14/03/2021 revista La tecla ee

Conversar y conducir Por Daniel Rosso

Daniel Rosso afirma en esta nota que la estrategia del gobierno no es slo tranquilizar la economa, tambin es tranquilizar el lenguaje. Junto al indudable acierto de poner a toda la sociedad a conversar, el autor sostiene que es necesario eludir la trampa antidemocrtica.

Por Daniel Rosso


El Gobierno convocó a sindicalistas y empresarios para debatir las salidas de la crisis.
El Gobierno convoc a sindicalistas y empresarios para debatir las salidas de la crisis.

Una sociedad en estado de conversacin


El gobierno de Alberto Fernndez es un gobierno en conversacin. A travs de las reuniones con los productores rurales, con los grandes empresarios y con los sindicalistas, ha puesto a conversar y a debatir a la totalidad del sistema econmico. En simultneo, a travs de las sesiones extraordinarias en el Parlamento, ha puesto a dialogar al conjunto del sistema poltico.

Es un gobierno con una utopa gramatical: en l, las palabras circulan, se relacionan, se enfrentan, se encastran y acuerdan. No est mal: la conversacin pblica es uno de los rasgos especficos de la democracia. La inflacin, en cambio, es el territorio de la economa concentrada. Por supuesto: sta es un fenmeno multicausal y tiene diversas explicaciones. Pero aqu privilegiamos su dimensin de puja distributiva y de hecho de fuerza por parte de los actores con mayor poder relativo dentro de las cadenas de valor.

Mientras la democracia pone a circular horizontalmente las palabras, la economa concentrada hace subir verticalmente los precios. Son dos lenguajes: el de la poltica y los argumentos, por un lado, y el del poder econmico y la fuerza corporativa, por el otro. Qu es lo que intenta el gobierno con el anlisis de las cadenas de valor? Tratar de que la inflacin ya no sea un fenmeno sin sujeto, es decir, sin los responsables de que los precios suban. Por eso, para Alberto Fernndez, conversar es transparentar. Es decir: hacer visible la estructura legal del saqueo al que son sometidos los consumidores argentinos.

Es una gran apuesta: llevar la lgica de la inflacin, como hecho de fuerza, al interior de la democracia, como lgica de la deliberacin. La democracia, de este modo, avanza: intenta discutir all donde hasta ahora ha habido mayoritariamente decisiones arbitrarias. Por eso, la inflacin es tambin una categora poltica: porque en ella se imponen las decisiones unilaterales del empresariado concentrado. No por casualidad, varios de los movimientos desestabilizadores contra los regmenes constitucionales desde 1983 fueron “golpes hiperinflacionarios”. La inflacin es una sucesin de hechos de fuerza de los cuales las hiperinflaciones son sus condensaciones. La inflacin sin control, entonces, es ms una continuidad que una ruptura con el rgimen dictatorial. No es un dato menor la decisin gubernamental de intervenir en las cadenas de valor: con ella, la democracia intenta ingresar en uno de los espacios donde se mantiene cierta lgica predemocrtica, la de la formacin de los precios. Si ello se logra, las cadenas de valor, adems de una secuencia de acumulacin privada, pasaran a ser un circuito de deliberacin pblica.

Una oposicin que busca desesperadamente una dictadura


El radicalismo llama a construir "un polo republicano".
El radicalismo llama a construir "un polo republicano".


Mientras tanto, Juntos por el Cambio necesita tener enfrente un gobierno autoritario para, por contraste con l, construirse como una oposicin republicana y democrtica. En esa lnea, la UCR dio a conocer un documento llamado Manifiesto por la esperanza democrtica, firmado por Mario Negri, Luis Naidenoff, Ernesto Sanz y Jess Rodrguez, entre otros, en el que llaman a la construccin de un “polo republicano”. Sostienen: un ejercicio de creatividad poltica requiere conformar un polo de poder republicano lo suficientemente amplio, estable y visionario, que dispute con chances de xito y con propuestas claras la conduccin del Estado, pero que adems est dispuesto a garantizar el pluralismo y a recuperar el sentido del lenguaje poltico, distorsionado por el despotismo demaggico en sus manifestaciones ms autoritarias”.

