Sociedad

14-02-2021 17:55 -

Pandemia, presencialidad y mundo digital: ¿la escuela en disputa?

Especialistas en didática reconocen el valor de las herramientas digitales pero destacan la importancia de la presencialidad para el proceso de aprendizaje.

Telam SE
14-02-2021 | 17:55
Por Emilia Racciatti y Milena  Heinrich

Telam SE

Mientras numerosas prácticas lograron adaptarse triunfantes al mundo digital, en el caso de la escuela eso no parece haber ocurrido de manera airosa: a pesar de que hubo clases virtuales y probablemente en términos curriculares se haya avanzado, el reclamo por la escolaridad tal como se la entendía antes de la emergencia sanitaria está en disputa y no es uniforme, según coinciden varios pedagogos que reconocen los aportes de las herramientas digitales pero subrayan la importancia de la presencialidad a la hora de pensar el proceso de aprendizaje.

A propósito de un tema central en la agenda, que traza distintas opiniones y recorridos, los pedagogos Mariano Narodowski, Flavia Terigi, Myriam Feldfeber y Octavio Falconi coinciden en señalar que la pandemia evidenció condiciones desiguales de acceso a la educación, y si bien reconocen la eficacia de los recursos digitales para adecuar formatos durante el tiempo de aislamiento, sostienen que la materialidad es todavía central en el proceso de construcción de conocimiento, aunque esta y otras variables deberán ser repensadas por las instituciones de cara al futuro.

"La disputa por la escuela no es una novedad de la pandemia, porque la institución escolar procura objetivos que están en tensión, como el direccionamiento del desarrollo infantil o la selección y transmisión de unas prácticas culturales sobre otras. La escuela ha cambiado de diversos modos, y muchas opiniones sobre ella descansan en imágenes desactualizadas y, por qué no, estereotipadas", marca Flavia Terigi, pedagoga de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Nacional de General Sarmiento.

"Lo que sí sucede es que ciertos rasgos son estables, no porque las escuelas funcionen mal, sino precisamente porque son escuelas. Otras instituciones, como los bancos, o los centros de salud, también tienen rasgos específicos que se mantienen, en tanto otros cambian", explica.

Para la docente e investigadora, si bien "numerosas actividades humanas se han reconfigurado en la pandemia", en el caso de "actividades complejas, como la enseñanza, que requieren intervenciones más o menos precisas, secuencias razonables, que combinan el seguimiento individual con el manejo de procesos colectivos, y que además tienen que alcanzar a millones de sujetos día tras día, semana tras semana, no se resuelven con la misma facilidad en estas condiciones alteradas".

En ese sentido sostiene que "no concurrir a las escuelas ha sido parte de las políticas de cuidado" y advierte que "las decisiones sobre la vuelta a la escuela deben tomarse en ese mismo marco de cuidado. Estamos en camino de tener mejores condiciones sanitarias que hace un año, pero el problema Covid 19 no se ha resuelto y habrá que encontrar formas que incrementen todo lo posible la presencialidad sin poner en riesgo a la población".

Mariano Narodowski,  docente, investigador y ex ministro de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, asegura que "la escuela fue concebida e implementada como un medio radicalmente igualitarista para lograr el acceso al conocimiento para todos y si bien es mucho lo que se ha avanzado, ese ideal (la Pansophia) está lejos de concretarse y la aparición de nuevas tecnologías (especialmente las digitales y la inteligencia artificial) han deslegitimado fuertemente lo escolar desde finales del siglo XXI".

Para el autor de libros como "Dolor de escuela" o "El colapso de la Educación", "lo que generó el proceso desescolarizador de la pandemia fue la visibilización y la profundización de estas características y evidenció opciones: una educación desconectada y más degradada para los sectores sociales y los países más empobrecidos y en paralelo alternativas innovadoras y efectivas para los sectores sociales acomodados y los países desarrollados".

Con un ciclo transitado y un nuevo calendario que asoma, la respuesta extraordinaria que supuso el ejercicio pleno de la virtualidad se presenta insuficiente en términos emotivos y de interacción social. La pregunta entonces: ¿es la escuela un espacio, un tiempo, que no funciona sin la presencialidad? ¿La pandemia resignificó la escuela en un sentido amplio, ya no sólo como espacio de transmisión cultural y de conocimiento sino también como instancia de socialización, encuentro con lo desconocido?

