29/07/2020 Alejo Stivel

El eslabn perdido del rock nacional que fue rey en la Espaa posfranquista

Hijo de David Stivel, Alejo creció en San Telmo junto a su mamá, la actriz Zulema Katz, y el periodista Paco Urondo. El golpe de 1976 lo empujó al exilio en España y con 17 años, lideró Tequila, la primera gran banda del rock ibérico. Tras años de éxitos y excesos, se volcó la producción discográifca -entre otros hizo "19 días y 500 noches", de Joaquín Sabina-. Hoy, a los 61, sigue roqueando, como solista y con la gira "Adiós, Tequila", sin perder la ilusión de triunfar en su patria.

Por Gabriel Esteban Gonzlez

Stivel, a los 61, tiene programa de radio, canal para niños, álbum solista y cierre de la gira "Adiós, Tequila".
Stivel, a los 61, tiene programa de radio, canal para nios, lbum solista y cierre de la gira "Adis, Tequila".

Mediodía de un julio en pandemia. De este lado de la charla telefónica, Buenos Aires te trata con humedad y frío. Del otro hay una envidiable Madrid, con una tarde de 32 grados a la sombra, describe Alejo Stivel, un porteño nacido y criado en San Telmo, que hace cuatro largas décadas roquea por tierras españolas y que piensa seguir haciéndolo mientras el cuerpo aguante.

Para la mayoría puede resultar un nombre desconocido. A los memoriosos, les debe sonar el apellido, sinónimo de excelencia televisiva medio sigo atrás. Y a casi todos se les hará imposible de creer que Alejo es, probablemente, el músico argentino que más discos vendió en los dorados años setenta del rock and roll. Claro que no aquí sino en la España que despertaba de la oscuridad franquista.

Hijo de David Stivel -director de cine y televisión- y Zulema Katz -actriz y docente de teatro-, Alejo, a los 61, no tendrá la cabellera de los gloriosos tiempos de Tequila pero sí la silueta de cuando en los shows se calzaba ajustadísimos chupines -"pitillos" en España-, cual Jagger hispano-argentino.

“A pedido de mi mente y de mi hígado, llevo una vida sana”, revela. “Estuve veinte años sin probar carne, ahora cada tanto voy por un bifacho, y sin resignar del todo la pizza y los platos judíos, mi dieta tiene quinoa, mucha fruta y mucha verdura. Por supuesto, no me drogo, no fumo tabaco, no tomo alcohol. Trato de no meter mierda en el cuerpo. Ya lo hice bastante… Creo que el cupo de mierda que uno tiene para meter en su cuerpo lo cumplí, y con creces…”

Una infancia con Cortázar y Ana María Picchio

En Mar del Plata, con mamá Zulema Katz, actriz y profesora de teatro.
En Mar del Plata, con mam Zulema Katz, actriz y profesora de teatro.

Como él mismo admite, su infancia fue atípica, más que atípica. “Mis viejos se separaron antes de que yo naciera; y cuando cumplí dos años mamá se casó con Paco Urondo, al que siempre consideré como un padre. A mi papá biológico, David, que se había borrado, lo conocí recién a mis seis años, cuando ya se había separado de su nueva mujer, la madre de mi querida hermana Andrea, y ya estaba en pareja con Bárbara Mujica. En definitiva, él se casó todas las veces que yo no lo hice y tuvo todos los hijos con distintas mujeres que yo no tuve…

La casa donde se crió Alejo estaba sobre la calle Brasil, frente al Parque Lezama y desde la ventana de su habitación se veía la cúpula celeste de la iglesia ortodoxa rusa de la Santísima Trinidad, “cual palacio de Disney”. Una casa abierta para largas cenas y sobremesas; el pequeño hijo de Zulema y Paco se sumaba a las envidiables tertulias frecuentadas por Rodolfo Walsh, Tito Cossa, Juan Gelman y por las que pasaron Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez, en muchos otros. Los fines de semana en el hogar paterno tampoco faltaban los nombres ilustres, de la música y la actuación.

