27/02/2020 coronavirus

Aunque el primer caso lleg desde Italia, crece la discriminacin a los asiticos en Brasil

El primer caso de coronavirus en la región hizo que el estigma contra los orientales haya ganado ribetes pocas veces vistos en el país con más japoneses en el mundo fuera de Japón.

Por Pablo Giuliano

Corresponsal

La discriminación a los asiáticos en Brasil avanzó tan rápido como el coronavirus en China, a punto tal que las colonias de chinos, japoneses y coreanos comenzaron a vivir momentos de zozobra en las calles, edificios comerciales y entre sus vecinos, por lo que un instituto que promueve la integración entre ambos pueblos lanzó "una campaña de información y observatorio" sobre la enfermedad.

San Pablo es la primera ciudad latinoamericana en registrar un caso de un hombre de clase media alta -fue atendido en el Hospital Israelita Albert Einstein, privado y uno de los más caros de Sudamérica- con coronavirus, tras haber estado en Lombardía, norte de Italia.


Lo cierto es que el estigma contra los orientales ha ganado ribetes pocas veces visto en un país con más japoneses en el mundo fuera de Japón.

"Salí de acá, andate a otra parte con tu coronavirus", le dijo a un reportero japonés y con rasgos orientales un brasileño durante la fiesta de carnaval en Río de Janeiro, con más de un millón de personas en la calle que seguían el ritmo y la batucada de una comparsa.

Si en Argentina la comunidad boliviana y su agricultura familiar es responsable de gran parte de los alimentos producidos en quintas para las grandes ciudades, en Brasil los responsables de esta actividad son los japoneses, especialistas en frutas, verduras y flores.

A diferencia de Argentina, no hay una identificación de los chinos con la actividad supermercadista.

El propio presidente Jair Bolsonaro, conocido por su defensa de la tortura en la dictadura militar brasileña, hizo durante una visita a Manaos, estado de Amazonas en 2019, una supuesta broma sobre el pene de un brasileño nikkei, descendiente de japoneses.

Lo mismo ocurre en las calles de San Pablo con el "boom" del coronavirus y los chinos.

En el exclusivo barrio de Itaim Bibi, sede de las grandes multinacionales de tecnología, una mujer de 41 años identificada como Vera Lúzia contó que dejó de comprar en las tiendas de importados de chinos que crecieron en los últimos dos años por temor al coronavirus.

"Compré una lámpara para mi padre y la tiré a la basura porque era importada de China y porque el tiene una salud frágil", relató esta mujer a Télam. Los comercios de 'importados', por esta razón, lucen más desiertos.

Una brasileña hija de coreanos dedicados al ramo textil fue insultada por parte de hinchas de Corinthians que iban en el subte a la cancha, al grito de 'coronavirus, coronavirus' y obligada a bajar en la estación Brás de la línea roja del metro paulistano.

China es desde 2009 el principal socio comercial de Brasil, superando a Estados Unidos y a Argentina.

"Con el advenimiento del Covid-19 surgió el prejuicio contra los orientales. Un ejemplo fue cuando impidieron a chinos usar un ascensor en un edificio ubicado en la Avenida Berrini, uno de los polos de rascacielos de multinacionales de San Pablo. Había un cartel pidiendo a los chinos usar el ascensor de servicio", contó a Télam Thomas Law, titular del Instituto Socio Cultural Brasil-China (Ibrachina).

Con el advenimiento del Covid-19 surgió el prejuicio contra los orientales. Un ejemplo fue cuando impidieron a chinos usar un ascensor en un edificio ubicado en la Avenida Berrini, uno de los polos de rascacielos de multinacionales de San Pablo

Thomas Law, titular del Instituto Socio Cultural Brasil-China (Ibrachina)

En Brasil, último país en abolir la esclavitud en Occidente en 1888, se usaban elevadores para personal de servicio (en su mayoría afrodescendientes) hasta entrados los años noventa, cuando una ley prohibió esa práctica.

Law contó que recibió una denuncia de una familia con rasgos orientales que fue a una 'churrascaría' (una parrilla con sistema brasileño de 'rodizio' o tenedor libre) a la cual los mozos se negaron a atender por temor a contagiarse.

Es por eso que Ibrachina lanzó una campaña de información y observatorio sobre el coronavirus.

"Muchos brasileños no tienen noción aún de la grandeza de China y su importancia para la economía global. Para disminuir la discriminación es necesario concientización mediante el arte, el deporte, la cultura y destacar la filosofía china milenaria pero también la China moderna de la educación, el tren bala, la innovación industrial, la construcción de un hospital en 10 días como ocurrió en Wuhan", recomendó.

Ver a un oriental -sea brasileño o extranjero- con barbijo se tornó algo bastante común en los últimos días en la Avenida Paulista, principal arteria de la región central de San Pablo.

El coronavirus, sin embargo, llegó a Brasil de la mano de un brasileño de 61 años de clase media alta que había visitado durante 12 días entre el 9 y el 21 de febrero la región de Lombardía. Tomó un avión en Milán, hizo escala en París y desembarcó en el aeropuerto internacionales de Guarulhos, sin síntomas. Pasaron tres días, hizo una reunión familiar con 30 invitados y el lunes pasado se sintió mal y fue al médico.

Ahora está en su casa de la zona sur de San Pablo, aislado y recuperándose.

Para Law, este escenario de un brasileño no oriental contagiado en en el norte de Italia puede ser una señal para reducir la discriminación a los orientales.

En Brasil el 0,47 por ciento de la población se declara "amarilla", según datos de 2015 del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística.

En cambio, hay 25 millones de descendientes de italianos, la mayoría en los estados de San Pablo, Paraná y Rio Grande do Sul.

"El hecho de que el primer caso de coronavirus haya sido un brasileño viniendo de Italia muestra que el virus no tiene cara y refuerza la idea de que las personas en general deben tener la conciencia y precaución debida en relación al virus", comentó el presidente del Instituto Brasil-China.