02/05/2021 11:00 - reflexiones sobre el peronismo

Silbidos de un vago 6

El crtico literario, ensayista, poeta y narrador desmenuza en este recorrido literario cmo nos atraviesa el peronismo, el correo y sus vinculaciones socio-polticas. Adems, el devenir de las cartas, ese objeto de comunicacin que hoy qued casi obsoleto, y que requiere de nuestra atencin para entender a dnde vamos, "al lenguaje de seas?" se plantea el autor.

Por No Jitrik para La Tecl@ Ee



Cuando Pern entr en el escenario poltico argentino como un tornado descoloc a los partidos que previamente estaban acostumbrados a ciertas lgicas que parecan eternas. Se desconcertaron, se desanimaron, no lo podan creer. Algunos, los radicales, los socialistas, los comunistas, se hicieron, ms o menos, cargo del desconcierto pero, fue evidente, perdieron energa; la oposicin ofreca un espectculo en el que los actores no tenan demasiados guiones, salvo la repeticin, figuras antao imponentes eran ms bien objeto de homenajes que de lneas de accin. Es claro que la “suma del poder” que ostentaba y ejerca Pern contribua a ese borramiento pero ms que eso, me parece, ciertos lenguajes cayeron en una inoperancia discursiva. Da la impresin de que eso que lleg hacia 1944 se qued con sus ms, la adhesin incondicional, y sus menos, el correlativo rechazo; el conflicto entre ambos trminos determina todo lo que pas hasta hoy da. El frondicismo fue una salida que adopt el radicalismo para volver a tallar en la escena, se propuso superar al peronismo admitindolo y, de paso, y un poco como herencia, formul ambiciosos proyectos, eso que llamaron “desarrollismo”, demasiado para el universo de quienes olan peronismo como quien huele comida en mal estado. El peronismo renaci, se dira que incluso el montonerismo lo tuvo como meta final, pero el grueso del peronismo agradeci la atencin contribuyendo a su extermino. La dictadura hizo a medias y, por fin, no pretendo hacer todo el recorrido, ese objetivo reapareci con el macrismo que pareci lograrlo, ver nada ms la ciudad de Buenos Aires y los aos en que ocupa el poder, pero no del todo: la “entente” Fernndez-Fernndez repone en la escena al peronismo, cierto peronismo, no el de la incondicionalidad, mucha agua corri bajo los puentes y lo que queda del macrismo pretende que su razn de ser es terminar con eso. Pero no lo creo: si se le perdonara al macrismo la ristra de fechoras que hizo cuando crea que le haba llegado la oportunidad, no tendran sus conspicuos representantes ninguna dificultad en admitir, primero, que no hace falta tener una idea de pas ni un pensamiento, segundo, que con el peronismo no se puede y que sera razonable pactar con l, si, por ejemplo, no se intentara que devolvieran lo robado, no slo el Correo, ni que pagaran los impuestos ni que devolvieran lo mal habido y todo lo dems. Todas las voces de la llamada “oposicin”, Bullrich y los otros secuaces, que ahora gritan por las vacunas y la santa patria, encubren su objetivo principal, “no devolver”, seguir enriquecindose; tienen lo que un viejo amigo defina muy bien: hay un sapo en el bolsillo y por eso no ponen la mano ah.

A pocas cuadras de mi casa hay una sucursal del Correo, llamado “argentino” no s desde hace cunto, quizs desde que sali de las garras de la familia Macri, que espero que no puedan salirse con las suyas en la cuestin de la deuda que han dejado al final de su gestin. Lo que es evidente es que el correo es otro respecto de lo que haba sido en una gran parte del siglo XX: parece, no estoy en condiciones de afirmarlo, que no logr resistir la privatizacin ni la competencia con los correos privados; dicho sea de paso, la palabra “privado” pas a ser una especie de reina en la masa ideolgica argentina, no slo respecto del correo. En eso estamos, tema caliente, no estoy seguro de que lo estemos resolviendo bien. Pero a lo que me quiero referir no es al correo como tema poltico, econmico y judicial sino a algo ms modesto, la “carta”, que si antao constitua la razn de ser de su existencia, pas en los ltimos tiempos a un modestsimo segundo plano: al parecer ya casi no se mandan cartas simplemente porque no se escriben, lo cual constituye un captulo muy importante de la historia de la comunicacin. En lo personal, desde que muri mi viejo amigo Edgar Tripet, que las escriba a mano y me las enviaba bien timbradas, yo casi no recibo cartas y cuando tengo que enviar alguna y voy a la mencionada sucursal, tengo que ponerme en una fila que ocupa media cuadra y cuyos miembros tienen de todo en sus manos menos cartas: el nico que espera para despacharla soy yo, cuando llego a la ventanilla el empleado me trata con benevolencia, debo ser un resto medio tristn de un pasado remoto.

Si el tema no es la deuda macroidea al Estado cul es el tema ahora, al menos en este momento o para m? Yo dira que el tema es la carta, no como mera costumbre sino como instancia comunicativa mediada por la escritura. Primera pregunta: cundo apareci como medio de comunicacin y quines lo iniciaron? Sin posibilidad de dar respuestas precisas slo puedo decir que, bajo la forma de la epstola, muy temprano comienza, pero no en el sentido familiar ni amistoso. Lo que, en cambio, puede afirmarse, es que en su carcter pblico, documental, filosfico y literario se desarrolla como posibilidad discursiva acorde con las posibilidades que ofrece la escritura, materialmente hablando y naturalmente su soporte, el papel que no sali de la nada. La pluma de ganso mojada en la tinta y la tinta misma, el papiro, as se escribieron monumentos de la cultura humana. Luego, mucho ms tarde, lleg la pluma cucharita de metal y el papel, y ambos se instalaron en la escuela y en las cartas, el mundo se pobl de cartas, las familias las esperaban, los amantes las deseaban y volcaban en ellas sus sueos, la literatura no se poda perder ese esplndido hecho que sostena y consolidaba la comunicacin, instancia que, al fin y al cabo, sostiene la vida social. La mquina de escribir no menoscab su imperio y si bien redujo la escritura a ser una mera virtud, la caligrafa, por el otro lado facilit la proliferacin comunicativa, cambi las maneras de escribir, las democratiz en cierto modo y hasta no hace mucho era imposible prescindir de esas maquinitas sobre cuyas teclas dedos veloces generaban mltiples escritos, de diversa ndole. Un cambio fundamental tuvo lugar a mediados del siglo pasado: la computadora, el teclado, que segua conservando la disposicin del de la mquina de escribir, y la pantalla: escribir fue otra cosa, se achic, las cartas podan ser escritas y vistas en pantalla e impresas pero, con la aparicin del correo electrnico tambin eso caduc y fue difcil recuperar la dimensin cartas; se trataba ms bien de “mensajes”, concepto que desdea lo escrito para privilegiar el “decir”. Algunos, ilusos, no ceden y siguen escribiendo cartas en esos marcos pero tambin esa libertad empieza a ser cercenada, y de qu manera, por los celulares y otros sistemas que no me atrevo a enumerar porque la informacin me supera. Cada vez ms breves, eso de ir a lo esencial en las pocas palabras que los dedos ndices pueden penosamente trazar, implica la muerte de la carta, al menos como la concebamos, y que hoy es objeto de archivo y de museo, los melanclicos las rescatan y le otorgan un valor que los digitalistas ignoran. Qu nos espera? El lenguaje de las seas?



Buenos Aires, 1 de mayo de 2021.

*Crtico literario, ensayista, poeta y narrador.
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