.

Rusia es líder mundial en materia de energía nuclear. Además de haber sido uno de los oferentes para la construcción de la cuarta central nuclear argentina, “Rosatom”, el consorcio estatal atómico está interesado en la repotenciación de PIAP, la planta de agua pesada en Arroyito, obra a la que el gobierno de Neuquén le asigna especial importancia.

En materia de transporte, la principal propuesta rusa se centra en la industria ferroviaria y en el desarrollo de la red ferrocarrilera. Ya hay una gran empresa rusa, “Transmash” Argentina, que trabaja en nuestro país desde una planta ferroviaria en la provincia de Buenos Aires. Otra gran empresa ha propuesto su participación en la renovación de líneas ferroviarias troncales con salida al MERCOSUR, incluyendo la prefinanciación de los proyectos.

Esta superficial enumeración de principales direcciones de cooperación torna real el objetivo que en 2015 se propusieron Cristina y Putin durante la visita de nuestra Presidente a Moscú: llevar el intercambio comercial anual a los 5.000 millones de dólares (o sus equivalente en el mecanismo de canastas de divisas nacionales).

Debo agregar, ya que para eso uno hace la propaganda comercial, que para todos estos proyectos existen las correspondientes propuestas de empresas y organizaciones económicas rusas. ¿Cuál es, entonces, el impedimento para que estos fantásticos planes dejen de parecer la divagación de un fantasioso fanático? La carencia de un coherente programa interestatal que determine prioridades y procedimientos y fije responsabilidades por su cumplimiento.

He sido protagonista de varias reuniones de la Comisión   Intergubernamental de Colaboración Económico-Comercial y Científico-Tecnológica Argentina-Rusia, largo título reemplazado por el de “Comisión Mixta”, creada en 1974 durante la visita a Moscú del entonces ministro de Economía José Ber Gelbard, por expresa directiva del presidente Juan Domingo Perón.

Estas reuniones ya no sirven para nada. Un montón de somnolientos funcionarios y ralos empresarios que aprueban como corresponde una declaración final que nunca se cumple. Hace falta un núcleo dinámico y operativo, que se ocupe de ejecutar o controlar la ejecución de las direcciones fundamentales enumeradas.

El documento fundacional de la “Comisión Mixta” establecía el funcionamiento de una Secretaría Binacional que sería la responsable de ese cometido. Nunca tuvo vida: mientras Rusia siempre designó su secretario, la Argentina no lo hizo jamás. Sería más que oportuno plantear su funcionamiento ahora, cuando la Argentina busca nuevos mercados o potenciar los que están caídos. Y, además, podría ser un modelo que copiar para el relacionamiento con los países BRICS, cuando logremos nuestra incorporación al Grupo líder del nuevo mundo multipolar.

La política exterior argentina debe basarse, en esta nueva instancia internacional, en la necesidad de fortalecer vías alternativas de relacionamiento, que permita poner en marcha el fantástico potencial económico de nuestro país. La disyuntiva, como siempre, es convertirnos en una argentina justa, libre y soberana o seguir siendo ese “país marginal” en la fría calificación donde nos tienen ubicados los organismos internacionales.

El punto crítico…



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