20/04/2021 cultura

Cancelacin, una tendencia que avanza y asume formas peligrosas de impugnacin sobre obras y autores

Cmo se articula el giro peligroso de la cultura de la cancelacin? Ribetes y contradicciones de una prctica que con el correr del tiempo va sofisticando sus mtodos de inculpacinpara salir al cruce de obras o pensamientos y sealar su descolocamiento o extravo frente al paradigma legitimado por la poca. Escritores, crticos y ensayistas reflexionan sobre si se trata de una narrativa efmera o si tardar mucho en ser erradicada de los discursos sociales.

Por Julieta Grosso


Con el suficiente poder vocativo para derretir trayectorias, clausurar la circulacin de una obra o licuar conflictos bajo el peso de una normatividad que se pretende concluyente, la llamada "cultura de la cancelacin" que se instal hace un tiempo en la agenda pblica adquiere cada vez ms matices inquietantes y como eco tardo de la postverdad habilita impugnaciones sin pruebas contundentes, como el rumor que recientemente atribuy delitos sexuales al filsofo francs Michel Foucault o la exhumacin de una vieja y desacreditada denuncia por abuso que empa las evocaciones afectuosas en torno al escritor Carlos Busqued, fallecido el pasado 29 de marzo.

Un escritor muere y los panegricos en torno a su breve pero celebrada obra se van enrareciendo con comentarios que aluden a una antigua –y finalmente desestimada- denuncia judicial por acoso. Un prestigioso filsofo francs que dedic gran parte de su vida a estudiar las relaciones de poder es acusado sin pruebas slidas por un colega que cuarenta aos despus confiesa haber sido testigo de sus delitos sexuales. Las dos escenas remiten a una misma secuencia: un pasado a veces improbable se interpone en el presente para alterar drsticamente la ponderacin de una figura pblica y entronizar una argumentacin unilateral que no admite contrastes porque la ausencia del "aludido" quiebra toda chance de defensa o refutacin.

Tras la muerte de Busqued, la evocación elogiosa en las redes se cruzó con una antigua denuncia por abuso sexual.
Tras la muerte de Busqued, la evocacin elogiosa en las redes se cruz con una antigua denuncia por abuso sexual.

Esos episodios recientes vinculados con la muerte del escritor Carlos Busqued -cuya evocacin elogiosa en las redes se cruz con una antigua denuncia por abuso sexual- y las imputaciones que el intelectual francs Guy Sorman realiz sobre el autor de "Las palabras y las cosas", simbolizan un giro peligroso en lo que se ha dado en llamar cultura de la cancelacin, una prctica que con el correr del tiempo va sofisticando sus mtodos de inculpacin para salir al cruce de obras o pensamientos y sealar su descolocamiento o extravo frente al paradigma legitimado por la poca.

"La cancelacin es hija del escrache fascista que inventaron los militantes que seguan a Mussolini hace un siglo para aterrorizar a cualquiera que se pusiera en su camino hacia el poder. Y el escrache fascista es hijo de las hogueras de la Inquisicin medieval. Es una misma familia de violencia: siempre segn el estilo de la poca. Se escracha, se quema o se cancela a los 'enemigos' religiosos, culturales, morales, polticos (o todo esto junto, por lo general)", seala a Tlam el escritor y crtico de arte Daniel Molina, que despliega una picante rutina en redes a travs de su cuenta @rayovirtual.

"Se hace de manera instantnea, sin defensa posible y sin apelacin. Siempre la cancelacin es un acto cobarde: son patotas amplias, masivas, atacando a individuos aislados".

Daniel Molina, autor de Autoayuda para snobs


Harwicz, autora de "Degenerado".
Harwicz, autora de "Degenerado".
La escritora Ariana Harwicz sabe bien cmo inciden estos tiempos de exacerbada correccin poltica sobre la circulacin de una obra, qu pasa cuando el mercado acusa recibo de la audacia cuestionada y decide darle la espalda a un texto que tiempo antes respaldaron los editores y refrendaron la crtica y los premios. Su ms reciente novela, "Degenerado", donde el narrador asume la identidad de un hombre que ha sido detenido y juzgado por violar y matar a una nena, slo logr ser traducida en pases como Rumania, Irn, Irak, Egipto. Pnico editorial, en cambio, fue la reaccin seriada en los pases del continente europeo, donde vive desde 2007.

