10/10/2020 libro

Sandra Russo: "Algo nos dice que a puertas cerradas eso que se dice amor no estara funcionando"

La periodista analiza en "La reinvención del amor" el dispositivo cultural que configuró el sentido de las experiencias amorosas del siglo XX a partir de un diálogo entre autores y géneros, que va desde Eva Illouz, Franz de Waal, Julia Kristeva a Pierre Bourdie

Por Emilia Racciatti

La periodista y ensayista Sandra Russo analiza en "La reinvención del amor" el dispositivo cultural que configuró el sentido de las experiencias amorosas del siglo XX a partir de un diálogo entre autores y géneros, que va desde Eva Illouz, Franz de Waal, Julia Kristeva a Pierre Bourdieu, para conformar un texto que revitaliza el discurso acerca de los feminismos populares.

"Salir al encuentro de un otro y encontrar los puntos que nos despiertan amor y lugares en los que no hay contacto es una aventura. Es muy difícil disfrutar la diferencia. No encontrarnos con esa diferencia es vivir en una cajita feliz de Mc Donald's", dice la periodista, docente y escritora en diálogo con Télam.

Editado por la editorial Debate, el libro recupera la fuerza de la pregunta por cómo se organizan las formas de pensar lo amoroso y cómo habitamos los vínculos que nos constituyen para proponer la reinvención de las prácticas.

-Télam: ¿Podemos decir que tu lectura sobre lo que viene pasando con los feminismos populares fue lo que dio origen a este libro?
-Sandra Russo: Vengo observando y escribo mucho sobre los feminismos populares en el mundo, en la Argentina y en la región y es lo más disruptivo, novedoso y peligroso para el status quo porque es un sector mayoritario que implica a los sectores populares. La derecha y la ultraderecha disputan con sus iglesias financiadas por la CIA otro tipo de concepción de lo femenino, de la femeneidad: niegan el feminismo, el derecho a decidir sobre el propio cuerpo y están llegando a la región con el argumento del antigénero. Es una mirada sobre los feminismos populares pero desde mi lugar de observadora de política y geopolítica. Es un libro feminista instalado en América Latina, en un momento en el que los movimientos populares y los gobiernos populares están siendo combatidos por gobiernos títeres de un país como Estados Unidos, que está perdiendo la hegemonía y tiene reacciones desesperadas. La idea era cuestionar el amor romántico pero dando herramientas que tuvieran que ver con el feminismo y con la política.

-T: Decís que el amor es lo que nos quita el control. ¿Cómo te parece que se reconfigura la experiencia amorosa en este contexto de pandemia?
-S.R.: La pandemia alteró todo. No sé cómo será el porcentaje de amores que quedaron convivientes y amores que quedaron en casas separadas o cómo siguieron funcionando los amores online. Pero me parece que sirve como ejemplo para ver que el amor se expresa de diferentes maneras de acuerdo a la circunstancia. Nos ha cambiado el impulso porque esta circunstancia nos pone a prueba a la hora de demostrar amor, que ha significado también mantener la distancia. En el libro se van empardando el amor y el cuidado porque no creo en el amor sin el cuidado. Es un aporte a pensar el amor dentro de las políticas de los cuidados. Precisamente la pandemia anula el arrebato de "no podía pasar un día más sin verte" que se transmuta en "no te veo porque no quiero que corras riesgos". Depende las circunstancias pero hay situaciones en las que el amor se expresó así.

