Opinión

30-04-2022 15:30 - música

¿Por qué la gente ama Post Mortem de Dillom?

A la salida de la tercera noche consecutiva del jóven músico en Vórterix, en el marco de la presentación de su disco debut, fanáticxs de entre 17 y 24 años se sacan fotos con él y hablan de por qué Post Mortem es un show impactante, emotivo y completo.

Por Irene Polimeni Sosa
Por Irene Polimeni Sosa
30-04-2022 | 15:30
Foto Maximiliano Luna
Foto: Maximiliano Luna

Camino por Lacroze al 3700, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Pasa una dupla de adolescentes usando remeras blancas manchadas de rojo. No todas las personas que me cruzo y muy evidentemente acaban de salir del show de Dillom en Vorterix, (que terminó hace 15 minutos según me comentan 3 chicas de 18 años congregadas en la esquina) llevan el uniforme decretado por el artista en sus redes sociales. Pero si lo hicieran, estoy segura de que sería totalmente espectacular. Jóvenes simulando estar cubiertxs de sangre merodeando las calles de Chacarita el año que la pandemia nos permitió volver a salir. La idea es genial, la gente es tímida.

De todos modos, si hay dos cosas que no le faltan a Post Mortem de Dillom, la primera es espectacularidad. La segunda, es audacia. Desde el momento en el que se llega e incluso antes de entrar al teatro, unx se encuentra con una puesta en escena cuidadosamente pensada para transformar el recital en una experiencia única que no pasa sólo por la música.

Apoyada sobre el coche fúnebre que está estacionado en la puerta -el cual, sin dudas, todo el mundo reconoce como parte de la performance- presencio de primera mano cómo el grupo de aproximadamente 50 personas que se quedaron esperando se abalanza sobre el músico cuando sale a saludar, con un equipo de seguridad que rápidamente ordena a la muchedumbre de manera amable pero efectiva.

“¡Hagan una fila y dejen de acosarlo, porque es un humano!” grita unx de lxs fans. Estamos en 2022. El estatuto de estrella, los privilegios y los perjuicios de la exposición, los límites para lo que consideramos violento y lo que no, son tema de debate constante. Pero además de que hay una gran parte de las juventudes que tiene muy presente que quizás tirarse encima de otro ser humano sin pedir permiso puede no estar tan bien -sin importar cuánto cariño le guardemos o qué tanto nos haya mostrado de su intimidad-, lo que pasa con el chico de 21 años que acaba de presentar un disco debut su ciudad natal, es que -lisa y llanamente- es un par para el público que lo sigue.

“La primera vez que lo ví en vivo fue en una pizzería en Palermo, en 2019. Ahí recién empezaba. Es increíble la cantidad de gente que hay hoy”, me cuenta Shari, que también tiene 21 y dice ser una de lxs primerxs fans de la Rip Gang, el grupo de músicxs del que forma parte la estrella de la noche, fundadores del sello Bohemian Groove.

Hoy no sólo Dillom, sino todos los integrantes de la Rip (III Quentin, Muerejoven, Broke Carrey, Saramalacara, Taichu, Odd Mami y Kuribo) cuentan una base muy sólida y fiel de seguidores que conocen y defienden su trabajo. Haber visto cómo el grupo se consolidaba y se ganaba un espacio en la escena a base de trabajo persistente e insistencia en defender estilos originales generó una mística particular para este colectivo de artistas. Esa mezcla de cercanía y admiración es motor de una conexión muy fuerte que adquiere aún más potencia por el hecho de haberse sostenido en un contexto de pausa total de los encuentros presenciales, producto del aislamiento pandémico. No son pocxs lxs asistentes que se cruzaron con el protagonista de la noche en fiestas, viajes y bares.

Foto Maximiliano Luna
Foto: Maximiliano Luna

“Hace una banda que no lo veíamos. Lo conocimos en 2019 teloneando un concierto de Paco Amoroso y Ca7riel. Verlo acá, en su primer show, después de haber seguido tanto tiempo a toda la Rip es un montón. Estamos en shock, no pensamos que nos íbamos a poder sacar una foto con él” me comenta una chica de 19 años que acaba de salir del tumulto para festejar con sus amigas el saludo con Dillom. “Estoy que me muero, estoy temblando”, dice otra de ellas, “es un amor de persona, siempre fue igual”.

