25/09/2021 20:20 - Reloj no marques las horas

Cmo la nueva percepcin del tiempo impacta sobre el ocio y el amor

El Indec relevar en octubre, por primera vez, en qu usan el tiempo los argentinos.Por qu la pandemia -con su cuota de muerte, de fragilidad y de esclarecimiento sobre en qu medida hay dbiles y poderosos- tampoco alter la hiperactividad?El "yo ansioso" corresponde con el ritmo que impone el capitalismo? Repensamos hoy todas las cuestiones alrededor del amor en parte porque su comps nos genera extraeza?

Por Ana Clara Prez Cotten

"No se puede amar lo que tan rápido fuga", José Watanabe.
"No se puede amar lo que tan rpido fuga", Jos Watanabe.

El tiempo est roto. Mientras el mundo laboral se debate entre una virtualidad que condena a la alienacin de la pantalla y una presencialidad de los cuerpos que parece haber perdido brillo, el ocio o la posibilidad de vivir una historia de amor a contramano de esa temporalidad tambin se ven amenazados por la lgica productiva y opacados por el velo de la ansiedad, que dej de ser un simple trastorno individual para propagarse como una forma de estar en el mundo.

A unos pocos, la pandemia les ofreci una gran pausa de reencuentro, en el resguardo del hogar, entre series y lecturas o como custodios de los ciclos del leudado de la masa madre. Para la mayora, en cambio, increment la angustia por la diversificacin de tareas en un mismo plano temporal y espacial, aceler la demanda de productividad y profundiz una virtualidad que permiti una forma de estar an ms ausente. El escenario se reg con consejos de gurs y con un corpus bibliogrfico que sistematiza tips y estrategias que, en definitiva, solo apuntan a garantizar la supervivencia y a regular el estado de cosas.

La cuestin tiene tal relevancia que el Indec, el organismo encargado de implementar la poltica estadstica del Estado Nacional, iniciar en octubre la primera Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) para saber en qu y cmo usan el tiempo los argentinos.

Por qu la pandemia -con su cuota de muerte, de fragilidad y de esclarecimiento sobre en qu medida hay dbiles y poderosos- tampoco alter la hiperactividad?El "yo ansioso" corresponde con el ritmo que impone el capitalismo? Repensamos todas las cuestiones alrededor del amor en parte porque su comps nos genera extraeza?

“No hay tiempo, no hay hora, no hay reloj / no hay antes ni luego ni tal vez”, frasea el cantautor uruguayo Fernando Cabrera en “La casa de al lado”, una cancin que podra ser la banda de sonido de la poca.

En 2009, el filsofo coreano-alemn Byung-Chul Han, conocido por diagnosticar con ingenio y condensar en conceptos, advirti en su ensayo “El aroma del tiempo” que asistimos a una crisis temporal. Segn el autor, no estamos ante una aceleracin del tiempo sino ante la atomizacin y dispersin temporal -a la que llama disincrona- que hace que cada instante sea igual al otro y que no exista ni un ritmo ni un rumbo que d sentido y significacin a la vida. Propuso un camino que an parece virgen: “La crisis temporal solo se superar en el momento en que la vita activa, en plena crisis, acoja de nuevo la vita contemplativa en su seno”.

Doce aos y una pandemia despus, el escritor italiano Alessandro Baricco escribi “Lo que estbamos buscando” (Anagrama, 2021), un ensayo breve de hiptesis arriesgada: la pandemia era algo que estbamos buscando, la necesitbamos para construir un nuevo mito explicativo sobre la espasmdica necesidad que tenemos de detenernos. Sin negar los millones de muertos y las consecuencias econmicas devastadoras, Baricco sostiene que la pandemia fue “un grito de cansancio y de rebelin” y la recuperacin “es un retornar extrao y desenfrenado, dictado por la necesidad de reactivar la economa, pero con una grieta que hiere el sentido de las cosas, una grieta indeleble”. “Algn da nos detendremos”, promete.

El libro de Michelson, recientemente editado por Paidós.
El libro de Michelson, recientemente editado por Paids.
La psicoanalista chilena Constanza Michelson -autora de “Capitalismo del yo”, el libro recientemente editado en el pas en el que hace debatir al psicoanlisis con asuntos como el amor, los feminismos, el duelo y la poltica- retoma desde Santiago durante una charla con Tlam la primera etapa de la pandemia para explicar el estado de situacin. “El primer ao hubo un sntoma que fue bastante generalizado: el insomnio y a la vez la presencia de un soar de intensidad inaudita. Tanto el no poder dormir, como la presin por soar, es decir, por elaborar simblicamente una noche demasiado oscura, hablan de que algo cay de manera masiva. Nos asustamos en serio. Apareci la muerte demasiado cerca, y un enemigo intratable, un virus ni siquiera es considerado un ser vivo. Ese tipo de experiencia es la que potencialmente mueve la aguja”, sostiene y advierte que acomodarnos al lenguaje de las cifras de contagios y de fallecidos tuvo un efecto, no fue gratuito. “Como escribi Canetti, el problema de hablar en cifras es que entonces comenzamos a redondear la muerte, luego ya no se siente que en realidad `un muerto ms un muerto, no son dos muertos. Los lenguajes contemporneos desensibilizan. Y todo el asunto virtual, que en principio sirvi para seguir conectados, aceler an ms el tiempo y adems, nos permiti estar an ms ausentes de las cosas”, explica.

