Cultura

16-05-2022 14:00 - novedad editorial

Georgina Orellano: “Las putas existen”

El pasado sábado la, secretaria general de AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina) y activista de la defensa de los derechos de trabajadorxs sexuales presentó su primer libro “Puta feminista” en el marco de la Feria del Libro.   

Por Irene Polimeni Sosa
Por Irene Polimeni Sosa
16-05-2022 | 14:00
Georgina Orellano present su libro junto a Seorita Bimbo
Georgina Orellano presentó su libro junto a Señorita Bimbo.

Para poder ser protagonistas de las discusiones, es necesario afirmarse en la propia identidad y combatir argumentos teóricos con la voz de la experiencia. “Como decía el general Juan Domingo Perón: la única verdad es la realidad. Y las putas existen”. Ese es, quizás, el más sólido argumento frente a las limitaciones ancladas en la moral con las que Georgina Orellano se enfrenta en su camino de conquista de derechos. 

El sábado 14 de marzo, la Secretaria General de AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina) presentó Puta feminista, su primer libro, en el marco de la 46° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. En una sala Victoria Ocampo llena de gente, habló de su trayectoria, enfatizó las reivindicaciones de la lucha de lxs trabajadorxs sexuales, analizó las históricas tensiones que ésta tiene con los feminismios y compartió algunos de los sucesos que marcaron su vida como trabajadora, como militante, como sindicalista y como feminista. 

Puta feminista es el relato de una vida que se teje inevitablemente con la relfexión y la práctica políticas. Para Georgina, descubrir que los problemas que ella tenía como trabajadora sexual eran compartidos por muchas compañeras, se transformó en combustible para la construcción colectiva, la articulación política y la contención comunitaria, en una sociedad que marginaliza sus condiciones de existencia sistemáticamente. Por eso, hoy piensa el sindicato AMMAR -afiliado a la CTA- como una gran familia, y por eso transformó la autobiografía en una plataforma para transmitir ideas que lxs trabajadorxs sexuales conciben a partir de sus experiencias vitales, pero que la sociedad todavía recibe desde cierta distancia.

La legitimación del trabajo sexual como trabajo formal es el principal reclamo de una lucha que lleva casi 30 años, y es una discusión que abre brechas en al sociedad y muy particularmente, dentro de los espacios de debate feministas.

La vida de lxs trabajadorxs sexuales está signada por el desconocimiento por parte del Estado y la ausencia de políticas públicas orientadas a sus condiciones de existencia. La consecuencia es una matriz precarizante, y la dificultad de acceso a la vivienda es uno de los más serios problemas que trae aparejados. Sin un recibo de sueldo, alquilar a nombre propio es imposible. La mayoría de las personas del colectivo viven en condiciones de precariedad y hacinamiento totales. Muchas veces, la única salida es alquilar una habitación de hotel. “Hay algunos dueños de hotel que si trabajás, te cobran más caro. Si sos trans, te cobran el doble. Y si sos inmigrante, el triple.” dice Georgina, y disipa toda duda que pudiera aún existir sobre la forma en la que la informalidad acentúa la precarización de las identidades ya vulnerables. 

La violencia por parte de la policía está en el centro de las consecuencias de la estigmatización y, a pesar de ser uno de los elementos que más condicionan sus vidas, no suele ser el foco de entrevistas y aproximaciones. “Casi nunca nos preguntan cuáles son los derechos que les exigimos al Estado o nuestra relación con las fuerzas de seguridad. Se cree que la única violencia que atraviesa una prostituta es la del cliente y eso no lo desconozco, porque en el libro cuento mucho de eso, pero cosas que sí me han atravesado en mi relación con la policía (coimas, detenciones arbitrarias, maltratos, humillaciones) pocas veces está presente en las entrevistas, o incluso en los debates feministas”, declaró hace poco Georgina en una entrevista para el DiarioAr.

“El feminismo nos aportó a las putas una conciencia de género y las putas le aportamos al feminismo una conciencia de clase” es la brillante y sintética respuesta que dio a la pregunta por los aportes que su libro puede llegar a ofrecer a los debates del movimiento.

Orellano contó que hasta el 2016, los feminismos no habían sido tan amigables con sus demandas. Primaba una mirada estigmatizante y punitivista ,que infantilizaba sus historias de vida. Fueron dos antropólogas que comenzaron a ir al sindicato para investigar quienes les abrieron las puertas a un feminismo que respetara y abrazara sus problemáticas. Comenzaron entonces un viaje de formación que transformó su perspectiva. Volver a ocupar los espacios de debate feminista es una forma de entenderse protagonistas y ya no objetos de estudio. “Con los años de militancia aprendí que los espacios se disputan desde adentro, nunca como espectadoras. Eso me permitió tener un lugar dentro de la central de trabajadores y de los feminismos”.

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En ese sentido, la identificación con el peronismo aparece como una afirmación permanente. Alguien del público le preguntó qué crítica le haría a la izquierda no sólo en Argentina sino a nivel internacional. Georgina respondió contundente y clara: “las izquierdas nos piden que seamos kamikazes del sector trabajador. Nosotras tenemos que ser autónomas, nuestro trabajo tiene que ser autogestionado, nuestra decisión tiene que ser legítima. No tenemos que salir a trabajar por necesidad, como si se trabajase por diversión. Y todo eso que nos piden no se lo piden a ningún trabajador. Siempre cuando nos dicen que nuestro trabajo no puede ser considerado un trabajo, el primer argumento es ‘porque la decisión nuestra siempre estuvo atravesada por una vulnerabilidad’. Andá a preguntarle a los compañeros senegaleses que venden en la calle Florida si su decisión no estuvo atravesada por la vulnerabilidad”.

Cuando yo le pregunto más tarde, mientras firma ejemplares de Puta feminista, por qué en algún momento de la presentación dijo que Cristina Kirchner era su conductora, Georgina me responde en primer lugar, que ella y sus compañeras sienten muy cerca la violencia que Cristina sufre por ser mujer. Y luego, en segundo lugar,  aparece la irrupción de Néstor Kirchner en el panorama y la dinamización que supuso en la participación política de la sociedad. Georgina me dice que la mayoría de ellas no tienen una experiencia de familias militantes o politizadas, y que la llegada de Nestor al gobierno fue un catalizador importante para el acercamiento de muchas al sindicato en los años 2009 y 2010. “Como trabajadoras, su discurso nos interpela en la medida en la que pudimos entenderlo como una intervención no solo dirigida a los sectores de poder, sino también hacia los trabajadores. Eso nos hizo sentir que la política valía la pena y que podíamos transformar nuestra realidad”.

Sobre el final de la presentación alguien planteó si era posible soñar con tenerla en el Congreso como diputada. “Hay que soñar con las putas en todos los espacios” respondió ella “¿Quién iba a decir que un sábado íbamos a estar acá leyendo? Nadie, lo más cercano que habíamos estado de La Rural fueron los Bosques de Palermo.”

Las putas existen, llegaron a la feria, y da la sensación de que es para quedarse. Georgina contó que ya está cocinando un segundo libro: Putas y policías, “una novela de la que todas ustedes [las compañeras que escuchan en las primeras filas] van a ser protagonistas”. La sala vitoreó, aplauió, y pronto todo el mundo se levantó para atravesar junto a ella y sus compañeras el predio de La Rural, hasta llegar al stand de Penguin Libros.



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