Por supuesto, algo fall: los firmantes del documento se intentan diferenciar de un autoritarismo que no es fcil de encontrar en el estilo de Alberto Fernndez. Ms an: lo que tienen enfrente es un gobierno que hace conversar a todos los integrantes del sistema poltico y econmico. La UCR es un partido en busca de un contraste que no encuentra. Por eso, en la bsqueda desesperada de un dictador llegan hasta Gildo Insfrn. Para ser Alfonsn necesitan la dictadura genocida. Pero, como no la tienen, inventan campos de concentracin en Formosa. Es la poltica como utilera: Mario Negri imitando a Alfonsn y enfrentando a un supuesto autoritarismo kitsch – nerista.

Entre la conversacin y la fuerza


El lenguaje debe ser tranquilizado, pero la fuerza del Estado debe ser sostenida.

Hay una dialctica implacable en el estilo presidencial: mientras ms deja sin contraste a la oposicin a travs de su conversacin permanente, ms le resta al Estado el uso de la fuerza legtima contra las corporaciones. Por el contrario, mientras ms despliega sus polticas transformadoras ms se ofrece como contraste “autoritario” para la oposicin “democrtica”. La conclusin es sencilla: la intervencin discursiva de Juntos por el Cambio consiste en convertir polticas populares en estilo autoritario. La respuesta del gobierno, la mezcla exacta entre comunicacin defensiva y estrategia transformadora, es combinar conversacin y uso legtimo de la fuerza.

Llevar la democracia a lugares a donde an no ha llegado – como los controles de precios – exige de la conversacin pero tambin del uso de la fuerza legtima que le fue delegada al gobierno en las elecciones.

Si la inflacin es un hecho de fuerza, garantizar su control reclama otra fuerza: la que emana legalmente del Estado.

Uno de los operaivos de fiscalización de precios de la Secretaría de Comercio Interior.
Uno de los operaivos de fiscalizacin de precios de la Secretara de Comercio Interior.


Los grandes medios construyen escenarios donde esa fuerza del Estado democrtico es considerada ilegitima: por ejemplo, si el presidente afirma que va a aplicar retenciones o cupos de exportacin lo que dicen es que est amenazando. No slo no quieren la intervencin del Estado: actan como si el Estado – y su representacin democrtica – debieran disolverse.

La democracia debe existir sin Estado y las elecciones deben desaparecer luego de realizarse.

Proponen una democracia que funcione sin la memoria de sus resultados.

Es el intento de imponer un nuevo rgimen de desapariciones en el marco de la economa meditica concentrada: si no pueden evitar el triunfo de un gobierno popular y no logran dividirlo o debilitarlo, entonces intentan dejarlo sin memoria y sin historia inmediata. De all que, en ese marco, el ideal para ellos es que el gobierno converse eternamente.

Es decir: que actu como una parte ms y no como quien fue elegido para tener la ltima palabra. Para ellos, la gestin gubernamental debe intervenir como si no se le hubiera delegado el poder. Debe ser un lugar vaco. Por eso los medios concentrados y la oposicin denuncian que el “vaco” de la actual administracin es ocupado por el poder vicepresidencial. Es el peor de los vacos: el que ha sido llenado por el fin de la conversacin.

Entonces, junto al indudable acierto de poner a toda la sociedad a conversar, es necesario eludir la trampa antidemocrtica: la que desconoce que las elecciones existen, que concentran el poder en uno de los contendientes y que ste, con los instrumentos del Estado en sus manos, tiene la responsabilidad de llevar a la prctica las polticas por las que fue votado.

La imputacin por parte de la Secretara de Comercio Interior a las empresas Mastellone, Fargo, AGD, Danone, Molinos Cauelas, Bunge, Molinos Ro de la Plata, Unilever, P&G, Paladini y Potigian, por retencin o falta de entrega de sus productos para la comercializacin, es una buen ejemplo de intervencin del Estado utilizando la fuerza de la ley en contra de la fuerza arbitraria de la economa concentrada.

Paradjicamente, la conversacin interminable entre iguales es la negacin de la democracia.
* Esta nota fue publicada en la revista La tecla Ee.