Internacional

13-02-2022 12:21 - panorama

Golpes de Estado, una endemia que se propaga entre las jóvenes democracias de África

A más de 60 años de la independencia de gran parte del continente, en un contexto de pobreza estructural, hay más de 114 millones de personas que están siendo gobernadas por distintas administraciones de facto, situación calificada por la ONU como "endemia".

Por Javier Peverelli
Por Javier Peverelli
13-02-2022 | 12:21
frica enfrenta una gran inestabilidad poltica calificada como endemia por la ONU
África enfrenta una gran inestabilidad política calificada como "endemia" por la ONU.

Con cinco golpes de Estado en el último año y medio, África enfrenta una gran inestabilidad política calificada como "endemia" por la ONU, un escenario en el que las jóvenes democracias del continente no logran dar respuestas a poblaciones tironeadas por Fuerzas Armadas que se presentan como "hombres fuertes que ordenan la sociedad", según analizan expertos.

A más de 60 años de la independencia de gran parte de África, distintos Ejércitos derrocaron en los últimos 18 meses a los presidentes de Mali, Chad, Guinea, Sudán y Burkina Faso, este último en enero pasado, convirtiéndose en uno de los períodos en los que más golpes de Estado hubo en la historia del continente.

"Las causas en común de todos estos golpes tienen que ver con las no respuestas que da la democracia liberal a los africanos después de 60 años", afirmó en diálogo con Télam la historiadora Marisa Pineau, sobre una región en la que desde 1960 hubo 44 países que dejaron de ser colonia de Francia, Reino Unido, Bélgica, Portugal o Italia.

"Hay una cuestión que todavía está pendiente en los países africanos y es dar respuestas a las expectativas que generaron las independencias", agregó Pineau, jefa de cátedra de Historia de la Universidad de Buenos Aires (UBA) especializada en África y colonialismo, que mencionó como deudas importantes la falta de infraestructura y los pocos derechos sociales adquiridos.

Durante 2020, uno de cada cinco habitantes de África pasó hambre, es decir, un 21% de la población, según datos de la ONU.

En tanto, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) advirtió esta semana que 13 millones de personas en Kenia, Somalía y Etiopía padecerán una hambruna producto de una sequía que los gobiernos no son capaces de paliar.

Durante 2020, uno de cada cinco habitantes de África pasó hambre, es decir, un 21% de la población, según datos de la ONU

En este contexto de pobreza estructural, hay más de 114 millones de personas que están siendo gobernadas por distintas administraciones de facto en África, una situación que el secretario general de la ONU, António Guterres, describió hace unos días como "una epidemia de golpes de Estado".

A esta postura se suma la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (Cedeao) y la Unión Africana (UA), que rechazó la semana pasada las insurrecciones militares y ya suspendió del organismo a cuatro naciones "hasta el restablecimiento efectivo del orden constitucional".


Sin embargo, esta "epidemia" no podría propagarse sin el aval de buena parte de los ciudadanos, quienes ven en los levantamientos armados una posible salida a la corrupción, la inseguridad, la falta de oportunidades y los embates de los grupos yihadistas.

"Hay una expectativa puesta en los militares, en eso que se llama 'los hombres fuertes'. La posibilidad de que un 'hombre fuerte' cree cierto orden general en la sociedad", detalló Pineau sobre un concepto que proviene de la antropología y que realza la creencia en el despotismo que caracterizó, por ejemplo, a dictadores africanos como el exmandatario de Uganda Idi Amin (1971-1979) o el expresidente de República Centroafricana Jean Bokassa (1966-1979).

Dejando estas sangrientas dictaduras de lado, Pineau mencionó algunos procesos políticos que, pese a no haber producido cambios en "las formas en que los países se vinculan con el comercio y el sistema internacional", sí se destacaron por ser intentos alternativos en la historia reciente del continente.

"En Sudán y Burkina Faso hubo movimientos populares que trataron de hacer un cambio, pero que no lograron consolidarse en el poder para hacer transformaciones", mencionó la académica, en alusión al reciente derrocamiento del exprimer ministro sudanés Abdalla Hamdok (2019-2022) y en relación a la historia del exmandatario burkinés Thomas Sankara (1983-1987), más conocido como el "Che Guevara de África".

"Hubo algunas intenciones, como las que llevó adelante Sankara en Burkina Faso, pero que terminó en su asesinato. Son pocos los cuestionamientos al sistema y las posibilidades de hacer un cambio estructural y político", se lamentó Pineau sobre el final del líder burkinés que emprendió un plan de alfabetización y de nacionalización de tierras y minerales, pero que terminó asesinado en 1987, luego de ser derrocado.

"Hay que pensar otras formas de participación política en África, con movimientos sociales y de mujeres, que tuvieron bastante participación en otros momentos, pero que fueron castigados por llevar adelante reclamos importantes"Marisa Pineau

En cuanto a Sudán, desde el golpe de Estado de octubre pasado ya murieron 79 manifestantes, según el Comité de Médicos sudanés, en protestas contra los militares y a favor de Hamdok, quien intentó liderar una transición democrática tras 30 años de Gobierno de Omar al Bashir (1993-2019).

Ghana


Por otro lado, entre los pocos ejemplos actuales de naciones africanas consideradas robustas y estables democráticamente está Ghana.

