13/05/2021 16:24 - El drama del siglo XXI

Claves para entender un mundo injusto y desigual

De Estados Unidos a China y de Rusia a Brasil, las desigualdades han aumentado sustancialmente en el mundo, al extremo de volverse insostenibles. Hasta cundo subsistir el actual sistema econmico que impulsa la concentracin de la riqueza en cada vez menos manos mientras la mayora se empobrece? Un drama que en pleno siglo XXI exhibe toda su crudeza.

Por Creusa Muoz (*)

Atlas de las desigualdades
Atlas de las desigualdades


El capitalismo alcanz su versin ms descarnada y brutal. Y es que el vaso nunca derrama: el 1% ms rico de la poblacin mundial se apropi del 27% del crecimiento econmico de los ltimos 40 aos, mientras que el 50% ms pobre captur slo el 13%, es decir, 3.500 millones de personas se quedaron con menos de la mitad de lo que percibi la reducida elite ms acaudalada del planeta (1). Este abismo socioeconmico se explica por las transformaciones estructurales que ha sufrido el capitalismo en la era de la finarizacin.

Una de las ms importantes es el mayor ensamblaje entre los perceptores de una elevada renta de capital y los perceptores de una elevada renta de trabajo. Es decir, los individuos que cuentan con una alta renta de capital prcticamente son los mismos que se encuentran entre el decil y el percentil de ingresos mximos de la sociedad. Es lo que el reconocido economista Branko Milanović denomin como homoploutia (de homo, igual y ploutia, riqueza) para advertir sobre el desmesurado poder econmico que los capitalistas adquirieron en el sistema meritocrtico liberal imperante en el mundo a diferencia del capitalismo clsico del siglo XIX en el que prcticamente ningn capitalista de los rangos ms elevados de la escala perciba una renta de trabajo.

Esta convergencia en las mismas manos, de la renta de capital y de la de trabajo, se duplic en los ltimos 37 aos, y todo indica que seguir creciendo ya que el cambio estructural en la organizacin de la fuerza laboral, mayormente descentralizada, merm considerablemente la capacidad de negociacin de los trabajadores, menguando sus salarios a favor de la rentabilidad del capital e impulsando, en definitiva, la polarizacin de los ingresos (2).

Pero los ricos no slo son los benificiarios exclusivos de esa doble concentracin sino tambin de otra, ms anquilosada aun, la patrimonial, que tambin aument, y lo hizo mucho ms rpido que los salarios por el dbil crecimiento, los intereses de capital y el precio de las propiedades (3). Asistimos as a un mundo cada vez ms injusto donde la nica igualacin posible es la que se da hacia abajo.

Una elite perpetua

Est claro que la igualdad absoluta no existe o, al menos, los pocos intentos que se han dado en las sociedades por alcanzar este ideal nunca pudieron trascender en el mundo como hoy lo hacen las desigualdades ms extremas. Pero, qu hay detrs de la prevalencia en la historia de los regmenes desigualitarios? Por qu seguimos validando un sistema donde slo unos pocos se benefician en desmedro de la mayora?

La respuesta, quizs, resida en los mecanismos de perpetuacin de la elite multimillonaria que concentra tanto el poder econmico como el poder poltico ya que la distribucin del financiamiento de las campaas electorales suele estar tambin hiperconcentrada en las personas ms pudientes de la sociedad.

Es el caso de Estados Unidos en el que el 1% ms rico de la poblacin aport el 40% del total de las contribuciones para las presidenciales de 2016 (4). Donaciones que esperan, por supuesto, una retribucin poltica afectando las medidas impositivas, la transferencia de la riqueza pblica a manos privadas, el control gubernamental sobre el ocultamiento de fondos econmicos y financieros, la regulacin de la transmisin intergeneracional de la riqueza y dems mecanismos polticos e institucionales que eternizan el enquistamiento en el poder de la elite econmica y de sus descendientes (5).

Pero para perpetuarse la elite tambin necesita de la connivencia de las masas y es aqu donde radica la perversin central del sistema ya que se apela a un discurso propietarista, empresarial y meritocrtico que afirma que las desigualdades son justas porque derivan de un proceso libremente elegido en el que todos tenemos las mismas posibilidades de acceder al mercado y a la propiedad. Un argumento que, en definitiva, termina estigmatizando a los perdedores del sistema econmico por su supuesta falta de mritos, encubriendo que la “igualdad de oportunidades” no es ms que una falacia en las sociedades actuales.

Cuando se nace en la indigencia, los nios y las nias tienen grandes posibilidades… de permanecer desescolarizados, ser sometidos a trabajo infantil, padecer en su vida adulta trabajos precarios o desempleo, y contar con una esperanza de vida reducida. Porque las desigualdades son acumulativas y se retroalimentan, y coartan toda va de escape a los que las padecen. As como los ricos heredan la fortuna, no por mrito, sino por sucesin, los pobres heredan la pobreza, no por carencia de talento, sino por defecto.

