23/01/2020 Centro Cultural Recoleta

Feminismo, cambio climtico y veganismo, los ejes del ciclo de charlas

La periodista Paula Giménez, las activistas Nicole Becker y Mango Gutiérrez y la escritora y periodista Tamara Tenenbaum, serán las que encabezarán la agenda de actividades.

 Las reivindicaciones feministas, el cambio climático y la adopción del veganismo como forma de vida trazan la agenda urgente que las jóvenes generaciones militan con firmeza para derribar los paradigmas cifrados en la colonización de los cuerpos y en la sobreexplotación del planeta: todas estas cuestiones forman parte de un flamante ciclo de charlas que acaba de estrenar el Centro Cultural Recoleta bajo el título de “Alguien lo tiene que decir”.

En escenas simultáneas que tienen lugar en el espacio público y en las redes a través de vigorosos debates, la "juventud divino tesoro" que invocaba el poeta Rubén Darío hace honor al mandato de reaccionar ante las tradiciones con una proclama masiva que insta a cuestionar al mismo tiempo el patriarcado, la depredación de los recursos naturales y una dieta alimentaria basada en formas cada vez más cruentas de explotación animal.

Para debatir formas posibles de articulación y retroalimentación entre esas cuestiones, el Centro Cultural Recoleta puso en marcha un ciclo de charlas -los martes a las 19.30 en plaza Francia- que cruzará las perspectivas de cuatro jóvenes referentes: la periodista Paula Giménez, las activistas Nicole Becker y Mango Gutiérrez y la escritora y periodista Tamara Tenenbaum, que tiene en su haber “El fin del amor. Querer y coger”, uno de los libros más celebrados y vendidos del año pasado.

En un diálogo con Télam, las panelistas respondieron sobre si ¿es posible detectar un signo de época común que permita explicar la centralidad de cuestiones como el cambio climático, el feminismo o el veganismo? y ¿Qué interrelación hay en esas reivindicaciones y cómo se retroalimentan entre sí?

“Creo que estamos en épocas de cuestionamiento frente a todo lo impuesto por la norma social y cultural: el patriarcado, la forma de alimentarnos, la cosmovisión que tenemos con respecto a los animales y su existencia en este mundo, nuestra sexualidad, nuestros privilegios”, explicó Mango Gutiérrez, activista vegana y creadora de contenidos en plataformas digitales.

Y, añadió que "el activismo, con luchas como el feminismo o el veganismo, nace como respuesta a la injusticia, a la indiferencia y a la necesidad de hacer algo al respecto. Creo que, si bien cada una tiene objetivos distintos, el punto convergente es dejar de estar anestesiados. Ver y entender la realidad supone comprender que es importante accionar y generar un resultado distinto. De nada sirve saber la verdad y seguir mirando para un costado. Debemos involucrarnos activamente”.

Tamara Tenenbaum, que en “El fin del amor...” narra el recorrido desde su educación en una familia judía ortodoxa del barrio de Once a la experiencia del poliamor, identifica esta agenda temática con las demandas centrales impulsadas históricamente con las nuevas generaciones: “Creo que el feminismo, el veganismo y los derechos de los animales, y el activismo ambientan han sido históricamente temas juveniles. Lo que pasa es que ahora toman otra pregnancia”.

“Hay algo en común que tiene que ver con criticar la idea de la explotación, tanto de las mujeres como de los animales no humanos y el medio ambiente. Creo también que tiene que ver con la crisis de un paradigma humanista en el cual el ser humano es el centro y tiene el derecho de disponer de todo como si fuera el dueño del mundo. Me parece que ese paradigma está en crisis”, analizó Tenenbaum en conversación con esta agencia.

Si bien como sugiere la escritora muchas de estas consignas que circulan con potencia por las redes forman parte de un ideario asociado a la juventud, es a partir de los veloces modos de propagación facilitados por Internet que las luchas feministas o la cuestión del cambio climático -hoy eclipsada por las intervenciones de la adolescente sueca Greta Thunberg, que milita contra el calentamiento global- han ganado una visibilidad que no deja a casi nadie indiferente.

“Internet es un foco de información con la cual antes no contábamos y un espacio de debate constante. Tiene cosas muy peligrosas y otras maravillosas, entre ellas esta cuestión de la militancia, ya sea del cambio climático, el veganismo o el feminismo”, señaló Paula Giménez, especialista en comunicación con perspectiva de género.

“Las redes han sido una catapulta de información y han permitido estar en un montón de lugares sin estar. Hoy podés ser activista y militante desde tu casa, o decir lo que sentís y argumentar ideas desde el colectivo”, ejemplificó.

Al tiempo que suman adeptos y se afianzan en la agenda institucional y mediática, los activismos que impulsan el veganismo, el feminismo, la despenalización del aborto o el cambio climático, también se confrontan a un núcleo refractario a los cambios, acaso por el temor ancestral a los cambios o a abandonar lo instituido.

"Estos movimientos implican un cambio de raíz sobre cómo vivimos y cómo nos relacionamos con el mundo. Y eso no es sencillo: no es fácil dejar de consumir plástico o de maltratar mujeres. No es fácil entender los nuevos códigos de conquista, hay que cambiar todo y eso es complicado. Hay miedo al cambio pero también una pereza. Adaptarse requiere de un esfuerzo que no todo el mundo está dispuesto a realizar”, acotó Giménez.

A modo de ejemplo, señaló que “no hay tema que sea más insultado en las redes sociales que el lenguaje inclusivo. Yo trabajo en un portal y cuando escribimos en lenguaje inclusivo la gente se pone loca. El lenguaje inclusivo no cambia solo una palabra: lo cambia todo”.

"Hay mucho por cambiar y además hay que hacerlo radicalmente. Tenemos que replantearnos tanto cómo nos relacionamos con el otro o la otra como con lo que producimos y consumimos. Son lógicas muy difíciles de cambiar y todo ese genera rechazo, desorientación y miedo", apuntó Nicole Becker, activista por la justicia climática, feminista y militante por los derechos humanos.

Según Gutiérrez, "tienen miedo, pero nosotros ya no. Ahora hablamos y nos movemos por lo que nos atraviesa. Nos quieren dormidos, callados y obedeciendo la norma. Cuestionar estos asuntos supone un despertar y un cambio, por ende siempre habrá resistencia. Cambiar estos modelos augura cuestionar el poder y que nos dejen, al menos ilusoriamente, de controlar y claramente las autoridades no quieren eso. Alzar la voz y activar en pos de derribar estigmas arcaicos es necesario y debe ser constante". 

"Hay muchas formas de resistencia a estas reivindicaciones. Algunas tienen que ver con que muchas de estas reivindicaciones proponen cambios de hábitos que nos implican renuncias a privilegios que ejercimos durante mucho tiempo. Estamos acostumbrados a comer carne y a hacer toda la basura que tenemos y a hablarle a la gente como nos enseñaron a hablarle. Y a la gente no le gusta que le digan que tienen que cambiar su vida y sus hábitos. Creo que de ahí viene la resistencia", analizó Tenenbaum.