ARCHIVOS SECRETOS
LA MENTIRA PLANIFICADA

Política

23-03-2022 19:50 -

Archivos secretos: la mentira planificada

Telam SE
23-03-2022 | 19:50

Los documentos que confirman la complicidad de sectores de la prensa internacional con la dictadura cívico militar de la Argentina

“Lo que ustedes llaman aciertos son errores,
los que reconocen como errores son crímenes
y lo que omiten son calamidades”.
Rodolfo Walsh, 24 de marzo de 1977

La burocracia del terrorismo de Estado dejó impresas las huellas de sus atrocidades. En este caso, Télam presenta ocho carpetas con información nunca antes revelada, que exponen una de las obsesiones del régimen criminal que tomó el poder el 24 de marzo de 1976: su intento por contrarrestar en el plano internacional lo que la Junta militar definió como una campaña “antiargentina”, que fue en verdad la sucesión de denuncias en el país - pero sobre todo en el exterior - sobre las torturas y desapariciones de miles de personas en los campos de extermino que la dictadura desplegó a lo largo de la Argentina.

El régimen militar diseñó una acción de contrainformación y propaganda que contó con el asesoramiento de la influyente agencia multinacional de comunicación Burson-Marsteller, y que tuvo en el Ministerio de Relaciones Exteriores el órgano desde donde se articuló el plan del gobierno genocida para intentar neutralizar las críticas que recibía en el mundo por su sistemática violación a los derechos humanos.

En los subsuelos del Palacio San Martín funcionaba la Dirección de Prensa de la Cancillería, un ministerio que quedó bajo la órbita de la Armada comandada por Emilio Massera. Cada jornada, eran trasladadas desde la ESMA personas que estaban detenidas desaparecidas para trabajar en la confección de los archivos y el seguimiento internacional de las noticias que se publicaban sobre la Argentina. Un trabajo esclavo que fue denunciado ante la Justicia, en 1985, con las declaraciones de sobrevivientes en el Juicio a las Juntas.

Los ocho legajos que se detallan en esta investigación integraron ese archivo del horror con el que el régimen castrense sistematizó la planificación de la mentira. Los folios de las carpetas indican que fueron cientos los archivos confeccionados que aún no vieron la luz y que quizá nunca se logren encontrar. Pero existieron, como dan testimonio los documentos presentados en exclusiva por Télam.


Paso a paso
 

El punto de partida de la investigación fue el momento en que el periodista Enrique Vázquez recibió un paquete de carpetas que habían permanecido, durante años, en un cajón del estudio jurídico de un abogado vinculado a los derechos humanos. Legajos secretos que el letrado había recibido de manos de un empleado de Cancillería, que los había rescatado de un volquete en el momento en que estaban desmontando el archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores, sobre el final de la dictadura. Al morir el abogado, una secretaria del estudio entregó el material al periodista. Y luego, Vázquez se contactó con Télam para hacerlo público.

Así comenzó un trabajo conjunto entre el periodista y distintas áreas de la agencia. Vázquez fue el autor de los textos que describen los contenidos de cada uno de los ocho legajos que, ocultos por más de 40 años, exponen las maniobras de propaganda diagramadas por la Secretaría de Información Pública del régimen genocida.

Su trabajo fue complementado con una contextualización histórica, en la que se subrayaron acciones del terrorismo de Estado y de la resistencia al régimen que tuvieron impacto internacional, como fue la desaparición y asesinato del periodista y escritor Rodolfo Walsh, el secuestro del periodista Jacobo Timerman, y los asesinatos de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo Azucena Villaflor de De Vincenti, Esther Ballestrino de Careaga y María Ponce de Bianco, y de las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet. También se recordó el Mundial de Fútbol de 1978, un evento que dirigió las miradas del mundo sobre la Argentina. En ese marco, una de las maniobras de la dictadura cívico militar fue invitar al país a periodistas de países en los que había presencia de exiliados argentinos y denuncias por las violaciones a los derechos humanos de la dictadura argentina.

En cada uno de estos ocho legajos -que Enrique Vázquez entregará a Memoria Abierta- se mantuvieron ocultos algunos de los periodistas y medios de comunicación que fueron utilizados en la operación propagandística.

Durante años permaneció oculta una parte central de la planificación de la mentira. Hasta hoy.