Los sábados acompañaba a su papá a las grabaciones de “Cosa Juzgada”, uno de los mejores ciclos de la tevé argentina. Si Racing jugaba de local, el domingo los Stivel iban a Avellaneda con Emilio Alfaro, Sergio Renán y Alfredo Odorisio, mientras que las reuniones sociales convocaban a Federico Luppi, Héctor Alterio, Walter Vidarte, Susana Rinaldi, Tata Cedrón, Facundo Cabral y siguen las firmas.

“Por aquella época me acostumbré más a la noche que al día”, continúa Alejo. “Recuerdo con mucho cariño a Ana María Picchio, tan jovial como es ahora, que me invitaba a pasear a la Costanera en su Fiat 600. Y a Marilina Ross, la primera en llevarme a un concierto, uno de Spinetta, en un teatro chiquito sobre la calle Sarmiento”.

El hombre que lo marcó

Postal de un verano feliz: arriba, Paco Urondo, Emilio Alfaro, Adriana Aizemberg, Zulema Katz y Claudia Urondo. Abajo, Marilina Ross, Javier Urondo y Alejo Stivel.
Postal de un verano feliz: arriba, Paco Urondo, Emilio Alfaro, Adriana Aizemberg, Zulema Katz y Claudia Urondo. Abajo, Marilina Ross, Javier Urondo y Alejo Stivel.

Paco Urondo, poeta y periodista, es quien más influyó en la infancia de Alejo. “Lo considero mi padre, un hombre con una escala de valores con la que me identifico, un tipo al que le gustaba disfrutar de la vida, del vino, de la literatura, de los amigos, de los amores, un gran vividor en el buen sentido de la palabra pero que renunció a todo eso en pos de que otros compatriotas no sufrieran injusticias. Se pueden objetar sus métodos pero no sus ideales”.

A Andrea, Alejo sumó como hermanos a los hijos de Paco, Javier -hoy uno de los mejores cocineros de Buenos Aires al frente de un restaurante que lleva el apellido paterno- y Claudia, que moriría en 1977 víctima de un grupo de tareas de la Esma.

Con Pablo Milanés, amigo al que le grabó un tema.
Con Pablo Milans, amigo al que le grab un tema.

De los buenos años, Alejo recuerda que sus padres viajaron -“casi clandestinamente”- a Cuba, para ser jurados de los premios Casa de las Américas, Zulema en Teatro, y Urondo en Poesía. De regalo trajeron discos de los jóvenes Pablo Milanés y Silvio Rodríguez que, años después, serían amigos de Alejo.

“Otro momento que añoro con Paco es el día que le hice escuchar un tema de Creedence, ‘¿Quién parará la lluvia?’. Le encantó y de inmediato fue a su habitación a escribir. Así nació el poema para Felipe Vallese donde se preguntaba cuándo pararía la lluvia de tragedias, de muertes y de torturas. En aquel momento no le entendí del todo, yo era chico, tendría diez años. Cuando Editorial de la Flor publicó su antología, descubrí que me había dedicado ese poema”.

La partida al exilio

Dos días después de que Alejo Stivel cumpliera 17 años, les tocó vivir el capítulo más duro de su historia y de la Argentina. El golpe militar del 24 de marzo de 1976 silenció -con la muerte, la prisión o el exilio- a muchos amigos y familiares de Zulema Katz, quien ya se había separado de Paco. España apareció como una opción de vida. La muerte de Urondo -quien militaba en Montoneros- a manos de fuerzas policiales en Mendoza dio el último motivo.

“Prácticamente de un día para el otro con mi vieja nos subimos un barco y durante una hora y media vimos cómo iba desapareciendo Buenos Aires en el horizonte”, rememora Alejo. “Yo estaba convencido de que no volveríamos más. Me decía que si la dictadura de Franco había durado 40 años, ésta podría durar lo mismo, o más”.

