24/06/2021 00:10 - vidas paralelas

El da que Fangio y Sabato volvieron a encontrarse

Nacieron el mismo da y a unos quinientos kilmetros de distancia, hace 110 aos. A travs del automovilismo y de la escritura se convirtieron en conos de la Argentina del siglo XX. El mejor piloto de todos los tiempos y uno de los escritores ms oscuros y potentes de la literatura nacional vuelven a encontrarse en esta nota. Justo ahora, cuando creamos que ya no tenan nada ms que decir.

Por Daniel Giarone

Dos bonaerenses, uno de Rojas -Sabato- y el otro de Balcarce -Fangio-, unidos en esta nota de Télam.
Dos bonaerenses, uno de Rojas -Sabato- y el otro de Balcarce -Fangio-, unidos en esta nota de Tlam.

Apenas haban pasado diez minutos del nuevo da cuando naci Juan Manuel Fangio. Era el 24 de junio de 1911, en Balcarce, provincia de Buenos Aires, y sin que nadie lo soara se escuch el primer llanto del mayor piloto del automovilismo argentino.

Pero como la imaginacin siempre es pobre cuando se trata de vaticinar lo que va a ocurrir, tampoco estaba previsto que a la hora del crepsculo de ese mismo da, a 525 kilmetros de all, en Rojas, naciera uno de los escritores ms destacados de la Argentina del siglo XX: Ernesto Sabato.

No fueron amigos ni compartieron pasin, mujer u oficio. A veces basta con vivir al mismo tiempo, con habitar casi idntico lugar. Pero alguna vez conversaron. Una de ellas fue en julio de 1976, en una charla promovida por la revista Gente (nmero 574, 22 de julio) y publicadda en forma de dilogo bajo el ttulo: “Dos argentinos fuera de serie”.

Entonces Fangio ya haba sido campen de Turismo Carretera en 1940 y 1941; ya haba protagonizado con los hermanos Glvez ese Boca-River de “los fierros” que era el duelo Chevrolet-Ford; ya haba sido campen mundial de Frmula 1 en 1951, 1954, 1955, 1956 y 1957, y subcampen en 1950 y 1953; ya ocupaba la cima de la historia de ese deporte, a la que mucho tiempo despus se sumaran pilotos como Michael Schumacher, Ayrton Senna y Lewis Hamilton.

Fangio, el ms grande

Sabato, en tanto, ya haba dejado la Fsica y se dedicaba de lleno a la escritura; ya haba publicado las novelas “El Tnel” (1948), “Sobre hroes y tumbas” (1961) y “Abaddn, el exterminador” (1974); ya haba agradecido a su esposa Matilde Richter haber rescatado de las llamas “Sobre hroes y tumbas”, considerada una de las novelas ms importantes en habla hispana del siglo XX; ya haba publicado ensayos como “Hombre y engranajes” (1951) y “Heterodoxia” (1953), donde interpelaba el progreso cientfico-tcnico y la deshumanzacin de la sociedad contempornea; ya haba sido comunista, antiperonista, “evitista” y “anarcocristiano”.

Fangio, el “Chueco”, ya haba sido secuestrado en Cuba en febrero de 1958 por el Movimiento 26 de Julio, encabezado por Fidel Castro, para denunciar a la dictadura de Fulgencio Batista y ya haba dicho que “si lo ocurrido fue por una buena causa lo acepto como tal”; ya haba sido designado presidente de Mercedes Benz Argentina (1974), y todava no haba sido cuestionado por el silencio que mantuvo ante la colaboracin de la empresa con la dictadura militar; ya haba tenido tres hijos a los que no haba reconocido, algo que slo hizo la Justicia despus de su muerte.

Sabato ya haba tenido dos hijos, Jorge Federico (quien morira en un accidente en 1995) y Mario (cineasta que rodara, entre otros filmes, “El poder de las tinieblas” -1981-, basado en “Informe sobre ciegos”); ya haba participado del polmico almuerzo que el dictador Jorge Videla mantuvo con intelectuales argentinos el 19 de mayo de 1976.

Sabato y el Informe de la Conadep

Pero Sabato, sin embargo, todava no haba recibido el Premio Cervantes, el ms importante de las letras en castellano, algo que ocurrira recin en 1984; ni enfermo de la vista se haba dedicado a la pintura; ni haba presidido la Comisin Nacional sobre la Desaparicin de Personas (Conadep) ni redactado el informe “Nunca ms”, testimonio clave para develar los crmenes de la dictadura y enjuiciar a sus responsables; ni plasmado sobre el papel la controvertida teora de los dos demonios.

Por supuesto que Fangio y Sabato no saban en aquella charla, de la que van a cumplirse 45 aos, que el piloto “ms grande todos los tiempos” morira en Buenos Aires de una bronconeumona el 17 de julio de 1995, a los 84 aos. Tampoco que el escritor que supo encontrar en la belleza de la escritura el horror del mundo fallecera de una bronquitis 55 das antes de cumplir 100 aos, en Santos Lugares, donde siempre haba vivido.

Tampoco imaginaron entonces que les quedaba una conversacin pendiente y que esta puede transcurrir hoy (ahora), mientras las fotos de ambos se multiplican en las redes sociales en plan de efemride para recordar a dos hombres queridos, contradictorios y ante los que hay razones tanto para admirar como para temer.

Mano a mano imaginario

Julio de 1976, la única entrevista que compartieron Fangio y Sabato, en las páginas de la revista Gente.
Julio de 1976, la nica entrevista que compartieron Fangio y Sabato, en las pginas de la revista Gente.

- Qu dice, Sabato?

- Cmo le va, Fangio?

- Ac andamos, nunca imagin que esto era tan largo.

- Ah, no?


