18/05/2021 00:01 - A 211 aos de la histrica Semana de Mayo

18 de mayo. Las noticias tardan, los patriotas conspiran, la revolucin amanece

Hay textos escolares, estatuas y corrientes historiogrficas. Pero tambin hay hechos: una revolucin democrtica, un cartero que trafica la buena nueva mezclada con la correspondencia, la chispa que se har fuego en mitad de la Plaza. Tlam repasa el da a da de la Semana de Mayo en dilogo con el historiador Norberto Galasso. Hasta que salga el sol del 25, que viene asomando.

Por Daniel Giarone

El Cabildo porteño hoy, mayo de 2021, en plena remodelación (Lara Sartor/Télam).
El Cabildo porteo hoy, mayo de 2021, en plena remodelacin (Lara Sartor/Tlam).

“En las calles de Buenos Aires no se ven, en las horas de la siesta, ms que mdicos y perros”, escriba un viajero francs sobre la Gran Aldea. Un pueblo grande de calma chicha. Una chispa en la oscuridad colonial donde las noticias llegaban tarde de tanto atravesar el ocano y en la que los conspiradores traficaban “novedades” mezclada con la correspondencia mientras soaban con una revolucin en nombre del rey de Espaa.

En esos primeros aos del siglo XIX la comunicacin era por barco y tardaba en llegar tres o cuatro meses; tres o cuatro meses despus de producirse los hechos”, cuenta el historiador Norberto Galasso, mientras comienza a separar las hebras de la madeja de la Semana de Mayo en dilogo con Tlam.

Los hechos, aquellos hechos, decan que el 18 de mayo de 1810 el Virrey del Ro de la Plata, Baltasar Cisneros, ya no poda ocultar lo que toda Espaa saba y gente inquieta como Manuel Belgrano y Juan Jos Castelli se acaban de enterar con el arribo del ltimo barco al Puerto de Montevideo: que la Junta de Sevilla haba cado.

Esto significaba, ni ms ni menos, que gobernar en nombre de Fernando VII era una quimera, pero tambin un imperativo para quienes pretendan encender en Buenos Aires la chispa de una Hispanoamrica democrtica y a tono con “las nuevas ideas” de Libertad, Igualdad y Fraternidad forjadas durante la Revolucin Francesa.

“Fernando VII, en un principio, haba asumido las nuevas ideas pero despus vuelve a ser el reaccionario que haba sido siempre”, explica Galasso. Pero la historia, aunque desordenada, se cuenta desde el principio, y a los patriotas poco les importaba lo que el hombre iba a hacer despus, cosa que por otra parte nadie poda adivinar. Y esto fue lo que pas.

Cronologa de la Semana de Mayo por Pedro Saborido


El grito sagrado

En enero de 1808 las tropas francesas invaden Portugal y despus el resto de la pennsula Ibrica. Carlos V entrega el reino de Espaa a su favorito Manuel Godoy y ste a Fernando VII, quien finalmente dimitir a favor de Jos Bonaparte, hermano de Napolen.

Sin embargo, el pueblo espaol tena otros planes y organiza la resistencia a la invasin napolenica a travs de juntas de gobierno instaladas en las principales ciudades, coordinadas por la de Sevilla. Las juntas, unas ms que otras, queran tambin la democratizacin del reino. Y el fin del absolutismo.

Aquellas juntas de gobierno seran la inspiracin de los patriotas americanos. Y el atajo hacia la libertad: Si las colonias son del rey y el rey est impedido de goberrnar, ergo, nos gobernamos nosotros mismos.

Es cierto que Fernando VII levant las banderas revolucionarias por unos pocos das, tan pocos como los que rein cuando Napolen lo puso y lo sac del trono. Pero aqu las estampitas ya estn impresas y eso a nadie le import.

“La Revolucin Francesa repercute en Espaa en la revolucin de 1808. Se produce una revolucin democrtica donde se constituyen las juntas populares, entre ellas la Junta Central de Sevilla, que ms tarde ser reemplazada por el Consejo de Regencia, que ya no tendr el mpetu de las juntas populares”, explica Galasso.

Y agrega: “Esta prdida de vigor revolucionario hace que los patriotas de Buenos Aires y de distintas ciudades de Hispanoamrica tengan resistencia a aceptar el protagonismo del Consejo de Regencia”.

“Cuando se conoce la noticia de que el Consejo de Regencia reemplaza a la Junta Central surge la necesidad de crear rganos locales que formen parte de esa revolucin que se est extendiendo en el mundo y que es la revolucin por los derechos del hombre, por las libertades, por la democracia”, abunda el autor de “Mariano Moreno y la revolucin nacional”.

De boca en boca

"La Revolución de Mayo", el famoso cuadro de Francisco Fortuny, pintor catalán radicado en Buenos Aires.
"La Revolucin de Mayo", el famoso cuadro de Francisco Fortuny, pintor cataln radicado en Buenos Aires.