En Madrid, Zulema comenzó a dar clases de teatro y Alejo se inscribió en una escuela secundaria. “El cambio fue rotundo. Hasta la Buenos Aires de la dictadura era más moderna y cosmopolita que esa España gris, oscura, como de luto, que había forjado el franquismo. Pero era una sociedad que empezaba a abrirse a la luz. Y en ese contexto, a los pocos meses de llegar, nació Tequila”.

Desenfreno a ritmo de rock and roll

Alejo Stivel fue el líder de Tequila con tan solo 17 años.
Alejo Stivel fue el lder de Tequila con tan solo 17 aos.

Diego Manrique, uno de los más emblemáticos periodistas de rock, dijo que España era en blanco y negro y que Tequila le puso color y música a la transición.

En Madrid, Alejo solo tenía un conocido, Ariel Rot, hijo de uno de los responsables del diario La Opinión, donde trabajaba Paco Urondo, y hermano de Cecilia Roth. Tenían historias y sueños similares, el amor por la música -“por la Santísima Trinidad: Beatles, Stones y Dylan, además de Charly García y Spinetta”- y toda la fuerza que da la inconsciencia de los 17 años. A los dos porteños se sumaron tres chavales locales (Julián Infante, en guitarra, Felipe Lipe, en bajo, y Manolo Iglesias, en batería) para formar Tequila, la banda de rock más taquillera y exitosa de la nueva España.

Tequila 1979: Manolo Iglesias, Julián Infante, Ariel Rot, Stivel y Felipe Lipe.
Tequila 1979: Manolo Iglesias, Julin Infante, Ariel Rot, Stivel y Felipe Lipe.

“En Argentina, con nuestro rock stoniano, no hubiéramos pegado ya que entonces gustaba más la fusión del jazz rock y el progresivo. Pero en España fue furor. Éramos verdaderos rockstars sin haber sacado un solo disco… Nuestras canciones se hicieron hits, por la avidez del público y por nuestra actitud irreverente de llevarnos el mundo por delante”.

En cuestión de meses, Tequila trepó al tope de los rankings, tocaba ante 20 mil personas por todo el país, sus cinco caras estaban en afiches de toda ciudad, mientras los compañeros de Alejo seguían en la secundaria estudiando Geografía.

"Me vuelvo loco" Tequila (1979)


“Fue una locura total que disfruté al máximo y que también sufrimos en el sentido de que el mercado no estaba preparado para artistas tan jóvenes que tenían que hacer unos 100 conciertos por año y que cumplían a rajatabla los mandamientos del sexo, droga y rock and roll. Diego Manrique, el periodista que te mencioné, decía que Tequila había hecho perder la virginidad musical a España… y quizás no solo musicalmente”.

Alejo Stivel, cual Mick Jagger hispano-argentino.
Alejo Stivel, cual Mick Jagger hispano-argentino.

Tequila fue una vertiginosa montaña rusa que duró unos siete años. La convivencia 24-7 de los cinco jóvenes desgastó la relación. Giras, grabaciones, conciertos, viajes, entrevistas, restaurantes, fiestas, excesos, todo compartido. En 1983 dijeron basta y tomaron distintos caminos. Ariel Rot continuó -y continúa- ligado a la música; en los 90 volvió a coincidir con Julián Infante en Los Rodríguez, la banda liderada por Andrés Calamaro, reeditando un éxito similar al de Tequila. Infante no pudo concretar su sueño de un disco solista: tantos años de sexo, droga y rock and roll lo llevaron a la muerte en el 2000. Seis años antes, Manolo Iglesias, jaqueado por la heroína, había tenido el mismo final.

Hay vida después de la resaca

Stivel produjo "19 días y 500 noches", el gran álbum de Joaquín Sabina. Con ellos, Jorge Guinzburg.
Stivel produjo "19 das y 500 noches", el gran lbum de Joaqun Sabina. Con ellos, Jorge Guinzburg.

