05/06/2021 07:00 - opinin - Le Monde

Pelopincho

Resistente como la tela de vinlica de una buena pileta, la vocacin por disfrutar de la vida y ejercer el ocio constituye uno de los rasgos ms sobresalientes de la cultura popular argentina. Si el asado es la gran comida nacional, el precio de la carne no es solo un signo de la capacidad adquisitiva de los sectores populares, es un indicador de la sensibilidad popular de un cierto gobierno.

Por Jos Natanson

La pelopincho es uno de los tópicos recurrentes del enorme artista plástico Marcos López.
La pelopincho es uno de los tpicos recurrentes del enorme artista plstico Marcos Lpez.

Creada a comienzos de los aos 70 en la localidad santafecina de San Carlos Centro por los hermanos Benvenutti, la pelopincho innovaba respecto de las viejas piletas de tela de algodn encerada, que se empapaban, resultaban difciles de limpiar y destean, lo que haca que los baistas salieran coloreados del tono del estampado. Luego de probar varias opciones, los Benvenutti se decidieron por una tela vinlica ultrarresistente que primero importaron de Brasil y luego fabricaron ellos mismos, con el clsico dibujo de olitas al comienzo y un smil venecitas despus, en color azul mar. Llamada as por un personaje de historieta de Billiken, la pelopincho se populariz rpidamente y comenz a venderse por decenas de miles cada verano. El Rodrigazo y la dictadura todava no haban arrasado con los sueos de consumo y bienestar de la Argentina peronista.

Si las clases altas contaban con pileta en la casa o la quinta y las clases medias podan ir al club, las clases populares tenan que contentarse con el chorro impreciso de la manguera, hasta que la pelopincho revolucion para siempre la refrescada argentina. Alcanza con recorrer un fin de semana de calor las calles de cualquier barrio popular del Conurbano para escuchar, entre el humo de los asados, los ruidos de las zambullidas y los chapoteos de los chicos. Quin no se pate con un amigo tratando de estirar las piernas en el agua de una pelopincho? En verano, las pelopinchos se instalan en patios y terrazas, directamente en las veredas de las ciudades del interior y hasta en los espacios que forman las esquinas de los pasillos de las villas.

La pelopincho es la escenografa de El asadito, la pelcula del rosarino Gustavo Postiglione en la que un grupo de amigos conversan e intrigan metidos en el agua, mientras se hacen los chorizos. Tambin una pelopincho, en este caso en medio de un campo vaco, es la imagen que ilustra la tapa de Los Llanos, la bellsima novela de Federico Falco sobre un hombre triste que huye-busca-se encuentra. Y es, por supuesto, uno de los tpicos recurrentes del enorme artista plstico Marcos Lpez. Suite bolivariana, la mezcla de pintura y escultura expuesta en el Palais de Glace en el marco del Festival Buenos Aires Photo de 2009, muestra a una serie de personajes icnicos latinoamericanos –Hugo Chvez, el Che, Gardel, Evo Morales– junto a una pelopincho en donde los mediocuerpos de Pern y Evita –l en uniforme de gala, ella con collar de perlas y una flor en el ojal– flotan alegremente en salvavidas (1).

Sobre todo, la pelopincho es el signo de una obstinacin argentina: la reivindicacin del derecho al disfrute ms all de crisis, tragedias y ajustes. Y es tambin un signo de la capacidad del peronismo para llevarlo a la prctica: qu une los mejores aos de los tres grandes lderes peronistas, Pern, Menem, Kirchner? Fcil: la expansin del consumo y, como subproducto de ella, la democratizacin del ocio. Si la ortodoxia econmica concibe la fiesta como un problema, un placer populista de corto plazo que hipoteca el futuro, el peronismo reconoce el disfrute como un derecho humano. De hecho, parte del rechazo visceral que provoca viene precisamente de ah, del repudio a ese “exceso de placer” que es parte esencial de cualquier gobierno peronista exitoso.

La pelopincho es la escenografa de El asadito, la pelcula del rosarino Gustavo Postiglione en la que un grupo de amigos conversan e intrigan metidos en el agua.

Repasemos.

Con sus polticas de pleno empleo, salarios altos y vacaciones pagas, Pern elev el poder adquisitivo de las masas y cre la novedosa figura del “consumidor obrero”, reflejada por ejemplo en el boom de heladeras SIAM, que investigaciones posteriores comprobaron como un hito familiar en la memoria emotiva de las clases populares (2), e impuls el turismo masivo a travs de los hoteles sindicales, los viajes grupales de jubilados y los balnearios obreros. Durante los primeros aos de la convertibilidad y gracias al milagro con pies de barro del uno a uno, Menem abarat el acceso a una larga serie de bienes que llegaban empujados por los nuevos vientos de la globalizacin capitalista, festej la apertura del primer shopping urbano de Argentina (el Alto Palermo, sugestivamente inaugurado un 17 de octubre) y elev a rango constitucional los derechos del consumidor en la reforma del 94.