"Cultura de la cancelacin es de por s un oxmoron, una contradiccin que marca un eje de marketing, mejor dicho, la semntica del horror del marketing en la cual vivimos. Ac en Francia la irrigacin y la sumisin a lo que irradia Estados Unidos es total, igual que en Inglaterra, Alemania, Espaa, Italia o los pases de Europa del Este: la lgica ideolgica es la misma. No hay ms Muro de Berln, no hay ms Guerra Fra. Entonces, el podero de la cancelacin es caprichoso, diablico y se muerde la cola, porque muchos de los que gritan y cancelan a otros son a su vez luego cancelados", destaca la autora a Tlam.

"Es esa lgica perversa de que nadie se salva. Muchos en Estados Unidos han acusado a otros de hacer obras homofbicas, de apropiacin cultural, de supremaca blanca, transfobia, etc... Recuerdo el caso de un autor que sac una novela sobre su experiencia gay y lo acusaron de mercantilizar y negociar con la identidad gay sin ser l del todo gay y tuvo que autocancelarse", indica.

"Ac no se salva nadie. Es una lgica de topadora donde mueren todos y lo que se pretende es arrasar con el pensamiento".

Ariana Harwicz


Dar entidad a la marea cancelatoria implicara para la ensayista y curadora Andrea Giunta blindarse al grueso de la produccin artstica e intelectual de todos los tiempos y confrontarse a un vaciamiento de los principales acervos mundiales: "Si esto significa eliminar de la historia a los pedfilos, abusadores, violadores, muy probablemente dejara los museos y los estantes de las bibliotecas vacos", dice a Tlam.

"Voy a seguir viendo pelculas de Woody Allen y de Polanski y, por supuesto, seguir leyendo a Foucault. Esa es mi decisin personal"

Andrea Giunta


"Al mismo tiempo, trabajo intensamente porque el canon de la cultura occidental, que ha sido tan restrictivo, machista y patriarcal, incorpore artistas cuya ausencia restringe y empobrece nuestra cultura. La exposicin curada por Georgina Gluzman en el Museo Nacional de Bellas Artes es un ejemplo de lo que me interesa en este momento conocer, obras de artistas que estuvieron borradas, no la repeticin de los mismos nombres que ya conocemos", indica.

"En cuanto a los premios, todos deberan saber que las instituciones tienen cdigos de tica y tienen todo el derecho de retirar un premio si se concede a quien ha violado dichos cdigos. El trabajo premiado hay que cancelarlo? No, de hecho ya ha sido publicado. Toda la libertad para leerlo", subraya Giunta, que alude sin mencionarlo directamente al crtico de arte Rodrigo Caete, quien das atrs recibi el Premio Peter C. Marzio 2020 -otorgado por el International Center for the Arts of the Americas del Museo de Bellas Artes de Houston por un ensayo sobre el Centro Cultural Rojas en la dcada de 1990- pero le fue revocado tras las protestas de distintas asociaciones de arte que lo cuestionan por el contenido violento y xenfobo de su blog LoveArtNotPeople.

Marieke Lucas Rijneveld renunció a traducir a la poetafroamericana Amanda Gorman tras las reacciones violentas generadas por la crítica de una activista.
Marieke Lucas Rijneveld renunci a traducir a la poetafroamericana Amanda Gorman tras las reacciones violentas generadas por la crtica de una activista.
La operacin de traer al presente un episodio pretrito para desacreditar una obra incmoda por sus formulaciones o por los posicionamientos personales de quien la suscribe, es solo una de las variantes del fenmeno cancelatorio. Se puede ser incorrecto a travs del pensamiento pero tambin por un gnero o color de piel: hace unas semanas Marieke Lucas Rijneveld, la persona holandesa que se define como no binaria y que cobr notoriedad al ganar en el 2020 el International Booker Prize, se retir de un proyecto para traducir el trabajo de la poeta afroamericana Amanda Gorman tras las reacciones violentas generadas por la crtica de una activista para quien la traduccin deba estar en manos de un especialista de raza negra como la autora.

Unos das despus corri la misma suerte el traductor Vctor Obiols, que fue desechado por el sello Viking Books para traducir al cataln a la joven poeta que deslumbr en la asuncin de Joe Biden al leer el poema "La colina que subimos". "Fui vetado porque, a pesar de admirar mi curriculum vitae, quieren una traductora mujer, activista y preferiblemente negra. He sido vctima de una nueva inquisicin", se descarg el autor en Twitter.

