19/12/2020 el 2020 en Bolivia

La pandemia puso un marco dramtico al retorno del MAS al gobierno

La situación sanitaria por el coronavirus marcó el tono de la dura confrontación entre el gobierno de facto y sus aliados contra el Movimiento Al Socialismo, que luego de dos postergaciones de las elecciones volvió al poder con la consagración de Luis Arce como presidente.

La contundente victoria del MAS, con más del 55% de los votos, consagró en primera vuelta la victoria del binomio Arce-Choquehuanca.
La contundente victoria del MAS, con ms del 55% de los votos, consagr en primera vuelta la victoria del binomio Arce-Choquehuanca.

El 2020 estuvo signado en Bolivia por la pandemia de coronavirus, que marcó el tono de la dura confrontación entre el gobierno de facto y sus aliados contra el Movimiento Al Socialismo (MAS), que luego de dos postergaciones de las elecciones volvió al poder con la consagración de Luis Arce como presidente, a un año de la asonada cívico militar que forzó la renuncia de Evo Morales.

El año comenzó duro, con Morales asilado en la Argentina junto a los principales dirigentes del MAS, liderando las tensas negociaciones internas para parir la fórmula con la que finalmente su partido recuperó el poder en 18 de octubre, mientras el gobierno de facto de Jeanine Áñez iniciaba una persecución judicial sobre los principales dirigentes masistas.

La consagración, el 19 de enero, de la fórmula liderada por el exministro de Economía Arce, secundado por el excanciller a David Choquehuanca, fue un paso complejo y desde Buenos Aires se trabajó mucho para que los movimientos indígenas y sociales aceptaran a la cabeza del binomio a un candidato no indígena.

Con este paso dado, el 21 de enero la Asamblea Legislativa de Bolivia, dominada por el MAS, cumplió con el paso formal de aceptar la renuncia que Morales y su vice, Álvaro García Linera, habían presentado el 11 de noviembre para frenar la represión impulsada por los partidos de oposición y ejecutada por la Policía y el Ejército.

Con esta aceptación de la renuncia sacada a la fuerza se destrabó el camino institucional hacia las elecciones, que en principio fueron convocadas para el 3 de mayo, cuando la pandemia de coronavirus era una noticia creciente pero aún lejana.

El 2020 estuvo signado en Bolivia por la pandemia de coronavirus, que marcó el tono de la dura confrontación entre el gobierno de facto y sus aliados contra el Movimiento Al Socialismo.
El 2020 estuvo signado en Bolivia por la pandemia de coronavirus, que marc el tono de la dura confrontacin entre el gobierno de facto y sus aliados contra el Movimiento Al Socialismo.

En la segunda mitad de marzo la ola global de la epidemia iniciada a fines de 2019 en la ciudad china de Wuhan forzó al gobierno de facto a decretar el confinamiento y a postergar, sin fecha, las elecciones, mientras la estructura sanitaria del país comenzó a dar muestras de su endeblez, en medio de las presiones políticas desde y hacia el MAS.

Con el argumento válido de la pandemia, el gobierno de facto había desplegado para el 11 de abril unos 47.000 militares en todo Bolivia para controlar que se cumpliera la cuarentena. Una militarización difícil de absorber a meses de un virtual golpe de Estado para los sectores masistas, que meses más tarde se ratificaron como mayoritarios.

En ese clima, en el que las reacciones de los movimientos sociales no se hicieron esperar, el Tribunal Superior Electoral (TSE), sospechado de afinidad con el gobierno de Áñez, se vio forzado a fijar para el 6 de septiembre la fecha de las elecciones, pero esa cita duró tres meses.

El gobierno de Áñez utilizó la crítica situación planteada por la pandemia de coronavirus para hacer campaña
El gobierno de ez utiliz la crtica situacin planteada por la pandemia de coronavirus para hacer campaa

El 23 de julio, el TSE anunció una nueva postergación de los comicios hasta el 18 de octubre, cuando se esperaba que la Covid-19 estaría bajo cierto control, mientras una eventual segunda vuelta, a la que apostaban los partidos de derecha, se celebraría el 29 de noviembre.

La nueva postergación fue rechazada por la Central Obrera Boliviana y por los movimientos sociales afines al MAS, que a partir del 1 de agosto iniciaron un plan de lucha con movilizaciones y bloqueos de rutas.

