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Cocinan y piensan proyectos juntas para reconstruir sus vidas luego de ser víctimas de violencia

Una experiencia de trabajo y solidaridad busca que mujeres sobrevivientes de situaciones de violencia de género, puedan otra vez retomar sus vidas.

Por Silvina Molina
Por Silvina Molina
20-11-2021 | 16:18

Una cocina comunitaria es el escenario que reúne a mujeres sobrevivientes de violencia de género.

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Una cocina comunitaria es el escenario que reúne a mujeres sobrevivientes de violencia de género, quienes entre olores, sabores, risas y confidencias aprenden a elaborar comidas y estrategias de venta en un proceso impulsado por el sector privado, una ONG y el Estado para que ellas reconstruyan sus vidas.

Son 15 mujeres con delantales azules y pañuelos naranja cubriendo sus cabellos las que se mueven rápidamente preparando la 'mise en place' para la clase de pastelería del día, en el salón del Centro Comunitario Acá Sí, del barrio de Cascallares, en el partido bonaerense de Moreno.

Es un día especial porque la clase está a cargo de Silvina Rivero, una pastelera que se hizo famosa en Twitter a través de su perfil @Silnari, en el cual comparte recetas que creó su emprendimiento Granas Dulces en pandemia y cambió así su vida: pasó de ser administrativa a gestionar su proyecto laboral.

La pastelera llega invitada por la empresa distribuidora de gas Naturgy, que hace dos meses puso en marcha en Moreno su programa Energía del Sabor, que desde 2016 capacita a personas en situación de vulnerabilidad en el oficio gastronómico, propiciando la inserción laboral o la creación de microemprendimientos.

Son 15 mujeres con delantales azules y pauelos naranja cubriendo sus cabellos las que se mueven rpidamente preparando las comidas Foto Lara Sartor
Son 15 mujeres con delantales azules y pañuelos naranja cubriendo sus cabellos las que se mueven rápidamente preparando las comidas. Foto: Lara Sartor

"La salida de las violencias requiere una política integral donde participa toda la comunidad, de diferentes maneras, y esta articulación es una de ellas. Vamos por la transformación cultural donde todas las personas tengamos la posibilidad concreta de desarrollarnos en libertad, libre de violencia", analiza Gisele Coronel, subsecretaria de Género del municipio.

El trípode de la iniciativa se completa con la Asociación Civil Siloé. Su presidenta Cristina Silvoso destaca el trabajo en redes, que -dice- "contiene y acompaña a tantas mujeres dañadas por el sistema injusto y patriarcal en el que vivimos. Este convenio materializa estrategias de solución para las vecinas de la comunidad de Moreno".

Moreno "bajó en un 80 por ciento la tasa de femicidios respecto del año pasado", cuentan a Télam desde el municipio.

Para la intendenta Mariel Fernández, ese descenso se debe "en especial a las promotoras de género. Gran parte de este resultado es por su labor".

En ese territorio del oeste bonaerense hay 550 promotoras de género "Micaela García" formadas y capacitadas y 30 Puntos Violeta, que son lugares de escucha, asesoramiento y derivación para la prevención de la violencia de género.

Un mapa con la ubicación de los Puntos Violeta está en la entrada del centro comunitario, donde se huelen los ingredientes que se van a convertir en scones de queso y muffins de chips de chocolate durante la clase de pastelería.

La primera en llegar al salón es Ana (32 años), mamá de tres niñas, quien accedió hace cuatro meses al Acompañar, un programa del Gobierno nacional que brinda ayuda económica y acompañamiento a mujeres y población LGBTIQ+ en situación grave de violencia de género.

La ayuda económica es por seis meses, no requiere de denuncia judicial, es compatible con otras asistencias estatales y para ponerlo en marcha es necesaria la firma de convenios de Nación con provincias y municipios.

Cooperacin solidaridad y trabajo conjunto para construir un camino de trabajo y bienestar Foto Lara Sartor
Cooperación, solidaridad y trabajo conjunto para construir un camino de trabajo y bienestar. Foto: Lara Sartor

"El programa Acompañar es una política que previene femicidios", dijo en una entrevista con Télam, Elizabeth Gómez Alcorta, ministra de las Mujeres, Géneros y Diversidad.

Con el dinero de este programa, Ana arregló su casa.

"Él -su victimario- rompió todo. Con la plata del Acompañar arreglé un poco la casa, compré materia prima y algunos moldes para hacer pan dulce para vender ahora que viene Navidad. Voy promocionando por WhatsApp", cuenta a Télam esta mujer que está aprendiendo un oficio en esa cocina.

"Antes, yo me tiraba abajo. Mirá ahora todo lo que hago", dice y sonríe.

La profesora permanente del proyecto es Abigail Espinosa, contratada por Siloé, que se ocupó de investigar cuál es la realidad gastronómica del barrio Cascallares y así pensar qué habilidades compartía con las alumnas.

"Ellas están rearmando sus vidas, son muy participativas, avanzan. Les damos herramientas para mejorar su alimentación, la de sus familias y es una salida laboral", comparte la profesora.

Soledad (25) recibe su delantal y espera también el inicio de la nueva clase, mientras relata que vive en un hogar junto a sus tres niñas.

"Hace bastante estoy en el hogar porque me fui sin nada, ni DNI tenemos, así que de a poco estamos saliendo. Me gusta la pastelería, estoy ejercitando. Le hice la torta de cumpleaños a mi nena de 5 la otra semana. Yo quiero tener mi ingreso para que podamos alquilar", narra.

Foto Lara Sartor
Foto: Lara Sartor

A su lado está Claudia con su hijo que se suma a la charla y cuenta que con el dinero del Acompañar se compró una máquina de coser y que espera ansiosa la clase de costos gastronómicos de la semana próxima para lanzarse con sus comidas.

También Fernanda se muestra entusiasmada con las comidas que va aprendiendo: "Viste que a nosotras nos pasaron cosas, tenemos historia", explica, y no hace falta preguntarle nada más.

Un niño juega entre las piernas de su mamá y otro trajo su pelota para entretenerse.

El poder traer a sus hijos a la clase es algo que las mujeres valoran, porque en casi ningún espacio de capacitación pueden hacerlo, y no tienen con quién dejarlos, o tienen miedo de dejarlos. Miedo al violento.

Ahora sí, Silvina Rivero comienza a cocinar.

Antes, en la cocina había conversado con Télam: "Me gusta este mix entre pastelería y solidaridad. Este proyecto es maravilloso. Es fundamental que ellas tengan un oficio. Eso les va a dar libertad para subsistir y salir de la violencia".

Mientras la pastelera desarrolla la receta, les da tips y les cuenta que hace muy poco tiempo comenzó con su emprendimiento, las mujeres le preguntan, le cuentan que las paltas, tan codiciadas en la alimentación diaria y costosas, se consiguen fácil en el barrio porque hay muchos árboles, y la charla sigue rumbo hacia los recursos comunitarios que tienen para generar otro proyecto de vida.

Ya lo están haciendo, lo saben y lo disfrutan.  

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