28/05/2020 opinin

Pandemia: una oportunidad para reformular el sistema de tratamiento de los muertos

El Equipo Argentino de Antropología Forense armó una biblioteca digital que reúne toda la información disponible a nivel internacional sobre el manejo y la gestión de personas fallecidas en relación con el coronavirus, para promover el derecho de un tratamiento digno y respetuoso para las familias y los muertos y compartir pautas seguras para el personal de salud, forense y funerario. Al respecto opinó para Télam Luis Fondebrider, director de la organización.

Luis  Fondebrider

Por Luis Fondebrider

En Argentina, el tratamiento de los cadáveres ha sido siempre un asunto complejo. Desde el ocultamiento del cuerpo de Eva Duarte, pasando por el entierro en fosas comunes de los desaparecidos de la última dictadura militar, hasta casos más recientes, como la Guerra de Malvinas (1982), La Tablada (1989), AMIA (1994), García Belsunce (2002), las inundaciones de La Plata (2003) y Menem Jr. (2017), por acción u omisión, no hubo un tratamiento digno de los cuerpos ni se tuvo la debida contemplación por los familiares. En la crisis del Covid-19, la gestión de los muertos vuelve a ser un aspecto sensible porque se trata de una enfermedad altamente contagiosa que exige una preparación y adecuación distinta.

Dado que existe un cuerpo de médicos que asesora al Presidente, debería también haber un comité multidisciplinario que indicara cuál debe ser el manejo y la gestión de los cadáveres. Sin embargo, hay tres problemas que dificultan los consensos: 1) la forma federal de organización del país, que hace que existan 24 provincias que deciden en forma autónoma cuestiones de orden nacional, 2) la superposición constante de los niveles municipales, provinciales y nacionales, y 3) la falta de articulación clara entre los ministerios. Por ello, hoy existen, al menos, 12 protocolos diferentes a nivel nacional y provincial.

Desde nuestro punto de vista, esta coyuntura debería favorecer la existencia de una mesa de diálogo que debería incluir: a) personal de hospitales, clínicas, geriátricos, encargados de recibir el cadáver cuando una persona muere (morgue hospitalaria) y gestionar la documentación correspondiente, b) personal de funerarias encargadas de retirar el cadáver y de su preservación hasta traslado al cementerio, y c) personal de cementerios, administrativo y de campo, encargado de recibir el cadáver y enterrarlo/cremarlo.

Con la pandemia del Covid-19, tenemos una situación del todo nueva que, sin embargo, podría tener especial importancia para reformular el sistema de tratamiento y gestión de muertos en la Argentina. Por un lado, existe la posibilidad de que un número muy significativo de personas fallezca en lapsos relativamente cortos. Dada la particularidad del contagio, esos cuerpos deben ser manipulados en tiempos muy breves, con la posibilidad de que, en ocasiones, no sean identificados apropiadamente. Por lo tanto, es trascendental establecer un conjunto de reglas sencillas que, en la medida de lo posible, funcionen como imperativo aun en un escenario crítico:

1) ninguna persona no identificada podrá ser sometida a cremación,

2) ninguna persona no identificada podrá ser inhumada sin antes establecer fehacientemente que: a) se determinó el sexo, edad y estatura aproximadas, b) se le ha extraído un juego de fichas decadactilares, c) se ha realizado su ficha odontológica, d) se han tomado sus rasgos individualizantes (marcas en la piel, tatuajes, cicatrices, color de cabello y ojos, y cualquier rasgo distintivo), e) se cuenta con una muestra biológica que permita su análisis genético para futuras comparaciones, f) se cuenta con una descripción cuidadosa de vestimenta y efectos que acompañen al cadáver, g) el cadáver y sus pertenencias están documentados fotográficamente.

3) la inhumación debe ser realizada en sepultura individual correctamente señalizada y, en caso de no estar identificado, permanecer con "orden de no innovar" a nivel municipal y judicial.

En conclusión, la pandemia ofrece la oportunidad de que el Estado y sociedad civil trabajen conjuntamente para mejorar un sistema deficiente y obsoleto, para así cumplir con dignidad y respeto el tratamiento de nuestros muertos.