30/07/2021 16:25 - Entrevista

Luciano Lutereau: "La victimizacin se convirti en la defensa ms eficaz contra el deseo"

"Miserias hipermodernas", el ltimo libro del psicoanalista, es parte del ciclo "Revoluciones ntimas" que dict en el espacio Letras del Sur. All un trazamapa de los sntomas contemporneos y plantea cmo se dirimen el deseo, la relacin con el dinero, la obsesin por lo sano, las mscaras que generan las redes sociales o la dificultad para establecer lazos.

Por Ana Clara Prez Cotten

El psicoanalista y doctor en Filosofía Luciano Lutereau
El psicoanalista y doctor en Filosofa Luciano Lutereau

Con la excusa formal de repensar los siete clsicos pecados capitales, el psicoanalista y doctor en Filosofa Luciano Lutereau indaga en su ltimo libro, "Miserias hipermodernas", en el mapa de los sntomas contemporneos y plantea cmo se dirimen el deseo, la relacin con el dinero, la obsesin por lo sano, las mscaras que generan las redes sociales o la dificultad para establecer lazos.

El libro es parte de los seminarios del ciclo "Revoluciones ntimas" que Lutereau dict en el espacio Letras del Sur, al que le seguirn "Fragmentos del lazo social" y otro que abordar las cuestiones relativas al cuerpo. El enfoque, como destaca el filsofo Daro Sztajnszrajber en el prlogo, entiende al sujeto capitalista desde el psicoanlisis para explicar por qu los vnculos se han devaluado hasta convertirse en transacciones neoliberales.

- Tlam: La hiptesis que trabaja el libro es que la hipermodernidad est ms relacionada a la falta que al exceso. Cmo defins eso que falta y que impide el lazo?

- Luciano Lutereau:
Tenemos el hbito de pensar los pecados como excesos. A diferencia de los pecados de la Biblia -me refiero a los de los mandamientos- los llamados "pecados capitales" surgieron para determinar el modo en que cada uno se regula a s mismo. Los mandamientos prescriben una regla clara. Por ejemplo, "no matar" y no existe matar a medias, o un poquito. Quien mata, mata; pero dnde empieza y dnde termina la lujuria? O pensemos en la gula, en lo que ocurre hoy en da, en nuestra sociedad de llamados "trastornos alimentarios", en los que alguien puede gozar mucho ms de lo que no come que de atiborrarse. No es lo que demuestra la anorexia? Claro que eso supone una idea de cuerpo, un ideal de belleza y que comer se haya convertido en un asunto de salud. No existen hoy alimentos que se han vueltos clebres por todo lo que "no" traen? Sin esto, sin lo otro y as hasta se pagan ms caro!

Los pecados del siglo XXI, ya no tienen que ver con el exceso, ya no hay lujuriosos que se parezcan al marqus de Sade y sus fantasas de licenciosos: el deseo est en crisis y la deserotizacin tiende a que cada quien se asle en su propio goce y apenas comparta algo con los dems, con el consecuente empobrecimiento vincular y la soledad de tener todo y no tener nada, como lo demuestra el avaro que ya no es un rico al estilo del to del Pato Donald, que nada en monedas, sino que el avaro de nuestro siglo es el mezquina su tiempo, su disponibilidad, el que da lo que le sobra, el que no quiere que le pidan porque, si no, se siente exigido y agobiado.

"Miserias hipermodernas", editado por Letras del Sur.
"Miserias hipermodernas", editado por Letras del Sur.
- T.:: En las primeras pginas agradecs por la fe y por el amor. El eplogo es una defensa del cristianismo como la religin que defiende la comunidad. Y el libro comienza con una cita de Lacan que hace referencia a la relacin entre religin y psicoanlisis. De dnde proviene tu inters en hacer confluir estas dos ideas, de pensarlos juntos?

- L.L.:
En la dedicatoria le agradezco a mis padres, a mi mam por el amor y a mi padre por la fe. Es un modo de situar algo que descubr hace un tiempo: creer es algo que va separado del amor y requiere un acto, una decisin, tambin cierto temor y temblor. El eplogo recuerda el libro de Rafael Gumucio, "Por qu soy catlico" y una charla que tuvimos en Santiago de Chile hace algunos aos, una tarde en un caf, antes de que yo viajase al aeropuerto. Quien conozca a Gumucio, sabe que no se trata de un autor conservador ni dogmtico. De aquella charla guard en el corazn cmo me record el modo en que Jess dijo a su madre, frente a Juan: "Mujer, he ah a tu hijo". Jess fue el primer "Anti-Edipo" (para recordar el ttulo de Deleuze y Guattari) por ese espritu de donacin concedi su madre a quien la necesitaba. Hoy proliferan los anticristos, pero quin va contra Edipo? Es fcil hoy definirse como ateo, pero en qu creen los que dicen no creer? Cul es su religin? La del capital? La del Yo? La de la espiritualidad que afirma que lo importante es "soltar" y "estar bien con uno mismo"?

