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Colombia - entrevista

"Estamos en una crisis extrema en materia de implementación" del acuerdo de paz

El diálogo con Télam, la legisladora colombiana Victoria Sandino, que encabezó la subcomisión de Género en las negociaciones de La Habana, expresó su "esperanza de que llegue un nuevo gobierno" que se comprometa con "una paz completa".

Telam SE
20-11-2021 | 18:31
Foto AFP
Foto: AFP.

El acuerdo de paz de 2016 fue "positivo y hay que saludarlo, por lo que significó después de 53 años de confrontación", pero el país está en "un momento de crisis extrema en materia de implementación integral", advirtió la senadora colombiana Victoria Sandino, del partido Comunes, la fuerza en la que derivaron las FARC, que, reconoció, "tampoco llenó la expectativas" de los y las firmantes del entendimiento "ni de la sociedad colombiana".

En una entrevista con Télam, Sandino –periodista, feminista, de identidad negra-, que encabezó la subcomisión de Género en las negociaciones de La Habana, expresó su "esperanza de que llegue un nuevo gobierno" que se comprometa con "una paz completa".

Especialista en Multimedia para la docencia y magister en Igualdad y Equidad en el Desarrollo, con estudios de Sociología en marcha, Sandino integró las FARC desde 1993 y fue cercana al exjefe de la guerrilla Alfonso Cano.

Los tramos salientes de la entrevista son los siguientes:

-Télam: ¿Qué balance hace del acuerdo y su marcha, cinco años después?

-Victoria Sandino: Hay que resaltar que efectivamente Colombia dio un paso fundamental hacia la paz con un acuerdo que parecía imposible después de 53 años de confrontación. Eso es positivo y hay que saludarlo. Pese a la trampa, al engaño de los opositores con un plebiscito que no debió haberse realizado, la esperanza de paz de la gente es grande, especialmente en los territorios, en las comunidades más afectadas. Tenían la esperanza de la implementación temprana, esto es, que se pudiera concretar la reforma rural integral o la implementación efectiva de los planes de desarrollo con enfoque territorial y de género. Pero esto no pasó.

En vez de asumir un Gobierno comprometido con el acuerdo, lo que tuvimos, por el contrario, fue un Gobierno absolutamente enemigo de la paz, que se empeñó en simular el acuerdo. A nivel internacional, simula cumplir el acuerdo, habla de la paz, de su compromiso, pero en el territorio la realidad es otra. No hay presupuesto, no hay compromiso en materia de seguridad (llevamos más de 300 firmantes asesinados en forma violenta), y el gobierno no le garantiza la vida a nadie. La reincorporación fue dispersa, incompleta…


-T: No parece un balance auspicioso.

-VS: El balance en términos generales no es positivo. Lamentablemente, el gobierno no tuvo ese compromiso real. Estamos en un momento de crisis extrema en materia de implementación integral. La única esperanza es la llegada de un nuevo gobierno de transición de la guerra hacia la paz, con la implementación integral y la búsqueda de una paz completa.


-T: A la distancia, ¿considera que el texto era el indicado? ¿Lo volvería a impulsar?

-VS: El texto del acuerdo es muy completo; es el mejor acuerdo posible que se pudo lograr. El problema no es el texto: es la voluntad de paz de los mandatarios y de quienes están en el Estado. Las 310 páginas son muy significativas, completas. No pretendíamos lograr la Revolución en la mesa de negociaciones, pero sí establecer las bases sólidas para la transformación del país, para continuar la lucha por otros medios, para cambiar la realidad de desigualdad, inequidad, de atraso en las zonas rurales. Queríamos transformar, reparar las vidas de esas poblaciones que padecieron el conflicto.


-T: Usted hizo públicas las diferencias con la conducción de Comunes. ¿Qué visión supone que tiene la sociedad de las exFARC?

-VS: Lamentablemente, como el acuerdo está en crisis, el partido surgido del acuerdo también está en crisis. El partido no llenó las expectativas de los y las firmantes del acuerdo ni de la sociedad colombiana, sobre todo en las poblaciones, en las comunidades que creyeron en la paz y que nos conocieron en la lucha revolucionaria de tantos años.

Mucha gente tuvo la esperanza de que al pasar a la vida civil estaríamos en los territorios, acompañando las luchas sociales, en primera línea. Y la verdad es que eso no sucedió. Es como si la dirigencia hubiese perdido la vocación de poder. Y esa es parte de mis críticas a la dirigencia. Yo dije en algunos escenarios que el antiguo secretariado tuvo condiciones, inteligencia y capacidad para conducir la guerra y llevarnos al acuerdo de paz, pero no tuvo esa misma capacidad para la conducción política del partido. Entre otras tenemos esas críticas, esas dificultades, con el agravante de que aún siento yo que ese antiguo secretariado no perdió el chip de dar órdenes, de creer que tiene la verdad, de no permitir el debate para que las decisiones sean democráticas y colectivas.

Seguimos exigiendo nuestro derecho a la reincorporación política, y esto se expresa, por ejemplo, en la manera en que se van a elegir quienes van a la Cámara de Representantes y al Senado. Por mis críticas, por mis llamados de atención sobre esta problemática interna, fui excluida de eso, pese a que hice una buena labor en el Congreso, según considero y según balances de la comunidad y sectores especializados. Hoy estaría fuera del Congreso para el próximo periodo.


-T: ¿Evalúa que con los años cambió la mirada de la sociedad respecto del acuerdo?

-VS: El Gobierno y la oligarquía desarrollaron la guerra no solo a través de las armas y de distintas acciones militares y paramilitares, sino también una guerra mediática, de estigmatización de señalamientos, de demonización. Y de esta manera la oposición al acuerdo, que hoy es Gobierno, hizo una campaña nefasta con falacias y engaños, diciéndole a la sociedad que se le iba a entregar el país a las FARC, que nosotros decidiríamos el rumbo del país.

La percepción de la gente creo que cambió porque ahora sabe que no es realidad que las FARC tomarían el país o que prácticamente gobernaríamos. Pero sigue la estigmatización, esa labor de demonización, de contar que el único malo fue la insurgencia. Eso no paró.

Hay una clara intención de seguir sembrando el odio, el miedo y el rechazo a lo que representamos como insurgencia, como lucha armada, como resistencia armada a la violencia estatal. Es como si quisieran enterrar cualquier indicio de dignidad y de coherencia política de una guerrilla de tantos años.

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