23/02/2020 msica

Fiesta popular de Raly Barrionuevo en el patio del Konex

Camino a los 25 años de su álbum debut “El principio del final”, el trovador folclórico santiagueño brindó un recital de dos horas de duración que colmó el aire libre.

Por Sergio Arboleya

La profunda conexión que une a Raly Barrionuevo y su público porteño fue ampliamente ratificada anoche en un intenso recital de dos horas de duración que colmó el aire libre del patio de Ciudad Cultural Konex, abarcó diferentes colores sonoros y dio espacio al canto y al baile colectivo.

Camino a los 25 años de su álbum debut “El principio del final”, el trovador folclórico santiagueño decide celebrar su carácter de artista clásico y popular proponiendo espectáculos donde el lazo con la audiencia nunca esté mediado por los humores de la jornada.

Pero esa comunión no exenta de la devoción que se le profesa es para Barrionuevo un insumo que lo habilita a un ejercicio de encuentro y libertad que se respira en cada gesto.

"Ya es folclórico para nosotros estar allí en febrero y estamos contentos porque se pone hermoso y cumple con algo que es muy importante para nosotros que es ir a los lugares donde con cariño nos quieren tener y que nada sea forzado ni tirado de los pelos", había advertido el músico a Tèlam a inicios de mes. Y la premisa volvió a cumplirse.

Puntualmente a las 20 una ovación lo recibió y Raly devolvió aplausos, tomó la guitarra, dijo “gracias por venir” y en soledad convirtió a ese ámbito desmesurado en un living desde donde entonó “De mi madre”.

Sumando de a poco los toques de los miembros de su sexteto, el segundo tema fue una versión acústica de “Ey paisano”, canción dolorosa e imprescindible que no deja de incluir en sus conciertos desde que la presentó como parte del disco homónimo de 2003.

“¿La noche no da para bailar?”, preguntó pícaramente antes de arremeter con “Circo criollo”, y las rondas se armaron trabajosamente en el centro del patio repleto y con mayor holgura a los costados del escenario.

El magnífico fresco criollo “La gente del campo”, “A la libertad”, que escribió en homenaje al educador popular brasileño Paulo Freire y dedicó “a las maestras y maestros”, “Un pájaro canta” (en tributo a Jacinto Piedra) y “Melodía viajera” expandieron esa lograda conjunción propia entre baile y fundamento.

La sentida versión de “Niña de los andamios” dio paso a otro clima en el que saludó a la música de Irlanda “obra de un pueblo que luchó contra la opresión del imperio británico” y sumó la gaitera Pamela Schweblin (quien grabó en ese álbum de 2017) para “Y seremos agua” y una versión instrumental de “Doña Ubenza”.

De regreso al repertorio de la última placa publicada hasta ahora, añadió “Agua de los tiempos” y “La ocasión” y enseguida la noche se partió con la belleza de otro himno de su cuño como “Cuarto menguante”, todo un alegato acerca de cómo hacer una canción folclórica romántica sin caer en la banalidad.

Enseguida una extendida y brumosa versión de “Niña luna”, lo invitó a la reflexión de estar siendo partícipe de “una noche de música irlandesa, del norte argentino y de Daft Punk (banda francesa de estilo house en los 90) ¿Qué bueno, no?”.

En ese abanico expandido se incluyó, tras “Si acaso vuelves” y “Tu memoria y tu mañana”, la invitación a que CCi Kiu (que ejecuta teclados y violín en el grupo) muestre su canción “Open todo”.

Además de la multinstrumentista, la banda se completó con Seba Sayes (bajo y coros), César Elmo (batería y percusión), Edgardo Castillo (guitarras, vientos y coros), Mauricio Páez (guitarras, charango y coros) y Mateo Barrionuevo (percusión).

Y así como aquellas licencias llegaron sin pedir permiso, el artista, de 47 años, encaminó el largo tramo final de la presentación hacia el universo nativo con una seguidilla casi sin respiro integrada por “Zamba de usted”, “Chacarera del sufrido”, “La atamisqueña” y “Gato del festival”.

Mientras la danza imperaba y envolvía todo el ámbito, el oriundo de Frías expresó sin menguar la sonrisa: Eestoy iniciando una campaña en contra de los vips en los festivales porque la gente con onda queda lejos del escenario”.

@fotoI@El aporte personal al mundo de la chacarera sumó a “De la plaza”, “Amiga tierra querida”, “Tata nachi” y “Chacarera del exilio” en una celebración cantada y bailada.

Con ese clima encendido y con el conocimiento de que el horario de cierre del espacio llega hasta las 22, el clamor por más música fue satisfecho primero con Raly solo aportando más colores al entonar un fragmento de “Los libros de la buena memoria” y preguntando “¿Hacen el homenaje a Spinetta acá, no? Pero como yo no soy rockero y hablo con la ‘eye’ ¿Qué voy a hacer?”.

Con la misma guitarra criolla pero acostado sobre el escenario marcó el pulso de “Zamba y acuarela”, su primera canción conocida que fue cantada por el gentío, y el cierre a pleno llegó con otro portentoso fruto de su inspiración: “Somos nosotros”.