05/05/2021 07:33 - A 45 aos de su desaparicin

Cmo fue la madrugada violenta que sell el destino de Haroldo Conti

Por su compromiso ideolgico, su militancia en el PRT y sus vnculos con Cuba, donde integr el jurado del premio Casa de las Amricas, el escritor estaba en la mira de las Fuerzas Armadas que semanas antes haban dado un golpe de Estado.

Por Leonardo Castillo

e supo que Haroldo estuvo en Campo de Mayo, en El Vesubio y en la cárcel de Villa Devoto.
e supo que Haroldo estuvo en Campo de Mayo, en El Vesubio y en la crcel de Villa Devoto.

El escritor Haroldo Conti y su mujer Marta Scavac llegaron pasada la medianoche del 5 de mayo de 1976 a la casa que habitaban en el barrio de Villa Crespo, donde un grupo de tareas del Ejrcito los esperaba, y tras someterlos a un duro interrogatorio que incluy golpes, patadas y torturas, la patota se llev al escritor, periodista y novelista, quien an permanece desaparecido.

Por su compromiso ideolgico, su militancia en el PRT y sus vnculos con Cuba, donde integr el jurado del premio Casa de las Amricas, Conti estaba en la mira de las Fuerzas Armadas que semanas antes haban dado un golpe de Estado.

“Hic meus locus pugnare est hinc non me removebunt” (Este es mi lugar de combate, de aqu no me mover), rezaba un cartel en latn que haba colocado frente al escritorio del estudio que tena en su casa y que resuma su postura ante la cacera emprendida por el terrorismo de Estado en esa Argentina de hace 45 aos atrs.

“Marta y yo vivimos como bandoleros, ocultndonos, hablando en clave… Aqu va mi direccin, por si sigo vivo”, le confi el autor de “Mascar, el cazador americano” en una carta que le envi al colombiano Gabriel Garca Mrquez, quien mantena con Conti una entraable amistad. En 2009, Scavac cont ante el Tribunal Oral Federal 5 las alternativas del secuestro de Conti en una declaracin quese extendi por ms de seis horas durante el juicio que se le sigui al general de brigada Jorge Olivera Rovere, a cargo de la represin ilegal que se desarroll en Capital Federal.

La periodista y segunda esposa de Conti rese que ambos haban salido esa noche a ver la pelcula “El Padrino II" y que Juan Carlos Fabiani, una persona que se refugiaba en esa casa ubicada en la calle Fitz Roy 1205 se haba quedado al cuidado de los dos nios que vivan all. Eran Ernesto, el hijo de tres meses que tena la pareja, y Miriam, una nena de siete aos, hija de otro matrimonio quehaba tenido Marta.

Al ingresar a la casa, Haroldo y su compaera ven a Fabiani maniatado en el piso y a seis hombres vestidos de civil, que abordan al escritor, lo encapuchan y luego conducen a otra habitacin, en medio de golpes, gritos y amenazas. La patota permanece en el domicilio toda la noche, un grupo se queda en el cuarto con Conti, y otro con ella, que escucha los gritos de dolor del escritor. Los represores se dedican a saquear, romper y robar todo lo que encuentran en esa casa, mientras Marta permanece tirada en el piso, atada con corbatas y con la cabeza tapada por una camisa.

La compaera de Conti no escucha nada de sus hijos, la patean en los riones, en la cabeza, y uno de los integrantes del grupo de tareas le pregunta por sus das en Cuba. “Tambin estuve en Estados Unidos”, les dice la mujer en medio de los tormentos. “Pero Cuba es un pas comunista”, le contesta uno de sus captores, quien actua como el ms benigno de la patota.