Sin pistas y sin pausas

"Algo llamativo es que no hay pauta. Cualquiera puede ser cancelado, incluso los canceladores. Y an en gran expansin, no es algo organizado y ni siquiera es masivo ni popular. El 99,9% de las demandas de 'cancelacin' nacen de mnimos grupos de clase media-alta, acadmicos o con paso por la academia, muchas veces por personas con un protagonismo activo en diferentes academias", analiza la artista y ensayista Brbara Pistoia.

"Hay algo tambin del clickbait ah articulando su expansin, pero cuando uno busca un poco ms all del ttulo que omite el 'quines' (cancelan) siempre son grupos minsculos, ms an, hay veces que tan solo es una persona desde una columna de opinin"

Brbara Pistoia


"Esa generalizacin/omisin, en una poca que reacciona de forma inmediata a todo, levanta ms vuelo y alboroto que el hecho en s. Las reacciones, a favor o en contra, son tan efmeras como las razones que suelen presentarse para 'cancelar a'", explica a Tlam la directora del sello Sncopa Editora, que edit el ensayo coral "Todo Diego es poltico", dedicado a analizar la figura de Diego Maradona.

Para Florencia Angilletta, doctora en Letras, la correccin poltica "es la forma rpida de nombrar cierto malentendido que organiza parte del debate cultural luego de la cada del muro de Berln y el 'fin' del 'corto siglo XX'", y a la vez "un intento por neutralizar los efectos de ciertas condiciones de enunciacin que involucran a las minoras". La autora es taxativa: no por sustituir "aborgenes" por "pueblos originarios" o "afroamericanos" por "negros" quedaran pulverizadas las asimetras de poder y las estigmatizaciones que involucran a estos grupos.

Angilletta, que le dedica al tema varios tramos en su filoso libro "Zona de promesas", postula que la incorreccin poltica acaba por sostener aquello que pretende combatir. "Estos debates son actualizados por la cancel culture, que suma ciertas modulaciones, como la dinmica de las redes sociales –la viralizacin de esos escraches o linchamientos–, la centralidad de los feminismos –la mayora de los cancelados son varones–, el pase de la confrontacin o debate al pedido de anulacin de la existencia misma del otro, la tensin entre creacin, sujeto y moral", enumera.

"No se niegan los problemas que la cancel culture cree que seala –asimetra, poder, injusticia–, aunque s se advierte el equvoco que supone su proposicin moral: los malos son los otros, la cancelacin nunca me pasar a m", indica.

Nuevos horizontes represivos y una amenaza a los lmites de la creacin

Un paso ms all del imperativo de acompaar un pensamiento con una vida privada libre de actos cuestionables o ideolgicamente inaceptables –como podran ser examinados los posicionamientos prximos al nazismo del ensayista Martin Heidegger o el escritor Louis Ferdinand Cline,- se suma por estos tiempos una nueva demanda que exige ajustar los comportamientos de los personajes al ideario de su creador o creadora. As, el narrador y el protagonista de una obra debe reflejar el credo bien pensante de quien la suscribe, o en todo caso ste debe dar a entender que condena el accionar de sus criaturas.

Se puede escribir desde un imperativo moral o la literatura busca por el contrario horadarlo? La correccin poltica es realmente una amenaza o estos riesgos son un espejismo construido por los horizontes normativos de la virtualidad? "Toda intervencin poltica hoy de un artista, ya sea en un libro, en redes o en una nota periodstica, es un riesgo. Por eso valoro tanto a los artistas o escritores que lo hacen de verdad, no para subrayar lo subrayado y estar con las causas ganadas. Y por supuesto que no se le puede exigir moralidad a un artista Qu hacemos con Joyce, con Dostoievski , con Cline? -indica Harwicz-. Por qu se ataca el arte? Porque atacando el arte se ataca el imaginario y nada ms fuerte y poderoso que el imaginario de una poca. Pensamos a travs de ellos".

La escritora radicada en Francia debut en la literatura con "Matate, amor", una novela sobre la maternidad que le vali la nominacin al prestigioso premio Man Booker International pero que paradjicamente le genera el bloqueo de su cuenta de Twitter cada vez que pretende mencionarla, ya que para esa red social el ttulo funciona como una "incitacin" a la autolesin.

"Lo que intenta esta cultura de la cancelacin es negar al sujeto histrico, trata de negar eso. Me parece una iniciativa de la negacin que se inscribe en sociedades capitalistas y negadoras que dicen que las dictaduras o Auschwitz ya pasaron y damos por cerrados los procesos histricos como si se tratara del captulo de un libro, como si los sobrevivientes de los campos de concentracin no se siguieran suicidando o los hijos de desaparecidos de la ltima dictadura teniendo pesadillas y traumas", plantea.

