Opinión

24-05-2022 11:14 - Cuarta parte

El programa de la Revolución

El rol de Mariano Moreno en el trazado de los lineamientos del nuevo gobierno y la influencia clave de Manuel Belgrano y Juan José Castelli. Los enemigos internos y externos de la revolución.

Por Norberto Galasso
Por Norberto Galasso
24-05-2022 | 11:14


El propósito de la Revolución, o su programa diríamos, está en el Plan de Operaciones con el que la Junta otorgó a Mariano Moreno la tarea de registrar qué es lo que había que hacer una vez llegados al poder. Se trata de medidas que han provocado grandes discusiones porque, en muchos aspectos, su actualidad hace que algunos sectores se sientan molestos, recurriendo a la idea que el plan es falso o apócrifo, y publicando libros críticos como el de Rodolfo Puiggrós.

¿Cuál era el pensamiento de Moreno? “Las fortunas agigantadas en pocas manos son perjudiciales para los países porque son como el agua estancada que se pudre. El agua debe recorrer toda la tierra, por todos lados, y dar vida a todo el país”, decía.

Este concepto de Moreno se expresaba a favor de realizar las confiscaciones que fueran necesarias, especialmente a los mineros del Alto Perú, para obtener los recursos que el Estado no obtenía en ese momento. Su intención era convertir al Estado en un administrador de esa riqueza para poner en marcha distintas fábricas.

Esto prueba la veracidad del plan. Después de los seis o siete meses que estuvo en la Junta, Moreno debió renunciar y, luego, fue envenenado.

Moreno puso en marcha una fábrica de pólvora en Córdoba, una de puñales y otra de fusiles en Tucumán. Es decir, hubo cosas concretas. Esas fábricas, que tenían entre 80 y 90 obreros, subsistieron a la muerte de Moreno. Fue un un antecedente de lo que después va a hacer San Martín, cuando establece una fábrica de producción de armas cuando levanta su ejército en Cuyo.

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Ilustración: Révora

Moreno siempre tomó una actitud diferente. Fue el más drástico de todos. Frente a la contrarrevolución que levanta Santiago de Liniers en Córdoba, envía tropas y les da la directiva de fusilar a los contrarrevolucionarios. Pero no lo hacen. Las fuerzas que detienen a Liniers se comunican con Buenos Aires para decir que lo van a mandar para que lo sometan a un juicio.

Liniers era una figura que tenía a favor su participación en las invasiones inglesas. Pero, bueno, Moreno tomó esa decisión y no fue cumplida. Entonces le manda una carta muy violenta a Domingo French, donde dice textualmente: “si los mismos compañeros nuestros se han cagado en las órdenes que les da la Junta, adónde vamos a parar”. Así es que recurre a Castelli y a French para que se hagan cargo de los prisioneros, y decide el fusilamiento de Liniers.

Moreno además plantea la necesidad de tener un periódico como “La Gaceta”, que dirige él mismo, para dar comunicaciones y establecer un vínculo con la población.

En todo momento sostiene una posición. Durante los pocos meses que está al frente de la Secretaría de Guerra, y como ministro de Interior, se enfrenta a las innumerables presiones que venían de Río de Janeiro, como cuando le mandaron a un funcionario para decirle que era preciso dialogar y llegar un acuerdo. En respuesta, Moreno lo cita y, sin dirigirle la palabra, le extiende un papel en el que le da un plazo de 24 horas para irse del país. Caso contrario, sería fusilado.

En esos términos se manejaba Moreno. Por eso es execrado por los moderados que sueñan, o dicen que sueñan, con un país distinto, pero no están dispuestos a tomar ninguna medida que realmente signifique cambios para las transformaciones que son necesarias.

En ese Plan de Operaciones también aparece Manuel Belgrano, un abogado que pasa a desempeñarse como militar. Es prácticamente el mejor militar que tenemos, diría luego San Martín.

Entre sus diferentes medidas, Belgrano realiza una confiscación de estancias en el Litoral y es autor de un manifiesto dirigido al pueblo en general, que impulsa profundos cambios en materia social, entre ellos la educación de las mujeres, su reivindicación y la posibilidad que pudieran tener funciones. En aquella época, la mujer era despreciada y sometida nada más que a tareas domésticas. En ese sentido, Belgrano viene a jugar un papel muy importante al lado de Moreno.

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Luego se convierte en el amigo de San Martín y se desempeña como Jefe del Ejército del Norte. A pesar de las dificultades que tiene por su enfermedad, logra mantener un acuerdo permanente con Martín Miguel Güemes, que irá consolidando una muralla capaz de frenar la intervención que podría venir del Perú.

El que cierra el terceto es Juan José Castelli, un hombre que arenga el 22 de mayo a favor de una revolución democrática, que defienda los derechos del pueblo para ejercer la soberanía, en momentos en que el virrey ya ha renunciado.

Es el mismo que luego comanda la expedición al Alto Perú, interviniendo en numerosas luchas y llegando a una gran reunión con pueblos originarios a los que reconoce como hermanos. Prueba de ello es el histórico momento en que un cacique se le acerca e hinca la rodilla en tierra, poniéndose a sus pies. Castelli lo alza, lo pone a su misma altura y le dice “somos todos iguales”, la posición que los reaccionarios criticaban tanto a French como a Moreno. Ellos creían que eran superiores porque tenían dinero y eran los representantes del colonialismo en América.

Después, Castelli sufre un cáncer de lengua mientras es encarcelado, imputado por supuestos desaires a la iglesia y a sectores religiosos. Pasa muy poco tiempo y fallece. Pero de cualquier modo es, junto con Belgrano y Moreno, una de las figuras que tenía más clara la necesidad de poner en marcha profundas transformaciones que impulsaran el desarrollo y el crecimiento económico.

Moreno, por ejemplo, plantea una empresa de seguros que tardaría un siglo en concretarse. También propone diferentes formas de uso de los recursos del país para distribuir la riqueza y que no fuera una exclusividad de una minoría acaudalada.

Son las tres figuras más importantes de esta época, que murieron jóvenes y mal. Moreno, envenenado a los 33 años. Castelli, poco después víctima de un cáncer. Y Belgrano, por una enfermedad, cuando regresa del Alto Perú.

Más allá de sus precoces muertes, son tres incuestionables figuras que, junto con los protagonistas populares sobre los que hicimos referencia con anterioridad, signan un derrotero y marcan un camino a seguir desde el principio de nuestra historia. Una línea que después es recogida por otras figuras que han hecho mucho por estos cambios y transformaciones.

Obturados por aquellos que hacen prevalecer sus intereses minoritarios y egoísmos, olvidándose de la solidaridad y el carácter latinoamericano de la Revolución, aquella convocatoria de Castelli a los pueblos originarios constituye hoy una valiosa enseñanza que muchos argentinos, lamentablemente, no han tomado en cuenta.

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