14/10/2020 opinin

Haciendo hoy, pensando en el futuro

El 14 de octubre se celebra el Día Mundial de la Donación y Trasplantes de Órganos, en este marco y sobre los desafíos que plantea la pandemia actual en los procesos de donación y trasplante, así como también en la continuidad de los tratamientos de los pacientes trasplantados y en lista de espera, opinó para Télam Ezequiel Lo Cane, el papá de Justina, la niña de 12 años que falleció a la espera de un trasplante e inspiró una modificación en la ley argentina de donación de órganos.

Ezequiel  Lo Cane

Por Ezequiel Lo Cane

La pandemia de Covid-19 impacta sobre los procesos de donación y trasplante de órganos y en la continuidad de los tratamientos de los pacientes en espera y trasplantados. Las sensibilidades crecen en angustia y nosotros nos fortalecemos con el #AyudemosAtodosLosQuePodamos.

La influencia de la Ley Justina se vio reflejada en las estadísticas: en agosto de 2018 y durante el 2019 la donación y trasplantes de órganos en Argentina alcanzó récords históricos. Sin embargo, desde que comenzó la circulación del virus SARS-CoV-2, las condiciones de aislamiento, los cambios en los requisitos para acceder a servicios médicos y la suspensión o disminución de traslados, impactaron notablemente en estos procesos. Si bien no se han suspendido las donaciones y los trasplantes como sí ha sucedido en países líderes en la materia como España, la cantidad de donantes por cada millón de habitantes bajó a 7.87 cuando en 2019 alcanzó el récord histórico de 19.65. Por otro lado, para proteger a potenciales donantes y receptores, así como para aumentar la disponibilidad de camas necesarias para la atención de pacientes con Covid-19, se han suspendido los trasplantes electivos con donante vivo.

En cuanto a los pacientes trasplantados y en tratamiento también su situación se ve afectada, no sólo por las restricciones de circulación, el miedo al contagio o la dificultad para realizar la consulta con el equipo médico tratante, sino que, además, se complejizan los procesos para acceder de forma eficiente a los tratamientos y a la medicación, poniendo en riesgo su salud. La interrupción del tratamiento en estos pacientes podría devenir en un rechazo del órgano y volver nuevamente a lista de espera.

Hay que destacar a los profesionales y entidades de la salud, como el Incucai, a los centros de trasplante, las sociedades médicas y las ONGs que acompañan y contienen a los pacientes que esperan una donación o trasplantados que requieren de un tratamiento sostenido. Desde siempre, trabajan para mejorar los niveles, y en este contexto, el objetivo principal es avanzar en la implementación de protocolos más flexibles que permitan facilitar los procesos.

Las Casa Justina son espacios para acompañar, divertir e innovar. Hospedarán personas con pocos recursos que necesitan un trasplante junto a sus familias, ya que muchas veces sus hogares se encuentran alejados de los centros. Allí se les brindará soporte en términos de acceso a la medicación, adherencia al tratamiento, atención médica, contención psicológica, entre otros. Sobre todo, por la personalidad de Justina, será un ámbito de juegos, diversión, música y arte.

Estamos generando fuentes de trabajo para quienes están esperando un trasplante o están trasplantados, brindando capacitaciones en costura, puestos de venta de churros, entre otros. Y en términos tecnológicos, apuntamos a la mejora de procesos aplicando inteligencia artificial para descubrir métodos más eficientes e investigamos con drones el traslado de órganos. Junto con prepagas, laboratorios, equipos de salud, fundaciones y ONGs, estamos construyendo una plataforma de gestión y mejoramiento de adherencia al tratamiento.

Justina nos inspira, ante cualquier situación, a hacer hoy, pensando en el futuro.

Por Ezequiel Lo Cane, papá de Justina, la niña de 12 años que falleció a la espera de un trasplante e inspiró una modificación en la ley argentina de donación de órganos.
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