"Nadie discute hoy el retorno a la presencialidad. Es necesario retomar las clases presenciales, sin embargo, no podemos desconocer que seguimos atravesando una coyuntura muy compleja y que no podemos pensar el tema de la educación y de la escolarización por fuera del contexto de la pandemia. Por lo tanto el debate debe centrarse en cómo y cuándo debe darse ese retorno, cuáles son las condiciones para garantizar la máxima presencialidad posible dentro de los límites que marca la pandemia garantizando el cuidado de las comunidades educativas y del resto de la población", reflexiona Myriam Feldfeber, profesora e investigadora de la UBA.

Para la pedagoga, "la pandemia puso en evidencia la centralidad del papel de la escuela en la vida de nuestras sociedades y la especificidad del trabajo pedagógico que desarrollan las y los docentes que no puede ser reemplazado a través de medios virtuales" y además "hizo más evidentes las desigualdades estructurales que atraviesan nuestras sociedades y generó nuevas desigualdades, en especial aquellas ligadas a las condiciones de vida y el acceso a los medios tecnológicos".

En tanto, Octavio Falconi, doctor en Ciencias Sociales y coordinador del área de educación del Centro de Investigaciones de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Córdoba, considera que "la escuela puede funcionar sin la presencialidad, lo ha demostrado este tiempo" pero introduce una pregunta acerca de "si es conveniente o si se obtienen los mismos resultados, los mismos logros haciendo una educación solo por la virtualidad".

En ese sentido, "la pedagogía ha dado muchos argumentos sobre porque la escuela es un espacio de encuentro con lo común pero también con lo diferente. Es un aprendizaje para los niños de salir de sus entornos del hogar y del entorno social inmediato de su familia, ante ciertas creencias, ciertas formas de ver el mundo y la escuela permite encontrarse con la diferencia, con la disidencia, con el punto de vista del adolescente o del joven y a partir de eso poder construir una idea de lo común en la diferencia que es lo que nos permite convivir", destaca.

El investigador y docente considera que "la presencialidad, ya sea en distintos niveles educativos, siempre potencia los procesos de aprendizaje donde la virtualidad y la posibilidad de seguir con el proceso educativo sea incorporada como un complemento pero nunca para suplantar la presencia del aprendizaje escolar de los alumnes".

Y no tiene dudas en señalar que "una vez pasada la situación de pandemia y aislamiento social, la escuela y los establecimientos educativos y el sistema educativo van a volver a funcionar como venía funcionando más o menos de la misma forma porque es una organización muy estable que tiene modos de funcionamiento que están muy interiorizados por los sujetos y organiza muchísimas cosas a su alrededor".

En una línea distinta se ubica Narodowski: "El mayor peligro es la melancolía: esperar el fin de los contagios para volver a lo anterior. La escuela de 2019 es un fantasma del pasado, probablemente aún antes de la pandemia. El desafío es no caer en los formatos enlatados de las corporaciones pero sí entender que el proceso de aceleración es inevitable. ¿También deseable?  Lo relevante no es el medio (en este caso, la escuela) sino el fin: el igualitarismo pansophiano. Ese es el lugar para pensar lo nuevo sin renegar de lo viejo: transformar la tradición escolar para apropiarnos y resignificar lo digital".

En relación a la presencialidad, Terigi apunta: "La institución escolar es una forma educativa de ciertos rasgos, uno de ellos es la copresencia de quienes enseñan y quienes aprenden. Bajo ciertas condiciones tecnológicas (que no están aseguradas en Argentina) podemos romper con cierto éxito con el supuesto de presencialidad, para cierto tipo de aprendizajes. Pero la lógica del sistema escolar es la lógica de la presencialidad. No todo lo que sucede en la escuela puede suceder sin copresencia".