"Cuando la cancelacin se cruza con el arte se produce una tragedia. El arte es, de por s, en su esencia, contestatario: eso significa que produce fuera de las limitaciones (morales, polticas) de la poca. Obviamente que si una obra es realmente de arte va a ser mal vista por la moral de la poca. El arte habla de lo que la moral de los que no piensan no puede hablar. Adems, una obra de arte es siempre hecha por personas. Y las personas son todas falladas".

Daniel Molina


"Cuando se toma a cualquier individuo y se lo sube a un escenario y se lo desnuda, lo ms probable es que no veamos una belleza prstina y un alma inmaculada: todos tenemos secretos, mezquindades, cosas horribles en nuestra alma. Elegir a unos u otros para juzgar en pblico porque algunas de sus acciones no nos agradan (o ni siquiera por eso: solo porque alguien que los detesta los ha denunciado, a veces en contra de fallos judiciales que los declararon varias veces inocentes) es miserable. Es propio de esta poca ticamente miserable en la que vivimos", ampla.

Si la literatura funcion siempre como territorio para la indagacin de lo oscuro, de pulsiones en cuya viscosidad se aloja lo perturbador o lo perverso, hoy esos lmites no parecen tan franqueables y algunos autores aparecen ms alcanzados que otros por esta nueva normatividad que exige asimilar desde la ficcin la tolerancia a las minoras y los nuevos protocolos de gnero. Estos nuevos parmetros ponen en dificultades narrativas como las de Pedro Mairal, que en su antologa de relatos "Breves amores eternos" ofrece una galera de personajes "incmodos", desde voyeuristas que espan pberes por las redes y jvenes varones que idean un ardid para filmar a una chica desnuda hasta hombres despechados que son capaces de subastar la virginidad de una mujer sin su consentimiento.

Pedro Mairal, autor de "Breves amores eternos" y "La uruguaya".
Pedro Mairal, autor de "Breves amores eternos" y "La uruguaya".
Ms de una vez el autor de "La uruguaya" ha tenido que rendir cuentas por las derivaciones argumentales de sus textos. "Ultimamente me he visto obligado a explicar que los personajes son ficcin. Antes no me pasaba eso, no tena que explicar que yo, como ciudadano, no soy mi personaje y que no necesariamente coincido con lo que piensa. Antes no haba que explicar nada; ahora hay una nueva moral, con la cual, al menos en el mundo diurno, coincido, pero que no tiene por qu estar mis personajes", dice Mairal en una entrevista reciente concedida a un peridico espaol a propsito de la edicin en ese pas de su libro "Salvatierra".

"La pgina en blanco es un territorio de libertad total. No digo que eso no tenga sus consecuencias. Puedes ser juzgado severamente por lo que escribas, pero hay que asumirlo porque lo contrario te lleva a ese realismo de tipo sovitico que pretende educar a las personas y que es medio aburrido", acota.

En esa lnea razona Harwicz: "Antes los artistas podan ir a ver como piensa un violador, un torturador o un genocida. Pero ahora no se puede, no est permitido. Te tratan de perverso o de narcisista". La autora de "La dbil mental" y "Precoz" plantea tambin un arrasamiento de la ficcin por parte los discursos asociados a la verdad: "Hoy muchos editores sacan un libro sobre una violada, pero si fue violada de verdad. Lo mismo con una historia sobre incesto: tuvo que haber sucedido y tuvo que haber llegado a los tribunales. El morbo est puesto en que haya sido verdad. Es un desprecio a la escritura de ficcin.

Se trata de una narrativa efmera o tardar mucho en ser erradicada de los discursos sociales? "El arte sobrevivir y los nios que ahora estn naciendo o los que nazcan en 10 aos al llegar a adultos mirarn esta costumbre violenta de la gente polticamente correcta como una brutalidad incomprensible", vaticina Molina.

La correccin poltica: amenaza real o espejismo construido por la virtualidad?

Cancelar, impugnar o apagar la otredad cuando genera incomodidad o rechazo se ha convertido hoy en una marca de poca, en una nueva derivacin problemtica surgida de la desnaturalizacin del debate en las redes sociales, moldeadas por algoritmos que agrupan a los usuarios por patrones de afinidad y generan una suerte de extraamiento frente al disenso en los que la lgica del intercambio de argumentos es sustituida por el aplastamiento drstico de las diferencias por va de la agresin o el bloqueo.

