Cultura

19-09-2020 13:18 - Entrevista

Guillermo Ramón Ruiz: "La brecha digital se convirtió en una brecha de aprendizaje"

El autor de "El derecho a educación: definiciones, normativas y políticas públicas revisadas" traza, en diálogo con Télam, un escenario sobre las variables que se modificaron a partir de la pandemia. 

Por Emilia Racciatti
Por Emilia Racciatti
19-09-2020 | 13:18
Guillermo Ramn Ruiz es doctor en Ciencias de la Educacin por la Universidad de Buenos Aires docente e investigador
Guillermo Ramón Ruiz es doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Buenos Aires, docente e investigador.

El pedagogo Guillermo Ramón Ruiz trabaja en "El derecho a educación: definiciones, normativas y políticas públicas revisadas" qué implica ese derecho y cómo se garantiza en los distintos países de América Latina y, a partir de ese análisis, traza un escenario sobre las variables que se modificaron a partir de la pandemia. 

El libro editado por Eudeba indaga en la complejidad del universo educativo y permite advertir que el derecho a la educación cuenta en nuestro país con un amplio reconocimiento constitucional que el autor retoma, en diálogo con Télam, para pensar la situación actual. 

"No todas las personas tienen conectividad, llevamos más de 6 meses con las escuelas cerradas, las experiencias escolares durante este tiempo han sido muy desiguales y ello redundará en los aprendizajes futuros, con el potencial y real abandono escolar durante la etapa de estudios obligatorios", sostiene Ruiz al poner el eje en la importancia del acceso a internet para garantizar el derecho a la educación. 

-Télam: ¿Qué implica hoy el derecho a la educación y cómo creés que se puede garantizar? 
-Guillermo Ramón Ruiz: Refiere a uno de los derechos humanos fundamentales por eso hablamos del plano de la norma y el plano de las acciones del Estado que son las que deberían garantizar su ejercicio. Es un derecho que supone obligaciones estatales para respetarlo, protegerlo, cumplirlo, realizarlo y garantizarlo. En muchos países de la región, sobre todo en los que iniciaron las clases en marzo (lo menciono por la cuestión estacional, en otros países latinoamericanos las clases se inician en agosto/septiembre y concluyen en junio/julio), las escuelas se encuentran cerradas desde el comienzo del ciclo lectivo 2020. 

En términos de planeamiento, al inicio las acciones fueron reactivas y descoordinadas. Sin duda, ante la emergencia, se priorizan ciertas decisiones críticas, que no podrían demorarse. Algunos actores entrevistados para el libro dieron cuenta de que prevaleció la urgencia y el desvío de las acciones de desarrollo educativo, frente a las necesidades materiales concretas, como es la entrega de viandas alimentarias. Las primeras resoluciones ministeriales establecían suspensión de clases con apertura de los comedores. La importancia no estaba en los contenidos curriculares sino en la necesidad de mantener activo el vínculo con los estudiantes y garantizar las raciones de comida. Esta situación puso en evidencia que las respuestas que se adoptaron muchas veces adolecieron de anticipación. Por otra parte, no todos los estudiantes han transitado la cuarentena de la misma manera. La brecha digital se convirtió en una brecha de aprendizaje, en especial entre los estudiantes de educación básica que carecen de las habilidades de autorregulación y autodisciplina, así como entre aquellos que carecen de conexión a Internet y computadoras en sus casas y zonas de residencia. El problema que se advierte es la invisibilización de las diferentes condiciones de acceso real a los recursos digitales por parte de la población escolar. Si antes de la pandemia, el diagnóstico educativo estaba marcado por la desigualdad e incluso la segregación, este tipo de crisis globales acrecienta las consecuencias de los déficits existentes. Por lo cual es imperativo planificar, diseñar e implementar políticas educativas bajo el principio de igualdad de oportunidades. 