- Eterno si, pero largo no. Imginese, es la primera vez que nos encontramos desde que llegamos ac Me entiende?

- Un poco.

- Yo lo imaginaba como una pista de carrera.

- Mire que interesante.

- Como Monza o Silverstone, sabe? Siempre derecho pero de tanto en tanto una curva, una vuelta. Pero nada. Esto es una recta que no termina nunca.

- Es que usted est acostumbrado a la velocidad, a esas mquinas que…

- No empiece a tirarse contra las mquinas, Sabato.

- Contra las que manejaba usted, no. Esas estaban hechas a la medida del hombre. El problema fueron las otras, las que lo redujeron a la nada, o peor, a una mquina inferior.

- Le cuento algo: la primera vez que me sub a un auto y arranqu y empec a andar y vi que poda doblar y frenar, tuve la impresin de que el auto tena vida. Fue muy fuerte.

- Me imagino.

- Mire que yo lo nico que haca era manejar, eh?

- Lo s. Y sabe que siempre lo admir por eso.

- Por manejar?

- Claro. Usted tena coraje pero tambin prudencia. Y perseverancia y tenacidad e intelingencia. No se puede ser cinco veces campen del mundo sin todo eso.

- Le agradezo, maestro.

- …

- Yo, en cambio, no puedo decir mucho sobre sus libros. Lo que s me imagino es que escribir debe ser, de alguna manera, como estar ac.

- Nunca lo haba pensado as.

- Usted tiene por delante siempre una linea recta y de lo que se trata es de que haya algo, algo que valga la pena. Algo en lugar de nada, como en una pista.

- Finalmente, el filsofo result ser usted. Venga, sentmosnos al sol.

- Usted sabe que estoy lejos de la filosofa. Uno solo habla de lo que sabe. Y yo s de rectas y curvas y contracurvas.

- Pero del tiempo y de la vida sabemos todos. Y de los valores tambin. Y si no lo sabemos lo aprendemos por fuerza. A nosotros, Fangio, nos toc vivir en un mundo cruento y vil, donde el hombre, lo nico sagrado, fue degradado y desacralizado.

- Lo que yo puedo decirle es que se perdi el entusiasmo, las ganas de correr por correr, noms. Ahora todo es plata, mucha plata. Y hacer como que importa y como que se es feliz.

- Algo de esto me dijo en la entrevista esa que nos hicieron cuando estbamos all Se acuerda?

- Cul? La que deca que ramos dos argentinos modelos?

- Esa.

- Qu gente aquella.

- Me acuerdo que me cont tambin que le estaba escapando a Horangel, que no quera saber nada con conocer el destino, lo que iba a pasarle.

- Qu memoria tiene. Pero fue usted, Sabato, el que me cont que para Horangel ramos gemelos astrales o algo as, porque nacimos el mismo da del mismo ao.

- Es cierto. Y ahora podramos sumar a Riquelme y a Messi y a Luis Salinas, que si bien no nacieron el mismo ao que nosotros tambin lo hicieron un 24 de junio.

- Podramos organizar una gran fiesta de cumpleaos. O un picadito. Ojo que a mi me pusieron “Chueco” cuando jugaba de delantero en el Club Rivadavia, no en las pistas.

- Lo s, lo s.

- Pero no traigamos a nadie antes de tiempo. Por ahora alcanza y sobra con Gardel y el Potro Rodrigo, que se vinieron para ac tambin un 24 de junio. Ya va a llegar el da en que estemos todos juntos. No es que uno lo quiera, vio? Es ms bien inevitable.

- Eso parece.

- La argentinidad al palo, se imagina?

- Honestamente ahora no puedo imaginrmelo. Pero le prometo intentarlo.

- Se arrepiente de algo, Sabato?

- Por qu me lo pregunta?

- Porque desde que sali lo de la entrevista esa… fue en el 76, no?

- S.

- Desde que empezamos a hablar de la entrevista que nos hicieron juntos lo noto un poco tristn.

- Soy ms bien as.

- Pero se arrepiente de algo? Tal vez esa nota fue innecesaria, en ese momento al menos.

- Es muy probable.

- Bueno, yo s tal vez me arrepiento.

- De qu?

- De haber ido en ese avin con Videla a Venezuela en el 77. Pero guarda que no estaba solo. Estaban Edmundo Rivero, De Vicenzo, Leloir y un montn ms. Yo iba por mi pas.

- A veces hacemos esas cosas.

- Pero lo suyo fue distinto, porque usted fue con Borges a esa comida con Videla pero tambin critic a los militares, lo elogi a Videla pero despus presidi la Conadep…

- Es usted considerado hasta la indulgencia.

- Y qu otra cosas podemos hacer?

- No lo s.

- Usted no lo sabe?

- A lo mejor podemos pensarlo juntos.

-Juntos quienes?

- Usted y yo, quin ms.

- Yo ya dije todo lo que pienso, como lo hice cuando me secuestraron los barbudos en Cuba o como no lo hice cuando fueron las desapariciones en la Mercedes Benz. Siempre fui sincero.

- Ahora el triste es usted.

- Es que le pregunto qu podemos hacer y usted, que es Sabato, me esquiva el bulto.

- Le dije que pensemos entre los dos porque a mi apenas se me ocurre algo.

- Y qu se le ocurre?

- Mostrarnos tal cual somos. Con lo bello y lo hediondo que hay en cada uno de nosotros; que lo luminoso y lo oscuro refuljan a la vez. Ah est lo humano, en el fango. Ah est lo que fuimos pero tambin lo que podemos dejar de ser.

- Ya se va?

- Si, estoy un poco cansado hoy.

- Va para all?

- Se puede ir hacia otro lado?

- No.

- Hacia all, entonces, Fangio.

- Lo acompao, Sabato.