Kirchner retom el ciclo: durante su gobierno, los hogares con microondas pasaron del 7 al 45 por ciento, las casas con computadora aumentaron del 8 al 57 y las familias con televisor del 93 al 97 (3). En el verano del 2007 se vendieron un milln de aires acondicionados. Cristina, finalmente, inaugur Tecnpolis y el Ftbol para Todos, y Capusotto, el gran intrprete de la poca, cre la banda Con-Sumo, que con el acento inconfundible de Luca Prodan propona “dejar de pensar, porque pensar es entrenar la tristeza, y salir a gastar”.

Resultado del recuerdo de la Argentina de la abundancia de comienzos del siglo XX, de la memoria igualitarista del primer peronismo o de la conciencia de derechos creada por la educacin pblica, este autntico rasgo nacional contrasta con la situacin de otros pases latinoamericanos, donde el derecho al ocio no forma parte de las reivindicaciones de las mayoras.

Por eso el precio de la carne es mucho ms que el precio de la carne. Como escribi Christian Ferrer en un texto clsico (4), la carne es el smbolo de la riqueza nacional y la primera fuente de nuestra puja distributiva, y esto por un motivo simple: los argentinos exportamos lo mismo que consumimos. En efecto, excluyendo la soja (y hasta cierto punto, dado que funciona como materia prima para la protena animal), las exportaciones estn compuestas en un alto porcentaje por productos que se consumen internamente, como trigo (es decir pan), maz (es decir polenta, pollo y cerdo) y, sobre todo, carne. Los chilenos no comen cobre, los peruanos no comen hierro, los bolivianos no comen gas. Los argentinos nos comemos nuestra canasta exportadora.

El problema no es nuevo. Se remonta a la incorporacin de Argentina al mercado mundial de alimentos entre fines del siglo XIX e inicios del XX, cuando las exportaciones de lana y cuero permitan utilizar la carne sobrante para consumo interno, fueron reemplazadas por las de carne vacuna gracias a la llegada de las tecnologas de enfriamiento y la introduccin de nuevas razas, al tiempo que la demanda local aumentaba por el arribo masivo de inmigrantes europeos. No es casual que el Presidente que reestableci los derechos de exportacin haya sido tambin el primero en ser elegido por el voto popular (es decir el primero que necesitaba garantizar su legitimidad popular): Hiplito Yrigoyen, que en el marco del aumento de los precios internacionales de los alimentos debido a la demanda de la primera posguerra intent desacoplar los precios internos de los mundiales imponiendo las primeras retenciones mviles de la historia argentina.

El precio de los alimentos es hoy el principal problema poltico de Argentina. Fuera de la gestin de la pandemia, no hay nada ms importante. Cuesta a veces entender la energa volcada a cuestiones sin duda relevantes pero decididamente ajenas a las preocupaciones sociales, como la mayora legislativa con la que ser designado el prximo procurador general, por parte de un gobierno al que todos los das se le escapan las tortugas de la leche, la carne y los fideos. Qu hacer frente a la suba de precios? Alertado por intendentes, lderes sociales y encuestas, el gobierno orden cerrar por 30 das las exportaciones de carne.

Si se trata de una tctica para negociar desde una posicin de mayor fortaleza, la medida puede tener sentido. Pero si se convierte en una poltica permanente de cuo morenista podra convertirse en un problema. Como escribi Claudio Scaletta en el Dipl (5), el cierre de las exportaciones produce dos efectos negativos: desalienta la produccin e induce una cada de los stocks, lo que finalmente eleva los precios por falta de oferta; y recorta los recursos que ingresaran por va de las retenciones cobradas a esas exportaciones. Scaletta sugiere un aumento de las retenciones a la carne y al trigo (insumo extendido para la produccin crnica) como alternativa.

No hay solucin fcil. A diferencia de otras preocupaciones sociales como el desempleo y la inseguridad, la inflacin es un problema con el que la gente, al cabo de unos aos, se acostumbra a convivir. Los enormes beneficios de vivir sin que los precios aumenten de manera constante se olvidan y la sociedad se habita a la gimnasia de correr detrs de las ofertas, especular con cuotas y tarjetas y, los que pueden, ir y venir en el tiqui-tiqui del peso al dlar. Al tratarse de un fenmeno progresivo que extiende sus efectos al conjunto de la sociedad (lo que no quiere decir que todos lo sufran de la misma manera), la inflacin impide que un sector social determinado asuma el liderazgo y articule una coalicin poltica que la enfrente. No hay frente anti-inflacionario ni luchas contra la inflacin que generen una pica social. Hay, a lo sumo, liderazgos que la aplastan mediante un shock dolorossimo, al estilo de Carlos Menem, Fernando Henrique Cardoso o Alberto Fujimori, o caminos lentos y progresivos, al estilo de los pases europeos en los 50 y 60. Argentina, que desde hace un par de dcadas figura en el top five de los pases con ms inflacin del mundo, sigue sin encontrarle la vuelta.