"La brecha digital se convirtió en una brecha de aprendizaje"Guillermo Ramón Ruiz

-T: El libro traza un panorama sobre la educación y su legalización a nivel regional. ¿Qué características destacás de nuestro país al respecto?
-G.R.R.: En nuestro país el derecho a la educación tiene un amplio reconocimiento constitucional, y es así desde el inicio. La Constitución histórica (1853/1860) reconoce a todos los habitantes del país (y no sólo a los ciudadanos) el derecho a enseñar y aprender. A partir de la reforma constitucional de 1994, el contenido del derecho a la educación es más preciso y profundo y se encuentra en diferentes cláusulas que además de contemplar los principios de gratuidad y equidad -sobre la base de la igualdad material y de reconocimiento- se establece el derecho a la educación intercultural bilingüe, a la educación ambiental y a la de consumidores de bienes y servicios. Por lo tanto, la legislación que aprueba el Congreso Nacional debe respetar estas cláusulas constitucionales. Esto tiene mucha vigencia para la actualidad ¿qué debe hacer el Estado nacional ante la emergencia evidenciada en el ejercicio de este derecho en condiciones de aislamiento obligatorio? No todas las personas tienen conectividad, llevamos más de 6 meses con las escuelas cerradas, las experiencias escolares durante este tiempo han sido muy desiguales y ello redundará en los aprendizajes futuros (con el potencial y real abandono escolar durante la etapa de estudios obligatorios). La Constitución nacional es contundente al respecto: el Estado debe garantizar la igualdad real de oportunidades y de trato, y el pleno goce y ejercicio de los derechos reconocidos como el derecho a la educación.

-T: ¿Cómo creés que está funcionando o cómo venía funcionando antes de la pandemia el derecho a la educación a nivel federal? 
-G.R.R.: Históricamente se evidenció una centralización uniformizante pero a partir de la década de 1960 se llevó a cabo un proceso de descentralización anárquica del sistema que solamente dio lugar a la conformación de un órgano de coordinación en 1972: el Consejo Federal de Educación. El país tiene varios consejos federales en diferentes áreas (salud, comunicaciones, entre otras) y todos son distintos en cuanto a sus competencias. El de educación comenzó a tener mayor protagonismo a partir de 1993 cuando se aprobó la Ley Federal de Educación y adquirió mayor centralidad aún desde 2006 gracias a la Ley de Educación Nacional. Es un órgano que reúne a las autoridades educativas de las 24 jurisdicciones, junto con la autoridad nacional y los representantes del Consejo de Universidades.

Ha sido un ámbito de construcción de consensos para la aprobación de lineamientos curriculares e institucionales para la educación obligatoria y la formación docente en las últimas dos décadas. Es decir, si pensamos en la situación previa a la pandemia, este consejo ha tenido mucha actividad y sus resoluciones han sido de aplicación obligatoria para las jurisdicciones provinciales. Ahora bien, luego los gobiernos provinciales han realizado aplicaciones diferenciales de dichas resoluciones en función de sus realidades contextuales, de sus posibilidades efectivas y de sus propios intereses. 

"Las experiencias escolares durante este tiempo han sido muy desiguales y ello redundará en los aprendizajes futuros"Guillermo Ramón Ruiz

La situación a partir de la pandemia también ha sido la de búsqueda de consensos aunque supeditado a las decisiones del Ejecutivo Nacional que no contemplaron las diferentes situaciones de las provincias, sobre todo en lo que atañe a la circulación del virus y los niveles de contagios. Se tomó la decisión del cierre escolar en marzo para el conjunto, lo cual resultaba lógico en ese momento, pero se mantuvo el cierre a la luz principalmente lo que acontecía en el área metropolitana de Buenos Aires. Las demás provincias no tuvieron muchas más alternativas que mantener el cierre durante muchos meses con lo cual se agravaban las diferencias y brechas en el acceso a las tecnologías educativas basadas en plataformas digitales.

Los desafíos en materia educativa a partir de la pandemia

Guillermo Ramón Ruiz es doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Buenos Aires, se desempeña como docente e investigador y dialogó con Télam sobre los desafíos relacionados a las formas de habitar el universo educativo en un contexto de crisis mundial. 

-T: ¿Cuáles son los desafíos para pensar la educación en un momento de transformación o suspensión del mundo tal como lo conocíamos?
-G.R.R.: La pandemia ha creado la mayor interrupción de la escolarización en la historia, afectó en el punto máximo -hacia abril de 2020- a 1600 millones de estudiantes, en más de 190 países, lo cual representa el 95% de la población estudiantil del mundo, que en los países más pobres alcanzó al 99%. Si bien la escolarización continuó de forma remota, se evidenciaron mayores heterogeneidades a las ya existentes. Algunas instituciones educativas ya trabajaban con plataformas complementarias a la presencialidad, no sólo en contenidos educativos sino también para la comunicación con las familias, mientras que otras nunca dispusieron de estos recursos. En el medio, se evidencian múltiples matices. Según Unesco en el año 2018 había en el mundo un total de 258 millones de estudiantes fuera de las escuelas, y a ello hay que sumar 773 millones de personas adultas analfabetas. Las consecuencias de la pandemia se extenderán más allá de esta generación de estudiantes, por eso algunos organismos internacionales hablan de catástrofe educativa en función de esta realidad y de las previsiones desalentadoras que se prevén.

