12/06/2021 08:36 - Medio Ambiente

La pandemia, comienzo del Siglo XXI

En qu momento la pandemia actual, y las futuras, impondrn un debate respecto de la inviabilidad de perseguir el desarrollo de acuerdo con la anmala matriz de relacin entre la sociedad y la naturaleza que arrastramos desde hace doscientos aos?

Por Sergio Federovisky (*)

El mundo del siglo XX, nacido de la Revolucin Industrial y la idea de progreso sin lmites, termin el 11 de marzo de 2020, cuando la Organizacin Mundial de la Salud catalog al Covid-19 como pandemia, sostiene el actual viceministro de Medio Ambiente de la Nacin, Sergio Federvosky, que acaba de estrenar su documental “Punto de no retorno”. En esta nota, Federovisky advierte sobre el agotamiento del modelo ambiental actual y se mete en la discusin entre ecologistas y desarrollistas.

El Covid-19 y el cambio climático son dos caras de una misma moneda: el deterioro ambiental creciente.
El Covid-19 y el cambio climtico son dos caras de una misma moneda: el deterioro ambiental creciente.

En qu momento pierde, o perder, sentido la veneracin del crecimiento econmico en tanto se pretenda seguir concretndolo segn los estndares vigentes de progreso? En qu momento la pandemia actual, y las futuras, impondrn un debate respecto de la inviabilidad de perseguir el desarrollo de acuerdo con la anmala matriz de relacin entre la sociedad y la naturaleza que arrastramos desde hace doscientos aos?

“No basta conciliar en un trmino medio el cuidado de la naturaleza con la renta financiera o la preservacin del ambiente con el progreso. En este tema los trminos medios son solo una pequea demora en el derrumbe. Simplemente se trata de redefinir el progreso”. La frase no es de un fundamentalista verde, como le gusta al progresismo productivista estigmatizar en la actualidad a los que defienden el derecho a buscar otro modo de explotar los recursos, producir bienes y consumir. La frase es del Papa Francisco en su encclica Laudato si.

El calentamiento global, en los hechos, plantea la misma opcin de hierro que la que vivimos con el coronavirus: la salud de la poblacin y del planeta versus la economa capitalista de mercado. Justamente, el Papa seala que “el ambiente es uno de esos bienes que los mecanismos de mercado no son capaces de defender”.


Sin vuelta atrs

Este planteo recorre el documental “Punto de no retorno”, que acabo de estrenar (1). La idea de “Punto de no retorno” debe interpretarse en sus varias acepciones. Climatolgicamente hablando, el punto de no retorno es un concepto que deriva de la dinmica de los ecosistemas y que constituye el clivaje para el calentamiento global. Es el umbral tras el cual nada, por ms que se lo intente de todos los modos esperables y posibles, vuelve a su situacin anterior. El cambio climtico, ese proceso que estamos transitando y cuyas consecuencias ya estamos padeciendo, atravesar un punto de no retorno si se supera un umbral de 1,5 grados centgrados en la temperatura promedio del planeta, segn seal el panel de expertos que asesora a Naciones Unidas. Nadie sabe cmo ser el clima cuando eso haya ocurrido, presumiblemente en los prximos quince o veinte aos, es decir maana.

“Punto de no retorno” remite tambin a las imgenes que nos deja la pandemia, una calamidad directamente relacionada con el desastre ambiental provocado por el vigente modelo econmico, de consumo, de explotacin de los recursos. No volveremos a ser los mismos, tampoco en trminos ambientales, que ramos en marzo de 2020: el coronavirus nos empuj violentamente al siglo XXI, una poca en la que -segn nos informa el gen que portan los jvenes- el progreso no se obtiene desollando viva a la naturaleza.

Por ltimo, “Punto de no retorno” supone, paradjicamente, un punto de partida. Como se dice en el documental, el punto de no retorno no es el fin del mundo, sino el fin del mundo tal como lo conocemos. El escenario ambiental actual implica que arranca otro mundo, ms vulnerable, ms inestable, ms impredecible. Y la humanidad deber adaptarse a ese nuevo escenario. Es decir, un nuevo punto de partida. El asunto es hacia dnde.


Mundo Covid

El Covid-19 y el cambio climtico son dos caras de una misma moneda: el deterioro ambiental creciente. Tres enseanzas deja -o debera dejar, si somos capaces de aprehenderlas- la pandemia.

