Cultura

13-11-2021 16:05 - Entrevista

Eduardo Berti: "Trabajé como esos pintores que dan unos pasos atrás antes de seguir con su cuadro"

Presentado por el autor como "una ficción construida a partir de una experiencia real", "Una presencia ideal", editado en la Argentina por Compañía Naviera Ilimitada, condensa las experiencias documentadas por Berti (Buenos Aires, 1964) en su paso por ese hospital entre abril y diciembre de 2015 pero tamizadas por la edición y la invención de nombres, datos e identidad de los protagonistas.

Por Emilia Racciatti
Por Emilia Racciatti
13-11-2021 | 16:05
Eduardo Berti Buenos Aires 1964
Eduardo Berti (Buenos Aires, 1964)

El escritor y traductor Eduardo Berti aborda en su libro, "Una presencia ideal", el trabajo desarrollado en la unidad de cuidados paliativos del hospital universitario de la ciudad de Rouen, en Francia, y a través de los testimonios de los trabajadores, pero en especial de las trabajadoras, construye una obra que potencia la mirada sobre los cuidados, las urgencias y las palabras que se revalorizan ante la cercanía de la muerte.

Presentado por el autor como "una ficción construida a partir de una experiencia real", el libro editado en la Argentina por Compañía Naviera Ilimitada, condensa las experiencias documentadas por Berti (Buenos Aires, 1964) en su paso por ese hospital entre abril y diciembre de 2015 pero tamizadas por la edición y la invención de nombres, datos e identidad de los protagonistas.

"Si hay algo que uno aprende rápido en este oficio, es a callarse cuando no hay nada que decir", dice una enfermera, mientras que una auxiliar de enfermería señala: "Lo peor que podemos hacer es hablar de ellos como si no estuvieran presentes", mientras que otra afirma: "Hablar de la muerte y el sufrimiento no es para todo el mundo. Así que me callo. Los protejo".

Las historias se van entrelazando a través de testimonios que retratan las contradicciones de los vínculos laborales, familiares o de pareja. Pero si bien es un libro donde la muerte es inminente y está omnipresente, Berti asevera en diálogo con Télam que es una novela sobre la vida y ésta parece proyectarse en los decires: los de las trabajadoras sobre los alcances de la enfermedad, o de los pacientes que, ante la cercanía de un final confiesan hechos no revelados hasta ese momento.

-Télam: ¿Cómo recordás la primera visita al Centre Hospitalier Universitaire (CHU)? El libro comienza con el testimonio de alguien que muestra reticencia pero luego va cambiando porque a medida que pasan las páginas se percibe un deseo por hablar.

-Eduardo Berti:
El primer texto es una especie de declaración de principios de mi parte y también de parte del personal sanitario. A través de ese texto intenté una especie de pacto con el lector. Porque pongo en labios de esa primera narradora una serie de cosas que yo no quise hacer y una cantidad de temores que muchos miembros del personal sanitario compartieron conmigo: la exageración con la que a veces se representa el mundo médico en el terreno de la ficción; lo arduo que les resulta a ellos hablar de su trabajo (las muertes, el dolor, etc. ) con gente ajena a su medio profesional, incluso con sus propios familiares… No fue el primer texto que escribí para el libro. Sin embargo, en cuanto lo escribí supe que iba a ponerlo al comienzo. En mi caso personal, no me enfrenté a grandes reticencias. Al contrario, me recibieron con los brazos abiertos y sentí que se abrían con gran confianza. Por supuesto, la confianza fue aumentando con los días. Algo así es inevitable.

-T: ¿Cuánto tiempo asististe al CHU y cómo siguió tu vínculo después de finalizar la residencia médico-literaria?