El 13 de agosto, ante las presiones, la presidenta Áñez promulgó la ley que ratificó que las elecciones se celebrarían el 18 de octubre, después de que el parlamento, controlado por el partido de Morales, aceptara la fecha, tras un intenso debate interno en el que terció el expresidente.

En el medio, el gobierno de Áñez utilizó la crítica situación planteada por la pandemia de coronavirus para hacer campaña, al denunciar que por culpa de los bloqueos en plena pandemia murieron 40 personas por falta de oxigeno, ya que los camiones distribuidores del insumo hospitalario quedaron detenidos. La acusación fue desmentida por los manifestantes, que mostraron videos como prueba.

Los dos meses previos a las elecciones transcurrieron en un clima de creciente tensión. El 7 de septiembre la Sala Constitucional Segunda de la Corte de La Paz ratificó que Morales no podría ser candidato a senador por la región de Cochabamba.

Evo Morales vuelve a Bolivia.
Evo Morales vuelve a Bolivia.

Quedaba en claro con este fallo que Morales sería detenido por los delitos de sedición y terrorismo que le endilgaba el gobierno de Áñez, sobre la base de una grabación cuya veracidad nunca se comprobó.

El líder del MAS seguía asilado en la Argentina, pero el gobierno boliviano insistía ante Interpol para que librara una orden internacional de captura. La denuncia fue desestimada cuando el MAS recuperó el poder.

Las encuestas ubicaban como ganador a Arce, pero no aseguraban al MAS una victoria en primera vuelta y la apertura de un balotaje tornaba inciertos todos los pronósticos. Sin embargo, desde el masismo se afirmaba que los sondeos estaban centrados en los núcleos urbanos y no contemplaban el voto campesino.

La pauta de que esto era una posibilidad cierta cobró sentido un mes antes de los comicios, el 17 de septiembre, cuando Áñez se bajó de su candidatura presidencial y llamó a todas las fuerzas de centroderecha a aglutinarse para evitar que ganara el MAS.

Pero no tuvo éxito, pues Carlos Mesa, el candidato mejor posicionado del arco antimasista, y a la vez el más moderado, confiaba en poder convocar al resto de las fuerzas en una segunda vuelta, y los grupos más radicalizados, como el liderado por el cruceñista Luis Fernando Camacho, hacían prever un clima de violencia si el resultado era ajustado.

Pero la contundente victoria del MAS, con más del 55% de los votos, consagró en primera vuelta la victoria del binomio Arce-Choquehuanca y sofocó las reacciones, aunque Camacho y sectores de Santa Cruz de la Sierra necesitaron más de una semana para admitir la derrota en las urnas.

Con el retorno del MAS al poder las causas contra sus principales dirigentes fueron cayendo una a una y, a la vez, comenzaron a aparecer las causas contra los funcionarios del gobierno de Áñez.
Con el retorno del MAS al poder las causas contra sus principales dirigentes fueron cayendo una a una y, a la vez, comenzaron a aparecer las causas contra los funcionarios del gobierno de ez.

Las reacciones internacionales, que incluyeron una comunicación del secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, no dejaron margen para las reacciones internas y todo se encaminó rápidamente hacia la toma de posesión del nuevo Gobierno, que se concretó el 8 de noviembre, a 362 días de renuncia forzada de Morales, quien al día siguiente regresó a Bolivia al frente de una caravana multitudinaria que concentró la atención durante la primer semana de gobierno de Arce.

Con el retorno del MAS al poder las causas contra sus principales dirigentes fueron cayendo una a una y, a la vez, comenzaron a aparecer las causas contra los funcionarios del gobierno de Áñez y varios de sus aliados.

La represión del gobierno de facto provocó centenares de muertos, 30 de ellos registrados en la represión de las protestas de Sacaba y Senkata, que ya se investigan por la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH).

Además, el último 4 de diciembre, la Fiscalía de La Paz aceptó una demanda por "terrorismo" presentada por la exdiputada del MAS Lidia Patty contra del excívico y actual líder de Creemos, Luis Fernando Camacho; su padre, José Luis Camacho, y los excomandantes de las Fuerzas Armadas, Williams Kaliman y Sergio Orellana, y de la Policía Boliviana, Vladimir Calderón, todos señalados como responsables del "golpe de Estado" que derivó en la renuncia de Evo Morales en 2019.

Alberto Fernández junto a Luis Arce.
Alberto Fernndez junto a Luis Arce.