De dnde viene? Ms all de especulaciones geopolticas acerca de la fuga del virus de un laboratorio de Wuhan, de lo cual hay tantas evidencias cientficas como del terraplanismo, se trata de una nueva zoonosis, de esas que cubrieron gran parte de la agenda sanitaria de las ltimas dcadas. Vaca loca, gripe aviar, fiebre porcina, bola, Sars, VIH. Todas expresiones de alguna mutacin eventual de un virus que “salta” de su confinamiento en los mbitos de ciertas especies o ecosistemas hacia la especie humana. Sin el avasallamiento de ciertos ambientes, sin la “conquista” y destruccin de determinados ecosistemas, y sin forzar el vnculo innecesario con ciertas especies silvestres la zoonosis, en tanto infeccin a los humanos procedente de los animales, esto sera mucho ms improbable, como demuestra la concentracin de estas epidemias en este ltimo y corto espacio de tiempo. Y sin la brutal industrializacin de la “fabricacin” de animales en serie para su consumo (desde factoras de salmones hasta granjas de hacinamiento de pollos) la probabilidad de ocurrencia de este “salto” viral hacia los humanos descendera drsticamente.

La naturaleza “regresa”. Qu pasa cuando se pone en pausa el modelo de produccin y consumo? La primera cuarentena estricta en casi todo el planeta desat la sorpresiva aparicin de cielos limpios o animales fuera del hbitat al que los empujamos. La gran sorpresa es: qu nos sorprende? Lo que debiera sorprender, o mejor dicho llamar a la reflexin, es la ajenidad respecto de la naturaleza que hemos desarrollado progresivamente. El desafo intelectual que propone esa irrupcin de la naturaleza en nuestras vidas es el de qu hacer cuando la actividad socio-productiva recupere su condicin anterior a la pandemia. Y all pasamos a la tercera enseanza del Covid.

No es la actividad, es el modelo. En La retrica reaccionaria (2), el economista Albert Hirschmann nos revela con pasmosa contundencia cules son las matrices conceptuales prevalecientes en los argumentos automticos con los que se contrarresta cualquier intento de modificacin positiva de la realidad.

En lo ambiental, de manera equivalente, se apela a un discurso catastrofista cuya finalidad es la de desacreditar, o ms bien ridiculizar, todo deseo de promover un sistema de produccin y consumo menos insustentable. La inercia natural del modelo provoca que, terminada la pandemia, el esfuerzo de los gobiernos (los mismos que en general se presentan como adalides de la lucha contra el calentamiento global) est enfocado en recuperar el tiempo econmico perdido, a como d lugar. O sea, exacerbando aquello de tomar a la naturaleza de rehn. Y si alguien se atreve a sealar que hay que modificar el modo de extraccin de recursos naturales, produccin y consumo, aparecer otro que lo acuse de “querer volver a las cavernas” o de pretender “vivir sin hierro” -si, por caso, cuestiona la minera.

El modo dialctico utilizado es el de llevar al paroxismo el argumento, desacreditndolo. Las nicas dos opciones son las cavernas o el marasmo? No resulta a priori una opcin intelectualmente verosmil y ms bien se parece a un chantaje. Porque ocurre que el problema no es la detencin de la actividad humana, cosa que nadie est promoviendo, sino que lo que deja al desnudo la zoonosis que deriv en la pandemia es que se trata de un cierto modelo de vinculacin entre la sociedad y la naturaleza el que est en crisis. El modelo del siglo XX.


El fin del siglo XX

El coronavirus dej estas enseanzas y, al menos desde lo simblico, parece haber clausurado una poca. Eric Hobsbawm aplic un criterio historiogrfico nico y revolucionario para determinar la duracin del siglo XX. Describe como una etapa histrica coherente al perodo que va desde la Primera Guerra Mundial hasta la cada del Muro de Berln: el siglo XX corto. En algn punto se emparenta con nociones como las de Jacques Lacan o Slavoj Zizek en el sentido de que una poca, ms all de su duracin, se define por los valores comunes y prevalecientes, que determinan un “piso tico”.

La relacin entre la sociedad y la naturaleza adquiri una conformacin y, por ende, una percepcin determinada, a partir de la Revolucin Industrial. “No faltan conocimientos ni poder, pero los xitos de la moderna agricultura mecanizada y de la explotacin de los bosques se obtienen al precio de arruinar en una medida peligrosamente grande el suelo del planeta y cambiando de clima de un modo desfavorable para todas las formas de vida”. As defina el historiador ingls John Bernal la modalidad segn la cual el hombre del siglo XX “irrumpe” y “rompe” el equilibrio anterior con la naturaleza. Es el precio a pagar, agregaba, para obtener el bienestar econmico deseado. “Despus de cada una de nuestras victorias, la naturaleza se toma revancha”, adverta, intuitivo, Federico Engels.

Ms all de que sea el sistema dominante como triunfador coyuntural de su disputa en la Guerra Fra, el capitalismo es, desde el punto de vista de su propia constitucin, un modelo fracasado. Ya lo deca James O’Connor cuando sealaba que en apenas doscientos aos, un suspiro en la historia de la humanidad, el capitalismo desfond sus arcas: puso su capital de trabajo, la naturaleza, al borde de la extincin. Y su capacidad de reproduccin al borde de lo imposible: solo le ha quedado el amuleto de la tecnologa presuponiendo que es la deidad moderna que lo salvar cuando los lmites del crecimiento estn desbordados.

