09/09/2021 21:56 - Iniciativas

Bibliotecas y talleres literarios en crceles: las bombas molotov de la literatura universal

Las experiencias queAna Sicilia,Luciana De Mello, Mara Elvira Woinilowicz yElsa Drucaroff motorizaron en las crceles argentinas demuestran hasta qu punto el acceso a la literatura puede ser tambin una puerta a la libertad.

Por Mercedes Ezquiaga

Sicilia es lectora asidua en la biblioteca de su natal Adrogué y comunicadora social por la Universidad de Quilmes.
Sicilia es lectora asidua en la biblioteca de su natal Adrogu y comunicadora social por la Universidad de Quilmes.

Los libros, la literatura y las lecturas se despliegan como espacios liberadores y catrticos, ofreciendo diferentes prismas, a veces impensados, en contextos de encierro, con proyectos como el que lleva adelante la periodista Ana Sicilia, "Libros en los pabellones" que reparte ejemplares a personas privadas de su libertad en crceles de todo el territorio argentino, los talleres literarios que fundaron Luciana De Mello y Mara Elvira Woinilowicz en Devoto o las clases que dictaba la escritora Elsa Drucaroff en el Centro Universitario de Ezeiza, como parte de la carrera de Letras de la UBA.

Hace cuatro aos que la periodista Ana Sicilia, lectora asidua en la biblioteca de su natal Adrogu y comunicadora social por la Universidad de Quilmes, comenz a transitar las crceles bonaerenses para llevar libros, ejemplares entregados en mano a las personas privadas de su libertad, una iniciativa que apunta a descentralizar las bibliotecas -a ponderar la calidad por sobre la cantidad- y que este ao se extendi a varias provincias de la Argentina.

“Empec como tallerista en la Unidad 9 de La Plata. En el tercer encuentro les dije a los chicos ‘si queremos seguir escribiendo y nutrirnos tenemos que tener una biblioteca ac’. La respuesta siempre es: biblioteca hay en todas las crceles. Pero con qu libros? y el acceso? Estn en el colegio de la unidad, o en la otra punta y no siempre te abren el candadito para que puedas acceder en cualquier momento. Ped donaciones y armamos nuestra propia biblioteca en el saln para tenerla a mano. Ah se abri sin querer el primer paso de lo que despus sera Libros en los Pabellones”, cuenta Sicilia en dilogo con Tlam.

Sicilia hizo convocatorias por Twitter para juntar libros y su proyecto se multiplica cada día.
Sicilia hizo convocatorias por Twitter para juntar libros y su proyecto se multiplica cada da.

Una convocatoria va Twitter provoc en aquel entonces un aluvin de donaciones -que siguen al da de hoy- y que Sicilia comenz a cargar de manera laboriosa en su auto y llevar a los penales: “Al tiempito me llamaron de la unidad 43 de Gonzlez Catn para que arme lo mismo. Al mes, otra ms en el pabelln de mxima seguridad. Y esta tercera biblioteca es mvil, la hicieron los internos en el taller de carpintera, y le pusieron mi nombre. Fue con esa tercera biblioteca que se abri este camino con ms potencia porque claramente hay que descentralizar la biblioteca. El libro tiene que estar en el pabelln y la lectura en las celdas”, enfatiza la periodista.

“Ya perd la cuenta de las bibliotecas que armamos en los pabellones. El ltimo ingreso fue a la unidad 6 de Rawson y vino un interno a pedirme puntualmente si tena algo de Maquiavelo. A veces hay algn que otro pedido especial y en el siguiente ingreso siempre los llevo. Otra vez un interno de Olmos me dijo que le gustaba Gabriel Roln. As de diversa puede resultar la biblioteca”, relata Sicilia sobre sus envos que incluye biografas, cuentos, ficcin, novelas, bestseller, autores tradicionales, autoayuda o historia argentina.

Por momentos parece difcil desarmar los estereotipos, la imaginera, anclada a lo que son o cmo son por dentro las crceles, o mejor, los contextos de encierro. “Es un lugar poco transitado, con muchos prejuicios. Las industrias culturales, las series, quizs solo agarran una arista, la espectacularizan y se quedan con eso. Y todo esto otro que transitamos cientos de talleristas? por qu nadie muestra ese otro recorrido? Esas ganas de reinsercin de muchos y muchas”, se pregunta la creadora de "Libros en los pabellones".

“Claramente es un negocio robusto. Si se termina y se reinsertan, las crceles se van vaciando y a alguien se le achica la caja. Desde el primer peronismo, de Evita y Pern, que un presidente no entra a una crcel. Por qu nadie est mirando a las crceles? Por qu la poltica no lleg ah? Es un negocio que beneficia a unos pocos, todava no sabemos a quin, pero nadie se mete con estos”, enfatiza la periodista.

La escritora Luciana De Mello dictaba un taller en el Centro Universitario de la cárcel de Devoto.
La escritora Luciana De Mello dictaba un taller en el Centro Universitario de la crcel de Devoto.

En el marco de un cuento de ficcin, todos los criminales del pas se renen en un estadio de ftbol. Es una suerte de convencin o congreso. Uno de los malhechores levanta la voz y se hace or entre tantos murmullos: “Vamos a hacer una huelga”, dispara. Cunta gente vive del crimen? Qu pasara si deja de existir? Cuntos se quedaran sin trabajo, sin dinero y sin ingresos? As transcurra el cuento que buscaba explicar cuntos viven del crimen, creado por un alumno del taller del Centro Universitario de la crcel de Devoto, que dictaba la escritora Luciana De Mello junto con Mara Elvira Woinilowicz.