Para la psicoanalista Alexandra Kohan, falta el ejercicio de dialogar con el adversario.
Para la psicoanalista Alexandra Kohan, falta el ejercicio de dialogar con el adversario.

"Falta la gimnasia poltica de poder conversar con el adversario y no hacerlo pelota en las redes sociales. El asunto es ver qu tipo de conversacin pods mantener con alguien que no piensa como vos. Porque si no, solo hablo con la gente que piensa como yo, solo escucho la radio que dice lo que yo pienso, etc... y al otro lo lincho, como se hace habitualmente. Todo bajo el discurso de la pluralidad, porque si alguien se declara intolerante y lo hace desde ese lugar Listo! Pero en realidad todo el mundo se autopercibe tolerante y plural", deca en una entrevista con Tlam la psicoanalista Alexandra Kohan.

"Cualquier horizonte represivo, cualquier normatividad, se instala generando un imaginario. Cmo subi acaso Hitler al poder? No creo que esta no cultura de la cancelacin se instale nicamente en redes y funcione como una burbuja, como algo elitista que concierne a los que estn en las redes y nada ms. Muchsima gente fue despedida, llevada a la muerte social y convertida en paria, y no fue a partir de las redes. Es cierto que acrecientan y llevan a un especie de lugar extremo el linchamiento, pero tambin ocurre fuera de ellas", matiza Harwicz.

Para Pistoia, sin embargo, la gran mayora de las veces no llega a cristalizarse la cancelacin "pero siempre termina funcionando para motorizar agendas, temas y/o como empujn de prensa. Lo que no quita la peligrosidad de su uso ni lo que va cultivando. Y agrega: "No lo minimizo, me parece grave y necesario de refutar, de ajustar bien cmo leerlo, porque en realidad lo que veo detrs de todo escrache y cultura cancelatoria es una disputa de poder".

Ms all del alcance que tienen los sealamientos o demandas de impugnacin dirigidas a todo pensamiento que no se adeca al signo de poca, lo que parece desmontar la llamada cancelacin es el rol del conflicto dentro de las sociedades En qu medida esta prctica atenta contra la idea de una trama democrtica en la que se debe apelar a la construccin de consensos para conciliar posiciones antagnicas? Proponer la invisibilizacin para desactivar el poder corrosivo de un pensamiento incmodo no se parece ms a la herramienta de un rgimen totalitario que a la de una instancia democrtica?

"Ms que atentar a un orden democrtico, con democracias que estn totalmente atentadas por desigualdades estructurales que a nadie parecen importarle tanto como cuando se sugiere 'cancelar' una escena de una pelcula, atentan contra las convivencias sociales", expone Pistoia. Y ampla:

"Porque si dentro de ese gran sector intelectual y cultural que la promueve o rechaza, ms temprano que tarde, va a empezar a ser inevitablemente leda como una disputa de poder, para el gran afuera se construye un dispositivo de cacera, otro ms, y como todo dispositivo de cacera, sabemos quines son siempre los ms desprotegidos y desprotegidas".

Muchas de las crticas que se impulsan en esta cancelacin parecieran tener un origen subalterno -reconocimiento del racismo, de la desigualdad de gnero, de la autoridad y el poder, etc- pero cuando se activan parecen responder ms a una prctica de sectores conservadores en redes sociales que de resistencia poltica cultural.

"Tal vez haya que empezar a pensar cmo enfrentar las prcticas de escrache y cancelacin junto a esa otra gran pregunta de poca que es qu hacer con los discursos de odio en general. En cualquiera de los casos me parece que es esencial tener una mirada integral y no mero afn de defender libertades bajo una lupa individual o gozadora de ciertas garantas de raza y clase", explica la experta en conflictos raciales y autora del libro "Por qu escuchamos a Tupac Shakur".

Pistoia pone como ejemplo sintomtico del recorrido real que tienen las demandas de cancelacin lo que ocurri con el film "Lo que el viento se llev", que fue retirado durante un tiempo de la seal HBO por ofrecer una visin idealizada de la esclavitud hasta que reapareci en la oferta del servicio de streaming con una leyenda que adverta de su contenido incmodo.

"La agenda era un poco ms compleja, grave y ms urgente: brutalidad policial y racismo. Una de las pocas reacciones fue la del gerente de programacin que anunci un relanzamiento con un marco terico, y as sucedi. Pero la noticia solo se quedaba en el pedido de la cancelacin y en el acuse de censura, adems de haber tenido mayor impacto fuera de Estados Unidos que dentro, porque obviamente estaba todo muy incendiado por temas ms importantes", concluye Pistoia.