Tambin el Papa, inspirado tcitamente en el francs Edgar Morin, tiene una lectura sobre la fetichizacin de la tecnologa: “Buscar solo un remedio tcnico a cada problema ambiental que surja es aislar las cosas que en realidad estn entrelazadas y esconder los verdaderos y ms profundos problemas del sistema mundial”. Es decir que los problemas ambientales son emergentes de procesos, resultado de mltiples factores y, principalmente, consecuencia de decisiones econmicas que disean, por accin u omisin, escenarios ambientales posteriores.

A partir de la posguerra, con la matriz de la Revolucin Industrial potenciada, el modelo promocion el hiperconsumo y con ello la explotacin indetenible de los recursos naturales, subrayando la tendencia a deglutir el capital natural del planeta. Su contracara histrica, el socialismo sovitico, no le fue en saga.

Mientras el capitalismo era intrnsecamente depredatorio de la naturaleza, los tericos soviticos, amparados en que su accionar era ineluctablemente favorable a los intereses del pueblo, proclamaban inslitamente que haba que “reconstruir” a la naturaleza y “cambiar la geografa” para ponerla al servicio de la humanidad. Los desastres estn a la vista.

Ambos sistemas, con la herencia victoriosa del capitalismo, compartan la idea de que el progreso se obtiene a partir de sojuzgar a la naturaleza, de servirse de ella, de considerarla apenas como el reservorio de los recursos que el hombre captura para su beneficio. En los hechos, la propia definicin de recurso natural que impuso la economa da cuenta de su sesgo conceptual: son los elementos de la naturaleza que el ser humano utiliza para garantizar su bienestar y desarrollo. El resto, de acuerdo con esa mirada, carece de importancia.


Bienvenidos al siglo XXI

La irrupcin de la pandemia, ms por su magnitud que por su esencia, impone la revisin del vnculo entre la sociedad y el medio natural. Un vnculo que, aun cuando su enunciacin parezca abstracta o lejana, es el que define los pilares del modelo de explotacin de los recursos y su posterior consumo. Aquel piso tico que enunciaba Lacan cuando desafiaba a sus contemporneos a ser coherentes con “el horizonte de la poca”, no es igual en el siglo XX que en el siglo XXI. En el siglo XX, el progreso se meda en toneladas de hormign, en hectolitros de plaguicidas volcados sobre los campos, en cantidad de megarepresas hidroelctricas y ros rectificados, en volumen de basura producida en ciudades con habitantes que cada vez consumen ms cosas superfluas.

No sabemos todava cmo ser definido el progreso en el siglo XXI. Pero s ya podemos intuir con alto grado de certeza que no ser a travs de proyectos que deriven en ms hectreas de bosques arrasadas, en nmero de especies desaparecidas o en humo que sale de las chimeneas de las fbricas. En este nuevo contexto, el Riachuelo -otrora un sntoma de la pujanza industrial- antes que una aberracin ambiental es un anacronismo.

Soy consciente de que muy probablemente ser empujado al plantel de los ecologistas irredentos que no comprenden que el crecimiento necesita divisas y las divisas necesitan exportaciones y las exportaciones necesitan de recursos naturales, renovables o no, pero siempre destinados a ser extrados a cmo d lugar (por supuesto, la correccin poltica moderna aadir que esa explotacin ser “sustentable” -sin identificar su significado- y que deber tener valor agregado local).

Solo dir lo siguiente:

Se acepte o no, la humanidad hoy transita una era cuyas relaciones estn determinadas por un modelo insustentable, sin futuro dentro de los lmites tangibles de este planeta. La tica de la poca, asimismo, impone una transicin entre un mundo viejo, de valores arcaicos, antropocentrista, que fundamenta una estructura capitalista irreconciliable con cualquier definicin de sustentabilidad, y otro que no conocemos, aunque imaginamos, ms sustentable, ms “asociado” a la naturaleza y, de ser posible, igual de productivo. Y ante la obvia y descalificadora pregunta acerca de cul sera el sistema que respete esas premisas y al mismo tiempo satisfaga las necesidades econmicas de la sociedad, la respuesta es: no s. Seguramente nadie lo sabe con certeza, porque las sociedades van diseando sus nuevos sistemas a medida que los van descubriendo. No sabemos cmo ser el modelo que reemplace a ste, pero estamos obligados a encontrarlo.

El siglo XX termin el 11 de marzo de 2020, en el mismo momento en el que la Organizacin Mundial de la Salud catalog al covid-19 como pandemia. Entramos ya en el siglo XXI?


1. www.pdnr.fundacionambienteymedio.org
2. Capital Intelectual, 2021
(*) Bilogo, periodista ambiental, actual viceministro de Ambiente de la Nacin, autor del documental “Punto de no retorno”.
Le Monde diplomatique, edicin Cono Sur