Tras de siete años de borrachera de éxitos, de esa batalla de la que dos de cinco finalmente no pudieron sobrevivir, se presentó una resaca de igual magnitud. “Me borré del rock por un largo tiempo y volví a la música como productor publicitario varios años después. Hice, no sé, unos 500 jingles, y cuando me di cuenta, mi compañía era la número uno de España”. De los jingles, Alejo pasó a la producción discográfica (“unos 240 álbumes, casi para el Guiness de los Récords”) con la ventaja de haber estado del otro lado del mostrador. Por su estudio pasaron La Oreja de Van Gogh, M Clan, El Canto del Loco, Estopa y hasta Joaquín Sabina, con su trabajo más logrado: “19 días y 500 noches”.

En los últimos años, el productor de dos décadas de sucesos volvió a ponerse detrás del micrófono y parafraseando a Fray Luis de León, editó su primer disco solista, “Decíamos ayer” -“el disco de un debutante de 52 años”- con temas de Sui Generis, Silvio Rodríguez, Joan Manuel Serrat, Litto Nebbia, Pablo Milanés, The Clash y, obviamente, de Tequila.

"Yo era un animal" Alejo Stivel (2017)


Ese disco reflotó gloriosas épocas y otra vez junto a Ariel Rot,  más músicos invitados, en 2017 Tequila volvió a las rutas del rock and roll, treinta y cuatro años después de aquel adiós. ¿El resultado? Un disco en vivo, tres años de gira con el Adiós Tequila Tour y un concierto final en el  Wizink Center de Madrid, para 15 mil seguidores, previsto para el 20 de marzo de 2020. Pero la pandemia llevó al aislamiento el 14 de marzo y la despedida pasó, en principio, para el 23 de septiembre, si la nueva normalidad lo permite.

Mientras espera esa fecha, Alejo Stivel sigue sumando eslabones en su cadena profesional. Creó un canal de Youtube para chicos -Green Family- que lleva un mensaje de inclusión y respeto al medio ambiente. Un programa radial de rock, “Música para animales”. Otro disco solista, “Yo era un animal”. Una escuela on line con cursos sobre la industria musical. Un par de proyectos televisivos con su hermana Andrea. Un tercer disco solista. Un libro y una película con la historia de Tequila. Y la gran asignatura pendiente: Ser profeta en su tierra.

"Lava tus manos" Green Family


Esa materia previa llamada Argentina

En Buenos Aires, con su hermana Andrea y su famoso cuñado.
En Buenos Aires, con su hermana Andrea y su famoso cuado.

“Es como una espina que tengo clavada. Cada vez que intenté hacer algo en la Argentina, por un motivo o por otro, no resultó. Pero no me rindo, quiero que en mi país conozcan mi música que más allá de haberla hecho en España, tiene raíces argentinas. Un viejo amigo siempre dice que soy el eslabón perdido del rock nacional. Sé que puede sonar un poco 'freaky' ver un tipo de más de sesenta debutando con su rock tradicional. No pretendo hacer un River, un Luna Park, un Gran Rex, me conformo con una Trastienda, una vez por año, más un par de shows en Córdoba y Rosario. Comprendo que hoy pega más el reggaeton o el trap -estilos que, por cierto, no van conmigo- pero te aseguro que energías para intentarlo me sobran".

-Por último, Alejo, ¿cómo se ve la Argentina a la distancia?

-Personalmente defiendo el proyecto de Alberto Fernández. Ojalá que vaya por un camino tendiente a proteger a la gente más desfavorecida. A esta altura ya no pido ese ideal de que todos seamos iguales pero al menos que la gente acceda a derechos básico como la sanidad, la educación, un techo, y que no pase hambre. También me gusta cómo el Presidente enfrentó a la pandemia, privilegiando la vida porque el ser humano es más importante que la economía. Antes de charlar con vos, estuve hablando con mi querido amigo de la infancia, Javier Timerman; nos conocimos en la redacción de La Opinión cuando íbamos a visitar a nuestros padres. La muerte de su hermano Héctor, que era como un primo para mí, todavía me duele. No quiero más situaciones como esas, que son fruto del odio; ya tuvimos demasiadas muertes en nuestro país.