-T: ¿Qué variables deberían priorizarse?
-G.R.R.: En estos meses de cierre de las instituciones escolares muchas personas no se han conectado, porque no tienen dispositivos, porque están solas o bien porque no saben cómo hacerlo (entre otras tantas posibles razones). El informe de Télam por el 11 de septiembre es muy elocuente sobre nuestra realidad: https://youtu.be/yhntAgK3Fok, en él se reflejan con mucha contundencia las notorias diferencias sociales entre los sectores urbanos y rurales, entre las jurisdicciones, y ello afecta a docentes y estudiantes de modos múltiples. Todos estos factores dejarán secuelas que se verán con más crudeza cuando se vuelva a las clases presenciales; es más, cabría pensar en quiénes volverán primero, en qué condiciones de bioseguridad lo harán, y sobre todo: ¿qué aprendieron durante estos meses? Analizar estos problemas y diseñar acciones de intervención desde ahora son los principales desafíos para pensar la educación del futuro.

"Con la pandemia se evidenció la necesidad de no enseñar contenidos sueltos"

Para Guillermo Ramón Ruiz, autor de "El derecho a educación: definiciones, normativas y políticas públicas revisadas", la pandemia y la educación a distancia "pusieron en evidencia, además de las brechas pedagógicas, sociales y culturales, la necesidad de ofrecer propuestas desafiantes a los estudiantes en términos de enseñanza, de no enseñar contenidos sueltos". 

-T: Otro de los ejes del libro es qué implica la igualdad educativa y habla de oportunidades de egreso, de acceso. ¿Cuáles son las claves para dimensionarla?
-G.R.R.: El principio de igualdad hace referencia a una relación: ¿igual a qué o a quién? Es un principio que ha sido objeto de diferentes fórmulas para definirlo. Destacamos la perspectiva de la igualdad como redistribución y reconocimiento que apunta a evidenciar desigualdades de orden material y simbólico, se trata de incluir a los excluidos en la deliberación, en la distribución de la palabra, por lo cual la igualdad no refiere a un presupuesto sino a una meta a alcanzar. Estas serían las claves para dimensionar que las oportunidades de ingresar, de permanecer y de egresar del sistema escolar, todo ello bajo un principio que supone dar más a las personas que más recursos requieren, no sólo económicos sino también pedagógicos. Las acciones pueden ser múltiples en función de las características de la población escolar, por ejemplo, para los sectores más empobrecidos cabría garantizar, entre otras: escuelas de jornadas completas, cursos más reducidos, con más docentes, además de comedores escolares y servicios de salud que atiendan a la población escolar. 

-T: ¿Qué pasó en ese sentido a partir de la pandemia?
-G.R.R.: Con la pandemia y la educación a distancia se puso en evidencia, además de las brechas pedagógicas, sociales y culturales, la necesidad de ofrecer propuestas desafiantes a los estudiantes en términos de enseñanza, de no enseñar contenidos sueltos. Resulta importante pensar no sólo en la selección de contenidos, sino también en el tipo de propuestas didácticas que se pueden realizar a través de las plataformas digitales. Por eso recalco que hay que reflexionar sobre cómo se aprenden esos contenidos -enseñados a distancia- y ello difiere en cada nivel escolar (inicial, primario, secundario, superior), y a la vez es diferente en cada contexto y región del país. Es mucha la tarea para realizar que aún no se hace: quizás tanto docentes como directivos podrían comenzar a volver (con el máximo cuidado y protección garantizados por el Estado, de acuerdo con las condiciones de bioseguridad requeridas) gradualmente -y no todos los días- a las instituciones escolares, tanto para evaluar lo que ha sucedido en estos meses como para anticipar escenarios futuros. Hay cuatro meses de clases que quizás deberían ser revisados para darse tiempo a la planificación. Con esto no digo que además de todo el trabajo que desarrollan sumen jornadas de trabajo presencial, sino que quizás se deban instrumentar medios para reducir algo de la jornada actual y prever el retorno progresivo a las instituciones para fortalecer la colaboración entre pares e iniciar la planificación del próximo año, donde se encontrarán con estudiantes que han tenido desiguales experiencias escolares.

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