Decir que la inflacin es multicausal es como decir que el agua moja: una que sabemos todos. El asunto es ponderar las causas, entender cul pesa ms en cada momento y construir una solucin consistente y, lo ms difcil de todo, sostenible. Sin embargo, la impresin es que ltimamente se ha creado un consenso que parece haber llegado incluso a los economistas liberales. Luego del fracaso rotundo del macrismo, la mayora coincide en que, bajo las condiciones de tiempo y espacio de la Argentina del siglo XXI, no se puede contener la inflacin si no se contiene el dlar, y que para contener el dlar se necesitan… dlares. Y de dnde salen los dlares? Mientras Argentina no logre competir en el mercado del 5G, exportar tecnologa de punta y autoabastecerse de insumos industriales, es decir mientras no se convierta en un pas plenamente desarrollado, los dlares seguirn proveniendo sobre todo de las exportaciones basadas en recursos naturales. Por eso es tan sensible el cierre de las exportaciones de carne y por eso resultan tan perjudiciales los cantos de sirena del ambientalismo bobo, la corriente prohibicionista de ecologismo extremo que resiste la minera, los hidrocarburos y la agricultura de alta productividad, precisamente los sectores econmicos capaces de generar las divisas necesarias para que el pas funcione.

El precio de los alimentos es hoy el principal problema político de Argentina. Fuera de la gestión de la pandemia, no hay nada más importante.
El precio de los alimentos es hoy el principal problema poltico de Argentina. Fuera de la gestin de la pandemia, no hay nada ms importante.

El ao pasado fue, segn los datos del Instituto de Promocin de la Carne Vacuna (6), el de menor consumo de carne de vaca desde que hay registros: 50 kilos per cpita, contra casi 70 en el momento ms brillante del kirchnerismo y un promedio de 80 durante las dcadas del 60 y 70. Atribuible tanto a los cambios en los hbitos alimenticios como a la etapa de recesin y prdida de poder adquisitivo abierta en 2018, la disminucin en la ingesta de la protena favorita de los argentinos es un termmetro del humor social: cuenta Jaime Durn Barba que uno de los comentarios que ms le llam la atencin en los estudios cualitativos previos a la derrota macrista en las PASO de 2019 era la comparacin en la frecuencia con la que los sectores populares podan permitirse un asado: “Con Cristina todos los fines de semana, con Macri una vez por mes”.

La carne, decamos, es mucho ms que carne: es el smbolo mtico de nuestra riqueza nacional, el animal elegido para que los nios de escuela primaria ensayen sus primeras composiciones y la zona oscura de muerte y sexo en la que se juega nuestra lucha eterna de civilizacin y barbarie: es El Matadero de Esteban Echeverra pero tambin la Coca Sarli pronunciando la frase que condensa la obsesin ertica del ser nacional (“Qu pretende usted de m?”), desde el fondo del camin frigorfico de la pelcula de Armando Bo titulada, precisamente, Carne.

Concluyamos.

Resistente como la tela de vinlica de una buena pelopincho, la vocacin por disfrutar de la vida y ejercer el ocio constituye uno de los rasgos ms sobresalientes –y valorables– de la cultura popular argentina. Si el asado es la gran comida nacional, el precio de la carne no es solo un signo de la capacidad adquisitiva de los sectores populares, como sucede con la nafta y los servicios pblicos; es un indicador de la sensibilidad popular de un cierto gobierno, casi diramos un medidor de peronismo (por eso el Pern soft del pacto social se defina como un len herbvoro). Y en este sentido agreguemos un ltimo comentario: nadie pretende que Alberto Fernndez, que hered el desastre socioeconmico del macrismo y tiene que lidiar con el drama de la pandemia, solucione en cuatro aos el problema de la suba de precios, que ya lleva una dcada y media y que ni Kirchner, ni Cristina, ni Macri lograron resolver. Pero todava estamos esperando que alinee los planetas y consiga que los salarios le ganen a la inflacin.


1. Se puede ver ac: www.arte-online.net/Agenda/Exposiciones_Muestras/Marcos_Lopez2

2. Natalia Milanesio, Cuando los trabajadores salieron de compras. Nuevos consumidores, publicidad y cambio cultural durante el primer peronismo, Siglo XXI, Buenos Aires, 2014

3. Carla del Cueto y Mariana Luzzi, “Salir a comprar. El consumo y la estructura social en la Argentina reciente”, en Gabriel Kessler (comp.), La sociedad argentina hoy, Siglo XXI, 2015.

4. “Vaca flaca y Minotauro. Ascenso y cada de la imaginacin poltica argentina”, Nueva Sociedad, N 179, junio-julio de 2002.

5. www.eldiplo.org/notas-web/hay-que-subir-salarios-no-restringir-exportaciones/

6. www.ipcva.com.ar/estadisticas/vista_consumos_promedio.php