01/05/2021 20:32 - por julin fava

El trabajo y la pandemia: una poca sin emancipacin?

El autor plantea encrucijadas e incertidumbres de la problemtica laboral en el segundo ao de la pandemia, con testimonios del presente ms el aporte de pensadores clsicos como Georg Lukcs y Thomas Hobbes, y contemporneos de la talla de Jorge Alemn, Slavok Zizek y Mark Fisher.

por Julin Fava*


Hacia el final de su vida el filsofo hngaro Georg Lukcs, en lnea con la tradicin de Karl Marx y de Friedrich Engels, postul al trabajo como el elemento fundamental en la realizacin de lo humano. En virtud de la actividad laboral surgen manifestaciones como el lenguaje. Segn esta tradicin, el trabajo es concebido como destino abierto por la libertad humana, como campo de disputa en torno a la riqueza que genera, como horizonte comunitario.

Dicho de otro modo, el hombre produce sus condiciones de vida y, al mismo tiempo, reproduce al gnero humano. Por esa razn, la experiencia de los trabajadores puede ser concebida como patrimonio comn y herramienta clave en la organizacin de la sociedad. Y, lo que es an ms importante, en su transformacin.

Cada 1 de mayo condensa, de ese modo, las memorias sedimentadas en las luchas de las masas trabajadoras.


Este nuevo aniversario, en el segundo ao de la pandemia, encuentra al mundo en un horizonte bien complejo respecto del futuro del trabajo y, fundamentalmente, respecto de la capacidad de los trabajadores para incidir en la disputa por la renta.

La catstrofe sanitaria provocada por la Covid-19 quit definitivamente los velos que cubran la desigualdad entre pases ricos y pobres mientras las grandes corporaciones mdico-farmacuticas ofician como arietes del neocolonialismo y extorsionan con el recurso estratgico de la vacuna.

Hace unas semanas, el secretario general de la ONU, Antnio Guterres, asegur que en el ltimo ao hubo “un aumento de 5 mil millones de dlares en la riqueza de los ms ricos del mundo”. En el mismo informe, seal que alrededor de 120 millones de personas cayeron en la pobreza extrema.


En lo que concierne especficamente al mbito laboral, y segn revel el propio Guterres, se calcula que desde el inicio de la pandemia se perdieron 225 millones de puestos de trabajo de tiempo completo. El desglose de estos datos indica que en materia laboral la peor parte de la tragedia se la estn llevando las poblaciones de los pases emergentes.

En este escenario, el economista Martn Kalos advierte que en el mundo se implementaron dos modelos.

“Por un lado, el modelo europeo, que prioriz el empleo, negociando algn tipo de baja en los salarios, pero cuidando en lneas generales los puestos de trabajo y, por el otro, el modelo implementado en los Estados Unidos, que prioriz los ingresos a travs de transferencias directas de recursos a los trabajadores”, analiza Kalos, que dirige la consultora EPyCA (Economa Poltica y Comunicacin Argentina).


En la Argentina, en cambio, dada la magnitud de la crisis arrastrada desde la administracin macrista, “se implement un sistema mixto –puntualiza Kalos–: el IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) apuntal el empleo informal y el ATP (Asistencia al Trabajo y la Produccin) oxigen al empleo formal”.

La emancipacin en tiempos de pandemia

Desde dnde y cmo ponderar hoy la articulacin de un sujeto colectivo emancipador, en estas condiciones de fragmentacin profundizadas en el ltimo ao? Cmo articular las voces de los sectores subalternos, atacadas durante los aos del neoliberalismo en Argentina?


Frente a esos dilemas, el escritor y ensayista Diego Sztulwark propone “pensar estas cuestiones en una genealoga que recupera la emergencia del sujeto poltico cuya eclosin fueron las jornadas de diciembre de 2001. Desempleados, movimientos sociales, sectores tradicionalmente no pensados dentro de la categora de ‘trabajadores’”.

Segn el razonamiento de Sztulwark, habra que buscar en “los efectos de la reestructuracin del capital”, como tambin en la emergencia de nuevos actores sociales, algunas claves para repensar el complejo mundo del trabajo actual.

“Trabajo y conocimiento son inseparables”, precisa. Y, en lnea con el pensamiento de Lukcs, subraya: “Toda prctica humana encierra una conciencia de la realidad y la conciencia es un elemento decisivo en la transformacin de la realidad”.

En su reciente libro Pandemia 2. Crnica de un tiempo perdido, el filsofo esloveno Slavok Zizek se pregunta: “Puede el capitalismo sobrevivir a este giro en la vida diaria en la que estamos mucho ms expuestos a la muerte?”. Y a modo de respuesta arriesga, aunque sin dar demasiadas precisiones: “Creo que algo como una nueva forma de comunismo deber emerger si queremos sobrevivir”.

