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02-09-2021 12:21 - "Sabios y populares", para leer y escuchar

La historia de los refranes: "A cada chancho le llega su San Martín"

Biblia y calefón parecen convivir en este refrán heredado de España. Biblia sería San Martín, que no es el Padre de nuestra Patria sino el de Tours, un obispo húngaro a la sazón patrono de Buenos Aires. Y calefón el pobre chancho, que sacrifica su vida para darle de comer a la comunidad.

Telam SE
02-09-2021 | 12:21
Telam SE


"A cada chancho le llega su San Martín"


Algún distraído interpretará este refrán como un modo de indicar paciencia, que todo premio llega en esta vida.¡Nooo, al contrario, se refiere a un castigo!

El dicho popular significa algo así como que las malas acciones, más tarde o más temprano, se terminan pagando... Al que levante la mano y diga que nunca cometió malas acciones -además de no creerle, por supuesto- le recordaremos que chanchos somos todos en esta vida; o cerdos, si les gusta más...

La única diferencia con los porcinos, es que algún día los humanos morimos y chau, ¿quién va a hacer embutidos con nosotros?... En cambio, la matanza de ellos implica vida, alimento que se multiplica y desparrama por la comunidad en carnes, chorizos, bondiolas, morcillas...


¿Qué tiene que ver San Martín de Tours en este refrán? Que él nació un 11 de noviembre del siglo IV, y la fecha coincidía con la de la matanza de cerdos que se hacía en España, varios siglos después. El 11 de noviembre era uno de los días más fríos del año, y se necesitaba ese frío para el proceso de curación de los jamones... Así fue como San Martín de Tours quedó como santo patrono de aquellas carneadas... ¿Pero cómo llegó a serlo de Buenos Aires?

Cuenta la leyenda que, en octubre de 1580, Juan de Garay -que acababa de fundar Buenos Aires por segunda vez- se reunió con los primeros miembros del Cabildo a fin de darle un santo patrono y protector a la ciudad... Se pusieron varios nombres en un sombrero, y la suerte recayó en San Martín de Tours.

Pero a los vecinos les disgustó la idea de un santo francés, lo preferían español para la ciudad fundada por uno de ellos. Sortearon una, dos, tres veces más... ¡Y siempre volvía a salir el de Tours! Entonces comprendieron que era un designio de Dios. Y, aunque era húngaro, lo aceptaron igual...

Así que ya saben los porteños, las porteñas: por chanchadas o chanchullos, dirigirse a San Martín de Tours para que los proteja...
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