-E.B.:
La idea inicial era que yo pasase dos o tres semanas en el hospital y que escribiera un texto de 5 o 10 páginas. Esto era todo. Pero la experiencia fue tan potente que, cuando quise darme cuenta, tenía varios cuadernos llenos de apuntes: cosas que iba charlando con las enfermeras, con los médicos, con todo el personal de la unidad; cosas que veía, que sentía o que imaginaba. El paso siguiente fue explicarles que quería escribir un libro, no un simple texto. Que necesitaba escribir un libro y que el libro ya se había puesto en marcha, sin pedirme permiso. Finalmente estuve unos seis meses, pero con pausas. Yendo y viniendo. Hacía pausas y tomaba distancia porque deseaba volver a casa y estar con mi familia. Pero también porque me hacía bien: respiraba, reflexionaba, renovaba la mirada, pensaba qué otros enfoques eran posibles, qué aspectos no había explorado todavía… Trabajé como esos pintores que dan unos pasos atrás antes de seguir con su cuadro.

-T: El decir es un tema que aparece mucho: qué decir, cuándo, cómo. ¿Eso se trasladó a las charlas que tenías con los distintos trabajadores y trabajadoras?

-E.B:
Las charlas fueron muy relajadas y nada formales. No las abordé como un periodista o como un "investigador". Traté de fundirme en sus tareas cotidianas y ellas me lo permitieron. Me invitaban a compartir, por ejemplo, las reuniones que coincidían con los cambios de turno: cuando los equipos de la mañana, por ejemplo, reciben a los equipos de la tarde y les informan sobre el estado general de la unidad y el estado individual de los pacientes.

 Hablar de la muerte y el sufrimiento no es para todo el mundo As que me callo Los protejo asegura el autor
"Hablar de la muerte y el sufrimiento no es para todo el mundo. Así que me callo. Los protejo", asegura el autor.

-T: ¿La unidad de cuidados paliativos es un lugar en el que la palabra circula con un peso especial?

-E.B:
En una unidad así, la palabra puede ser sanadora. Puede aliviar. El eje es el cuerpo, sin dudas; se trata de aliviar el dolor físico, que es uno de los grandes objetivos de los cuidados paliativos. Pero también existe el anhelo de paliar sufrimientos o angustias que no son solamente algo físico. Al mismo tiempo, la palabra de los pacientes (o de sus familiares) puede impactar o conmover al personal sanitario. Me pasó más de una vez que una enfermera, al contarme algún episodio del pasado, se detenía especialmente en una frase o en unas palabras que le había dicho tal o cual paciente. Tanto es así que en la unidad donde yo estuve (la de la ciudad de Rouen, en Francia) llegó a haber, fugazmente, una especie de cuaderno o de "registro colectivo" donde el personal sanitario apuntaba, cada tanto, ciertas cosas dichas por los pacientes.

-T: En su mayoría son mujeres las que realizan estas tareas. ¿Cómo leés ese dato?

-E.B.:
Más allá de mi mirada al respecto, quise tener sobre todo las lecturas de ellas. Y las fui volcando en el libro. Una de sus teorías, que yo pongo en boca de una médica, dice que desde el comienzo de los tiempos han sido las mujeres, las parteras, las que ayudan y acompañan durante el parto; y que entonces, "por un efecto de simetría", son las mujeres las que también ayudan y acompañan a la hora de la muerte, cosa que "les viene a los hombres como anillo al dedo".

-T: ¿Qué repercusiones tuviste entre los integrantes del CHU cuando se publicó el libro?

-E.B.:
Fui teniendo diferentes repercusiones. En medio de mi residencia, cuando estaba en plena escritura del libro, organizamos una sesión de lectura muy sencilla. Les leí en voz alta unos nueve o diez capítulos del libro. Fue muy emocionante y muy tranquilizador que me dijeran que se "reconocían". Más tarde, cuando se publicó el libro, muchas de ellas me dijeron que estaban orgullosas de haberme ayudado a escribir un libro que valoriza su trabajo. Entre medio, antes de publicar el libro, pedí la ayuda de tres personas de la unidad. Les di el texto, que era entonces un "manuscrito"; les pedí que lo leyeran y que me dijeran, sobre todo, si había algún error en las cuestiones médicas o sanitarias. Si bien yo me tomé libertades e introduje algunos ingredientes de ficción, desde un primer momento quise ser muy fiel con su mundo profesional. Ese mundo fue el zócalo, digamos, sobre el cual yo fui combinando ficción y hechos reales.