La igualdad ante la brecha digital y los desafíos de la escuela

Más allá de la presencialidad como objeto de contienda mediática y política, lo que subrayó la emergencia sanitaria es la desigualdad medular en todos los campos de la sociedad pero con más impacto en una institución como la escuela, cuya premisa crucial es la igualdad, por lo que la reflexión en la actualidad pasa por repensar los desafíos que supone proyectar un futuro cercano que pueda amalgamar la experiencia digital con rasgos de la idiosincrasia escolar.

"Las tecnologías de la educación han posibilitado la continuidad pedagógica durante el 2020 y constituyen una herramienta poderosa en los procesos educativos. Sin embargo, el negocio de las tecnologías se expandió vertiginosamente durante la pandemia acentuando los procesos de comercialización y mercantilización de la educación lo que pone en riesgo la soberanía pedagógica de cada uno de los países para definir los sentidos que orientan las acciones pedagógicas", dice Myriam Feldfeber.
Y por eso propone "repensar la escuela y los procesos educativos en función de un modelo de igualdad y justicia social, del buen vivir, de otros vínculos con el medio ambiente, del despliegue de políticas de cuidado, del procesamiento de las situaciones traumáticas que estamos atravesando. Necesitamos transitar un tiempo en reparación y la escuela y las comunidades educativas deben jugar un papel central en este proceso".

Porque como apunta Flavia Terigi, "a las dificultades de la conexión intermitente, o de la desconexión lisa y llana, se le suma la dificultad para generar lo que en el aula se realiza con mayor facilidad, como el seguimiento de procesos individuales, el percatarse de las dificultades que presenta un concepto, una actividad o un recurso, o el trabajo con las y los compañeros con quienes y de quienes es posible aprender", dice sobre la complejidad del escenario digital escolar que se vivió el año pasado, aunque advierte que "esto no supone que haya que volver a clases presenciales como sea".
Por su parte, Mariano Narodowski, integrante de Pansophia Project, asegura que "la desescolarización en la pandemia es tan brutal que aún no entendemos todos sus efectos entre otros motivos porque hay desescolarización más aislamiento social: en un escenario sin contagios, muchas escuelas con muchos recursos (incluso argentinas), planean aprovechar la experiencia desescolarizante para avanzar en modos combinados, donde lo presencial y lo remoto diluyen sus límites".

Se refiere a que "prevén hacer valer lo mejor de la escuela (el contacto personal, la corporeidad) y lo mejor de lo digital aunque un gran problema es que las plataformas digitales actuales estuvieron pensadas por ingenieros con poco conocimiento pedagógico. Es central pedagogizar la educación digital para que sea menos rudimentaria que los modelos actuales", dice el especialista.
En retrospectiva, Octavio Falconi considera que si bien hubo "una rápida adaptación a la virtualidad" eso tuvo "consecuencias diferentes para los distintos sectores sociales. La situación de aislamiento social y tener clases en los hogares profundizó las desigualdades preexistentes en relación a las condiciones de vida, las dinámicas económicas de los hogares, la conectividad y la disponibilidad de dispositivos y recursos para conectarse. Eso fue muy desigual según las condiciones socioeconómicas de las familias, pero también de los docentes y de las escuelas que organizan esas interacciones virtuales".

El investigador cordobés destaca también que "la poca investigación que surgió en este tiempo demostró la enorme vigilancia que tienen los padres y las madres sobre la actividad y producciones de los alumnos. Justamente la escuela permite salirse de esa vigilancia, como dicen Simmons y Mayer, la escuela permite construir un tiempo liberado: liberados de las presiones de sus familias y de las presiones de la sociedad para que el sujeto pueda construir su propio modo de ser, su propia identidad en una oposición o recuperación de valores, principios que pueden ser los de la sociedad, los que va encontrando en la escuela, con sus compañeros".

Así como en todos los campos de la experiencia social, la escuela también fue centro del debate, solo que a diferencia de otras instituciones sus dinámicas no son traducibles a uno u otro formato porque están atravesadas por una complejidad propia del campo. Y justamente por eso las palabras de Feldfeber lo resumen con claridad: "La crisis generada por la COVID-19 ha afectado a todos los sistemas educativos y nos enfrenta al desafío de repensar el formato escolar y los modos de hacer escuela en el presente y de cara al futuro".

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