Antes que la religin de los padres, el cristianismo es la de los hermanos, es decir, la que promueve amar a los otros, ese mandato imposible que a Freud le resultaba espantoso: "Amar al prjimo como a ti mismo"; pero para entender este mensaje es preciso entender un mensaje bblico: que el hijo adopta al padre, que la sangre importa menos que el amor. Jess sigue siendo el misterio del deseo que no se puede justificar y el amor que repara. Cada vez que alguien dice "Jess, en vos confo" est de este lado, de los hijos abandonados, de quienes dejaron a sus padres, de un deseo que rompe nuestras ideas conservadoras (aunque creamos liberales) de maternidad, de los hijos que fueron recibidos en adopcin. Del lado de esa sociabilidad que est en el lmite de lo social.

El libro es parte de los seminarios del ciclo "Revoluciones íntimas" que Lutereau dictó en el espacio Letras del Sur, al que le seguirán "Fragmentos del lazo social" y otro que abordará las cuestiones relativas al cuerpo.
El libro es parte de los seminarios del ciclo "Revoluciones ntimas" que Lutereau dict en el espacio Letras del Sur, al que le seguirn "Fragmentos del lazo social" y otro que abordar las cuestiones relativas al cuerpo.

- T.: Muchas de las cuestiones que analizs en el libro estn relacionadas con la falta de dique psquico, de borde interno. Con qu est relacionada esta ausencia, segn tu experiencia en la clnica?

- L. L.:
Esta es una hiptesis clnica que desarrollo para cada uno de los pecados capitales. La idea de autorregulacin, de encontrar el propio lmite, sin que eso tenga que venir de afuera, como un obstculo o un golpe en la frente (el famoso "chocar siempre con la misma pared") ocup un lugar privilegiado en el seminario que, luego, se convirti en este libro. Se asocia tambin a pensar lmites que no son privativos, sino constructivos; por ejemplo, un borde interno (como tambin llamo a los lmites) puede ser el placer. Una experiencia de placer tiene un comienzo y un fin, es lo ms transitorio que hay, tarde o temprano concluye, se acaba y es preciso hacer un duelo para pasar a otra cosa. El placer rechaza la acumulacin. Es como dice la cancin de Charly Garca: "Lo que fue hermoso, ser horrible despus". Llevemos esta idea a la nocin de alimentacin: degustar, digerir, masticar, hacer el tiempo para alimentarse, disfrutar de cenar con otro, etc., tiende a la mesura. O tomemos otro pecado del que no hayamos hablado, como la envidia, que no consiste en querer lo que el otro tiene (a diferencia de los celos) sino en que el otro no tenga, en daar lo que el otro tiene, sea mucho o poco, pero de manera completamente desconectada de mi propia capacidad de tener algo. En el anlisis, el tratamiento de la envidia lleva a que las personas sean ms felices sin grandes ambiciones, pero no por resignacin, sino porque descubren lo mucho que puede hacerse con lo que tienen, cunto esfuerzo les lleva el miedo de que otro les saque algo, la paranoia y la inseguridad con que viven, cuando lo que tenemos en realidad ni siquiera es para nosotros, porque disfrutamos mucho ms cuando lo compartimos.

- T.: Adverts, al final del texto, que lo que cura es el lazo, el vnculo. Cmo defenderlo o reestablecerlo?

- L. L.:
As como dije que creo en el encuentro, creo tambin en el lazo y en los vnculos, a los que entiendo desde el conflicto, desde la diversidad, pero que nos dan la oportunidad de mostrar de qu estamos hechos. Hoy en da, por ejemplo, cada vez menos personas atraviesan un conflicto sin victimizarse. La victimizacin se convirti en la defensa ms eficaz contra el deseo. Se trata siempre del otro y as vemos todos los das proliferar versiones imaginarias de que el otro es malo, que el otro es txico, que el otro es psicpata, pero nadie se piensa a s mismo como psicpata! Son psicpatas las parejas, los jefes, hasta los hijos! Pero cul es mi complicidad con aquello de que me quejo todo el tiempo. Solo voy a vivir para quejarme? El punto es darse cuenta de que la contracara de todo vnculo es la desidealizacin: el otro no es como yo hubiese querido, muchas de mis expectativas quedarn a mitad de camino, algunos de sus gestos, actos y actitudes me dolern, pero eso implica que el vnculo fue un error? El desafo es poder dejar a un lado la idealizacin, pero no por eso desilusionarse. La distincin es simple: la prdida de idealizacin es respecto del otro, pero la ilusin es vincular. Todo vnculo atraviesa momentos de vacilacin, inestabilidad, decepcin, pero esas tormentas pueden ser parte de su crecimiento y potencial. Resistir a la instrumentalizacin de las relaciones humanas, a que el otro sea un objeto de consumo y, "cuando me sirve", bien y, cuando no, "no me cierra" y a la basura, es parte de asumir una perspectiva que recupera la conflictividad no como algo negativo sino como una fuerza transformadora y constructiva. Jorge Drexler lo dice de un modo ms conciso y claro en una de sus canciones: "Brindo por las veces que perdimos las mismas batallas". En el juego de quin gana y quin pierde, pierden los dos. Cuando aprendemos a perder juntos, ganamos...la renovacin del vnculo.