Opinión

10-05-2022 13:40 - Análisis

El futuro de “Global Britain” se dirime en Belfast

Al triunfar en la elección en Irlanda del Norte, los independentistas ponen en cuestión las ambiciones de la monarquía británica para restaurar el perdido imperio.

Por Eduardo J Vior
Por Eduardo J. Vior
10-05-2022 | 13:40
Boris Johnson primer ministro del Reino Unido acosado por la crisis econmica los escndalos y la derrota en las recientes elecciones municipales y regionales Foto Archivo
Boris Johnson, primer ministro del Reino Unido, acosado por la crisis económica, los escándalos y la derrota en las recientes elecciones municipales y regionales / Foto: Archivo.

Mientras toda Gran Bretaña espera el “Discurso del Trono” de este martes, la secretaria del Foreign Office se apresta a declarar la guerra comercial a la Unión Europea (UE). En los próximos días se espera que vea la luz un documento de la diplomacia británica liberando a Irlanda del Norte de toda obligación hacia la normativa de la Unión Europea (UE), rompiendo así el tratado de 2019 que regula la salida de Gran Bretaña del bloque comunitario. A cambio de mantener abierta la “frontera seca” entre ambas partes de Irlanda, Londres estableció entonces una aduana interna entre Ulster y el resto del reino. Al dificultar el comercio intrabritánico, empero, esta barrera favoreció el triunfo de los independentistas irlandeses del Sinn Fein en la elección regional del jueves pasado y acercó la reunificación con la República de Irlanda. ¿Para qué vale, entonces, enarbolar nuevamente la vetusta bandera imperial, si Londres no puede mantener la unidad de las cuatro regiones del reino?

No se espera que hoy se anuncie ningún proyecto de ley en el discurso anual del trono, pero se dice que la secretaria del Foreign Office ha pedido a los funcionarios que preparen un proyecto, para que el Reino Unido incumpla sus obligaciones con Bruselas. Por su edad (96 años) y estado de salud este año la Reina dejará de presentarse como anualmente ante el Parlamento, para leer el informe y plan de acción del gobierno, y se espera que el Príncipe Charles, la Duquesa de Cornualles y el Príncipe William la suplan.

Además de suprimir los controles, el proyecto de ley de la canciller también cancelaría las competencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea sobre Irlanda del Norte y suprimiría la jurisdicción de toda normativa de la UE sobre la provincia. Una fuente gubernamental confirmó que Liz Truss tenía la intención de actuar unilateralmente, para preparar el cambio de algunas partes del protocolo, pero negó que el gobierno británico hubiera renunciado a negociar con la Comisión Europea. No obstante, es evidente que la secretaria piensa que el Reino Unido no puede esperar el resultado de las tratativas con Bruselas, porque al gobierno le urge reaccionar ante los resultados de las elecciones del jueves pasado en Irlanda del Norte. Mientras que la UE, por un lado, no está dispuesta a hacer concesiones, por el otro, en Ulster crece la insatisfacción por las trabas al comercio con el resto del reino. Fue así que el triunfo de los independentistas dio en Londres una ruidosa señal de alarma.

Se dice que algunos ministros del gabinete, entre ellos el canciller del Tesoro, Rishi Sunak, y el secretario de nivelación regional, Michael Gove, están inquietos por las implicaciones de la estrategia de Truss y por el riesgo de una guerra comercial con la UE en momentos en los que el Reino Unido está al borde de una recesión. Por su parte, fuentes del gabinete no mencionadas sugirieron que la maniobra de Truss es parte de un "revoloteo de plumas", para posicionarla ante los conservadores como rival de Sunak en la lucha por suceder al primer ministro Boris Johnson.

Según informó el Times este martes, el proyecto de ley eliminaría explícitamente algunas partes del protocolo con la UE firmado por Johnson en 2019. En aquel momento el documento sirvió como compromiso, para que, después de la salida del reino del bloque europeo, no se erigiera nuevamente una “frontera dura” entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda que habría servido de justificativo a un renovado reclamo nacionalista. Entonces se convino dejar abierta la frontera terrestre entre ambas partes de la “isla verde”, pero a cambio en Irlanda del Norte siguió rigiendo la normativa europea y la Corte de Luxemburgo mantuvo su jurisdicción. Al mismo tiempo la provincia se perjudicó por la erección de na aduana interna entre ella y el resto del reino. El descontento que generó esta traba al comercio intrabritánico fue ahora aprovechado por los nacionalistas del Sinn Féin que ganaron la elección regional.