-T: Planteás que no amamos por fuera del sistema en el que vivimos y cómo ese mismo sistema que nos propone la aventura, nos dice que conocer a alguien no es lo indicado. ¿Cómo alumbran esa contradicción los feminismos populares?
-S.R: El primer capitalismo, según Eva Illouz, puso al amor en la góndola del ocio y la aventura y nos dejó a las mujeres la misión de revivificar el amor cuando se ponía rutinario y nos asoció la revivificación de la pareja al consumo de servicios. A todos nos gusta tener aventuras en el sentido de salir de lo conocido pero quizás uno ama a alguien y eso no quiere decir que lo conozca. Ni que uno se deje conocer completamente ni que el otro se deje conocer completamente. En eso tienen que ver Kristeva y Sollers, en el aspecto de la experiencia interior. Hay cuestiones de nosotros mismos que son incomunicables, por eso es una falacia lo de la media naranja. Porque no somos mitades, somos enteros. Dos personas que viven juntas muchos años todavía tienen mucha aventura de conocimiento recíproco porque hay capas de intimidad que no llegan a alcanzar. Precisamente a partir de las explosiones de los feminismos, sobre todo los populares, es que nos enteramos que la violencia es la degeneración del amor romántico, un desvío de ese amor. Porque ese amor incluye posesividad, celos, la manipulación de revisar celulares, la desconfianza, la sospecha. Hay otros que queremos vivir el amor de una manera más amistosa.

Reivindico la amistad como componente del amor erótico. Cuando hablo de amor, hablo de ese amor erótico como lindero del que se puede sentir por el planeta, por el ambiente, por la política, por una idea, por el país. Tienen que ver con la misma caja de resonancias. El libro es una invitación a pensar eso y si de verdad estamos pensando en un mundo que sobreviva y sea mejor, este amor erótico tiene que acoplarse a otro amor que respete a todas las criaturas. El único delito que no bajó con la pandemia es el femicidio. Algo nos dice que a puertas cerradas eso que se dice amor no estaría funcionando.

-T: Son varios los autores que citás que defienden lo que implica reconocer la diferencia al hablar de amor. Me refiero a lo que dice Badiou, por ejemplo, sobre "lograr la armonía entre la diferencia" y "amar una contradicción".
-S.R.: Distingue que muchos sostienen que lo que se necesita para alcanzar el amor es el encuentro y es lo que se hace en las redes o en una reunión social y que esa instancia no necesariamente tendría que ver con el amor. Badiou dice que el encuentro es un paso necesario pero que el amor se pone a prueba en la construcción y en saber quién es el otro. Se trata de un proceso en el que uno se conecta con otro ser y va consolidando sus diferencias. El amor que pretende que el otro se ajuste perfectamente a mi deseo es un amor narcisista que en realidad está buscando un espejo y no otra persona. Salir al encuentro de un otro y encontrar los puntos que nos despiertan amor y lugares en los que no hay contacto es una aventura. Es muy difícil disfrutar la diferencia. No encontrarnos con esa diferencia es vivir en una cajita feliz de Mc Donald's.

-T: Resaltás la necesidad de reinventar formas de hablar de amor. ¿Cómo pensás esa reinvención en relación al mundo que cambió en estos meses?
-S.R.: No sé como se reconfigurará. Un poco de lo que llamamos romántico todos necesitamos. Me gustan los encuentros con dedicación, la necesidad de trascendencia, de romper lo ordinario, lo rutinario. Pero ¿hasta dónde llega nuestro derecho sobre el otro -si es que tenemos alguno cuando lo amamos- y hasta dónde llega el derecho de quien nos ama sobre nosotros? Se trata de renunciar a la menor cantidad de versiones de uno mismo posibles. Todos hemos pasado por la experiencia de mostrar nuestro mejor perfil que está hecho a imagen y semejanza de un formato cinematográfico. La ventaja de la película es que termina bien pero en la vida las cosas siguen y empiezan a ponerse aburridas, rancias. Si superamos esta crisis de destrucción de especies y si el mundo continúa hacia un paradigma de cooperación -algo que está diciendo desde el Papa hasta la Internacional Progresista y Chomsky, que conforman un paquete de pensamiento geopolítico- se dará integralmente. Me refiero a que lo que uno pregone ideológicamente también lo sienta internamente en sus emociones más personales.

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