Cuando pregunto qué es lo que más gusta del músico -a quien no me atrevo a llamar “rapero”, porque creo que la palabra, a esta altura, le queda muy chica-, la respuesta siempre se centra en la honestidad de sus letras y la autenticidad de su forma de ser. “Me gusta porque lo quiero una banda. Me produce eso, con otros artistas no me pasa tanto. Siento que es muy piola y por eso hace temas piolas”. “Sus letras me llegan mucho, lo que más me gusta es el poco careteo que tienen.”. “Siento que todo lo que habla en su música le sale del corazón. Llega mucho su mensaje, porque es real”.

Shari me muestra el tatuaje que se hizo, referente a su tema favorito del disco, 220. “Dice que sabe mucho más del dolor que del amor, y con eso me sentí muy identificada”. En twitter subió una foto del momento en el que se lo pudo mostrar al autor de la canción. Dillom le contestó desde su cuenta oficial emojis de llanto y corazones negros.

Cercanía y admiración hacen que el show esté cargado de tráfico sensible y se vuelva, por momentos, realmente emotivo. La puesta en escena que acompaña esa emotividad desde todos los frentes y lenguajes es, también, una de las cosas que más convocan a este público diverso y extasiado. “La estética, la puesta en escena, cuando sale, todo el arte, el maquillaje, los vestuarios, eso es lo que más me gusta del show que monta”, confirma Patricio, de 22 años. Además del coche fúnebre que descansa en la puerta de Vórterix, adentro hay una mesa fúnebre, con fotos de la historia de Dillom cuidadosamente seleccionadas, flores y velas. Circulan estampitas con su rostro. Durante la víspera del comienzo del espectáculo, suena música coral, sacra, lo que impide olvidar que estamos asistiendo a una ceremonia de alianza con el fin de las cosas, pero también con la trascendencia.

Son muchxs lxs que declaran que no conocen nada como Post Mortem. “Les artistas de hoy en día no hacen discos así. Me sorprendió mucho, nunca había escuchado un disco tan conceptual, en el que todo esté conectado” me comenta Shari. Un poco después, Victoria, 24 años, dice algo parecido: “Hay artistas que acompañan la música con su estética y su imagen, pero esto está muy pensado y detallado. Cada tema tiene su propia impronta. Hay un re laburo atrás de eso”. Amelia, 19 años me comenta que si le pudiera decir algo al perro post mortem, le diría que lo que hace significa un cambio para toda la escena musical argentina, y que el concepto que creó es genial.

Desde que se presentó en el Lollapalooza, el pasado 21 de marzo, todo el mundo tiene los ojos puestos sobre Dillom y su propuesta arriesgada y contundente. Sin embargo, para quienes ya habían descubierto su obra y reconocido en ella un trabajo honesto y sofisticado, el encuentro con el espectáculo que él y su equipo montan para el despliegue de Post Mortem, es una experiencia inolvidable.

Pienso que lo que se pone de manifiesto en la fiesta a la que nos invita Dillom (este festejo que se pregunta por la muerte, pero también por la posibilidad de trascender a través del arte), es que un gran número de jóvenes están pudiendo encontrarse en vivo y en directo nuevamente -o incluso, en algunos casos, por primera vez- con artistas de su edad que sintetizan sentimientos de época y los despliegan en contextos de complicidad, disfrute y conexión afectiva. Si esto se vuelve más evidente en la propuesta que viene del integrante de la Rip Gang y su gran equipo, es porque en ella se mezclan honestidad afectiva, solidez conceptual, integración de muchas disciplinas, y una actitud despojada y transparente, sólo posible para quien no se deja llevar por todo eso que viene de la mano de una popularidad excesiva.

Es, realmente, un placer muy emocionante, estar ahí para verlo.

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