Berti: "Me pregunté cómo es llevar una vida cotidiana en un ámbito donde la muerte es omnipresente"


Ante la propuesta de trabajar en una residencia médico-literaria en la ciudad natal de Gustave Flaubert, hijo de un antiguo director de la Escuela de Rouen, Eduardo Berti aceptó y se dispuso a compartir dos o tres semanas en un hospital de esa ciudad francesa pero ese tiempo se extendió y el proyecto se convirtió en un libro: "Una presencia ideal" que alude a la postura a tomar ante los pacientes en una unidad de cuidados paliativos.

"Tengo una hija de treinta años que también es médica y eso nos acerca. Con frecuencia le digo que los demás se equivocan cuando aseguran que un buen profesional debe encontrar la distancia ideal con los pacientes. Le digo que lo que tenemos que encontrar es la presencia ideal", explica una médica.

El libro llega a la Argentina en una etapa de pandemia sin las restricciones del 2020 pero con el peso de las vivencias de tiempos de cuidados, temores ante la imposibilidad de la atención médica o ausencia de rituales para enfrentar los últimos días y la muerte de seres queridos. Sobre cómo se resignifica este trabajo en este contexto, Berti también habló con Télam en esta entrevista.

-T: Esta residencia fue en 2015, en un tiempo muy lejano al de la pandemia que todavía vivimos, más leve pero presente. ¿Cómo creés que se resignifica en este contexto este libro, teniendo en cuenta el estrés de los trabajadores y trabajadoras de la salud y la imposibilidad de despedida de sus familiares y amigos?

-E.B:
La pandemia no solamente resignificó el trabajo del personal sanitario (creo que, en rasgos generales, la sociedad valoró mucho esto último en los tiempos de Covid), sino que también, alteró los ritos de despedida entre los enfermos y sus seres queridos. Y también puso a la muerte más en primer plano. A estas tres cosas yo añadiría que, cuando el libro salió en 2017, hubo algunos lectores, libreros o periodistas que no tuvieron empacho en decirme "lo siento, pero no voy a leerlo debido al tema que toca". Esto sigue ocurriendo tras la pandemia, pero a una escala mucho menor. Lo constato con la traducción al inglés, que acaba de salir en Estados Unidos, y con las dos traducciones al castellano: la que salió en España hace casi un año y la que ahora lanzó Compañía Naviera Ilimitada en la Argentina.

-T: Los textos están todos en primera persona, ¿siempre pensaste en ese formato o estuvo la posibilidad de presentarlos de otra manera?

-E.B:
Desde un principio supe que me interesaba contar este mundo (el de una unidad de cuidados paliativos) desde la perspectiva del personal sanitario. Para la mayoría de nosotros, el mundo hospitalario es algo extraordinario: un lapso de nuestra vida en el que nos toca ser pacientes o acompañar a un amigo o a un familiar al que le tocó ser paciente. Lo interesante de esta otra perspectiva es que para el personal sanitario este mismo mundo es ordinario. Es su vida cotidiana. Mi libro se pregunta, justamente, cómo es llevar una vida cotidiana en un ámbito donde la muerte es omnipresente.

Pese a que hay ingredientes de ficción, pese a que hay un trabajo de escritura y de reelaboración, quise que el personal sanitario llevara adelante la narración. Poco después tuve la idea formal: una cadena de voces en primera persona, un libro donde cada una de las personas que conforman la unidad (médicos, enfermeras, asistentes, camilleros, personal administrativo, voluntarios) van tomando la palabra, como en ronda. Como digo en el prólogo, para esta forma me inspiró un libro llamado "Compañía K" cuyo autor, el estadounidense William March, peleó en la primera guerra mundial. March hace que cada uno de los miembros de esa unidad militar que él integró tome la palabra y cuente algo sobre su experiencia bélica. Muchos de ellos murieron en la guerra, de modo que March les concede algo así como una última palabra… A mí me resultó muy interesante usar la misma estructura para presentar, un siglo más tarde, una unidad mayormente femenina (no masculina, como en el libro de March) que, a diferencia del ejército y su máquina de matar, sería más bien una máquina de aliviar la muerte y de calmar el dolor.

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