20/03/2021 opinin

Ultrafacho

Los ocho “banderazos” que hasta ahora hubo durante la pandemia supieron dejar postales imborrables y consolidaron la figura del "odiador serial", sobre la cual corrieron ros de tinta. Sin embargo, falta considerar un aspecto medular del fenmeno:la irrupcin cada vez ms orgnica de la ultraderecha en Argentina, y el giro “gradualista” del macrismo hacia dicho extremo.

Por Ricardo Ragendorfer

Las bolsas mortuorias con nombres de personas vivas entre ellas, la de Estela de Carlotto.
Las bolsas mortuorias con nombres de personas vivas entre ellas, la de Estela de Carlotto.

Los ocho “banderazos” que hasta ahora hubo durante la pandemia supieron dejar postales imborrables. Como la del tipo que, con la cabeza metida en una ventanilla del mvil de C5N, bramaba: “Van a empezar a tener miedo, hijos de puta!”. O como la del muchacho que luca una remera con la cara de Videla y la consigna “Mi general, se lo necesita”. O como la de aquellas ya clebres bolsas mortuorias con nombres de personas vivas –entre ellas, la de Estela de Carlotto–. Semejante festival de atrocidades consolid la figura del “odiador serial”, sobre cuya semitica ya corrieron ros de tinta. Aunque sin considerar en profundidad un aspecto medular del fenmeno: la irrupcin cada vez ms orgnica de la ultraderecha en Argentina, y el giro “gradualista” del macrismo hacia dicho extremo.

Al respecto, cabe destacar el coqueteo –a mediados de febrero– de una dirigente de primera lnea del PRO con el autopercibido periodista Eduardo Prestofilippo (a) “El Presto”, recordado por amenazar de muerte a la vicepresidente Cristina Fernndez de Kirchner.

Claro que para entonces –y con su madrinazgo– el PRO ya posea una metstasis partidaria hasta ahora ignota, ubicada en esa franja ideolgica, la Unin Republicana (UR). Su lder nacional es el diputado neuquino de Juntos por el Cambio (JxC), Francisco Snchez.

Se trata de un caverncola de manual que en las redes sociales resume su ideario con solo tres palabras: “Dios, Patria y Hogar”. De oratoria algo rstica, el discurso provida que expresaba a los gritos en las sesiones parlamentarias sobre la Interrupcin Voluntaria del Embarazo (IVE) no tuvo la vehemencia de los argumentos a favor de la pena de muerte que suele esgrimir cada tanto en ciertos programas de cable. Tambin es un fantico de la “justicia por mano propia” y hasta agita un proyecto de ley para flexibilizar la portacin de armas “en manos de ciudadanos decentes –aclar– para enfrentar la inseguridad”, una gesta enlazada a su admiracin por el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro. A la vez el feminismo es una fuente inagotable de mala sangre para l, ya que lo considera una forma de “adoctrinamiento marxista”. Si; ese es su lenguaje.

La UR cuenta con un ala Sub-30: los Jvenes Republicanos (JR), cuyo caudillo es Ulises Chaparro, un estudiante de Veterinaria al que, justamente, se le adjudica el asunto de las bolsas, lo que le vali unos das de fama tras el “banderazo” del 27 de febrero.

Ese sbado la convocatoria tambin atrajo –entre otros grupos situados a la derecha de Atila– al Partido Libertario de Javier Milei.
Ya se sabe que el instante sublime de aquella jornada fue el cruce entre ste y la cabecilla del PRO. Un cruce que, para regocijo de los presentes y los medios amigos, deriv en un clido apretn de manos. Pero ahora hay quienes deslizan que tal “casualidad” fue minuciosamente preparada.

Cuatro das despus –y en el mayor de los sigilos– ambos volveran a encontrarse para compartir una fructfera velada.

Pero vayamos por partes.


El libertario

Despus del colapso electoral de Mauricio Macri en 2019, la dirigencia de JxC le dispens un inocultable rencor hacia el partido Avanza Libertad (AL) por haberle arrebatado casi 400 mil votos.

Tal animosidad se extendi hacia Milei, quien haca apenas unos meses hizo pblica su aspiracin de disputar una banca de diputado en los prximos comicios de medio trmino, como aliado de Jos Luis Espert.

l supone que, en los ltimos tiempos, el aumento de su popularidad fue vertiginoso. Y que al respecto an no est dicha la ltima palabra. De hecho, tal vez haya cifrado tal presuncin en la existencia de lo que Boaventura de Souza Santos –un socilogo portugus cuyo pensamiento est situado en las antpodas del suyo– denomina “fascismo societal”.

