Cultura

01-07-2022 17:20 - de Héctor Jacinto Gómez

"Risas de mujeres desnudas" narra con mucho humor un escenario hostil

Una chica trans decidida a asumir su identidad en un tradicional pueblo de provincia y una confitería para que las señoras se reúnan a tomar el té que deviene en boliche gay y refugio para la comunidad Lgbtiq+ son los condimentos esenciales de la novela del escritor Héctor Jacinto Gómez.

Telam SE
01-07-2022 | 17:20
Foto Victoria Egurza
Foto: Victoria Egurza

Una chica trans decidida a asumir su identidad en un tradicional pueblo de provincia y una confitería para que las señoras se reúnan a tomar el té que deviene en boliche gay y refugio para la comunidad Lgbtiq+ son los condimentos esenciales de la novela "Risas de mujeres desnudas", del escritor Héctor Jacinto Gómez, quien con una mirada aguda y un lacerante sentido del humor toma la estricta realidad como disparador de la historia.

Bautizado "El Almas", el boliche gay que en la realidad surgió efectivamente en Luján, uno de los sitios más religiosos de la Argentina -conocido por su tradicional peregrinación a la virgen- provocó que se presenten toda clase de denuncias en la comisaría, incluida la de una anciana que sin poder dar razones claras de su encono, sostuvo que desde ese bar se escuchaban "risas de mujeres desnudas".

"La anécdota me llega hace muchos años, después de su clausura. Cuando escuché esto supe que estaba frente a un material para una novela. Pero había que ficcionarla para que fuera verosímil", admite en diálogo con Télam Héctor Jacinto Gómez, convencido de lo inverosímil de la protesta de aquella denunciante.

Bautizado "El Almas", el boliche gay que en la realidad surgió efectivamente en Luján, provocó que se presenten toda clase de denuncias en la comisaría, incluida la de una anciana que sostuvo que desde ese bar se escuchaban "risas de mujeres desnudas".

Ya en el plano de la ficción -aunque tal vez todo lo sea- la protagonista de la historia se llama Peona, una "trava pobre" y desenfadada que logra acceder a una educación de privilegio gracias a su inseparable amiga "la Cristian", y que convierte una confitería a la que nadie acude en el concurrido bar y boliche El Almas, el proyecto de la recién mudada de Laura, una maestra de escuela madre de dos niñas.

Productor de TV, guionista y escritor, Gómez (Morón, 1966) fue moldeando así la novela que propone de la primera a la última página un hilarante sentido del humor, mientras narra las peripecias de esa suerte de heroína que encarna Peona (Cupertino), fanática de Montaner y de cantar Virgen Morenita en las peñas. No falta su divertido grupo de amigas travas (las chicas del Convento de las Guerreras), pero también personajes conservadores negados a aceptar las identidades de género diversas, muchos chismes y habladurías, temores y abandonos pero también amistad y amor, como el que siente la arrojada Peona por la estrella del equipo de fútbol del colegio, el Oso Rinaldi.

"Bienvenidos a Luján, Tierra de Fe. Así recibe la ciudad cristiana a todas las personas de bien que llegan a visitarla. Mejor dicho, no a todas. A algunas quiere expulsarlas. Sin embargo, se quedan, luchan y se aferran a su lugar. El Almas existió, pero Gómez, lejos de la crónica, construye una novela que emociona y enfurece", dice Luis Mey en la contratapa del libro publicado por Obloshka.


El libro toma como disparador un hecho real, ¿Cómo llega esa información a vos?
Foto Victoria Egurza
Foto: Victoria Egurza