Zizek sostiene que el capitalismo se est mostrando incapaz para contener esta crisis y entonces plantea que, en el fondo, se trata de una cuestin de solidaridad: “La mayor amenaza a la que nos enfrentamos ahora no es el virus en s. Ms bien es la falta de liderazgo y solidaridad a nivel mundial y nacional”.


La frase del pensador esloveno parece disolver la responsabilidad de las corporaciones y de las estrategias de neocolonialismo de los Estados centrales en un concepto tan abstracto y personal como el de “solidaridad”.

Ante estas encrucijadas se reactualizan las mximas del viejo Thomas Hobbes, quien alertaba que en momentos de guerra o de disolucin del poder pblico el hombre se convierte “en el lobo del hombre”.

En contraste, el psicoanalista y poeta Jorge Alemn remarca en su libro Pandemnium. Notas sobre el desastre que “el capitalismo no slo es una economa, sino ms bien una estructura acfala que se reproduce ilimitadamente, una maquinaria que an en los tiempos ms crticos tiene capacidad de rehacerse”.

En suma, diversos pensadores describen el drama de la actualidad como una cuestin sistmica que adquiere la magnitud de una crisis civilizatoria en la que, una vez ms, los costos de esta ‘guerra’ recaen sobre los sectores ms vulnerables.

Lejos de las posturas de otros intelectuales que ven en la crisis ocasionada por la pandemia una posibilidad de reconfiguracin positiva de la conducta humana, Alemn advierte que “permanece en silencio la disputa o el antagonismo sobre quines pagarn las consecuencias del desastre”.


Recluido en la esfera domstica, en el mejor de los casos por prevencin sanitaria, el trabajo devino “teletrabajo”. Este es otro de los desafos que enfrenta, desde el punto de vista de su organizacin social y desde su emplazamiento territorial el mundo laboral hoy.

Al tiempo que se van sumando un conjunto de desigualdades cuyo gravamen recae, casi siempre, sobre la parte ms dbil del binomio: aumento de costos en lo que respecta a electricidad, servicios de internet, uso de dispositivos electrnicos, etc.

A esto se le suma otra dimensin, no menos importante: “No hay lmite ni fsico ni temporal”, puntualiza Kalos.

El mundo del trabajo pasa a ocupar, casi por completo, la psiquis y el espacio vital del trabajador y de la trabajadora. No hay ocio porque sencillamente se trabaja donde se vive, se come, se duerme. Casi como en un mundo sin privacidad alguna, el ser humano se convierte en un ser-para-el-trabajo y la sobrevivencia.

A esto hay que agregar otro aspecto: “las tareas de cuidado y no remuneradas en el mbito domstico, a pesar de que los varones estn trabajando en casa, siguen recayendo sobre las mujeres”, apunta Kalos.


Tenemos categoras para pensar esta crisis global? Ha forjado el pensamiento filosfico algn concepto que est a la altura de lo que est pasando? Puede la experiencia presente recuperar y resignificar las memorias de las luchas encarnadas por las trabajadoras y los trabajadores que protagonizaron aquellas pocas de pleno empleo y movilidad social ascendente?

El pasado reciente muestra que, en la Argentina al menos, tanto los sindicatos como los movimientos sociales han desplegado (y despliegan) estrategias de lucha en la disputa por la renta y por el mejoramiento en las condiciones de vida. Por otro lado, pensar al trabajo como dispositivo que articula lo social y como herramienta emancipadora, implica quebrar las sujeciones de una organizacin del capital que no presenta rostro ni mediaciones.

En el paradigma global que propone, como modelo a seguir, aplicaciones digitales que reducen el vnculo laboral a las yemas de los dedos deslizndose sobre una pantallita, la mediacin, sindical y poltica, se vuelve urgente y necesaria. Entre el flujo de capitales sin rostro y la persona que, desde la incomodidad de un hogar, responde un reclamo, la ganancia de uno es inversamente proporcional a la precarizacin de la otra.

El horizonte de la emancipacin implica tambin una disputa por el sentido de las palabras, por el imaginario que se configura en cada poca. El trabajo constituye la esencia de lo humano, el empleo es un simple medio de subsistencia.

El trabajo estructura la vida y forja un segundo hogar; en cada trabajo se aprende un modo de habitar el mundo. En cambio, el uso de la palabra “empleo” revela el lado siniestro de la administracin de las vidas reducidas a simple mercanca, as el “desempleado” puede aparecer como un resto o un desecho en el mundo contemporneo.


Si, como seala Mark Fisher en Realismo capitalista, nos han hecho creer que “el capitalismo no slo es el nico sistema econmico viable, sino que es imposible incluso imaginarle una alternativa”, habr que disputar el capital para empezar a reconstruir un imaginario emancipador.

Por eso mismo, los trabajadores y las trabajadoras celebran, precisamente, cada primero de mayo la memoria de la lucha. Celebran su identidad y su oficio. Celebran el cuerpo, la sabidura y la prctica como potencias cognitivas.
Celebran algo que va ms all de la obligacin: la redencin de los vencidos.

*Filsofo y ensayista.