Se trata de un fenmeno ideolgico que, a diferencia de los procesos de extrema derecha en la Europa de la primera mitad del siglo XX, no result cincelado por la poltica ni por el Estado, sino que surge en las entraas del cuerpo social. Una oleada tcnicamente pluralista, sin jefes, pero provista de objetivos disciplinantes y civilizatorios. El fascismo de los que ni siquiera saben lo que es el fascismo. El fascismo de la antipoltica, una bandera que l decidi aprovechar, ya que esa “clientela” bien puede ser absorbida por ideas “libertarias”.

Por lo pronto, ese hombre cincuentn, con ojos encendidos y peinado revuelto, una mezcla que le confiere cierta semejanza con de Benny Hill, se complace en definirse como “anarcocapilista dinmico”; o sea, partidario de abolir el Estado, con la nica excepcin de su estructura jurdico-policial. Y as conservar nicamente su monopolio del uso legtimo de la violencia para as mantener el orden (de la propiedad). Msica para los odos de un nmero impreciso de televidentes y jvenes embelesados por la cosmovisin libertaria.

Javier Milei
Javier Milei

Tal discurso combina con su carisma estrambtico. Los ataques de ira en pblico –aderezados con insultos– son su marca registrada. Al igual que la piedad que provoca el haber sido un nio golpeado por un progenitor bestial. Y que pudo sobrellevar tamaa disfuncin familiar para ser, primero, un hbil arquero en las inferiores de Chacarita y, luego, un acadmico solvente. Cosas que cautivan a la parte sana de la poblacin.

Para los jvenes no tiene para ofrecerles otra cosa que su ejemplo: l es un defensor del amor libre (en las entrevistas suele declarar que a lo largo de su vida particip de tringulos amorosos) y tambin se jacta de ser “instructor de sexo tntrico” (el arte de tener relaciones sin eyacular). Adems se manifiesta en contra del aborto y a favor de la legalizacin de todas las drogas.
Dada su catadura, no es extrao que Bullrich pusiera su mirada en l.


Sabes quin viene a cenar?

Al anochecer el primer martes del mes en curso, ella acudi al departamento de Marcelo Peretta, el titular del Sindicato de Farmacuticos y Bioqumicos, un dirigente que cultiv un estrecho vnculo con la administracin macrista.

All, enfundado en uno de sus trajes rayados con chaleco, la aguardaba Milei. Se saludaron como viejos amigos. Primero abordaron trivialidades, mientras el anfitrin serva un lomo a la crema con papas al natural. Milei beba limonada. Patricia no.

l engulla su palto con avidez, mientras las palabras salan de su boca a borbotones. Ella lo escuchaba con una sonrisa ladeada.

Tras el postre, el economista segua enfrascado en su monlogo; ahora, trazaba un funesto escenario financiero para el pas en los prximos meses.

Milei recitaba clculos, estadsticas y citaba ejemplos de otros pases en circunstancias anlogas. Bullrich, entonces, crey oportuno decir:
– Al fracaso econmico se le suma el desastre sanitario.

Milei, entonces, con un brillo perturbador en la mirada, acot:
– Hay que sacarlos a estos intiles.

La fuente consultada por el autor para reconstruir aquel cnclave aclar que el referente libertario se refera a “vencer al oficialismo en las urnas”.

Tambin dijo que el tema de los comicios legislativos se prolong hasta pasada medianoche. Y que, en un par de oportunidades, Bullrich lo tante con ir juntos en las boletas, aunque Milei se hizo el desentendido.

Bullrich entonces “entendi” que no era el momento de avanzar en este punto. Y solo dijo:
– Todo bien. Pero queda claro que el enemigo es el kirchnerismo, no?

Se refera a que los legisladores de ambas bancadas –la de JxC y la de AL –la alianza de Espert que patrocinara a Milei, deban unificar sus votos en el recinto de la Cmara Baja.

Peretta ya miraba afanosamente su reloj. Eran las dos de la maana.

Sus invitados haban dado el primer paso de un acuerdo?

Solo Dios lo sabe.