Si la propuesta de Liz Truss entra en vigor, se espera que provoque represalias legales por parte de la UE, incluyendo nuevos aranceles a la importación de productos británicos. Como justificativo la secretaria argumenta que los resultados de las elecciones en Irlanda del Norte imponen una decisión urgente, ya que el Partido Unionista Democrático (DUP, por su nombre en inglés) ha dicho que boicoteará cualquier participación en un nuevo gobierno en Stormont (sede del parlamento norirlandés) hasta que se resuelva la cuestión.

La iniciativa de la jefa de la diplomacia está motivada por los resultados de la elección autonómica en Irlanda del Norte, celebradas el jueves, en la que triunfó Sinn Féin, que aboga por la reunificación de Irlanda. De este modo se convirtió en el primer partido nacionalista en controlar el parlamento de Irlanda del Norte en 101 años.

El Sinn Fein liderado por Michelle O
El Sinn Fein, liderado por Michelle O

De acuerdo con la ley, se espera que Michelle O'Neill, candidata y vicepresidenta del partido, asuma el cargo de ministra principal del ejecutivo autónomo, a pesar de que desde la formación han dejado entrever que aspiran en un futuro indefinido a la celebración de un referéndum para la reunificación con el resto de Irlanda. Tanto O'Neill como la líder del partido, Mary Lou MacDonald, han declarado que "debemos prepararnos para un referéndum para unificar Irlanda", previsto para llevarse a cabo "dentro de un marco de cinco años".

En 1998 los gobiernos británico e irlandés firmaron con las fuerzas contendientes en Ulster un acuerdo de paz que fue aceptado por la mayoría de los partidos políticos norirlandeses, para poner fin al conflicto armado que aquejó la provincia desde fines de la década de 1960. Sin embargo, las discrepancias por la distribución del poder entre las facciones probritánicas y las independentistas persisten.

Sinn Féin, fundado en 1905, siempre ha abogado por que Irlanda del Norte se separe del Reino Unido y forme una Irlanda unida. Aunque la victoria de Sinn Féin probablemente no suponga a corto plazo la celebración de un referéndum para abandonar el Reino Unido, tiene un enorme significado simbólico, ya que pone fin a un siglo de dominio de los partidos pro-británicos en la región. Aprovechando la oportunidad, la ministra en jefe del gobierno escocés, Nicola Sturgeon, quien también aboga por la salida de su país del Reino Unido, felicitó al Sinn Féin en las redes sociales y calificó su victoria como un "resultado verdaderamente histórico". Entre tanto, algunos analistas señalan que en los próximos años las secuelas del Brexit pueden llegar a suponer un contragolpe aún más violento para el reino.

Aunque el Sinn Féin ya puede nombrar a una primera ministra, legalmente ésta no puede asumir el cargo, a menos que el DUP, el mayor partido del bloque unionista, acepte nombrar a un viceprimer ministro. Su líder, Sir Jeffrey Donaldson, aún no ha tomado una decisión sobre si el partido lo hará. El sábado, el líder del DUP dijo que su partido respetaría el resultado de las elecciones, pero que era necesario introducir cambios en el Protocolo de Irlanda del Norte de 1998.

Los gobernantes británicos son sumamente contradictorios a la hora de abordar las inestabilidades dentro y fuera de sus fronteras. El Reino Unido coopera con Estados Unidos para implementar la llamada "estrategia del Indo-Pacífico" y aboga por la "expansión global" de la OTAN, aumenta las sanciones a Rusia por el conflicto con Ucrania e interfiere en los asuntos internos de China, como son los de Hong Kong, Xinjiang y Taiwan. Se trata de acciones arriesgadas, que se realizan en un intento de crear una imagen de una "Gran Bretaña global", con el objetivo de compensar la debilidad estratégica del reino empujando a EE.UU. a un enfrentamiento con Rusia y China.

Algunos políticos británicos parecen seguir viviendo sumidos en aquel sueño de un "imperio en el que el sol nunca se pone". Son reacios a admitir que su colonialismo ha creado demasiados desastres en el mundo y que ha plantado la semilla de la que están aflorando muchos problemas en su propio país. Probablemente, los sueños de un renacimiento imperial sean sepultados por la desintegración del propio reino.

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