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Festival de Cine de Mar del Plata

Sol Berruezo: "En la infancia y la vejez sale lo más puro de la persona"

La directora participó del festival marplatense con un film que aborda la infancia y la vejez, además de retomar el mundo de los sueños, presente también en su pelìcula previa. 

Por Agustn Argento
Por Agustín Argento
24-11-2021 | 13:56
Para la trama Berruezo echa mano del relato fantstico pero desde lo onrico Foto Lara Sartor
Para la trama, Berruezo echa mano del relato fantástico, pero desde lo onírico. Foto: Lara Sartor

Sol Berruezo Pichón-Riviere llamó la atención del mundo del cine con su ópera prima "Mamá, mamá, mamá" por su sensibilidad para trabajar con niñas y el mundo onírico, algo que retoma en parte en "Nuestros días más felices", filme que en el que indaga en la infancia y la vejez, con visionado en sala en el marco del 37to. Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y también gratis online hasta el domingo.

"Hay en la infancia y en la vejez dos momentos diferentes pero que tienen algo común: ahí es donde sale lo más puro de la persona, de lo humano. No hay necesidad, o no hay fuerzas ya de esconder. Y para contar una historia, hablar desde lugares sinceros y reales se agradece", explicó la realizadora a Télam, sobre sus inquietudes a la hora de encarar el filme, que participa de la sección Argentina del Festival, aunque fuera de competencia.

Para la trama, Berruezo echa mano del relato fantástico, pero desde lo onírico. No intenta sumergirse en el género ni en la ciencia ficción, sino que toma elementos de ellos para adaptarlos a la relación entre una madre enferma, el hijo que nunca pudo salir de abajo de su ala y la hija que, en búsqueda de aire, se fue del pueblo y nunca volvió.

"Hay en la infancia y en la vejez dos momentos diferentes pero que tienen algo común: ahí es donde sale lo más puro de la persona, de lo humano. No hay necesidad, o no hay fuerzas ya de esconder" Sol Berruezo Pichón-Riviere

Una mañana, la madre se despierta y ya no es más una octogenaria, sino que se encuentra en el cuerpo de una niña de nueve años. Su hijo, con quien vive, no puede llamar a nadie porque corre el riesgo no solo de que manden a su progenitora a un hogar, sino que él mismo corre peligro de cárcel.

"Yo acababa de terminar mi primer película y había quedado muy sorprendida con el trabajo con niñas. Puntualmente con una de ellas, Matilde Creimer Chiabrando (Agatha, en 'Nuestros días más felices'), que en ese entonces tenía 7 años recién cumplidos. Tenía ganas de volver a hacer algo con ella; hay algo de 'niña vieja' en ella que siempre me llamó la atención y fue lo que me inspiró para crear esta historia", señaló la directora.

Todo desamor toda desilusin o todo deseo comienzan en la infancia dice Sol Berruezo Foto Lara Sartor
"Todo desamor, toda desilusión, o todo deseo comienzan en la infancia" dice Sol Berruezo. Foto: Lara Sartor

Así, el hijo decide acudir a su hermana. Entre idas y vueltas, ella regresa al hogar materno, y entonces empiezan a aflorar los problemas dichos y no dichos entre los tres, así como también el amor filial que los une y que los lleva a caminos que ninguno de ellos hubiera tomado en otras circunstancias.


Télam: Es tu segunda película y en ambas la niñez, si bien desde diferentes ángulos, es protagonista. ¿Qué te atrae de esa etapa?

Sol Berruezo: Me parecen dos momentos, tanto la infancia como la vejez, donde se piensa la existencia, tanto sea para intentar comprender cómo iniciarla como para comprender cómo finalizarla. Creo que ahí es el inicio de todo lo que va a venir después, todo desamor, toda desilusión, o todo deseo comienza ahí. Cómo vamos a vivir la vida siempre va a estar ligado a ese primer momento de nuestra existencia. Eso por un lado, y por otro, trabajar con niños en cine me parece una experiencia preciosa. El grado de verdad y sensibilidad que pueden aportarle a la narración audiovisual es realmente fascinante.

T: En tus historias la muerte siempre está rondando a los protagonistas.

SB: La muerte es el opuesto complementario de la vida. La complementa, la hace más sabrosa. Y creo que no hablar de la muerte en el arte es una perdida de tiempo, porque es justamente el único tema que ronda en nuestras cabezas hasta el día en que, finalmente llega. Y creo que el arte es un poco un espacio para exorcizar y jugar con nuestros fantasmas.

T: En "Nuestros días más felices" también hay un aura de redención. ¿Qué valor le das?

SB: Totalmente. Esa es la palabra. Redención. Algo así como "Perdón, hijos, si no pude ser lo que quisieron que fuera, fui lo mejor que pude, lo siento, perdoname, gracias, los amo". Creo que a eso es a lo que todos aspiramos a llegar cuando nos damos cuenta de que ya pasó la mitad de la vida y aún no logramos llegar a donde pensamos que estaríamos al llegar a esa edad. Es un miedo que creo que solo deja de ser miedo una vez que se acerca el final. Y me parecía un momento muy bello de retratar.

T: También hay una contraposición entre Leónidas y Elisa, intentan tomar caminos opuestos a los que habían tomado hasta ese momento.

SB: Ambos personajes son opuestos, pero parte de lo mismo. Leónidas termina en un momento de libertad absoluta, aquel que siempre soñó y siempre temió. En cambio, el camino de Eli es el opuesto: de la libertad extrema que poco la ha ayudado a encontrar su camino, necesita volver a su base para realmente entender hacia dónde quiere ir ella como persona y no como persona que huye. Porque ya no hay de qué huir. Ninguno tiene excusa ya para comenzar a vivir.

T: Sin entrar a lo fantástico, usás elementos del género para contar la historia.

SB: Me parece fundamental. Intento que mis relatos tengan mitad de realidad y mitad del mundo de lo onírico (que considero es donde realmente entendemos para qué estamos en el mundo). Creo que lo fantástico/onírico realza lo real, y que es un elemento exquisito para usar en lo audiovisual y contar una realidad desde un lugar diferente.

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