Pero Cisneros quiere curarse en salud y el 18 de mayo dice que le importa nada la cada de la Junta Central de Sevilla, que lo haba designado el ao anterior. l -insiste para parecer ms creble- seguir fiel a los Reyes Catlicos. Es decir, a don Fernando VII.

Eso s: nada de formar juntas populares que usen de don Fernando nada ms que por el nombre. Esto no lo dice, claro. Pero todos en Buenos Aires saben que lo piensa. “El Sordo”, como lo apodaban despus de perder buena parte de su audicin en la Batalla de Trafalgar, lo haba demostrado a sangre y fuego en Chuquisaca, donde los patriotas pagaron la osada de la libertad con torturas y centenares de muertos.

Por eso ms que cautos haba que ser precavidos. Y los patriotas saban que no hay conspiracin sin comunicacin y que esta, sin Whatsapp ni seales de noticias, se basa en el boca a boca. Y tambin en la buena informacin.

“Se actuaba clandestinamente. No olvidemos que tanto en Espaa como en Amrica predominaba la Inquisicin, donde cualquier hereja religiosa era tambin poltica, en tanto condenaba cualquier intento de pensar libremente”, razona Galasso.

“Los escritos de Rousseau como de los filsofos de la revolucin francesa o de pensadores espaoles llegaban a Amrica clandestinamente. Mariano Moreno, por ejemplo, se formaba en la biblioteca de su protector, el cannigo Terrazas en el Alto Per. All encuentra lo que los sacerdotes lean y que no dejaban leer a los dems”, explica.

Quema esas cartas

En el Museo del Cabildo, los retratos de sus miembros: Miguel de Azcuénaga, Juan J. Paso, Cornelio Saavedra, Mariano Moreno, Domingo Matheu, Juan J. Castelli, Manuel Alberti, Manuel Belgrano y Juan Larrea (Lara Sartor/Telam).
En el Museo del Cabildo, los retratos de sus miembros: Miguel de Azcunaga, Juan J. Paso, Cornelio Saavedra, Mariano Moreno, Domingo Matheu, Juan J. Castelli, Manuel Alberti, Manuel Belgrano y Juan Larrea (Lara Sartor/Telam).

Sigilosos, haciendo circular la convocatoria a reuniones secretas de boca en boca, los patriotas no dejan de reunirse. En la jobonera de Hiplito Vieytes o en la casa de Nicols Rodrguez Pea discuten sobre lo que sucede en Espaa, sobre cmo formar un nuevo gobierno, sobre la desnudez del rey y el taparrabos de la libertad.

“La comunicacin era personal, como en todo movimiento revolucionario. Los pregoneros eran expresin de la opinin oficial. El Virrey comunicaba a travs de los pregoneros, pero los hombres que hacen correr las nuevas ideas y convocan a ir a la Plaza son los ‘chisperos de la revolucin’, es la militancia, como siempre”, destaca Galasso, y recupera los nombres de “French, Beruti, Donado, Cardozo, Dupuy y tantos otros”.

Domingo French era cartero. Cobrara a destajo de acuerdo a la cantidad de cartas que reparta. En esa ciudad de calles con altibajos y generalmente embarrada “tena la posibilidad de tomar contacto con la gente con la excusa de entregar la correspondencia”.

“Era un hombre que estaba en contacto con distintos barrios, con distintos sectores, donde poda difundir las nuevas ideas”, subraya el historiador, quien destaca la heterogeneidad de aquellos hombres que se atrevan a pensar, quizs por primera vez en Buenos Aires, una Patria grande.

Antonio Beruti era un hombre que estaba inserto en el aparato del Estado; haba algunos otros, annimos, que aparecen en ese momento, desocupados o trabajadores de la nica imprenta de entonces, la Real Imprenta de los Nios Expsitos, todos ellos encargados de difundir la formacin de las juntas populares en Espaa y los ideales revolucionarios”, detalla Galasso.

El 18 de mayo la revolucin amaneca, buscaba su forma sobre la marcha. “La revolucin de 1810 no es separatista, como s lo ser en 1816. Si no se dira que la Patria naci dos veces y esto no fue as”, resalta el autor de “Somos libres, lo dems no importa nada”.

Lo que se produce en la Semana de Mayo es una revolucin democrtica. Por la presin de la gente en la calle se convoca a un Cabildo Abierto el 22 de mayo”, destaca. Pero para eso todava debern pasar das lgidos, bajo la amenaza latente de la trampa y la represin.


Agradecemos al Museo Nacional del Cabildo de Buenos Aires y la Revolucin de Mayo.
(Sitio web: cabildonacional.cultura.gob.ar)


El Cabildo, segn pasaron los aos