01/08/2021 15:57 - Adelanto exclusivo

"Yo recordar por ustedes", el legado ltimo de Juan Forn

Esta semana la editorial Emec presenta "Yo recordar por ustedes", el libro con una seleccin de las contratapas de Pgina/12 que el escritor fallecido a los 61 aos publicara a lo largo de ocho aos.

Juan Forn murió en Mar del las Pampas, cerca de Villa Gesell, la ciudad donde pasó la mayor parte de su vida.
Juan Forn muri en Mar del las Pampas, cerca de Villa Gesell, la ciudad donde pas la mayor parte de su vida.

Al momento de su muerte, que se produjo el 20 de junio ltimo como consecuencia de un infarto, el escritor Juan Forn estaba trabajando en una nueva seleccin de las clebres contratapas que durante ocho aos public en el diario Pgina/12, un finsimo entramado en el que confluyen la historia, el arte, la poltica y la literatura del siglo XXI, y que tras un proceso de reescritura y secuenciamiento llega a las libreras esta semana bajo el ttulo de "Yo recordar por ustedes".

A continuacin, Tlam publica en exclusiva un anticipo de ese libro, que publicar la editorial Emec.

El sacado del mundo



Si algo me hace pensar en l es el sol del verano. Y sin embargo conoc a Hctor Viel Temperley de noche y en invierno: una noche de junio del infame ao 1976, y debi ser entre semana, porque yo estaba con uniforme del colegio y la chica que me acompaaba tambin. Ella era un ao ms joven que yo, se llamaba Vernica y era una de las hijas de Viel. Estbamos ah, en la puerta del BarBaro, porque ella quera que yo conociera a un poeta de verdad, un tipo que haba dejado a su mujer y a sus hijos, adems de su cmodo trabajo y su clase social, para dedicarse a escribir poesa.

Haba poca gente adentro del BarBaro y Hetomn (as llamaban a Viel sus amigos, as lo llamaban sus hijos) no haba llegado, pero preferimos esperar adentro, porque uno no se quedaba parado esperando en la calle, de noche, en esos aos: era algo que se saba aunque no se supiera ni el diez por ciento de lo que estaba pasando. Un rato despus, Vernica vio venir a su padre, nos present y, por lo menos en mi recuerdo, nos dej a solas. Durante la hora que sigui, por primera vez en mi vida yo pude escuchar cmo pensaba un poeta de verdad. En mi recuerdo, Viel fue el primer adulto que me habl como un igual. No fue culpa de l que yo no entendiera nada, que creyera que me estaba hablando solo de poesa cuando l repeta la palabra peligro.

Seis aos despus, a seis cuadras de distancia, volv a encontrarme con l. Su nueva base de operaciones era un bar con mesas a la calle sobre Carlos Pellegrini, a metros de Santa Fe, al lado del edificio donde estaban las oficinas de la editorial Emec, donde yo trabajaba de cadete. A las ocho menos cuarto de la maana, el nico otro habitu de aquellas mesas en la vereda era el Coco Basile, que desembocaba ah con sus amigotes faranduleros cuando cerraban el cabaret Karim, en la otra cuadra. Viel iba por el sol: a disfrutar los primeros rayos de sol en aquella terracita en la que se cruzaba con el Coco y su pandilla, que odiaban el sol pero odiaban ms irse a dormir.

En una de esas mesas a la calle, a fines del 83, Viel me mostr un ejemplar de Crawl que acababa de imprimirse (me lo regal por pura casualidad, porque fui el primero con el que se cruz cuando volva con el paquete de la imprenta: estaba tomndose un cafecito al sol, con la pila de libros en la silla de al lado, cuando yo baj del colectivo a cinco metros de su mesa). En esa mesa esper mientras yo suba a las oficinas vacas de Emec y robaba para l, de la biblioteca de la editorial, un ejemplar de Humanae vitae mia, el nico de sus libros de poemas cuya edicin l no haba tenido que pagar de su bolsillo, el nico del que no le quedaba ningn ejemplar.

Para entonces yo ya haba perdido lo mejor de la inocencia que tena al entrar en el mundo de la literatura y crea que un poeta que se pagaba la edicin de sus libros no era un poeta importante. Adems, en esa poca Viel hablaba de Dios todo el tiempo, un dios luminoso y pantesta y demasiado cristiano para mi gusto, aunque l lo hiciera aparecer en sus monlogos interminables entre legionarios, marineros, cosacos, nadadores de aguas abiertas y domadores de caballos. La ltima vez que lo vi en la terraza de aquel bar fue cuatro aos despus: esta vez tena la cabeza vendada como la famosa foto de Apollinaire cuando volvi de la guerra. Me dijo que su madre haba muerto, que l acababa de terminar un libro llamado Hospital Britnico y que le haban trepanado el cerebro. Irradiaba luz, hablaba demasiado fuerte, yo cre que estaba medicado: era que se estaba muriendo, a su formidable manera.

Aunque fuese Enrique Molina el primero que tom a Viel en serio como poeta, que lo vio literalmente como un igual (nmade, amante del mar, vitalista ciento uno por ciento), hay que reconocerle a Fogwill el inicio del culto. Es en gran medida gracias a l que hoy hay por lo menos dos generaciones de jvenes poetas que idolatran a Viel por Hospital Britnico, ese libro agnico que segn deca le dict su madre muerta a la luz del quirfano donde un cirujano le estaba abriendo el crneo a Viel con una sierra elctrica (le haban dado anestesia local; estuvo consciente durante toda la operacin). Hospital Britnico es un libro que Viel arm casi por completo con frases de sus libros anteriores, aquellas en las cuales anticipaba lo que le iba a pasar en una sala de ese hospital en 1987, mientras le abran la cabeza acompaado por el espritu de su madre muerta.

Para sus fans, es un misterio cmo pas Viel de la normalidad casi anodina de sus libros anteriores a la potencia fulgurante de Hospital Britnico ("Tengo la cabeza vendada. Permanezco en el pecho de la Luz horas y horas. Me han sacado del mundo"). Para m, el verdadero salto, la triple mortal sin red, la haba hecho antes, en Crawl. Uno de los acpites de ese libro es de Lon Bloy y dice: "Escucho a los cosacos y al Santo Espritu". Ese redoble sobrenatural de la tierra es lo que consigui por fin escuchar Viel cuando estaba a punto de cumplir cincuenta aos, y es lo que retumb en su cabeza hasta hacrsela explotar, menos de cinco aos despus.

"Soy un hombre que nada", me dijo una vez en su poca de bajn, antes de Crawl y de Hospital Britnico. Eso pensaba de s mismo: tanto dedicarse a la poesa y nada, salvo nadar. Los mozos de aquel bar con mesas a la calle en Pellegrini y Santa Fe, el Coco Basile y su claque de putaeros after-Karim, no saban que nadaba ni que escriba ni que se estaba muriendo. Para ellos era y ser siempre el secreto mejor guardado de aquel refugio que ya no existe: el ocupante solitario de la mesita del sol, el sacado del mundo, el demente que pareca tener adentro el sol cuando peda con voz de trueno su caf y deca, a quien quisiera mirarlo, la frase que despus inmortalizara en Crawl: "Vengo de comulgar y estoy en xtasis, aunque comulgu como un ahogado".