Este sistema, sin embargo, al ser cada vez ms insostenible para la mayor parte del planeta, est perdiendo legitimidad. Pero sin un contrapoder fuerte y organizado que verdaderamente lo cuestione seguir profundizndose. Los Estados se han vuelto dbiles frente al poder econmico y financiero, y las clases medias y populares carecen de un sentido de lucha colectiva no slo por el cambio en la naturaleza de la organizacin del trabajo y el aumento del trabajo precarizado que desarticul su poder frente al capital, sino tambin por la erosin de los mecanismos de solidaridad debido a la emergencia de pequeas desigualdades cada vez ms individualizadas entre personas de una misma posicin socioeconmica. Como aquellas que atraviesan a colegas con distintas remuneraciones por igual trabajo o las que persisten entre trabajadores en blanco y trabajadores en negro, o como las que hay entre mujeres y hombres con un mismo puesto laboral pero con distinto salario o las que existen entre los que viven en un barrio cerrado y los que viven en la ciudad…

Todas estas pequeas desigualdades, como explica el socilogo francs Franois Dubet, son tambin relevantes porque son las que pesan en la vida cotidiana y, al erosionar la identificacin de las personas en un mismo grupo socioeconmico, terminan obstruyendo toda accin organizada que pretenda combatir a las grandes desigualdades.

Entre el arcasmo y la modernidad

Es cierto que en los ltimos doscientos aos se hicieron grandes progresos en salud y educacin que facilitaron una mayor movilidad socioeconmica pero an persisten grandes disparidades entre pases as como en el interior de los Estados (6).

No es lo mismo nacer en Sierra Leona donde la esperanza de vida es de 52 aos que en Hong Kong donde alcanza los 84 aos, como tampoco lo es respirar en el barrio de Bronx de la ciudad de Nueva York, integrado por un 70% de latinoamericanos y un 29% de afroamericanos, en el que la contaminacin atmosfrica alcanza casi el triple del promedio estatal (7).

Tampoco ser mujer que ser hombre en Francia, donde la participacin de las mujeres en el 1% de los salarios ms elevados del pas es slo del 16%. Porque, aunque hubo cierta evolucin en la paridad de gnero, como en varios pases del mundo, esta no deja de ser lenta: se calcula que, de continuar con el mismo ritmo, recin en el ao 2144 las mujeres llegaran a representar la mitad de efectivos del percentil superior de los ingresos en el pas galo (8). Y es que en todo el planeta los regmenes desigualitarios estn atravesados por el progreso, pero tambin por el arcasmo. Aunque no quedar ms que arcasmo si las desigualdades siguen profundizndose porque el progreso para unos pocos no es progreso sino retroceso.

La historia ha demostrado que las grandes redistribuciones de la riqueza se han dado a travs de guerras, revoluciones o hiperinflaciones inesperadas. La elite econmica mundial seguramente impedir un cambio de rgimen del que es exclusivamente beneficiaria. Pero de no impulsar reformas en el rgimen a travs de medidas de redistribucin y pre-distribucin, que son las que permiten contrarrestar las desigualdades originarias, la asfixia econmica que hoy sufren los ms desfavorecidos y la que empiezan a sentir en menor medida las clases medias y populares ser insostenible porque los pilares que hoy garantizanla rentabilidad de unos pocos y aseguran su perpetuidad en el poder, maana sern los causantes de su propia destruccin.


(*) Editora de Le Monde diplomatique, edicin Cono Sur.

La nota pertenece a “El Atlas de las desigualdades. Claves para entender un mundo injusto”, editado por Le Monde diplomatique, edicin Cono Sur y Capital Intelectual, que incluye artculos de Thomas Pikkety, Branko Milanović, Franois Dubet, Sergio Federovisky, Mabel Bellucci y ms. Disponible en libreras y en su web. Edicin, compilacin e investigacin estadstica por Creusa Muoz.

1. Thomas Piketty, Capital e ideologa, Paids, Buenos Aires, noviembre de 2019.
2. Branko Milanović, Capitalismo, nada ms, Taurus, Madrid, 2020.
3. Franois Dubet, La poca de las pasiones tristes, Siglo XXI, Buenos Aires, 2020.
4. Branko Milanović, op. cit.
5. Segn el World Inequality Database, la riqueza privada neta ha experimentado un incremento generalizado en las ltimas dcadas, pasando de 200-350% del ingreso nacional en la mayora de los pases ricos en 1970, a 400-700% en la actualidad. Mientras la riqueza pblica se ha hecho negativa o cercana a cero. En cuanto a los activos en parasos fiscales se estima que representan ms del 10% del PIB mundial.
6. La esperanza de vida en el mundo pas de una media de 26 aos en 1820 a 72 aos en 2020 y se estima que a comienzos de siglo XIX slo un 10% de la poblacin mundial mayor de 15 aos estaba alfabetizada contra un 85% en la actualidad. Para ms informacin, vase Thomas Piketty, op. cit.
7. Segn la Union of Concerned Scientists.
8. Thomas Piketty, op. cit.