Ver intro

Telam SE

origen: Canadá

1981 Eduardo Jantus

El documentalista de los genocidas

Por Enrique Vázquez


Esta, la que lleva el número 476, se distingue por dos aspectos de las otras carpetas rescatadas: es de otro color y bastante más delgada. Aunque aloja un menor número de folios, contiene elementos alusivos a dos operaciones de propaganda dictatorial: una es la que llevó a cabo la periodista Mira Avrech, del diario Yediot Aharonot, como lo nombra el embajador argentino de aquel entonces en Tel Aviv, Jorge Casal; la otra es una película, “Argentina after terrorism”, dirigida por Eduardo Jantus, un periodista radicado en Ottawa, Canadá.

Comentarios sobre los artículos de Mira Avrech by Télam on Scribd


El Yedioth Ahronoth, como suele designárselo en castellano, es el diario de mayor circulación en Israel, con la particularidad de que está escrito en hebreo.

A pesar de que una nota remitida a la Cancillería por el embajador Casal en febrero de 1981 habla de los artículos publicados por Mira Avrech tras su viaje a la Argentina, tales artículos no aparecen encarpetados.

Viaje a Buenos Aires de Eduardo Jantus by Télam on Scribd


El proyecto de película del Sr. Jantus incluía entrevistas a dirigentes políticos y gremiales con remate a cargo del dictador Roberto Eduardo Viola, pero la secretaría de Prensa de la Casa Rosada negó la posibilidad de una entrevista “porque la imagen presidencial se diluye entre tantas otras personalidades”.

El sumario de la producción estaba ligeramente sesgado: proponía notas con la Sra. Hebe de Berdina -presidenta de la Asociación de Víctimas de la Subversión-, el general Ramón Juan Alberto Camps “y algún militar que haya sido herido por los terroristas”.


De todos modos, el proyecto le resultó útil a un camarógrafo de ATC contratado para grabar entrevistas, planos de Buenos Aires y material mudo de apoyo. Pasó 2 facturas: una de 9.604.800 pesos y otra de 2.400 dólares.

Estas dos operaciones -la del diario israelita y la del film del canadiense apadrinado por el embajador Esteban Takács- sirven para mostrar otra faceta del trabajo esclavo que debían prestar las detenidas-desaparecidas en la ESMA: al clipping cotidiano agregaban el papel de traductoras cuando las notas venían, como en el caso del diario de Tel Aviv, en hebreo, o cuando los periodistas extranjeros sólo hablaban inglés, como era el caso de Jantus.


Quizás por eso las seleccionó un día de comienzos de 1977 uno de los más encarnizados torturadores del Grupo de Tareas 3.3.2, el capitán Francis Whamond (a) El Duque.

Reunió a un grupo de prisioneras y les preguntó de sopetón: “¿Qué perfume quieren usar?”

Las mujeres quedaron estupefactas: llevaban meses sin poder bañarse, hacían sus necesidades en un balde de 5 litros de pintura compartido con todos los otros presos, y antes que perfumes necesitaban jabón y una ducha. Whamond -que ya estaba retirado y participaba del grupo de tareas en carácter de voluntario- les permitió bañarse en el piso de abajo, les entregó ropa decente y les informó que a partir de ese momento serían “secretarias” en el sector de cables de la Cancillería, adonde él había sido enviado con rango de secretario de Estado.

Las “secretarias” trabajaron cortando cables, haciendo clipping y ordenando carpetas, siempre y cuando no les pidieran una traducción. Sus momentos de éxtasis llegaban a la hora de ir al baño con inodoros y lavabos, o a la hora del almuerzo, cuando podían pedir un sándwich en la cafetería.

Trabajaban en una oficina cerrada, sin ventanas, a 10 metros de la Sala de Prensa. En la puerta se fijó con chinches un cartel admonitorio: “Prohibido pasar”. Allí estaba el fichero que se tiró íntegramente a un volquete en 1985, cuando se produjo la mudanza del Palacio San Martín a la calle Reconquista. Sólo se salvaron, gracias a la intervención de un ordenanza, cerca de 30 carpetas, que ese ordenanza le entregó a un abogado, supuesto defensor de los Derechos Humanos. El abogado jamás les prestó atención, y las carpetas  acumularon polvo y olvido hasta fines del año pasado, cuando el estudio jurídico quedó sin titular y todos sus documentos fueron a parar a la basura. Por suerte -así como en la Cancillería intervino un ordenanza- acá se involucró una secretaria, y gracias a ella disponemos de esta documentación.
 
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