Constanza Michelson es psicóloga por la Universidad Diego Portales (Chile) y Magíster en Psicoanálisis.
Constanza Michelson es psicloga por la Universidad Diego Portales (Chile) y Magster en Psicoanlisis.

La psicoanalista indaga en algunas de las prcticas que se popularizaron en los ltimos meses, como asistir a una clase con la cmara apagada. “Podemos estar sin estar. O si es grabada, consumirla, como se consume cualquier cosa, en el momento en que queramos. Se profundiza nuestra forma de estar en el mundo como turistas o clientes, que no solo siempre tienen la razn sino que, adems, son incapaces de responsabilizarse por nada”, considera Michelson.

El filósofo y psicoanalista Luciano Lutereau.
El filsofo y psicoanalista Luciano Lutereau.

De este lado de la Cordillera, el psicoanalista y doctor en filosofa Luciano Lutereau aclara que la pandemia no fue una detencin de productividad, porque “el mundo mismo de la productividad es el que caus la pandemia”. “El primer resultado de las restricciones que impuso el virus fue la virtualizacin de la vida y la explotacin emocional de muchas personas que no estaban preparadas para el trabajo en lnea, ampliando an ms la brecha entre los que podan alienarse ms para seguir el ritmo y los marginados”, recupera y cree que si bien hoy estn dadas las condiciones para revisar nuestra idea de trabajo, para democratizarlo y generar mayor accesibilidad, “nuestra sociedad necesita la explotacin”. “Es cada vez ms claro que, por ejemplo, el empleo presencial no es necesariamente productivo pero se lo necesita para expropiar al trabajador de su tiempo”, sostiene e invita a repensar qu implica la presencialidad si se la entiende como dogma.

Cul es el impacto de esa aceleracin en el individuo y en la forma en que nos relacionamos? “Como escribi Sloterdijk: los ansiosos y abreviadores han sido el mayor grupo de presin psicopoltico en la historia. Cosas como esperar nos tensionan, nos obligan a dar algo de subjetividad, es decir, `dar lo que no se tiene`, precisamente la frmula del amor. Y ese dar incomoda, es riesgoso tambin; el ser humano moderno se las ha arreglado para acortar las distancias entre el deseo y su satisfaccin”, sostiene Michelson.

La secularizacin del mundo hizo lo suyo con el fin del "ms all", y la potencia tcnica de la modernidad ha hecho posible cumplir el anhelo de acortar las distancias y la espera. “Hay tantas cosas que ya no se esperan. Por ejemplo, leer las noticias no significa esperar a la maana, o esperar que alguien llegue a su casa para poder llamarlo, comer ciertas frutas que antes solo se daban en una temporada. Los ritmos de casi todo se van interviniendo para acelerarlos. Ya no hay para que `dar lo no que no se tiene, lo que, por supuesto tiene implicancias en el amor, no solo hacia las personas, tambin hacia nuestras cosas y actividades”, sostiene la psicoanalista y advierte que la instantaneidad resta mirada: “La mirada de la hiperactividad es desatenta, ansiosa, que consume, pero no desea; porque el deseo requiere de una distancia, de un ms all. Las cosas hoy estn demasiado 'ac', en una cercana medio asfixiante”. La ansiedad ya no es un trastorno, sino una forma de estar en el mundo. “Que trampa la que nos pegamos: hicimos la luz y perdimos la noche, la inmediatez de la satisfaccin es una zancadilla al disfrute. Y al aire. No es menor que los ataques de angustia sean el sntoma de la poca”, indica Michelson.

"Y sin embargo el amor", el libro de Alexandra Kohan que abrió camino y motorizó varios debates.
"Y sin embargo el amor", el libro de Alexandra Kohan que abri camino y motoriz varios debates.
Y sin embargo el amor”, el libro de la psicoanalista Alexandra Kohan que va por la cuarta edicin y que articul varios de los debates del ltimo tiempo al reformular la discusin del feminismo, la poltica y los vnculos, abri camino para repensar el desencuentro de estas dos temporalidades. La autora sostiene que cuando el amor irrumpe, lo hace fuera de tiempo y lugar: “Nunca es el lugar ni el momento justo. La irrupcin de Eros es, ella misma, la cifra del destiempo y del desquicio, de la contingencia, del acontecimiento, de la descolocacin y de la sorpresa”.

Una amplia gama de artculos, podcast y libros buscan, con consejos y rutinas que van del running a la pintura de mandalas, aplacar la incomodidad que genera el desfasaje temporal entre lo que propone la rutina y el pulso interior. Lutereau va ms all y plantea la paradoja de una poca que produce saberes sobre los vnculos y que teoriza mucho la pareja, pero en la que cuesta cada vez ms vivir una historia de amor: “Hoy las historias de amor se volvieron insoportables. Rpidamente se las diagnostica o se dice que no son amor, o se las clasifica y se plantea como deberan haber sido las cosas. Una historia de amor es algo que est fuera del tiempo. Muchas veces, adems, son tristes”, sostiene.

La misma letra de Cabrera que empieza con “No hay tiempo, no hay hora, no hay reloj”, habilita, en los ltimos versos, una lectura para profundizar el debate: “Por eso te pido una vez ms, tomatelo con tranquilidad / puede ser ayer nunca o despus, pero tu amor dame alguna vez”.