03/07/2020 nueva novela

Agustina Caride: "Quera meterme en la cabeza de una escritora y as mostrar lo que cargo en la ma"

En su nueva novela, "No habrá sino ausencias", la autora aborda la vida de una mujer que reconstruye su memoria familiar a partir de la muerte de su madre, y en paralelo se sumerge en la historia de una joven que en los 70 a raíz de un atentado perdió a su familia, y bajo una nueva identidad se exilia en un pueblo de Alemania.

su nueva novela "No habrá sino ausencias" Agustina Caride aborda la vida de una mujer que reconstruye su memoria familiar a partir de la muerte de su madre, y en paralelo se sumerge en la historia de una joven que en los 70 a raíz de un atentado perdió a su familia, y bajo una nueva identidad se exilia en un pueblo de Alemania.

La obra tiene como protagonista a Clara, que en pleno duelo por la muerte de su madre, inicia un taller de escritura con la intención de narrar la historia de Inés, que vive en el pueblo alemán de Sindlinger, luego de su exilio en México a los cinco años.

La llegada de un sobre para Inés, bajo su nombre de nacimiento, Julia Lafuente, marca el inicio de la historia que Clara desea escribir, y siembra el misterio sobre la vida de esta joven, generando una inquietante intriga que atrapa al lector y se sostiene hasta el final.

Autora de "Última generación" y de "Testigos invisibles", entre otras obras, Caride explica en diálogo con Télam los motivos que la llevaron a escribir esta novela, editada por Letras del Sur, donde da cuenta con gran acierto de los avatares que impone la escritura.

- Télam: ¿Qué hecho o situación dio origen a esta novela?
- Agustina Caride: En mi cabeza venía rondando la imagen de una mujer que recibía un sobre con una carta que estaba dirigida a ella, pero en el que habían escrito su nombre verdadero, no el que llevaba en la actualidad. Tenía solo eso, y que se iba a llamar Inés. Hacía tiempo que quería ubicar una historia en la época de la dictadura porque me parece un tiempo crucial de nuestra historia y poco desarrollado en la ficción. Así que me imaginé que Inés se había exiliado y que el cambio de nombre estaba relacionado con esa situación. La novela sería un policial, sin embargo, mientras indagaba sobre la vida de Inés, y leía libros sobre los 70, mi mamá se enfermó y se murió de cáncer. Ese hecho fue el decisivo y por eso surgieron las dos historias paralelas. La de Inés, y la de Clara, que es casi como decir la mía. Mi duelo me obligó a abandonar a Inés. Pero como suele pasar cuando uno ya tiene al personaje en la cabeza, Inés insistía a tal punto que fue casi una amiga a la que yo le hablaba. Fue entonces cuando el género mutó del policial a lo que es la novela, un diálogo entre el escritor y su escritura.

- T:¿Cómo fue construir la trama detectivesca que atraviesa la novela?
- A.C:La trama se fue dando sola porque como se trata del proceso de escritura, el propio tema me facilitaba la posibilidad de indagar en la misma novela, de ir construyendo a la par del lector. La gran duda fue si contar desde el principio que Inés era un personaje, o si hacer creer al lector que era parte de la historia de Clara. Finalmente ganó la idea de que el lector pudiera ir construyendo la historia de Inés junto a Clara y que en tal caso la tensión estuviera en el contenido de esa carta. Que no se supiera lo que decía hasta el final, que fuera no solo la que manejaba la tensión, sino que fuera otro símbolo dentro de la trama, otra ausencia o imposibilidad, la de enfrentarse con una verdad.



- T: La novela trabaja sobre la memoria y la reconstrucción de un tiempo, en el caso de Julia el pasado que perdió y en el caso de Clara el recuerdo de su infancia junto a sus padres.
- A.C: Eso que mencionás, fue lo que quise trabajar. Leí el libro "La memoria saturada" (Régine Robin) porque necesitaba respuestas a las preguntas que siempre me hice sobre los 70. Me resultaba interesante comparar las dos vidas, una que perdió a sus padres a los 5 años, de una manera trágica, y otra a los 30. ¿Se puede pensar que una sufrió más que la otra? Eso no lo sé, porque el dolor es subjetivo. Pero sí podía pensar que una había heredado más y entonces ahí surgieron distintas ausencias.

- T: ¿Cómo puede la ficción ayudar a reconstruir la memoria individual o colectiva?
- A.C: La ficción es reparadora. Para mí, particularmente en esta novela, fue muy catártica. El diálogo con Inés me sirvió para descubrir que mi pérdida, al lado de su vida, era menos dolorosa. Y digo reparadora porque la ficción es, de alguna manera, una construcción, es invención, permite salir de la realidad, escaparse, y entonces nos volvemos unos moldeadores de la realidad, la hacemos a medida. Escribiendo me di el lujo de ofrecerle a Clara momentos que yo no había tenido y es ahí donde uno siente que repara, o se repara a sí mismo. Y por supuesto, al escribir, uno va dejando huellas, que es lo mismo que decir camino, herencia, memoria.

- T: Otro tema que abordás es el de la identidad y la pertenencia a una familia, a un país, a una historia.
- A.C:Uno es lo que es por lo que le fue dado. O lo que no le fue dado. Creo que la muerte de los padres pone sobre la mesa esos temas. Uno se hace la pregunta ¿Qué me dejaron? Ya no lo económico, sino eso que te formó: la educación, los gestos, frases, miradas, momentos o situaciones. Y si uno tiene hijos va más allá, porque se pregunta también qué es lo que a su vez va a dejar. Y entonces la muerte trae también una explosión de vida, de querer vivir dejando algo, que no pase en vano. Si eso lo trasladamos a un país, sería lo mismo. Como argentinos somos lo que fuimos construyendo, somos descendientes de inmigrantes, somos mezclas, somos tierra que se conquistó, somos parte de las herencias que los años fueron dejando en la política y en la historia.

- T: La creación literaria está en el eje de la obra. ¿Por qué te interesó avanzar sobre este tópico donde te interpela como escritora?
- A.C: Porque me apasiona lo que hago, escribir. Me cuesta que los demás entiendan cómo funciona mi cabeza cuando estoy en el medio de una novela. Hablo sola, converso con esos "fantasmas" que son los personajes. Los veo muy reales, me despiertan a mitad de la noche para decirme algo, algo que yo no había descubierto, una escena, un recuerdo, un sueño que deberían tener. Y me pareció interesante meterme en la cabeza de una escritora, y así mostrar lo que yo cargo en la mía.

- T:¿Por qué elegiste Alemania como país de exilio para Julia?
- A.C:Me gustaba la idea de un espacio muy ajeno en cuanto a cultura, geografía, pero por, sobre todo, al idioma. El exilio es una manera de morir, es un abandono. Al irse se dejan cosas, pero también hay algo de expulsión en un exilio, de una fuerza que te impulsa a irte y desde ese lugar también te abandonan. Estuve en Frankfurt hace algunos años, presentando un libro en la Feria, y como no había hotel me instalé en Sindlinger. Amé el pueblo y el lugar, me pareció muy "cinematográfico" para una historia y al mismo tiempo me sentí muy perdida. Yo no sé hablar inglés y fue todo un desafío la comunicación. Era un escenario perfecto para Inés, perdida en esa lengua rígida, en las consonantes que la alejaban de la cadencia que había tenido en su infancia. Cuanto más lejos, más fácil también el olvido. E Inés necesitaba, olvidar. Pero le llegó esa carta para decirle que no existe el olvido.
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