25/03/2020 Por Juan Alonso

La memoria en tiempos de cuarentena

"La memoria en tiempos de cuarentena", con textos de Juan Alonso.

Es tan extraño lo que nos pasa. Esto se parece una novela de ciencia ficción y estamos encerrados mirándonos por los balcones, donde se escuchan canciones infantiles, tangos de Gardel, ópera y esos pañuelos que flamean para que devuelvan las flores y el amor que nos espera.

¿Qué pudo pasar para que sujetos programados para no ver a los otros de pronto conecten con un corazón en mil partes? El miedo, el pánico a la enfermedad y la muerte y un dolor que compartimos, buscando un faro que ilumine los caminos. Los lobos ahora comen en comunidad.

En el planeta entero se produce el curioso fenómeno de los estadistas de la incertidumbre. No hay solución para la amenaza global de la pandemia y estamos vibrando la angustia con el boleto de ida. Una sola cosa es certera: el capitalismo ha muerto tal como lo conocimos.

El celador de los sueños nos despierta cada mañana, como decía "La Negra" Sosa en sus canciones tan tiernas como el abrazo de nuestras madres, para "hacernos cantar". Algunas chicas bailan en los espejos en clases múltiples vía Internet y las risas hacen un coro feliz.

Los caníbales mandan ponzoña desde Miami y otras ciudades del mundo colapsado donde escaparon luego de que el Gobierno declaró la emergencia sanitaria y el aislamiento preventivo obligatorio. Ahora piden la ayuda del "Estado". Para ellos, el Estado siempre les debe algo.

La música y la poesía nos hacen mejores personas. Mi hija mandó 777 películas para ver, 300 series, y unas cuantas recetas para prolongar el palpitar entre el barro, el hacha y la corteza. Los mares son más azules y en Venecia han vuelto los delfines, cuando el hombre se retrae.

Las consecuencias psicológicas de la cuarentena se pueden resumir en tres comportamientos que emergen: angustia, ira y depresión. Para salir del encierro físico es urgente volar fuera del corral y buscar lo imposible cada día haciendo cosas sencillas: amar, cocinar, reír, cantar.

El alcalde de Nueva York le pide ayuda a Trump. La mayor potencia económica de la Tierra está gobernada por un energúmeno ignorante que se tomó en broma la peor peste de la historia moderna. En NY calculan que se enfermará el 70% de sus habitantes y en California 23 millones.

El modelo del consumidor consumido está muerto. La fórmula capitalista de la creación de insatisfacción creó un desierto que se parece demasiado a los mutantes de The Walking Dead, con no pocos especímenes egoístas -esos de Miami que demandan al Estado- y pronto serán Negan.

Aunque  @danimelingo, Celeste Torre y Félix Melingo dicen: "Nos tiraron a la hondo para probar la destreza. Hambre y sed fueron tentando que la esperanza viviera. Entonces apareciste en el último segundo, para volver a la calma, marea de amor del mundo". Ya nada será como era: ni las relaciones amorosas, ni el trato con el resto, ni la apariencia otoñal de la inmortalidad y los viajes para atesorar instantes felices. Las frases se apoyan junto el filo del cuchillo que troza las porciones para compartir. Somos 3, somos 4, somos.

Mi compañera colgó una remera de   @hijos_capital  en el balcón. En mi barrio no hay muchos compañeros/as. Pero algunos hay. Hay gente que se conmueve más con el agua de las plantas. Se acuerdan de la vida como los insectos que se camuflan en el verde de las hojas. No sé qué pasa.

No tengo certezas, no persigo verdades robustas: las canciones se mezclan en mi cerebro que enlaza con el esternón. Suena Jeff Buckley en esa versión legendaria de Leonard Cohen, mientras Roma está desértica e Italia tiene la mayor tasa de mortalidad por el coranavirus del mundo.

Mark Knopfler y la bella por siempre Emmylou Harris cantan sus canciones. En casa los jóvenes se levantan. Hay olor a café. Comida en el fuego. Pan, leche, manteca. Del juego de cartas quedaron las voces y las risas rebotando en algún sitio del infinito y el contacto de los codos

Las palabras no pueden edificar hospitales, camas, respiradores, millones de dólares para adquirir test del coronavirus. Las palabras nos definen y buscan un sentido para lo que tiene sentido. Las guitarras de los Salinas (padre e hijo) llegan por el flujo de las emociones.

Y la mirada gélida de   @annacalvi  mira con aspereza los dedos de su mano y hace sonar su guitarra distorcionada en una versión sublime junto a Marianne Faithfull, que canta con el bastón en su mano. Las fechas se mezclan en el batidor del tiempo que se desparraba como la sal.

El mundo es un lata de comida. Un aliento a base de agua. La sensación de que se desvanecen las conclusiones categóricas y que los animales vuelven a habitar los lugares donde el ser humano destruyó todo a su paso. ¿Qué quedará de todo esto? Desde la terraza se ve el porvenir.

Las ancianas de la trilogía de Kieślowski llenan los volquetes de botellas. Pese al aislamiento obligatorio salen con sus carritos con ruedas a comprar alimentos. Hay patrullas en las avenidas, agentes caminando a dúo con barbijos: el orden es un mono enjaulado con un solo hueso.
etiquetas