23/03/2020 da de la memoria

Ficcin, hbrido, testimonio: textos de una biblioteca posible con la voz de los hijos de la memoria

Con registros que abren el sentido sobre los decires acerca de la última dictadura cívico militar argentina y sus consecuencias en el presente, hijos de desaparecidos o militantes exiliados dieron forma a historias que, desde la audacia y la creatividad, dan cuenta de las consecuencias del horror del terrorismo de Estado sin espectacularizarlo ni clausurarlo.



Por Emilia Racciatti y Milena Heinrich

Laura Alcoba, Mariana Eva Pérez, Ángela Urondo Raboy, Patricio Pron, Raquel Robles, Marta Dillon, Félix Bruzzone, Julián Fuks y Nicolás Gadano son algunos de los nombres que se inscriben en esta genealogía en la que se puede trazar una voz con experiencias equivalentes, que lejos de asemejarse, se bifurcan logrando establecer una narrativa política que anida en el encuentro entre lo público y lo íntimo.

Un libro que se inscribe como resignificación de los legados narrativos vinculados a las memorias de víctimas del terrorismo de Estado es "Diario de una princesa montonera" de Mariana Eva Pérez, que nació en formato de blog y se transformó en publicación en 2012, a través del sello Capital Intelectual.

 


Incluso, María Moreno -escritora, periodista, ensayista- en su libro "Oración" retoma una pregunta de la autora en una de las entradas del diario: "¿Podrá la joven princesa montonera torcer su destino de militonta y devenir Escritora?", no solo asegura que sí sino que subraya que el libro es de "una impertinencia majestuosa".

Pérez (Buenos Aires, 1977) fue secuestrada a los quince meses, junto con sus padres, los dos hoy desaparecidos, es licenciada en Ciencias Políticas e investigadora y en el que marcó su debut literario escribió "Volví y soy ficciones", retomando una tradición pero inscribiendo a su escritura en una nueva articulación de sentidos.

Otro texto en los bordes es "¿Quién te crees que sos?" (2012), de la perfomer y dibujante Ángela Urondo Raboy, hija del poeta Paco Urondo y la periodista Alicia Raboy, que descubrió su identidad a los 18 años. Allí da cuenta de la reconstrucción de su historia y el modo en que descubrió a sus padres, a través de lo escrito: como ellos, Ángela encontró en la palabra poética una apertura para la reflexión, como dijo una vez a Télam.

En esa línea autobiográfica están "Mi nombre es Victoria", de Victoria Donda (nieta restituida y titular del Inadi), el trabajo de Analía Argento en "De vuelta a casa", con el relato en primera persona de diez nietos restituidos; y recientemente el sello Marea acaba de publicar "Hasta ser Victoria", la voz en carne propia de una de los 500 bebés víctima del Terrorismo de Estado, Victoria Montenegro, quien escribe este libro para los "cientos que continúan siendo víctimas de este delito aberrante que los obliga a vivir una historia ajena con una identidad falseada".

Como un híbrido, Marta Dillon construye en "Aparecida" (2015) otro entramado en el que con herramientas de la crónica y la autobiografía pero también de la ficción pone en funcionamiento el itinerario desde el momento en el que, en 2010, se enfrenta a la aparición de los restos óseos de su madre, la militante Marta Taboada, secuestrada el 28 de octubre de 1976, detenida-desaparecida varios meses y asesinada entre el 30 de enero y el 3 de febrero de 1977.

El libro registra el momento en el que Dillon recibe el llamado del Equipo Argentino de Antropología Forense con la noticia de la recuperación de esos huesos pero también es una apuesta por rescatar la biografía de una madre a partir de las imágenes emuladas. "No nadie consuela del todo las historias viejas ni el dolor de las cicatrices aunque supuren cada tanto, intempestivamente, y se desgarre la piel en llantos desordenados. Las cicatrices no deben doler", escribió.

Raquel Robles (1971), escritora y militante de Derechos Humanos -es una de las fundadoras de la agrupación H.I.J.O.S- tiene una obra donde el ideario revolucionario,el testimonio, marcan mucho el tono de su literatura pero no con la intención de narrar una historia sobre la política sino como dispositivo para explorar los bordes del lenguaje, tal como lo hace en "Pequeños Combatientes" y en su último libro "Hasta que mueras" (2019), cuya trama gira sobre una asesina serial que mata a 36 personas que, de algún modo, fueron cómplices de crímenes de Estado durante la dictadura militar argentina.



Otro nombre que forma parte de esta generación, una de las voces más celebradas de la literatura argentina, es Félix Bruzzone, autor de "Los topos", "76", "Las chanchas" y "Campo de mayo", donde de distintos modos aborda los cruces entre biografía y memoria, literatura y dictadura, siempre en un intento por desacralizar desde la palabra el tema de la identidad y el pasado reciente.

Criado por una abuela, hijo de padres desaparecidos, Bruzzone recoge en su literatura la idea de la búsqueda, como trasfondo o incluso como disparador que le permite abordar otras capas: por caso, su última novela "Campo de Mayo" (2019) construye a partir del personaje de Fleje, un hombre que corre descalzo sobre la basura, una trama que comienza con la búsqueda del recuerdo de una madre desaparecida pero que le permite a los lectores y las lectoras ver la transformación de un personaje que busca su propio sentido.

Entre los últimos libros escritos por hijos de padres militantes de los 70 está "La caja Topper" (2019) del economista y gerente general del Banco Central durante el macrismo, Nicolás Gadano, donde elabora una memoria disparada por un conjunto de objetos que lo ayudan a reconstruir su historia, atravesada por el exilio de sus padres, ambos militantes montoneros, a Brasil y a México.

Al presentar esta primera novela, escrita al recibir una caja que guardaba su madre y que recibió después de su muerte, Gadano no ocultó las diferencias políticas que mantiene con su padre, y explicitó que tuvo la posibilidad de escribir reconstruyéndose.