“Esto es una guerra. Son ustedes o nosotros y no vamos a dejar ni las semillas”, le dice uno de los represores a Marta, y momentos despus le anuncian que se van a llevar a Haroldo con ellos. Ella est encapuchada y pide despedirse; la llevan a otro lugar de la casa y logra hablar con su compaero, quien le confa que est bien y la despide con un beso en la barbilla, el nico lugar de la cara que tiene descubierto. Marta se desespera porque entiende que Haroldo tiene la cara al descubierto, que puede ver a sus captores y que ello implica que no lo van a dejar con vida. Comienza a gritar y uno de los hombres la tira en una cama; le pone un arma en la cabeza y le ordena que se calle. Marta no logra ver en esa lgubre despedida al profesor del cual se enamor en sus das de liceo y con quien conviva desde haca tres aos.

“Oigo ruidos de cadenas que se arrastran por el piso y me doy cuenta que se lo llevan. Me dice ‘cuidame al nene, cuidame al nene’ y son las ltimas palabras que le escucho decir a Haroldo”, testimoni Marta ante los jueces que integraban el Tribunal Oral Federal 5. La patota se lleva a Conti y a Fabiani (quien tambin permanece desaparecido); cargan en dos autos televisores y otros electrodomsticos y le anuncian a Marta que van a volver.

Como puede, la mujer se desata, constata horrorizada el desastre que los represores dejaron en la casa, y con las primeras luces del da, toma a sus hijos y escapa por la ventana para buscar despus refugio en la casa de sus padres, pero por apenas un tiempo. Marta se contacta con sus compaeros de la revista Crisis, y mientras va de casa en casa, comienza a denunciar el secuestro de Haroldo en las redacciones de los medios de comunicacin.

Hay una orden del gobierno militar de no publicar noticias sobre el escritor, pero ese silencio se rompe el 8 de mayo, cuando el periodista Ariel Delgado anuncia por Radio Colonia la noticia de la desaparicin de Conti, algo que tambin har el diario Buenos Aires Herald. Antes de refugiarse con sus hijos en la embajada de Cuba, Marta logra contactar al sacerdote catlico Leonardo Castellani, un nacionalista que haba sido profesor de Haroldo en el Seminario Metropolitano Conciliar de Villa Devoto, para que hiciera una gestin por el escritor.

Quince das despus del secuestro, Castellani concurre junto a Jorge Luis Borges, Ernesto Sbato y Horacio Ratti, presidente de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), a un almuerzo con el dictador Jorge Rafael Videla en Casa Rosada. En medio del encuentro, el cura pide por su antiguo alumno y Ratti presente una nmina de escritores que por esos das se encontraban en la misma situacin de Conti. Se supo que Haroldo estuvo en Campo de Mayo y en El Vesubio, y Castellani logra verlo, en la crcel de Villa Devoto, donde lo encuentra en un muy mal estado y le brinda la extremauncin a ese hombre de letras que tiene 51 aos.

En diciembre de 1977, Marta consigue un salvoconducto para dejar el pas; se traslada a Cuba con sus hijos, donde vive un ao, luego pasa a Mxico y recala en Suecia, desde donde retorna a Argentina en 1985.Muri hace cinco aos, tras preservar la memoria y honrar la obra del hombre que am.

El escritor colombiano Gabriel Garca Mrquez se compromete en una campaa internacional para reclamar que la dictadura argentina diera informacin sobre el paradero de Conti, su amigo.



En abril de 1981, el autor de “Cien aos de soledad” narra en una nota publicada en el diario El Pas de Espaa que un ao antes, el genocida Videla le dio una entrevista a la agencia EFE, y durante el dilogo que mantuvo con periodistas de ese medio, les confi que Conti haba muerto, pero les pidi que no publicaran “de forma inmediata” la informacin.

“Yo considero, ahora que el general Videla no est en el poder, y sin haberlo consultado con nadie, que el mundo tiene derecho a conocer esta noticia”, cierra el colombiano ese escrito en el que confirma el asesinato de su amigo, quien dej una obra, una conducta poltica y cuatro hijos en un pas que so con cambiar.