"Es un pueblo que pasó por golpes de Estado, pero tiene una cierta libertad de prensa, de expresión y donde hay distintos partidos políticos. Es un buen ejemplo de lo que podríamos llamar el juego de la democracia", remarcó Pineau sobre un país en el que su presidente, Nana Akufo-Addo, es uno de los más preocupados por los levantamientos armados en la región del Sahel, el cordón geográfico que divide el desierto de Sahara hacia el norte y la sabana africana al sur.

La semana pasada, Akufo-Addo advirtió en la cumbre de líderes de la Cedeao que las tomas del poder de Mali, Guinea y Burkina Faso son una "peligrosa tendencia" a la que hay que hacer frente "de forma colectiva y decidida, antes de que arrase toda la región".

Dos años atrás, en la víspera de las elecciones en las que se convirtió en presidente de Ghana, Akufo-Addo celebraba que "se han sucedido cinco presidentes en paz y se ha entregado el poder a la oposición en tres ocasiones".

Pese a que hubo cinco muertos durante aquellos comicios de 2020, la jornada electoral pudo terminar sin grandes enfrentamientos, a diferencia de lo que sucedió en el vecino país de Costa de Marfil, donde ese mismo año hubo elecciones con 85 fallecidos y centenares de heridos, según datos oficiales.

En este escenario, en el que las naciones africanas son vistas como jóvenes democracias políticamente inestables, Pineau considera que no debe hacerse un análisis solo desde un punto de vista occidental.

"Hay que pensar otras formas de participación política en África, con movimientos sociales y de mujeres, que tuvieron bastante participación en otros momentos, pero que fueron castigados por llevar adelante reclamos importantes", concluyó la historiadora.

Los ataques yihadistas, uno de los motivos que impulsan los golpes en África central

Los países del centro de África enfrentan hace más de una década ataques de grupos yihadistas, una situación que, además de provocar miles de muertos y millones de desplazados, es utilizada por los ejércitos locales para conseguir que la sociedad avale sus levantamientos armados.

Una de las características en común de los cinco últimos golpes de Estado en África es que todos se dieron en naciones de la región del Sahel, el cordón geográfico que divide el desierto de Sahara hacia el norte y la sabana africana hacia el sur.

"Esta es la zona más golpeada por el terrorismo islámico", remarcó la historiadora Marisa Pineau sobre una problemática que sólo en el 2020 causó la muerte de 2.440 civiles en Burkina Faso, Mali y Níger, tras ataques de grupos armados, según la ONG Coalición Ciudadana por el Sahel.

Desde hace una década, varios países de esta región están inmersos en una oleada de violencia atribuida a grupos yihadistas pertenecientes a Al Qaeda y al Estado Islámico (EI).

A mediados de noviembre, 53 personas murieron tras un ataque yihadista en un campamento de gendarmes en el norte de Burkina Faso.

Ataques de este calibre se repitieron en diciembre y en enero en el país, arrojando cifras similares de civiles y militares muertos.

Estos hechos provocaron manifestaciones durante enero en distintas ciudades de Burkina Faso, en las que grupos de la sociedad civil reclamaban mayor acción frente a los ataques.

En este contexto, hace poco más de dos semanas las Fuerzas Armadas de Burkina Faso anunciaron por televisión la toma del poder y detuvieron al presidente Roch Marc Christian Kaboré (2015-2022).

Una de las causas que motivó el golpe fue la poca eficacia del Gobierno burkinés para luchar contra los grupos yihadistas, algo que se repite en otras naciones vecinas del Sahel.

En Mali, la problemática comenzó en 2012, cuando grupos radicales tuareg -un pueblo de tradición nómada del desierto del Sahara- se aliaron con yihadistas y llegaron a tomar parte del norte del país.

"A partir de este avance hubo una intervención directa de Francia. Esta operación hace 10 años fue recibida con bombos y platillos por la mayoría de la población, pero ahora no", señaló Pineau sobre la estrategia militar francesa denominada Operación Barkhane, que en los próximos meses pasará de 5.100 soldados a 3.000, un retiro de tropas anunciado por el presidente francés Emmanuel Macron a mitad del año pasado.

El avance de los grupos yihadistas y el retroceso de las tropas francesa envalentona a las Fuerzas Armadas locales a tomar decisiones como los levantamientos armados.

En agosto de 2020, un grupo de soldados derrocaron al presidente maliense Ibrahim Boubacar Keita (2013-2020), y entre las principales razones están las reiteradas pérdidas que sufrió el Ejército en el norte del país y la inacción del Gobierno.

Esta misma Junta Militar, que volvió a mostrar su poderío al cambiar autoridades del Ejecutivo en mayo del 2021 con un nuevo golpe, expulsó al embajador francés, Joël Meyer, por deslegitimar el Gobierno de facto.

Esta toma de posición por parte de los militares es observada por la historiadora Pineau como "una posición anticolonial, que puede ser retórica, pero que sirve para que estos nuevos grupos se afiancen en el poder".

Una situación similar sucede en Chad, Níger y Nigeria, que desde hace una década se enfrentan a los yihadistas de Boko Haram y del Estado Islámico de África Occidental (ISWA, por sus siglas en inglés) en la zona del lago Chad, donde limitan los tres países.

Desde 2004, más de 27.000 personas murieron a manos de Boko Haram solo en Nigeria, según Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).

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