La anécdota de El Almas me llega por una amiga a la que estuve años sin ver y que, cuando nos encontramos, me cuenta que se divorció, se fue a vivir a Luján con su padre viudo y sus dos hijas y que instaló un café en las habitaciones delanteras de su casa. Los clientes potenciales no aparecían, y, a punto de cerrarlo y quebrada porque había invertido los pocos pesos que tenía, aparecen unos muchachos a alquilarlo para un evento. Llega el evento y los invitados se montan en el baño. El local es "literalmente" tomado por las travestis de Luján. Después de esa primera noche siguieron visitándolo y mi amiga, madre de familia, maestra y ama de casa, se vio conduciendo, sin tener la menor idea de cómo hacerlo, los destinos de un local de travestis en Luján, a pocas cuadras de la basílica. Por supuesto, hubo quejas de la iglesia, clausuras municipales, problemas con la policía y denuncias de los vecinos. Una de las denunciantes dijo que "a ella no la molestaban, pero que en ese local se escuchaban risas de mujeres desnudas". Cuando escuché esto supe que estaba frente a un material para una novela. Igual, no fue tan rápido. Tardé como diez años en sentarme a escribirla. Pensé también que podía ser una obra de teatro. Lo cierto es que mi amiga me había dado la historia y el título. Había que ficcionarla para que fuera más real y verosímil.


¿Hubo algún tipo de investigación de hechos reales para la narración de la novela?
Trabajo en televisión. Y en algún programa sobre diversidad, tuvimos una nota con el testimonio de mi amiga y de las travestis que visitaron El Almas. Todas recuerdan ese lugar como un refugio, un espacio donde podían estar y, que a pesar de los atropellos, se sentían protegidas y cuidadas. Las chicas trans eran perseguidas por la policía. No las dejaban caminar frente a la basílica. La economía de la ciudad vive, en gran medida, del turismo religioso y las travestis espantaban al público. El relato de muchas es que las corrían, las amenazaban, las alejaban de la vista. En este sentido, el local actuó como un espacio de contención, de protección y, por supuesto, de diversión.


¿Cómo fue el proceso de escritura de la novela?
Lo que más cuesta en una historia es elegir la voz que narra. En este caso puntual, las peripecias de la novela estaban. Se necesitaba un discurso potente que las pusiera en palabras. Peona, la protagonista de esta ficción, tardó en aparecer. Requería de un personaje que tuviera un deseo más allá del práctico o económico por mantener abierto El Almas. Cada personaje tenía su objetivo con el local, pero Peona tenía el del Amor, así con mayúsculas. Para ella, mantener ese local en funcionamiento le daba la posibilidad de recuperar al Oso Rinaldi, de reencontrarse con esa historia que había quedado trunca. Para Peona, El Almas era un refugio y el lugar que la volvería a unir con lo mejor que le había pasado a su vida.


"En esta vida acepto cualquier destino menos el de víctima", dice Peona, la chica travesti protagonista del libro, una suerte de heroína que enfrenta a todos los que quieren cerrar El Almas. Tiene un vínculo muy difícil con su papá, a partir del día que la descubre vestida de mujer, bailando en la casa, momento en que empieza a ignorarla. ¿Cómo concebiste al personaje?
Quería que Peona hablara desde la alegría y la valentía. No desde la conmiseración de sí misma. Le suceden cosas terribles y recibe tratos crueles, pero los devuelve con ironías y dejando en claro que los miserables son los otros. Una heroína que puede padecer todos los embates, pero que los sortea con inteligencia. Sabe devolver los golpes donde más duele. Solo tiene un talón de Aquiles que es la relación con su papá. Ella es invisible a sus ojos y todo el tiempo busca su atención. El padre siente que tiene un gran hijo en Carlitos. "El bueno" lo llama. Peona trata todo el tiempo de volverse importante a su mirada. Esos son los dos objetivos de Peona: reconquistar al Oso y lograr el amor de su padre. Entonces, abre El Almas. Los extraños caminos que se abre a los codazos.


Hay muchísimo humor a lo largo de toda la novela. ¿Es el humor una manera de hacer frente a temas complejos como la crueldad y hostilidad que viven Peona, la Cristian, los asistentes a El Almas y las chicas del convento de las guerreras?
En ese escenario de hostilidad, rechazo, persecución y violencia, solo puede salvarlas la unión y el humor. Reírse y ver lo absurdo de todo es una forma de afrontarlo y es la manera que encuentran de salvarse. Y ahí sí, creo que "Peona soy yo" y el personaje adquiere mi visión del mundo. Cuando todo está mal y el mundo se hunde, no podemos hacer otra cosa más que reírnos.

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