En ese entonces la carrera de Letras comenzaba a funcionar dentro de Devoto y no exista an un espacio de lectura y escritura que no fuera una materia de la cursada: “A travs del rea de extensin de UBA XXII presentamos un proyecto que en principio pensamos solo iba a ser de lectura. Llevamos una consigna de escritura pensando que tal vez no se iban a animar. Fue hermoso lo que sucedi. El segundo ao se hizo abierto a toda la comunidad carcelaria. Aunque decir taller de escritura y lectura queda corto para describir lo que suceda ah”, dice a Tlam Luciana de Mello.

Segn la autora de la novela “Mandinga de amor”, ya sea un cuento, una crnica, un artculo de Rodolfo Walsh, “El padre” de Antonio Dal Masetto o "La metamorfosis" de Kafka, “lo que se lee dentro de la crcel est completamente atravesado por las condiciones de vida, de produccin y de lectura que se dan en ese contexto. Los textos que escriben a partir de eso son explosivos, son bombas molotov. Material inflamable. Salan cosas de urgencia, de un lugar muy visceral y de una necesidad de comunicar y de entablar dilogos con esa lectura que llevamos”.

De Mello,  autora de la novela Mandinga de amor.
De Mello, autora de la novela Mandinga de amor.
“Despus de tantos aos de universidad, de leer con cierto canon, desde una ‘blanquitud acadmica’ tuvimos que tratar de encontrar nuevos lentes para leer un material que no se puede leer con la teora que traamos. Cuando lemos 'El juguete rabioso' de Roberto Arlt los alumnos del penal hicieron un anlisis del ttulo que nunca antes escuch en la ctedra de literatura argentina. Una cosa es leer en una clase de Pun y otra siendo un sujeto -porque ah si sos sujeto, no sos individuo- del Estado”, reflexiona De Mello.

Otro de sus alumnos, que firma sus textos con el seudnimo Waikiki y que ya public dos libros, escribi un cuento titulado "Caminito a la crcel", acerca de un caminito invisible trazado desde la puerta de su casa del barrio que nacieron hasta la crcel, “como un destino, del cual es muy difcil escapar o salir”, explica la escritora y docente.

“Hay una idea preconcebida de lo que es la crcel, sigue siendo un tab, un agujero negro en la culpa y en lo monstruoso de la sociedad, ponemos ah eso que no miramos, no revisamos y no queremos saber porque podemos encontrar lo que despreciamos de nosotros mismos y de nuestra sociedad”, seala De Mello.

Y aade: “Es un lava conciencia pensar que estn ah porque ‘no pueden convivir con nosotros’, porque ‘van por el lado oscuro de la vida’. No digo que la crcel sea un lugar paradisaco ni mucho menos, nadie quiere estar ah adentro. Digo que no son lugares que tengan como objetivo hacer crecer a un ser humano, hacerle ver a sus errores; es simplemente un depositario de problemas, de un problema que no est ah adentro, que tienen que ver con el sistema judicial corrupto, con la poltica corrupta, con la polica corrupta, es solo una parte del engranaje, que alimenta a muchsima gente”.

Escritora y ensayista, Elsa Drucaroff, dio un seminario de escritura y ficcin como docente de la carrera de Letras del Centro Universitario Ezeiza (CUE), en el Complejo Penitenciario Federal IV de Mujeres, en donde encontr una motivacin extrema y conmovedora: “Las internas absorban saberes con avidez y necesitaban constantemente preguntar, chequear, aplicndolos a sus propias experiencias. No hubo una sola lectura en la que ellas no trajeran en sus comentarios las situaciones que vivan. Escriban cuentos con estas situaciones, algunos con mucho humor y con mucha creatividad, en todos los casos traan obsesivamente dira su situacin de encierro”, cuenta la autora de "La patria de las mujeres" y "El infierno prometido".

“Las estudiantes estaban entusiasmadas y valoraban cada palabra, cada cosa que reciban. Esperaban las clases. Aprendieron mucho y se esforzaron mucho. Hubo adems otra cosa muy impactante para m, fui decidida a no preguntar por qu estaban presas pero el tema apareci espontneamente, ellas lo sacaron. Y una me dijo: ‘estar ac es algo que le puede pasar a cualquiera’. Y entend que tiene razn. Pods quedar enganchada por descuido, ignorancia, falta de desconfianza, manipulaciones varias”, razona Drucaroff sobre lo que fue para ella “el descubrimiento ms shockeante”.

La escritora Elsa Drucaroff.
La escritora Elsa Drucaroff.

“Las internas y s que tambin los internos son hiper explotados en las crceles. Tienen la obligacin de trabajar, lo que no estara en principio mal, pero el modo y el monto en que se les paga estn cercanos a la esclavitud. Pero adems se les descontaban todas las horas en que faltaban para asistir a clases, si estaban en la enfermera con fiebre, no haba excepcin alguna permitida. Con sus magros ingresos tienen que comprar hasta el champ que usan en la ducha. Mis estudiantes fabricaban muebles, hacan pastelera, tenan obligatoriamente que aprender un oficio entre lo que se les ofreca y fabricaban productos que, tengo entendido, los comercializa una cooperativa relacionada con el personal penitenciario, pero en todo caso ellas no ven un centavo de eso”, relata la escritora.

De vuelta a las lecturas y textos, la autora argentina sostiene que “siempre estudiar es una herramienta de transformacin social pero cuanto ms el estudio logra imbricarse con la crtica de la propia experiencia, ms transformador es. Y esto en las crceles es inevitable, por eso los centros universitarios de las crceles argentinas son tan profundamente odiados por el sistema carcelario”, concluye.
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